lunes, 8 de marzo de 2021

¿Qué es lo que me garantiza el Espíritu Santo?

                                                                                                                                 <ENGLISH>





08 Marzo  

¿Qué es lo que me garantiza el Espíritu Santo?

¡Plenitud!

Por Riqui Ricón*

Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo. Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle (Mat 12.9-14).

El espíritu religioso es el mismo espíritu de mentira, temor e incredulidad que engañó a Eva y sometió a Adán y a su descendencia a sus caprichosos designios de pecado, enfermedad y muerte. Se disfraza de falsa piedad para introducirse en las congregaciones cautivando, a tal grado, a los necios, a los ingenuos y a los ignorantes que son capaces de ofenderse y molestarse por la sanidad de un hombre.

¡Qué diferente es el Espíritu de Cristo Jesús! ¡El Espíritu de Amor! No le importó que se fraguase un consejo en Su contra para destruirle, Él no podía negarse a realizar la tarea que le fue encomendada: salvar a los hombres y ofrecerles la Vida Eterna.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

¡Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su único Hijo, Jesucristo, antes que perderte a ti!

TODO AQUEL que cree que Jesús es el Cristo, el Mesías Salvador, experimenta en ese momento de uno de los milagros más asombrosos que Dios puede realizar: es hecho(a) un Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y, por lo tanto, tiene Vida Eterna y, por esto mismo, recibe salvación en lugar de condenación.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2Co 5:17 RV1960).

Se cumple así, lo que Dios dice en Su Palabra, La Biblia, ¡Somos Nuevas creaturas! ¡Hemos Nacido de Nuevo!

Pero Dios, que es rico en misericordia, POR SU GRAN AMOR CON QUE NOS AMÓ, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús (Efe 2.4-7).

Así que, Dios prefirió entregar a su propio Hijo a que pagara el justo precio de tus pecados antes que perderte a ti. ¿Por qué motivo? Porque te ama con todo Su corazón pues te predestinó a ser adoptado(a) Hijo(a) Suyo(a) por medio de Jesucristo, según el puro afecto de Su Voluntad (Efe 1.5).

MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos” (1Jn 3:1 NT BAD).

Así que, ¿Es para este Dios y Padre Nuestro, descrito en la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis como el Amor mismo, más importante que se guarden los días y los ritos; las posturas y tradiciones, que sanar las enfermedades de sus Hijos o suplir todas sus necesidades? ¡De ninguna manera! ¡La Voluntad de dios es sanarte! ¡La Voluntad de Dios es levantarte y sostenerte! ¡La Voluntad de Dios, tu Padre, es sacarte de la maldición para establecerte en la bendición!

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles (a ti y a mí), a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu (Gal 3.13-14).

La promesa del Espíritu es la garantía, las arras de nuestra herencia establecida por el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús. Es el Espíritu de Amor que dio Su Vida para que recibiese salvación y Vida Eterna. Una vida buena y abundante: ¡Plenitud!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, quiero agradecerte por tanto y tan grande Amor, que estando yo muerto(a) en delitos y pecados Tú me diste Vida juntamente con Cristo. Señor Jesús, gracias por Tu Palabra, La Biblia, pues ahora yo sé muy bien que soy Tu Hijo(a) amado(a). Esto es más que suficiente para mí. Hoy me someto a Tu Palabra, resisto al diablo y sus miedos y temores, y éstos se van fuera de mi vida. Voy a vivir mi vida sin miedo y con la Plenitud y la Paz que Tu Amor y Tu Palabra me dan, pues hoy estoy plenamente convencido que Tú, mi Dios y Padre, puedes y quieres sanarme; sé muy bien que puedes y quieres prosperarme; sé muy bien que puedes y quieres restaurarme; sé muy bien que nunca me has dejado y nunca me dejarás. Y aunque Satanás, el adversario, sólo viene a hurtar, matar y destruir, Tú has venido a mí para darme Vida, y Vida Abundante. Estoy convencido(a) de que por lo que hiciste por mí al morir en esa cruz y resucitar venciendo a la muerte, ahora yo tengo Vida Eterna. ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! Por lo tanto, puedo estar seguro(a) de que me escuchas y atiendes mis oraciones; yo también voy a atender a Tu Palabra y hacer de La Biblia la norma máxima de mi existencia; yo sí creo a Tu indicación y la voy a leer y meditar de día y de noche para guardarla en mi corazón y poner en práctica todo lo que en ella está escrito. Voy a buscar y establecer primeramente Tu reino, Señor, y sé que todas mis necesidades serán suplidas, pues de acuerdo con Tu Palabra, yo, _________ (tu nombre aquí), haré prosperar mi camino y todo me saldrá bien. Por lo tanto, creo y declaro que de todo problema, angustia o enfermedad voy a salir más que vencedor(a) por medio de Aquel que me amó, Cristo Jesús. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy más que vencedor(a)! Y, por la Palabra de Dios, soy dichoso(a) para vivir una vida plena y abundante. Muchas gracias, Señor Jesús. Gracias por esta Nueva Vida en Plenitud que ahora tengo. Gracias por mi sanidad. Gracias por mi salud. Gracias por mi prosperidad. Gracias por el Amor, la paz y el gozo que ahora disfruto. En el nombre de Jesús. Amén

