lunes, 9 de noviembre de 2020

¡Cómo atravesar el Valle de Lágrimas!

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09 de Noviembre

¡Cómo atravesar el Valle de Lágrimas


¡Vida Eterna! ¡Vida Abundante


Por Riqui Ricón*

Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad,  en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos,  y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador (Ti 1.1-3).

Hoy vamos a meditar en el maravilloso plan de redención y salvación que Dios ha implementado para la humanidad. Primeramente, es un plan de redención puesto que se pagó un precio para que tú fueses comprado(a) a precio de sangre. La forma en como habías vivido tu vida te llevó a pecar y el pecado te hizo esclavo(a) de la muerte y de sus cadenas: miedo, angustia, temor, dolor, pobreza, enfermedad, resentimiento, amargura, soledad y, depresión, por nombrar algunas.

La vida misma de Jesucristo fue el precio que Dios pagó para hacerte libre de semejante estado de esclavitud.

Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.  ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.  Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.  Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 6.20-23).

¡El regalo de Dios, para ti, es Vida en Cristo Jesús! Y no cualquier tipo de vida sino Vida Eterna, lo que significa vivir por siempre o, dicho de otra manera, NO MORIR.

Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso,[g] él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—,  y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida (He 2.14-15 NVI).

No vivas más en esclavitud. Puedes dejar de temer. ¡La muerte está derrotada!

Y, porque ustedes pertenecen a él, el poder* del Espíritu que da vida los* ha libertado del poder del pecado, que lleva a la muerte (Ro 8.2 NTV).

Es la ley del espíritu de Vida en Cristo Jesús la que te ha hecho libre de la ley del pecado y de la muerte, dándote acceso a la Vida Eterna, que es el tipo de Vida que solo, y exclusivamente, los Hijos de Dios pueden gozar.

La mayoría de los creyentes piensan que alcanzarán la Vida Eterna una vez que hayan muerto (lo cual es sumamente contradictorio), y nada está más lejano de la verdad que pensar de esa forma. La Biblia, que es la Palabra de Dios, y no miente, enseña que AHORA tú ya has sido liberado(a) del pecado y de la paga del pecado que es la muerte.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Ten siempre presente que Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti. Tú has creído en Jesús como tu Señor y Salvador, y ahora, por la Palabra de Honor de tu Dios y Padre, tienes derecho a la Vida Eterna.

Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu (Jn 19.30).

Así que, ya no tienes por qué enfermarte, ni sufrir o morir para pagar el precio y adquirir algo que ya se pagó y que legítimamente te pertenece. El precio que Jesús pagó en esa cruz es perfecto, completo y acabado. Por esto, sus últimas palabras fueron: consumado es. Lo que significa que ya no hay que agregarle algo más de tu parte.

el ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10.10).

Ahora bien, la Vida Eterna es el estilo de vida que Dios desea para ti y debe ser una Vida Plena y Abundante.

¡Vida Eterna! ¡Vida Plena! ¡Vida Abundante! Este es el verdadero significado del sacrificio de Amor que Jesús hizo por ti. Para eso se pagó, para que, de una vez y para siempre, fueras libre del pecado y recibieras, por medio de la fe en Jesucristo, tu salvación.

En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;  pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;  porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (He 10.10-14).

Recuerda que salvación no significa tener un lugar para ir al cielo (lo cual desde luego está incluido), sino que ser salvo significa, precisamente, tener derecho a esa Vida Plena y Abundante, donde  todas las enfermedades, tristezas, angustias, rencores, pobreza, depresión, etc., ya han sido pagados por Cristo Jesús y, por lo tanto, están derrotados y no tienen derecho alguno en tu vida.

No fuiste comprado(a) al precio de la Sangre del Hijo de Dios, Jesucristo, como si hubiese sido un pago parcial y, luego, tú debas pagar lo que resta con tu sufrimiento al atravesar este valle de lágrimas, como algunos dicen.

