viernes, 15 de junio de 2012

¿Quién eres tú?


Viernes 15  de Junio de 2012.
¡Totalmente Nuevo!
Por Riqui Ricón*
Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar (Mar 2.21-22).
Esta porción de la Escritura pudiera ser un poco confusa si no has comprendido a totalidad el milagro que se operó en ti el día que reconociste a Jesucristo como tu Señor y Salvador. ¡Ese día Naciste de Nuevo! No eres un vestido viejo con un remiendo nuevo. Tampoco eres un odre viejo con vino nuevo.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo (2 Co 5.17-18a).
La naturaleza del pecado es tal, que no sólo corrompió al ser humano, sembrando en él la tendencia hacia lo malo, sino que hizo que ésta tendencia hacia el pecado, conocida como concupiscencia, se transmitiera de generación a generación. De modo que en el pecado de Adán todos somos pecadores y ningún remiendo nuevo, ni ninguna llenura nueva, puede cambiar, por sí misma, esa vieja naturaleza.
El Espíritu Santo mostró esto a David cuando pedía perdón a Dios por causa de su pecado, y de pronto se dio cuenta que no bastaría con una limpieza de su alma, sino que él necesitaba algo mucho más profundo y duradero.
¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz (Sal 139.7-12).
Ante el contraste de la corrupción humana y la gloriosa Presencia del Espíritu de Dios, es evidente que la naturaleza de pecado no puede cambiarse a sí misma por la voluntad o el esfuerzo del ser humano. Sólo un milagro, una transformación por parte de Dios en la mismísima esencia del hombre caído, puede hacer de éste, una nueva especie de ser que no existía antes: Un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti (Sal 51.10-13).
Aunque David no lo podía ver, Dios le reveló el Plan de Redención. Un Plan que ciertamente requiere de la justificación y el perdón de pecados, pero que va mucho más allá de lo que el mismo David pudiera pedir o entender. Esto es, justificarte, perdonarte y santificarte para otorgarte la Vida Eterna que sólo un(a) Hijo(a) de Dios puede tener.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Dios te ama tanto que prefirió entregar a su propio Hijo antes que perderte a ti. Jesús no vino a condenarte sino a ofrecerte la Plenitud de Vida que compró para ti con Su muerte y resurrección.
siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
El milagro de Amor más grande y asombroso que puedes encontrar en la Palabra de Dios es que, una vez justificado(a), perdonado(a) y santificado(a) por la Sangre de Jesús, Dios te dio vida juntamente con Cristo. Puso Su Palabra y Su propio Espíritu en ti para darte Vida Eterna y hacer de ti un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.
¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre,  que se nos llame hijos de Dios!  ¡Y lo somos!  El mundo no nos conoce,  precisamente porque no lo conoció a él (1 Jn 3.1NVI).
Es por esta razón que ahora tú todo lo puedes. Es por este Gran Amor que ahora tú eres más que vencedor(a) en todas las cosas. ¿Qué pues dirás a esto? Si Dios está contigo, ¿quién contra ti? Mayor es el que está en ti, y vive en ti, que el que está en el mundo.
por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia (2 P 1.4).
Tú ya no eres un remiendo nuevo en un vestido viejo. La concupiscencia nada tiene en ti. Tú eres un(a) Hijo(a) amado(a) del Rey de reyes y Señor de señores. Todas y cada una de las promesas que tu Padre ha hecho en Su Palabra, la Biblia, te pertenecen por derecho y naturaleza.
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).
¡Cambia tu forma de mirarte a ti mismo(a)! ¡Haz de la Biblia la norma máxima de tu existencia! ¡Pon la Palabra de Dios en tu mente, boca y corazón! Porque entonces te mirarás a ti mismo(a) de la misma forma que Dios te mira y harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, es muy hermoso saberme tan amada(o) por Ti. Gracias, Señor Jesús, porque no sólo proveíste para mí el perdón de mis pecados sino que me hiciste justicia de Dios en Ti y me reconciliaste con Dios haciéndome hermana(o) Tuya(o) e Hija(o) del Padre. Por Ti, mi amado Jesús, he Nacido de Nuevo y ahora Dios, el Todopoderoso, es Abba, Padre, mi Papá. Leer de esto en Tu Palabra, la Biblia, me hace conocer la Verdad y la Verdad me hace libre. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Ti, Jesucristo, esta Nueva Vida. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Tu Palabra, esta identidad de Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo, siendo renacida(o), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Por lo tanto, amado Padre celestial, todas y cada una de las Promesas que están en Tu Palabra son mías y para mí. Hoy puedo orar a Ti con la certeza de que me escuchas y me respondes. Tengo gozo y paz en mi corazón pues puedo pedir y recibir. Por lo tanto, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, declaró que soy sana(o) y libre de toda enfermedad o dolencia; creo y recibo la voluntad expresa de mi Padre, Dios Todopoderoso, para ser y vivir prosperada(o) en todas las cosas. Echo fuera de mi vida todo pensamiento de temor y duda resistiendo todo engaño y mentira acerca de mí. Yo soy lo que la Biblia dice que soy. Un(a) Hija(o) amada(o) de Dios; especial tesoro de mi Padre; todo lo puedo en Cristo que me fortalece y en todas las cosas, absolutamente todas las cosas, soy más que vencedor por medio del Amor de Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Señor Jesús, hoy me alegro en el gozo y la paz que brindan el ser la persona que Tú dices que soy. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Junio         15                        Mar 2  /  2 Sam 4-5  /  Dan 2.24-49



1 comentario:

  1. grcias a dios que mando a su hijo jesus morir por nosotros al mundo, si no biera sido asi, que hubiera sido de nosotros. ¿sin esperanza de una salvacion?.

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