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

Tres Recomendaciones:

Lo que acabas de suceder al reconocer a Jesucristo como el Señor y Salvador de tu vida, de acuerdo con La Palabra de Dios, es que has Nacido de Nuevo, ya no más como un ser humano común y corriente, sujeto a la ley del pecado y de la muerte, sino que ahora eres un(a) legítimo(a) y auténtico(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, exactamente igual a Jesucristo, quien ahora es tu Hermano Mayor. Por lo tanto, te hago estas tres importantísimas recomendaciones:

1.     Orar. Orar es platicar con Dios. Así que, búscate un lugar tranquilo donde puedas comenzar a platicar todas tus cosas con Él. Hazlo de forma audible y notarás como Dios siempre responderá a tu corazón.

2.     Leer y meditar la Palabra de Dios. La Biblia es La Palabra de Dios, así que, consigue una Biblia y comienza a leerla y meditarla. ¿Cómo empezar? Es muy sencillo. Dependiendo del día que sea hoy, busca en el programa de lectura “La Biblia en un año” y realiza las lecturas correspondientes. Este programa lo puedes obtener en: A Través de La Biblia En Un Ano (palabradehonor.org) Notarás que el programa está arreglado para imprimirlo como un cuadernillo.

3.     En oración con Dios, tu Padre, busca y únete a una iglesia o congregación cristiana donde enseñen la Palabra de Dios en base a las Buenas Noticias que son el Evangelio de Jesucristo.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2020

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

                                                                                   

Marzo 8                                              Mat 12.1-21 /  Lev 14 /  Pro 26

     

Cápsula del día.





Puedes escuchar o descargar la lectura de la  Biblia en audio del día de hoy, la tenemos para ti en dos versiones: 


RV60 




NVI 




Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

                                                                                   

Marzo 8                                              Mat 12.1-21 /  Lev 14 /  Pro 26

San Mateo 12.1-21

Los discípulos recogen espigas en el día de reposo

(Mr. 2.23–28; Lc. 6.1–5)

12

1En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo;* y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigasa y a comer. 2Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.* 3Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; 4cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición,b que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes?c 5¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo* los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo,* y son sin culpa?d 6Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí. 7Y si supieseis qué significa:e Misericordia quiero, y no sacrificio,f no condenaríais a los inocentes; 8porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.*

El hombre de la mano seca

(Mr. 3.1–6; Lc. 6.6–11)

9Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. 10Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?* 11El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo,* no le eche mano, y la levante?g 12Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo.* 13Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. 14Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.

El siervo escogido

15Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos, 16y les encargaba rigurosamente que no le descubriesen; 17para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:

     18     He aquí mi siervo, a quien he escogido;

Mi Amado, en quien se agrada mi alma;

Pondré mi Espíritu sobre él,

Y a los gentiles anunciará juicio.

     19     No contenderá, ni voceará,

Ni nadie oirá en las calles su voz.

     20     La caña cascada no quebrará,

Y el pábilo que humea no apagará,

Hasta que saque a victoria el juicio.

     21     Y en su nombre esperarán los gentiles.h[1]

 

 

Levítico 14

14

1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote, 3y éste saldrá fuera del campamento y lo examinará; y si ve que está sana la plaga de la lepra del leproso, 4el sacerdote mandará luego que se tomen para el que se purifica dos avecillas vivas, limpias, y madera de cedro, grana e hisopo. 5Y mandará el sacerdote matar una avecilla en un vaso de barro sobre aguas corrientes. 6Después tomará la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo, y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas corrientes; 7y rociará siete veces sobre el que se purifica de la lepra, y le declarará limpio; y soltará la avecilla viva en el campo. 8Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con agua, y será limpio; y después entrará en el campamento, y morará fuera de su tienda siete días. 9Y el séptimo día raerá todo el pelo de su cabeza, su barba y las cejas de sus ojos y todo su pelo, y lavará sus vestidos, y lavará su cuerpo en agua, y será limpio.