¡No! ¡Nada de eso! Amado(a), de acuerdo a la Biblia, tú fuiste comprado(a) mediante un plan de Amor diseñado desde antes del principio de los tiempos para ser adoptado(a) Hijo(a) Suyo(a), por medio de Jesucristo, según el puro afecto de Su voluntad.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) (Efe 2.4-5).

La Verdad más hermosa y contundente es que Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo para pagar todas tus culpas y pecados y, así, poder hacerte Hijo(a) Suyo(a) con toda justicia, dándote el regalo de la Vida Eterna.

Miren lo grande que es el amor que el Padre nos ha mostrado, ¡hasta llega a hacer posible que seamos llamados hijos de Dios! Y eso es lo que de verdad somos. Por eso la gente del mundo no nos conoce, pues el mundo no conoce a Dios  (1 Jn 3.1 PDT).

Ahora tienes TODOS los derechos de un(a) Hijo(a) de Dios NACIDO(A) DE NUEVO: ¡Vida Eterna y Vida Abundante!

Qué afortunado es el que se apoya en ti, el que sólo piensa en andar en tus caminos. Cuando pasa por el valle de las Lágrimas, lo convierte en un oasis bendecido por la lluvia temprana (Sal 84.5-6 PDT).

Ahora, por la Vida Eterna que está en ti, tú transformas tu realidad y atravesando el valle de lágrimas lo conviertes en un manantial de agua viva.

Al igual que el monte Sión*, quienes confían en el Señor nunca temblarán ni caerán; permanecerán para siempre (Sal 125.1 PDT).

Sin importar las circunstancias adversas o el valle de lágrimas que hoy estés atravesando, tú  eres ese(a) Hijo(a) Amado(a) de Dios que nunca temblará ni caerá. ¡Permanecerás para siempre!

Oremos en voz audible:

Poderoso Dios, que hermoso es poder decirte, con toda conciencia, Padre mío. Te doy muchas gracias porque siendo yo como antes era, Tú me has amado desde antes del principio de los siglos. Gracias porque soy Tu heredero(a), heredero(a) de Dios y coheredero(a) juntamente con Cristo Jesús. Gracias porque por Tu Palabra, la Biblia, conozco cada vez más mis derechos de Hijo(a) Tuyo(a) Nacido(a) de Nuevo. Conforme a Tu Palabra, la Biblia, tengo derecho a realizar una vida plena y abundante; a ser próspero(a) en todas las cosas; a tener salud así como paz y gozo en mi corazón. Puedo dejar de preocuparme. ¡Tengo Vida Eterna! Dentro de cinco mil años aquí voy a seguir, Señor Jesús, contigo. Amándote y adorándote. Así que resisto y desecho de mi vida al espíritu de temor y duda. Me deshago de todo desánimo y depresión. Me despojo del(a) viejo(a) hombre (mujer), me renuevo en el espíritu de mi mente y me visto del(a) nuevo(a) hombre (mujer), creado según Dios en justicia y santidad de la verdad. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy salvo(a)! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! Por todo esto, creo y declaro que de todo problema, angustia o enfermedad he de salir más que vencedor(a) por medio de Tu Amor, Cristo Jesús. ¡Todo lo puedo!  En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Noviembre 9                                    Tit 1  /  Jer 13-14  /  Sal 125

 

Cápsula del día.







Puedes escuchar o descargar la lectura de la  Biblia en audio del día de hoy, la tenemos para ti en dos versiones: 



RV60 






NVI







Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Noviembre 9                                    Tit 1  /  Jer 13-14  /  Sal 125

 

Tito 1

Salutación

1

1Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad, 2en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos, 3y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador, 4a Tito,a verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador.

