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martes, 3 de marzo de 2020

¿Cómo puedes tener la garantía de aquello que estas esperando cuando tus circunstancias te indican todo lo contrario?
















03 de Marzo


¿Cómo puedes tener la garantía de aquello que estas esperando cuando tus circunstancias te indican todo lo contrario?

¡Al que cree TODO le es posible!
Por Riqui Ricón*
Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. Y se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos (Mat 9.18).
¡Qué declaración más asombrosa y llena de fe le hizo Jairo a Jesús: ¡Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá! Por esta declaración, Jesús se levantó y le siguió para hacer conforme a lo que él había dicho.
Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho (Mat 9.27-29).
Si tú, al igual que Jairo y estos dos ciegos, tienes necesidad de un milagro el día de hoy, sólo necesitas recordar el secreto que Jesús nos reveló: ¡Conforme a tu fe te será hecho!
La Buena Noticia es que ahora, en Cristo Jesús, tú tienes fe para salir delante de cualquier problema, enfermedad o aflicción y mucho más. Veamos:
Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve (Heb 11.1 NVI).
¿Cómo puedes tener la garantía de aquello que estas esperando cuando tus circunstancias te indican todo lo contrario? ¿Cómo estar completamente seguro(a) de cosas que todavía no ves cuando lo que si ves es tan desalentador? ¿Cómo tener la certeza que estás sano(a) cuando los análisis y los médicos dicen lo opuesto? ¿Cómo estar realmente convencido(a) que saldrás adelante cuando te acaban de despedir o los ingresos no parecen suficientes?
La respuesta para estas y todas las dudas acerca de tu fe es muy sencilla: puedes tener la garantía de lo que esperas y la certeza de lo que no ves solamente si Dios lo ha dicho. Esto es, si Dios ha hablado algo respecto a tus necesidades, entonces puedes estar cien por ciento seguro(a) que Él cumplirá Su Palabra.
Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice?  (Num 23.19 NVI).
Basta una Palabra del Señor y un milagro te ocurrirá.
Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe (Mat 8.5-10).
La fe es sencilla y simple como un granito de mostaza. Fe es creerle a Dios creyendo a Su Palabra. Fe es estar seguro(a) que Dios es digno de confianza. Fe es estar convencido(a) que Dios es honorable y que Su honra y Honor están depositados en Su Palabra.
¡Fe es saber que todo poder y autoridad están contenidos en la Palabra de Dios!
Cuando adquieras esta certeza y seguridad rotunda en la Palabra de Dios entonces tus declaraciones estarán cargadas del Poder y la Autoridad de Dios que sólo tu fe puede activar.
Jesús le preguntó al padre: -¿Cuánto tiempo ha estado así? El hombre le respondió. -Ha estado así desde que era niño. Varias veces lo ha tirado al fuego o al agua para matarlo. Por favor, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos. Jesús le dijo: -No digas: 'Si puedes hacer algo', todo es posible para el que cree. Entonces, el padre del muchacho gritó muy fuerte: -¡Creo, ayúdame a creer aun más! (Mar 9.21-24 PDT).
¡Al que cree TODO le es posible!
Al igual que Jairo, sin importar las circunstancias, el primer y más importante fruto de tu fe debe ser una declaración firme y consistente con aquello que estás creyendo (con aquello que estás esperando).
Reflexionando en la condición de este padre de familia, pienso que tú me podrías objetar que estás demasiado angustiado(a) por la gravedad de tus circunstancias y que quisieras creer, pero eso no basta, no es suficiente, pues tienes que actuar en fe y comenzar a declarar que SÍ crees que sea posible.
Si es necesario tienes que apelar al Amor que Dios siente por ti y pedirle que te ayude a creer.
Para esto puedes comenzar creyendo que Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Puedes creer que a pesar de tus delitos y pecados, por ese gran Amor con que Dios te ama, ahora, en Cristo Jesús, has sido hecho(a) un(a) legítimo(a) Hijo(a) de Dios.
MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jua 3.1).
Si ya crees esto, entonces pon mucha atención pues esta especial relación que ahora disfrutas con Dios (de Padre a Hijo(a) y de Hijo(a) a Padre), te garantiza que Él siempre responderá a tu favor.
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mat 7.7-11).
Sin lugar a dudas, por lo que Jesús hizo en la cruz por Amor a ti, tú tienes una mayor certeza (y una mejor posición), para activar el Poder y la Autoridad de Dios a tu favor que la que tenían Jairo, el centurión y los dos ciegos.
Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible (Mar 9.23).
¡Atrévete a creer! Creer es sencillo. ¡Créele a Dios! ¡Créele a Su Palabra!
Oremos en voz audible:
¡Abba, Padre! Amado Dios, hoy puedo, con plena certeza y absoluta confianza, llamarte Padre mío. Gracias, Señor, por tanto y tan grande amor, que yo, estando muerto(a) en delitos y pecados, me diste vida juntamente con Cristo Jesús. ¡Por Gracia soy salvo(a)! Señor Jesús, Tu Sangre preciosa fue derramada en esa cruz para que yo fuese justificado(a); Tu resurrección me abrió el camino a la Vida Eterna para que yo fuese adoptado(a) Hijo(a) de Dios, según el puro afecto de Tu Voluntad. ¡Mil gracias, Señor Jesús! ¡Soy heredero(a) de Dios y coheredero(a) con Cristo! He sido predestinado(a) para ser hecho(a) conforme a Tu imagen, mi Señor Jesucristo, para que ahora Tú seas mi hermano mayor. Gracias, muchas gracias Señor. Por esto, por tu Amor por mí, creo y declaro con toda certeza de fe que yo, _____________ (tu nombre aquí), ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy Hijo(a) de Dios! ¡Soy feliz! ¡Gracias Padre! Bendigo Tu Nombre y declaro que lo mejor de mi vida ya comenzó. ¡En TODAS las cosas soy más que vencedor(a)! ¡Todo lo puedo en Cristo! ¡Mayor es el que está en mí, que el que está en el mundo! En el nombre de Jesús. Amén
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Marzo 3                                Mat 9.18-38  /  Lev 5-6  /  Pro 21