10El día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin tacha, y tres décimas de efa de flor de harina para ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite. 11Y el sacerdote que le purifica presentará delante de Jehová al que se ha de limpiar, con aquellas cosas, a la puerta del tabernáculo de reunión; 12y tomará el sacerdote un cordero y lo ofrecerá por la culpa, con el log de aceite, y lo mecerá como ofrenda mecida delante de Jehová. 13Y degollará el cordero en el lugar donde se degüella el sacrificio por el pecado y el holocausto, en el lugar del santuario; porque como la víctima por el pecado, así también la víctima por la culpa es del sacerdote; es cosa muy sagrada. 14Y el sacerdote tomará de la sangre de la víctima por la culpa, y la pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 15Asimismo el sacerdote tomará del log de aceite, y lo echará sobre la palma de su mano izquierda, 16y mojará su dedo derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de Jehová. 17Y de lo que quedare del aceite que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio por la culpa. 18Y lo que quedare del aceite que tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica; y hará el sacerdote expiación por él delante de Jehová. 19Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia; y después degollará el holocausto, 20y hará subir el sacerdote el holocausto y la ofrenda sobre el altar. Así hará el sacerdote expiación por él, y será limpio.

21Mas si fuere pobre, y no tuviere para tanto, entonces tomará un cordero para ser ofrecido como ofrenda mecida por la culpa, para reconciliarse, y una décima de efa de flor de harina amasada con aceite para ofrenda, y un log de aceite, 22y dos tórtolas o dos palominos, según pueda; uno será para expiación por el pecado, y el otro para holocausto. 23Al octavo día de su purificación traerá estas cosas al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová. 24Y el sacerdote tomará el cordero de la expiación por la culpa, y el log de aceite, y los mecerá el sacerdote como ofrenda mecida delante de Jehová. 25Luego degollará el cordero de la culpa, y el sacerdote tomará de la sangre de la culpa, y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 26Y el sacerdote echará del aceite sobre la palma de su mano izquierda; 27y con su dedo derecho el sacerdote rociará del aceite que tiene en su mano izquierda, siete veces delante de Jehová. 28También el sacerdote pondrá del aceite que tiene en su mano sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar de la sangre de la culpa. 29Y lo que sobre del aceite que el sacerdote tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica, para reconciliarlo delante de Jehová. 30Asimismo ofrecerá una de las tórtolas o uno de los palominos, según pueda. 31Uno en sacrificio de expiación por el pecado, y el otro en holocausto, además de la ofrenda; y hará el sacerdote expiación por el que se ha de purificar, delante de Jehová. 32Esta es la ley para el que hubiere tenido plaga de lepra, y no tuviere más para su purificación.

33Habló también Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 34Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, si pusiere yo plaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión, 35vendrá aquel de quien fuere la casa y dará aviso al sacerdote, diciendo: Algo como plaga ha aparecido en mi casa. 36Entonces el sacerdote mandará desocupar la casa antes que entre a mirar la plaga, para que no sea contaminado todo lo que estuviere en la casa; y después el sacerdote entrará a examinarla. 37Y examinará la plaga; y si se vieren manchas en las paredes de la casa, manchas verdosas o rojizas, las cuales parecieren más profundas que la superficie de la pared, 38el sacerdote saldrá de la casa a la puerta de ella, y cerrará la casa por siete días. 39Y al séptimo día volverá el sacerdote, y la examinará; y si la plaga se hubiere extendido en las paredes de la casa, 40entonces mandará el sacerdote, y arrancarán las piedras en que estuviere la plaga, y las echarán fuera de la ciudad en lugar inmundo. 41Y hará raspar la casa por dentro alrededor, y derramarán fuera de la ciudad, en lugar inmundo, el barro que rasparen. 42Y tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las piedras quitadas; y tomarán otro barro y recubrirán la casa.

43Y si la plaga volviere a brotar en aquella casa, después que hizo arrancar las piedras y raspar la casa, y después que fue recubierta, 44entonces el sacerdote entrará y la examinará; y si pareciere haberse extendido la plaga en la casa, es lepra maligna en la casa; inmunda es. 45Derribará, por tanto, la tal casa, sus piedras, sus maderos y toda la mezcla de la casa; y sacarán todo fuera de la ciudad a lugar inmundo. 46Y cualquiera que entrare en aquella casa durante los días en que la mandó cerrar, será inmundo hasta la noche. 47Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa lavará sus vestidos.

