viernes, 28 de febrero de 2020

¡Señor si quieres puedes ayudarme! O ¡Cómo puedo conocer la Voluntad de Dios para mi vida!






28 de Febrero




¡Señor si quieres puedes ayudarme! O ¡Cómo puedo conocer la Voluntad de Dios para mi vida!

¡Escuchando Su Voz! ¡Leyendo Su Palabra!
Por Riqui Ricón*
“Un hombre que tenía lepra se le acercó y se arrodilló delante de él. —Señor, si quieres, puedes limpiarme —le dijo.  (3)  Jesús extendió la mano y tocó al hombre. —Sí quiero —le dijo—. ¡Queda limpio! Y al instante quedó sano[a] de la lepra” (Mat 8:2-3 NVI).
Este día Dios te invita a reflexionar algo sumamente importante para tu relación con Él. En este episodio de la vida de Jesús, no se trata de si Él pudiera hacer algo por este hombre leproso (recuerda que la lepra es un tipo del pecado). Podemos ver claramente que este hombre sabía perfectamente que Jesús tiene poder para hacer cualquier cosa, entonces aquí no hay dudas en cuanto al poder de Dios…
“Porque para Dios no hay nada imposible” (Luc_1:37 NVI).
“«Yo soy el SEÑOR, Dios de toda la humanidad. ¿Hay algo imposible para mí?” (Jer_32:27 NVI).
Bueno, ahora sabemos que efectivamente hay algo que Dios no puede hacer, y eso es mentir. ¡Dios no puede mentir!
Hay dos cosas imposibles: que Dios mienta y que no cumpla lo que promete. Esas dos cosas nos dan confianza a los que nos refugiamos en él. Nos fortalecen para continuar en la esperanza que Dios nos da” (Heb 6:18 PDT).
¡Dios no puede mentir! Existe una sola cosa que el Todopoderoso Dios no puede hacer, y eso es mentir.
Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios,  de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (He 11.3).
Dios creó todo el universo (lo visible y lo invisible), con Su Palabra. El poder de la fuerza de Dios no son Sus ángeles, ni relámpagos, sino Su Palabra. Así que, cualquier cosa que Dios dice se cumple forzosamente.
Por esto Dios no puede mentir. Aunque Él quisiera hacerlo no podría, pues la mentira es todo lo contrario a la Verdad y, como ya vimos, toda palabra que sale de la boca de Dios es Verdad, ya que se cumple por sí misma.
Y dijo Dios: Sea la luz;  y fue la luz” (Gen 1.3).
¡Cuando Dios dijo, sea la luz, fue la luz y no otra cosa! Dios no dijo “sea la luz” y esperó a ver qué sucedía o qué resultaría de eso; sucedió exactamente lo que Él dijo que sucedería: ¡Fue la luz!
A manera de ilustración, imagina que el Señor quisiera jugarte una broma y se apareciera a ti, en un día domingo por la mañana, diciendo: “hola, ¿no te gusta la hermosa noche de viernes que les estoy dando?”; no podrías replicarle por haberse equivocado. Recuerda que Él es Dios, así que, ¿qué crees que pasaría cuando las palabras “hermosa noche de viernes” salgan de Su boca? Pues a cambiar agendas y ajustar relojes porque, sin discusión alguna, ese día se volverá un hermoso viernes por la noche. ¡Es Palabra de Dios! ¡Es Palabra de Honor!
Así que no se trata aquí de si Dios es confiable o no, puesto que Su Palabra es la Verdad eterna e infalible, sino que se trata de si decides tú confiar en Él o no. Se trata de si puedes tú creer o no creer a Su Palabra.
Aunque, dado que Dios es cien por ciento confiable, sería un tremendo error no creerle.
Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Mar 9.23).
Una vez establecido este principio fundamental de que Dios no puede mentir, regresemos a los momentos difíciles y problemáticos de la vida en este mundo, pues, así como el caso del hombre leproso, muy probablemente tú te encuentres enfrentando algún tipo de enfermedad o aflicción y la verdadera pregunta a contestar es ¿querrá Dios ayudarme hoy? ¿Será Su Voluntad sacarme de este problema? ¿Querrá Dios sanarme?
Se trata más bien de dilucidar si Dios quiere hacer algo por este leproso...
Jesús extendió la mano y tocó al hombre. —Sí quiero —le dijo—. ¡Queda limpio! Y al instante quedó sano[a] de la lepra” (Mat 8:3 NVI).
Y en tu caso, ¿será la voluntad de Dios sanarme?
Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3Jn 1:2 RV60).
En la Biblia, que es La Palabra de Dios, dice claramente que Él desea que tú seas prosperado(a) en todas las cosas y que tengas salud.
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.  (5)  Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa 53:4-5 RV60).
Tienes La Palabra de Dios como una certeza de que Cristo Jesús llevó tus enfermedades y sufrió tus dolores en esa cruz. ¡Por Sus heridas ya fuiste sanado(a)!
Sin embargo, les daré salud y los curaré; los sanaré y haré que disfruten de abundante paz y seguridad” (Jer 33:6 NVI).
Por La Palabra de Dios, Tú puedes exclamar a los cuatro puntos cardinales: ¡Soy sano en el nombre de Jesús!
Porque la paga del pecado es muerte,  mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom 6:23 RV60).