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lunes, 2 de marzo de 2020

¿Quién puede afirmar: «Tengo puro el corazón; estoy limpio de pecado»?















02 de Marzo

¿Quién puede afirmar: «Tengo puro el corazón; estoy limpio de pecado»?


¡Un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!
Por Riqui Ricón*
¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, Limpio estoy de mi pecado? (Pro 20.9).
La Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, dice claramente que ningún ser humano se podrá justificar así mismo delante de Dios (Sal 143.2). Sin embargo, al mismo tiempo establece que,
Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño (Sal 32.1-2).
Aunque no hay posibilidad alguna que tú seas justificado por tus acciones, ni en tus fuerzas, ¡Dichoso el hombre o la mujer a quien se le perdonan sus transgresiones! ¡Dichoso el hombre o la mujer a quien se le borran sus pecados! ¡Dichoso el hombre o la mujer a quien el SEÑOR no toma en cuenta su maldad!
En el Antiguo Testamento Dios estableció un sistema de sacrificios mediante los cuales cualquier hombre o mujer podría ser dichoso al serle cubiertos sus pecados para ser perdonado.
si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá a Jehová, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin defecto para expiación. Traerá el becerro a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová, y pondrá su mano sobre la cabeza del becerro, y lo degollará delante de Jehová. Y el sacerdote ungido tomará de la sangre del becerro, y la traerá al tabernáculo de reunión; y mojará el sacerdote su dedo en la sangre, y rociará de aquella sangre siete veces delante de Jehová, hacia el velo del santuario. Y el sacerdote pondrá de esa sangre sobre los cuernos del altar del incienso aromático, que está en el tabernáculo de reunión delante de Jehová (Lev 4.3-7a).
La palabra hebrea que se utiliza para significar la expiación es Kafár y entre sus significados encontramos: cubrir, condonar, aplacar o cancelar, anular, apaciguar, pacto, perdonar, propicio, purificar, reconciliar.
Todos estos significados te muestran claramente que la intención de Dios para contigo nunca ha sido condenarte por tus pecados sino perdonarte y acercarte a Él por medio de la reconciliación (expiación).
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
¡Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti!
Ahora bien, esta reconciliación o expiación consistía en tomar un becerro sin defecto y sacrificarlo después de haber puesto las manos sobre su cabeza haciendo de él un substituto inocente. Su sangre se llevaba dentro del Tabernáculo de reunión y se rociaba como testimonio contra el velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo e impedía la entrada al lugar de la Presencia de Dios.
Y si bien todo esto sólo era una imagen o modelo de lo que vendría más adelante con el Nuevo Pacto, la verdad es que los israelitas volvían a pecar continuamente y continuamente estaban sujetos al rito de la expiación para cubrir sus pecados. ¡Aunque tenían la expiación, eran esclavos del pecado! ¡La dicha prometida se alejaba constantemente de ellos!
Pero ahora Cristo ya ha venido, y lo ha hecho como sumo sacerdote de los bienes prometidos. Porque él entró en el santuario celestial, más amplio y perfecto, que no fue hecho por manos humanas ni pertenece a este mundo, y llevó sangre al Lugar Santísimo, una sola vez y para siempre; pero no sangre de machos cabríos o de becerros, sino su propia sangre, con la que aseguró nuestra eterna redención. Y si bajo el antiguo orden de cosas podía santificarse y purificar a los que estaban impuros a causa del pecado, rociándolos con sangre de toros y machos cabríos, y con cenizas de becerra, con mucha mayor eficacia la sangre de Cristo limpiará vuestras conciencias de las obras que llevan a la muerte. Él, sin mancha alguna de pecado, se ofreció a sí mismo a Dios mediante la acción del Espíritu eterno, para que vosotros podáis servir ahora al Dios vivo. De este modo, Cristo es mediador de un nuevo pacto, a fin de que, habiendo obtenido con su muerte el perdón de los pecados cometidos durante el tiempo del pacto anterior, los llamados por Dios reciban la promesa de la herencia eterna (He 9.11-15 CST).