Requisitos de ancianos y obispos

5Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; 6el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. 7Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, 8sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, 9retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.b 10Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión, 11a los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene. 12Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. 13Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe, 14no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad. 15Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. 16Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.[1]

   

Jeremías 13-14

La señal del cinto podrido

13

1Así me dijo Jehová: Ve y cómprate un cinto de lino, y cíñelo sobre tus lomos, y no lo metas en agua. 2Y compré el cinto conforme a la palabra de Jehová, y lo puse sobre mis lomos. 3Vino a mí segunda vez palabra de Jehová, diciendo: 4Toma el cinto que compraste, que está sobre tus lomos, y levántate y vete al Eufrates, y escóndelo allá en la hendidura de una peña. 5Fui, pues, y lo escondí junto al Eufrates, como Jehová me mandó. 6Y sucedió que después de muchos días me dijo Jehová: Levántate y vete al Eufrates, y toma de allí el cinto que te mandé esconder allá. 7Entonces fui al Eufrates, y cavé, y tomé el cinto del lugar donde lo había escondido; y he aquí que el cinto se había podrido; para ninguna cosa era bueno.

8Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 9Así ha dicho Jehová: Así haré podrir la soberbia de Judá, y la mucha soberbia de Jerusalén. 10Este pueblo malo, que no quiere oír mis palabras, que anda en las imaginaciones de su corazón, y que va en pos de dioses ajenos para servirles, y para postrarse ante ellos, vendrá a ser como este cinto, que para ninguna cosa es bueno. 11Porque como el cinto se junta a los lomos del hombre, así hice juntar a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá, dice Jehová, para que me fuesen por pueblo y por fama, por alabanza y por honra; pero no escucharon.

La señal de las tinajas llenas

12Les dirás, pues, esta palabra: Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Toda tinaja se llenará de vino. Y ellos te dirán: ¿No sabemos que toda tinaja se llenará de vino? 13Entonces les dirás: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo lleno de embriaguez a todos los moradores de esta tierra, y a los reyes de la estirpe de David que se sientan sobre su trono, a los sacerdotes y profetas, y a todos los moradores de Jerusalén; 14y los quebrantaré el uno contra el otro, los padres con los hijos igualmente, dice Jehová; no perdonaré, ni tendré piedad ni misericordia, para no destruirlos.

Judá será llevada en cautiverio

15Escuchad y oíd; no os envanezcáis, pues Jehová ha hablado. 16Dad gloria a Jehová Dios vuestro, antes que haga venir tinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes de oscuridad, y esperéis luz, y os la vuelva en sombra de muerte y tinieblas. 17Mas si no oyereis esto, en secreto llorará mi alma a causa de vuestra soberbia; y llorando amargamente se desharán mis ojos en lágrimas, porque el rebaño de Jehová fue hecho cautivo.

18Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos en tierra; porque la corona de vuestra gloria ha caído de vuestras cabezas. 19Las ciudades del Neguev fueron cerradas, y no hubo quien las abriese; toda Judá fue transportada, llevada en cautiverio fue toda ella. 20Alzad vuestros ojos, y ved a los que vienen del norte. ¿Dónde está el rebaño que te fue dado, tu hermosa grey? 21¿Qué dirás cuando él ponga como cabeza sobre ti a aquellos a quienes tú enseñaste a ser tus amigos? ¿No te darán dolores como de mujer que está de parto? 22Si dijeres en tu corazón: ¿Por qué me ha sobrevenido esto? Por la enormidad de tu maldad fueron descubiertas tus faldas, fueron desnudados tus calcañares. 23¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal? 24Por tanto, yo los esparciré al viento del desierto, como tamo que pasa. 25Esta es tu suerte, la porción que yo he medido para ti, dice Jehová, porque te olvidaste de mí y confiaste en la mentira. 26Yo, pues, descubriré también tus faldas delante de tu rostro, y se manifestará tu ignominia, 27tus adulterios, tus relinchos, la maldad de tu fornicación sobre los collados; en el campo vi tus abominaciones. ¡Ay de ti, Jerusalén! ¿No serás al fin limpia? ¿Cuánto tardarás tú en purificarte?

