lunes, 1 de marzo de 2021

¡Cómo vencer al miedo!

                                                                                                                          <ENGLISH>





01 Marzo 

¡Cómo vencer al miedo!


¡Sólo con La Palabra!

Por Riqui Ricón*

Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza (Mat 8.25-26).

Este episodio sucedió apenas uno o dos días después que los discípulos fueran instruidos por Jesús con sus asombrosas enseñanzas en el sermón del monte. Además, apenas unas cuantas horas antes de la tempestad descrita, ellos habían sido testigos de grandes milagros. De la misma forma, es casi seguro que tú te encuentres enfrentando poderosas tormentas tan sólo instantes después de haber experimentado el Amor y la fidelidad de Dios.

Es casi seguro que después de que hayas experimentado un gran milagro o la hermosa respuesta de tu Padre celestial a tus oraciones, se desate sobre tu vida la furia del infierno.

Amados hermanos, no os sorprenda que la oposición contra vosotros se haya desatado como un voraz incendio, porque eso no tiene nada de extraño. Sin embargo debéis estar gozosos, por cuanto así, hechos partícipes de los padecimientos de Cristo, el día en que su gloria sea revelada tendréis también la inmensa dicha de compartirla (1 P 4.12-13 CST).

Así pues, aquí tenemos a los grandes discípulos quienes después de haber experimentado el Amor y poder de Dios se encuentran todos confundidos y llenos de temor ante la intensidad de la primera tormenta.

Jesús, a popa, apoyado sobre un cabezal, dormía tranquilamente; pero los discípulos, llenos de pánico, le despertaron diciendo: ¡Maestro!, ¿no te importa que nos estemos hundiendo? (Mar 4.38 CST)

Pon mucha atención pues, al igual que a ellos, si le das lugar al miedo, éste puede llenar tu corazón de tanta duda que te llevará a CREER y reclamar a Dios que no tiene cuidado de ti.

El miedo es una fuerza espiritual maligna, producto del pecado, cuyo único propósito es anular tu fe para alejarte de Dios.

Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí (Gen 3.8-10).

¿Cómo puedes tú salir vencedor de las tormentas que enfrentas? ¿Cómo dejar de temer?

Para obtener la respuesta correcta a estas preguntas primero hay que recordar que el pecado original, allá en el huerto de Edén, no fue desobediencia sino incredulidad a la Palabra de Dios.

Pero la serpiente  era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal (Gen 3.1-5).

Antes de desobedecer Eva tuvo que tomar una decisión en base a cierto razonamiento simple: Dios mi creador dice una cosa y este bicho rastrero dice otra cosa, ¿quién de los dos dirá la verdad? ¿A cuál de los dos le voy a CREER?

Aunque lo que Satanás decía eran puras mentiras, Eva al mirar que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría (Gen 3.6), decidió negar la Verdad (la Palabra de Dios) para creer la mentira y desobedecer.

Por eso, no miremos tanto a lo que tenemos aquí al alcance de la vista, sino pongamos nuestras miras en lo que todavía no podemos ver. Porque las cosas materiales que ahora vemos, son fugaces; pero las espirituales, las que no vemos, son eternas (2 Co 4.18 CST).

Gracias a Cristo Jesús y al Amor de Dios tu Padre celestial, ahora eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y ya no vives por lo que ves o lo que sientes sino por tu fe, que es creerle a Dios, creyendo Su Palabra.

Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado (Mat 8.18).

Momentos antes de la tormenta tenemos que Jesús, viéndose rodeado de aquella muchedumbre, mandó a sus discípulos pasar a la otra orilla. Esto quiere decir que tenía el propósito de cruzar el lago para lo cual, HABLANDO (Palabra de Dios), dio la orden de dirigirse al otro lado.

Pon mucha atención, pues lo que la tormenta hizo con sus manifestaciones físicas de viento rugiente y grandes olas, que anegaban la barca, fue hablar tan fuerte a los discípulos que sus sentidos y emociones se vieron alterados a tal grado que el miedo encontró un lugar donde afectar sus corazones y así ellos dieron mayor credibilidad a lo que veían y sentían que a la Palabra de Dios.

Inalterable, Jesús se levantó, reprendió a los vientos y dijo a las olas: —¡Cálmense! Cuando los vientos cesaron y todo quedó en calma, Jesús se volvió a los discípulos y les dijo: —¿A qué viene tanto miedo? ¿No tienen confianza en mí? (Mar 4.39-40 BAD).