¡Estas, mi estimado(a) amigo(a), son las Buenas Noticias del Evangelio de Jesucristo!
La reconciliación que Jesucristo hizo para ti ya no es de expiación sino ¡Redención! Haz sido comprado(a) a precio de la Sangre del unigénito Hijo de Dios para ser hecho(a) libre.
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Rom 8.2).
Ahora, en Cristo Jesús, eres libre de la ley del pecado y de la muerte. ¡Tienes Vida Eterna!
Este es el Nuevo Pacto. Este es el Vino Nuevo que ha de ser puesto en odres nuevos. La vieja forma de pensar, la conciencia de pecado, no tiene cabida aquí.
Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó y se fue a su casa. Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres (Mat 9.5-8).
Es evidente que Dios ha dado una Nueva Autoridad, una potestad diferente, a todos aquellos que, como tú, han creído y han aceptado la Redención ofrecida.
De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre (Jua 14.12).
Gracias a que el problema del pecado ya fue resuelto, has sido habilitado(a) por la Palabra de Dios para hacer las mismas cosas que Jesús hizo y aún mayores. ¡Él y tú son Hijos del mismo Padre!
MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jua 3.1).
Por la Redención de Cristo has sido hecho(a) Hijo(a) legítimo(a) de Dios. ¡Eres Nueva Creación! ¡Has Nacido de Nuevo! Y sin lugar a dudas que puedes decir: con la sangre de Jesús, he limpiado mi corazón y estoy limpio(a) de pecado. ¡Soy dichoso(a)!
Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía (Sal 84.12).
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, hoy quiero decirte que te amo con todo mi corazón y que no encuentro mejor forma de agradecer lo que has hecho por mí que aceptándolo. No encuentro mejor forma de honrar el sacrificio de Tu Hijo Jesús que recibiendo la posición e Identidad que Él adquirió para mí al morir en esa cruz. ¡Gracias Jesús! ¡Muchas gracias Señor! Gracias por mi Redención. Creo y recibo tu grande y eterno Amor por mí. Creo y recibo mi identidad de Hijo(a) Tuyo(a). Por lo tanto, creo y recibo también todas y cada una de tus promesas. Gracias Señor, porque no hay forma en que yo vaya a perder en esta vida. Gracias Padre porque no me has dejado nunca, ni me dejarás, porque me has amado con tan grande amor y me has hecho tu Hijo(a). Por lo que Tú hiciste en la cruz, Señor Jesús, y por Tu Palabra, ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy más que vencedor(a)! ¡Todo lo puedo en Cristo! Y, por la Sangre de Jesús, soy dichoso(a) para vivir una vida plena y abundante. Muchas gracias, Señor Jesús. Gracias por esta Nueva Vida en Plenitud que ahora tengo como Hijo(a) de Dios. Gracias por mi sanidad. Gracias por mi salud. Gracias por mi prosperidad. Gracias por el Amor, la paz y el gozo que ahora disfruto. ¡Soy libre de la ley del pecado y de la muerte! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. Amén
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
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Marzo 2                                Mat 9.1-17  /  Lev 3-4  /  Pro 20












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domingo, 1 de marzo de 2020

¡Cómo vencer al miedo!














01 de Marzo 

¡Cómo vencer al miedo!