48Mas si entrare el sacerdote y la examinare, y viere que la plaga no se ha extendido en la casa después que fue recubierta, el sacerdote declarará limpia la casa, porque la plaga ha desaparecido. 49Entonces tomará para limpiar la casa dos avecillas, y madera de cedro, grana e hisopo; 50y degollará una avecilla en una vasija de barro sobre aguas corrientes. 51Y tomará el cedro, el hisopo, la grana y la avecilla viva, y los mojará en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas corrientes, y rociará la casa siete veces. 52Y purificará la casa con la sangre de la avecilla, con las aguas corrientes, con la avecilla viva, la madera de cedro, el hisopo y la grana. 53Luego soltará la avecilla viva fuera de la ciudad sobre la faz del campo. Así hará expiación por la casa, y será limpia.

54Esta es la ley acerca de toda plaga de lepra y de tiña, 55y de la lepra del vestido, y de la casa, 56y acerca de la hinchazón, y de la erupción, y de la mancha blanca, 57para enseñar cuándo es inmundo, y cuándo limpio. Esta es la ley tocante a la lepra.[2]

       

Proverbios 26

 

26

     1     Como no conviene la nieve en el verano, ni la lluvia en la siega,

Así no conviene al necio la honra.

     2     Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo,

Así la maldición nunca vendrá sin causa.

     3     El látigo para el caballo, el cabestro para el asno,

Y la vara para la espalda del necio.

     4     Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad,

Para que no seas tú también como él.

     5     Responde al necio como merece su necedad,

Para que no se estime sabio en su propia opinión.

     6     Como el que se corta los pies y bebe su daño,

Así es el que envía recado por mano de un necio.

     7     Las piernas del cojo penden inútiles;

Así es el proverbio en la boca del necio.

     8     Como quien liga la piedra en la honda,

Así hace el que da honra al necio.

     9     Espinas hincadas en mano del embriagado,

Tal es el proverbio en la boca de los necios.

     10     Como arquero que a todos hiere,

Es el que toma a sueldo insensatos y vagabundos.

     11     Como perro que vuelve a su vómito,a

Así es el necio que repite su necedad.

     12     ¿Has visto hombre sabio en su propia opinión?

Más esperanza hay del necio que de él.

     13     Dice el perezoso: El león está en el camino;

El león está en las calles.

     14     Como la puerta gira sobre sus quicios,

Así el perezoso se vuelve en su cama.

     15     Mete el perezoso su mano en el plato;

Se cansa de llevarla a su boca.

     16     En su propia opinión el perezoso es más sabio

Que siete que sepan aconsejar.

     17     El que pasando se deja llevar de la ira en pleito ajeno

Es como el que toma al perro por las orejas.

     18     Como el que enloquece, y echa llamas

Y saetas y muerte,

     19     Tal es el hombre que engaña a su amigo,

Y dice: Ciertamente lo hice por broma.

     20     Sin leña se apaga el fuego,

Y donde no hay chismoso, cesa la contienda.

     21     El carbón para brasas, y la leña para el fuego;

Y el hombre rencilloso para encender contienda.

     22     Las palabras del chismoso son como bocados suaves,

Y penetran hasta las entrañas.

     23     Como escoria de plata echada sobre el tiesto

Son los labios lisonjeros y el corazón malo.

     24     El que odia disimula con sus labios;

Mas en su interior maquina engaño.

     25     Cuando hablare amigablemente, no le creas;

Porque siete abominaciones hay en su corazón.

     26     Aunque su odio se cubra con disimulo,

Su maldad será descubierta en la congregación.

     27     El que cava foso caerá en él;

Y al que revuelve la piedra, sobre él le volverá.

     28     La lengua falsa atormenta al que ha lastimado,

Y la boca lisonjera hace resbalar.[3]

 

 



a a 12.1: Dt. 23.25.

b b 12.3–4: 1 S. 21.1–6.

c c 12.4: Lv. 24.9.

d d 12.5: Nm. 28.9–10.

e e 12.7: Mt. 9.13.

f f 12.7: Os. 6.6.

g g 12.11: Lc. 14.5.

h h 12.18–21: Is. 42.1–4.

[1]Reina Valera Revisada (1960). 1998 (Mt 11.30-12.21). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.

[2]Reina Valera Revisada (1960). 1998 (Lv 13.59-14.57). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.

a a 26.11: 2 P. 2.22.

[3]Reina Valera Revisada (1960). 1998 (Pr 25.28-26.28). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.