Por inverosímil que te parezca tu situación actual no difiere en nada con la que enfrentó Eva, ni con la que enfrentaron los discípulos. Pues, así como en aquellos casos en que Dios había hablado, tú también tienes hoy la Palabra de Dios.

Así que, muy probablemente, tu enfermedad, problema o aflicción, cual poderosa tormenta, te esté rugiendo fuertemente amenazando con hundirte, sin embargo, Dios todopoderoso te dice:

Ø  Te amo tanto que preferí entregar a mi propio Hijo antes que perderte a ti.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jua 3.16-17).

Ø  Te amo tanto que he decidido hacer de ti mi propio(a) Hijo(a).

MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo más maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jua 3.1).

Ø  Acude a Mí que Yo te responderé.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mat 7.7-11).

Ø  Yo deseo que vivas una Vida Plena y Abundante.

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tú alma (3 Jua 2).

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jua 10.10).

Ø  Ahora eres Mi Hijo(a) y tú TODO lo puedes y ya has vencido.

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil 4.13).

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Jua 4.4).

Ø  En TODO problema, enfermedad o  aflicción tú saldrás más que vencedor(a).

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Rom 8.37).

Entonces, las aflicciones de este mundo te están hablando constantemente y el dilema sigue siendo el mismo: ¿Quién dirá la verdad, tus problemas o Dios? ¿A quién le vas a creer, a tus circunstancias o a tu Padre celestial?

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jua 16.33).

El miedo es todo lo opuesto a la fe y es el arma estratégica de este sistema de gobierno que llamamos mundo. La única oportunidad que tienes para vencer al miedo es siendo constante y persistente en la Palabra de Dios haciendo de ella la norma básica de tu existencia.

Mas la fe nace cuando se presta atención a las Buenas Noticias acerca de Jesucristo (Ro 10.17 BAD).

¡La fe es por la Palabra de Dios! La fe adquiere vida dentro de ti cuando comienzas a leer y meditar seriamente la Palabra de Dios, haciendo de la Biblia la norma máxima de tu existencia.

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jua 8.31-32).

La única oportunidad que tienes para vencer al miedo es llenándote tanto de la Palabra de Dios que cuando el temor te ataque entonces tu fe fluya veloz anulando el miedo y estableciendo tu Victoria.

Si permaneces en la Palabra de Dios, entonces manifiestas ser discípulo de Jesús, conocerás la Verdad, y la Verdad te hará libre.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).

Haz de la Biblia la norma máxima de tu existencia dedicándole tiempo para leerla y meditarla todos los días de tu vida y entonces, ni antes, ni después, ni de ninguna otra forma (sólo entonces), harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.

Si Dios lo dice así, forzosamente es Verdad.

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, hoy quiero agradecerte una vez más que me hayas amado tanto, tanto, que preferiste entregar a Tu propio Hijo, Jesús, antes que perderme a mí. Señor Jesús, por Tu sacrificio en la cruz yo fui justificado(a), perdonado(a) y santificado(a) y ahora soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Todo gracias a Ti, mi Señor, Rey y Salvador. En esta Nueva Vida que compraste para mí, comienzo a entender lo importante que es Tu Palabra, la Biblia, para que yo cumpla el propósito por el cual me dejaste aquí en el mundo. Tu Palabra es la Verdad y por lo tanto mi garantía acerca de lo que es y lo que no es. Yo soy lo que la Biblia dice que soy y esta es mi Victoria que vence al mundo, mi fe, que es creerte a ti, creyendo Tu Palabra. Por Tu Palabra he vencido al miedo y puedo caminar en Victoria. Yo estoy en Cristo y las cosas viejas ya pasaron he aquí que TODA mi vida es hecha Nueva. Gracias amado Padre celestial, muchas gracias. Hoy puedo levantarme y hacer frente a cualquier circunstancia adversa en mi vida, porque sé que sé, que Tú, mi Dios estás conmigo. Y qué pues diremos a esto, si Dios es conmigo, ¿quién contra mí? El que no escatimo ni a Su propio Hijo sino que lo entregó por amor a mí, ¿cómo no me dará, juntamente con Él, todas las cosas? ¡Gracias Abba, Padre! Hoy oro a Ti para declarar en plena certeza de fe, que en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ha amado, Cristo Jesús. Así que, TODO lo puedo en Cristo que me fortalece. Yo soy Tu Hijo(a) y ya he vencido, porque mayor eres Tú, que estás en mí, que el que está en el mundo. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy Hijo(a) del Rey! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 

Tres Recomendaciones:

Lo que acabas de suceder al reconocer a Jesucristo como el Señor y Salvador de tu vida, de acuerdo con La Palabra de Dios, es que has Nacido de Nuevo, ya no más como un ser humano común y corriente, sujeto a la ley del pecado y de la muerte, sino que ahora eres un(a) legítimo(a) y auténtico(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, exactamente igual a Jesucristo, quien ahora es tu Hermano Mayor. Por lo tanto, te hago estas tres importantísimas recomendaciones:

1.     Orar. Orar es platicar con Dios. Así que, búscate un lugar tranquilo donde puedas comenzar a platicar todas tus cosas con Él. Hazlo de forma audible y notarás como Dios siempre responderá a tu corazón.