Mensaje con motivo de la sequía

14

1Palabra de Jehová que vino a Jeremías, con motivo de la sequía. 2Se enlutó Judá, y sus puertas se despoblaron; se sentaron tristes en tierra, y subió el clamor de Jerusalén. 3Los nobles enviaron sus criados al agua; vinieron a las lagunas, y no hallaron agua; volvieron con sus vasijas vacías; se avergonzaron, se confundieron, y cubrieron sus cabezas. 4Porque se resquebrajó la tierra por no haber llovido en el país, están confusos los labradores, cubrieron sus cabezas. 5Aun las ciervas en los campos parían y dejaban la cría, porque no había hierba. 6Y los asnos monteses se ponían en las alturas, aspiraban el viento como chacales; sus ojos se ofuscaron porque no había hierba.

7Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Jehová, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se han multiplicado, contra ti hemos pecado. 8Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche? 9¿Por qué eres como hombre atónito, y como valiente que no puede librar? Sin embargo, tú estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares.

10Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará sus pecados.

11Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien. 12Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con hambre y con pestilencia.

13Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, Señor Jehová! He aquí que los profetas les dicen: No veréis espada, ni habrá hambre entre vosotros, sino que en este lugar os daré paz verdadera. 14Me dijo entonces Jehová: Falsamente profetizan los profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón os profetizan. 15Por tanto, así ha dicho Jehová sobre los profetas que profetizan en mi nombre, los cuales yo no envié, y que dicen: Ni espada ni hambre habrá en esta tierra; con espada y con hambre serán consumidos esos profetas. 16Y el pueblo a quien profetizan será echado en las calles de Jerusalén por hambre y por espada, y no habrá quien los entierre a ellos, a sus mujeres, a sus hijos y a sus hijas; y sobre ellos derramaré su maldad.

17Les dirás, pues, esta palabra: Derramen mis ojos lágrimas noche y día, y no cesen; porque de gran quebrantamiento es quebrantada la virgen hija de mi pueblo, de plaga muy dolorosa. 18Si salgo al campo, he aquí muertos a espada; y si entro en la ciudad, he aquí enfermos de hambre; porque tanto el profeta como el sacerdote anduvieron vagando en la tierra, y no entendieron.

19¿Has desechado enteramente a Judá? ¿Ha aborrecido tu alma a Sion? ¿Por qué nos hiciste herir sin que haya remedio? Esperamos paz, y no hubo bien; tiempo de curación, y he aquí turbación. 20Reconocemos, oh Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres; porque contra ti hemos pecado. 21Por amor de tu nombre no nos deseches, ni deshonres tu glorioso trono; acuérdate, no invalides tu pacto con nosotros. 22¿Hay entre los ídolos de las naciones quien haga llover? ¿y darán los cielos lluvias? ¿No eres tú, Jehová, nuestro Dios? En ti, pues, esperamos, pues tú hiciste todas estas cosas.[2]

      

SALMO 125

 

Dios protege a su pueblo

Cántico gradual.

     1     Los que confían en Jehová son como el monte de Sion,

Que no se mueve, sino que permanece para siempre.

     2     Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella,

Así Jehová está alrededor de su pueblo

Desde ahora y para siempre.

     3     Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la heredad de los justos;

No sea que extiendan los justos sus manos a la iniquidad.

     4     Haz bien, oh Jehová, a los buenos,

Y a los que son rectos en su corazón.

     5     Mas a los que se apartan tras sus perversidades,

Jehová los llevará con los que hacen iniquidad;

Paz sea sobre Israel.[3]

 



a a 1.4: 2 Co. 8.23; Gá. 2.3; 2 Ti. 4.10.

b b 1.6–9: 1 Ti. 3.2–7.

[1] Reina Valera Revisada (1960). Miami : Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998, S. 2 Ti 4.22-Tit 1.16

[2] Reina Valera Revisada (1960). Miami : Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998, S. Jr 12.17-14.22

[3] Reina Valera Revisada (1960). Miami : Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998, S. Sal 124.8-125.5


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