No solamente la salud, sino que también la Vida Eterna te ha sido obsequiada. Ciertamente el pecado ensucia y contamina mi vida (yo soy espíritu) con la muerte. Pero al ser yo limpio de pecado (incredulidad a La Palabra de Dios) mediante la Sangre de Jesús, la muerte está vencida y se tiene que ir de mi vida, y con ella la enfermedad.
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Rom 8:2 RV60).
Así que, si Dios no puede mentir, entonces puedes poner toda tu FE en la autoridad que tiene La Palabra de Dios
—Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano.  (9)  Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve”, y va, y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.  (10)  Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían: —Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe” (Mat 8:8-10 NVI).
Este centurión se acercó pidiendo ayuda, reconociendo que Jesús es el Señor, el que tiene toda autoridad y todo lo puede. Jesús estaba dispuesto a ir con él porque Jesús ES El Señor, el que tiene toda autoridad y todo lo puede. Pero, al reconocer la autoridad de Dios en Cristo Jesús, el centurión no necesitaba más que una sola Palabra de Dios. Para cuando el centurión vino a Jesús, él ya había creído.
Esto es lo que asombra a Jesús, tu FE. Tu creerle a Dios, creyendo Su Palabra.
De hecho, sin fe [sin creerle a Dios, creyendo Su Palabra] es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad” (Heb 11:6 NTV).
Los incrédulos, a pesar de haber sido llamados súbditos del reino, NO entrarán al banquete. No así los creyentes, quienes, sin importar la nacionalidad que tengan, son llamados Hijos de Dios, los herederos del Reino.
Les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente, y participarán en el banquete con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.  (12)  Pero a los súbditos del reino se les echará afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes.  (13)  Luego Jesús le dijo al centurión: —¡Ve! Todo se hará tal como creíste. Y en esa misma hora aquel siervo quedó sanó” (Mat8:11-13 NVI).
Entonces, como puedes ver, cuando lees y meditas La Palabra de Dios te das cuenta de que Dios si te quiere sanar, que Dios te quiere próspero(a), que vayas adelante y no atrás, que estés arriba y no abajo.
No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta (Rom 12:2 NTV).
El hombre leproso no tenía dudas en cuanto a que Dios podía cambiar su situación (tú también lo sabes), sin embargo, no estaba seguro si Dios quisiera ayudarle. Hoy, tú puedes creer, puedes tener la certeza de que Dios, tu Padre, puede y  quiere ayudarte y obrar a tu favor. Para eso tienes Su Palabra.
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley,  sino que de día y de noche meditarás en él,  para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito;  porque entonces harás prosperar tu camino,  y todo te saldrá bien” (Jos 1:8 RV60).
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, quiero agradecerte por tanto y tan grande Amor, que estando yo muerto(a) en delitos y pecados Tú me diste Vida juntamente con Cristo. Señor Jesús, gracias por Tu Palabra, La Biblia, pues ahora yo sé muy bien que puedes y quieres sanarme; sé muy bien que puedes y quieres prosperarme; sé muy bien que puedes y quieres restaurarme; sé muy bien que nunca me has dejado y nunca me dejarás. Y aunque Satanás, el adversario, sólo viene a hurtar, matar y destruir, Tú has venido a mí para darme Vida, y Vida Abundante. Estoy convencido(a) de que por lo que hiciste por mí al morir en esa cruz y resucitar venciendo a la muerte, ahora yo tengo Vida Eterna. ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! Por lo tanto, puedo estar seguro(a) de que me escuchas y atiendes mis oraciones; yo también voy a atender a Tu Palabra y hacer de La Biblia la norma máxima de mi existencia; yo sí creo a Tu indicación y la voy a leer y meditar de día y de noche para guardarla en mi corazón y poner en práctica todo lo que en ella está escrito. Voy a buscar y establecer primeramente Tu reino, Señor, y sé que todas mis necesidades serán suplidas, pues de acuerdo a Tu Palabra, yo, _________ (tu nombre aquí), haré prosperar mi camino y todo me saldrá bien. Por lo tanto, creo y declaro que de todo problema, angustia o enfermedad voy a salir más que vencedor(a) por medio de Aquel que me amó, Cristo Jesús. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy más que vencedor(a)! Y, por la Palabra de Dios, soy dichoso(a) para vivir una vida plena y abundante. Muchas gracias, Señor Jesús. Gracias por esta Nueva Vida en Plenitud que ahora tengo. Gracias por mi sanidad. Gracias por mi salud. Gracias por mi prosperidad. Gracias por el Amor, la paz y el gozo que ahora disfruto. En el nombre de Jesús. Amén
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Febrero 28       Mat 8.1-13 /  Ex 39-40 /  Pro 18







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RV60







NVI






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