2.     Leer y meditar la Palabra de Dios. La Biblia es La Palabra de Dios, así que, consigue una Biblia y comienza a leerla y meditarla. ¿Cómo empezar? Es muy sencillo. Dependiendo del día que sea hoy, busca en el programa de lectura “La Biblia en un año” y realiza las lecturas correspondientes. Este programa lo puedes obtener en: A Través de La Biblia En Un Ano (palabradehonor.org) Notarás que el programa está arreglado para imprimirlo como un cuadernillo.

3.     En oración con Dios, tu Padre, busca y únete a una iglesia o congregación cristiana donde enseñen la Palabra de Dios en base a las Buenas Noticias que son el Evangelio de Jesucristo.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2020

 

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Marzo 1                                   Mat 8.14-34  /  Lev 1-2  /  Pro 19

     

Cápsula del día.






Puedes escuchar o descargar la lectura de la  Biblia en audio del día de hoy, la tenemos para ti en dos versiones: 


RV60 



NVI 



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Marzo 1                                   Mat 8.14-34  /  Lev 1-2  /  Pro 19

 

San Mateo 8.14-34

Jesús sana a la suegra de Pedro

(Mr. 1.29–34; Lc. 4.38–41)

14Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. 15Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. 16Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; 17para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.d

Los que querían seguir a Jesús

(Lc. 9.57–62)

18Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. 19Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. 20Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. 21Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. 22Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.

Jesús calma la tempestad

(Mr. 4.35–41; Lc. 8.22–25)

23Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. 24Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. 25Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! 26El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. 27Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?

Los endemoniados gadarenos

(Mr. 5.1–20; Lc. 8.26–39)

28Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. 29Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? 30Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos. 31Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos. 32El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas. 33Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. 34Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos. [1]

 

Levítico 1-2

Los holocaustos

1

1Llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda.

3Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová. 4Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya. 5Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová; y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo de reunión. 6Y desollará el holocausto, y lo dividirá en sus piezas. 7Y los hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña sobre el fuego. 8Luego los sacerdotes hijos de Aarón acomodarán las piezas, la cabeza y la grosura de los intestinos, sobre la leña que está sobre el fuego que habrá encima del altar; 9y lavará con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote hará arder todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.

10Si su ofrenda para holocausto fuere del rebaño, de las ovejas o de las cabras, macho sin defecto lo ofrecerá. 11Y lo degollará al lado norte del altar delante de Jehová; y los sacerdotes hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar alrededor. 12Lo dividirá en sus piezas, con su cabeza y la grosura de los intestinos; y el sacerdote las acomodará sobre la leña que está sobre el fuego que habrá encima del altar; 13y lavará las entrañas y las piernas con agua; y el sacerdote lo ofrecerá todo, y lo hará arder sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.

14Si la ofrenda para Jehová fuere holocausto de aves, presentará su ofrenda de tórtolas, o de palominos. 15Y el sacerdote la ofrecerá sobre el altar, y le quitará la cabeza, y hará que arda en el altar; y su sangre será exprimida sobre la pared del altar. 16Y le quitará el buche y las plumas, lo cual echará junto al altar, hacia el oriente, en el lugar de las cenizas. 17Y la henderá por sus alas, pero no la dividirá en dos; y el sacerdote la hará arder sobre el altar, sobre la leña que estará en el fuego; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.

Las ofrendas

2

1Cuando alguna persona ofreciere oblación a Jehová, su ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite, y pondrá sobre ella incienso, 2y la traerá a los sacerdotes, hijos de Aarón; y de ello tomará el sacerdote su puño lleno de la flor de harina y del aceite, con todo el incienso, y lo hará arder sobre el altar para memorial; ofrenda encendida es, de olor grato a Jehová. 3Y lo que resta de la ofrenda será de Aarón y de sus hijos; es cosa santísima de las ofrendas que se queman para Jehová.

4Cuando ofrecieres ofrenda cocida en horno, será de tortas de flor de harina sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite. 5Mas si ofrecieres ofrenda de sartén, será de flor de harina sin levadura, amasada con aceite, 6la cual partirás en piezas, y echarás sobre ella aceite; es ofrenda. 7Si ofrecieres ofrenda cocida en cazuela, se hará de flor de harina con aceite. 8Y traerás a Jehová la ofrenda que se hará de estas cosas, y la presentarás al sacerdote, el cual la llevará al altar. 9Y tomará el sacerdote de aquella ofrenda lo que sea para su memorial, y lo hará arder sobre el altar; ofrenda encendida de olor grato a Jehová. 10Y lo que resta de la ofrenda será de Aarón y de sus hijos; es cosa santísima de las ofrendas que se queman para Jehová.

11Ninguna ofrenda que ofreciereis a Jehová será con levadura; porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar ofrenda para Jehová. 12Como ofrenda de primicias las ofreceréis a Jehová; mas no subirán sobre el altar en olor grato. 13Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal.

14Si ofrecieres a Jehová ofrenda de primicias, tostarás al fuego las espigas verdes, y el grano desmenuzado ofrecerás como ofrenda de tus primicias. 15Y pondrás sobre ella aceite, y pondrás sobre ella incienso; es ofrenda. 16Y el sacerdote hará arder el memorial de él, parte del grano desmenuzado y del aceite, con todo el incienso; es ofrenda encendida para Jehová. [2]

       

Proverbios 19

 

19

     1     Mejor es el pobre que camina en integridad,

Que el de perversos labios y fatuo.

     2     El alma sin ciencia no es buena,

Y aquel que se apresura con los pies, peca.

     3     La insensatez del hombre tuerce su camino,

Y luego contra Jehová se irrita su corazón.

     4     Las riquezas traen muchos amigos;

Mas el pobre es apartado de su amigo.

     5     El testigo falso no quedará sin castigo,

Y el que habla mentiras no escapará.

     6     Muchos buscan el favor del generoso,

Y cada uno es amigo del hombre que da.

     7     Todos los hermanos del pobre le aborrecen;

¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él!

Buscará la palabra, y no la hallará.

     8     El que posee entendimiento ama su alma;

El que guarda la inteligencia hallará el bien.

     9     El testigo falso no quedará sin castigo,

Y el que habla mentiras perecerá.

     10     No conviene al necio el deleite;

¡Cuánto menos al siervo ser señor de los príncipes!

     11     La cordura del hombre detiene su furor,

Y su honra es pasar por alto la ofensa.

     12     Como rugido de cachorro de león es la ira del rey,

Y su favor como el rocío sobre la hierba.

     13     Dolor es para su padre el hijo necio,

Y gotera continua las contiendas de la mujer.

     14     La casa y las riquezas son herencia de los padres;

Mas de Jehová la mujer prudente.

     15     La pereza hace caer en profundo sueño,

Y el alma negligente padecerá hambre.

     16     El que guarda el mandamiento guarda su alma;

Mas el que menosprecia sus caminos morirá.

     17     A Jehová presta el que da al pobre,

Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.

     18     Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza;

Mas no se apresure tu alma para destruirlo.

     19     El de grande ira llevará la pena;

Y si usa de violencias, añadirá nuevos males.

     20     Escucha el consejo, y recibe la corrección,

Para que seas sabio en tu vejez.

     21     Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre;

Mas el consejo de Jehová permanecerá.

     22     Contentamiento es a los hombres hacer misericordia;

Pero mejor es el pobre que el mentiroso.

     23     El temor de Jehová es para vida,

Y con él vivirá lleno de reposo el hombre;

No será visitado de mal.

     24     El perezoso mete su mano en el plato,

Y ni aun a su boca la llevará.

     25     Hiere al escarnecedor, y el simple se hará avisado;

Y corrigiendo al entendido, entenderá ciencia.

     26     El que roba a su padre y ahuyenta a su madre,

Es hijo que causa vergüenza y acarrea oprobio.

     27     Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas

Que te hacen divagar de las razones de sabiduría.

     28     El testigo perverso se burlará del juicio,

Y la boca de los impíos encubrirá la iniquidad.

     29     Preparados están juicios para los escarnecedores,

Y azotes para las espaldas de los necios. [3]

 



d d 8.17: Is. 53.4.

[1] Reina Valera Revisada (1960). Miami : Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998, S. Mt 8.13-34

[2] Reina Valera Revisada (1960). Miami : Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998, S. Ex 40.38-Lv 2.16

[3] Reina Valera Revisada (1960). Miami : Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998, S. Pr 18.24-19.29


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