¡Sólo con La Palabra!
Por Riqui Ricón*
Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza (Mat 8.25-26).
Este episodio sucedió apenas uno o dos días después que los discípulos fueran instruidos por Jesús con sus asombrosas enseñanzas en el sermón del monte. Además, apenas unas cuantas horas antes de la tempestad descrita, ellos habían sido testigos de grandes milagros. De la misma forma, es casi seguro que tú te encuentres enfrentando poderosas tormentas tan sólo instantes después de haber experimentado el Amor y la fidelidad de Dios.
Es casi seguro que después de que hayas experimentado un gran milagro o la hermosa respuesta de tu Padre celestial a tus oraciones, se desate sobre tu vida la furia del infierno.
Amados hermanos, no os sorprenda que la oposición contra vosotros se haya desatado como un voraz incendio, porque eso no tiene nada de extraño. Sin embargo debéis estar gozosos, por cuanto así, hechos partícipes de los padecimientos de Cristo, el día en que su gloria sea revelada tendréis también la inmensa dicha de compartirla (1 P 4.12-13 CST).
Así pues, aquí tenemos a los grandes discípulos quienes después de haber experimentado el Amor y poder de Dios se encuentran todos confundidos y llenos de temor ante la intensidad de la primera tormenta.
Jesús, a popa, apoyado sobre un cabezal, dormía tranquilamente; pero los discípulos, llenos de pánico, le despertaron diciendo: ¡Maestro!, ¿no te importa que nos estemos hundiendo? (Mar 4.38 CST)
Pon mucha atención pues, al igual que a ellos, si le das lugar al miedo, éste puede llenar tu corazón de tanta duda que te llevará a CREER y reclamar a Dios que no tiene cuidado de ti.
El miedo es una fuerza espiritual maligna, producto del pecado, cuyo único propósito es anular tu fe para alejarte de Dios.
Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí (Gen 3.8-10).
¿Cómo puedes tú salir vencedor de las tormentas que enfrentas? ¿Cómo dejar de temer?
Para obtener la respuesta correcta a estas preguntas primero hay que recordar que el pecado original, allá en el huerto de Edén, no fue desobediencia sino incredulidad a la Palabra de Dios.
Pero la serpiente  era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal (Gen 3.1-5).
Antes de desobedecer Eva tuvo que tomar una decisión en base a cierto razonamiento simple: Dios mi creador dice una cosa y este bicho rastrero dice otra cosa, ¿quién de los dos dirá la verdad? ¿A cuál de los dos le voy a CREER?
Aunque lo que Satanás decía eran puras mentiras, Eva al mirar que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría (Gen 3.6), decidió negar la Verdad (la Palabra de Dios) para creer la mentira y desobedecer.
Por eso, no miremos tanto a lo que tenemos aquí al alcance de la vista, sino pongamos nuestras miras en lo que todavía no podemos ver. Porque las cosas materiales que ahora vemos, son fugaces; pero las espirituales, las que no vemos, son eternas (2 Co 4.18 CST).
Gracias a Cristo Jesús y al Amor de Dios tu Padre celestial, ahora eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y ya no vives por lo que ves o lo que sientes sino por tu fe, que es creerle a Dios, creyendo Su Palabra.
Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado (Mat 8.18).
Momentos antes de la tormenta tenemos que Jesús, viéndose rodeado de aquella muchedumbre, mandó a sus discípulos pasar a la otra orilla. Esto quiere decir que tenía el propósito de cruzar el lago para lo cual, HABLANDO (Palabra de Dios), dio la orden de dirigirse al otro lado.
Pon mucha atención, pues lo que la tormenta hizo con sus manifestaciones físicas de viento rugiente y grandes olas, que anegaban la barca, fue hablar tan fuerte a los discípulos que sus sentidos y emociones se vieron alterados a tal grado que el miedo encontró un lugar donde afectar sus corazones y así ellos dieron mayor credibilidad a lo que veían y sentían que a la Palabra de Dios.
Inalterable, Jesús se levantó, reprendió a los vientos y dijo a las olas: —¡Cálmense! Cuando los vientos cesaron y todo quedó en calma, Jesús se volvió a los discípulos y les dijo: —¿A qué viene tanto miedo? ¿No tienen confianza en mí? (Mar 4.39-40 BAD).
Por inverosímil que te parezca tu situación actual no difiere en nada con la que enfrentó Eva, ni con la que enfrentaron los discípulos. Pues, así como en aquellos casos en que Dios había hablado, tú también tienes hoy la Palabra de Dios.
Así que, muy probablemente, tu enfermedad, problema o aflicción, cual poderosa tormenta, te esté rugiendo fuertemente amenazando con hundirte, sin embargo, Dios todopoderoso te dice:
Ø  Te amo tanto que preferí entregar a mi propio Hijo antes que perderte a ti.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jua 3.16-17).
Ø  Te amo tanto que he decidido hacer de ti mi propio(a) Hijo(a).
MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo más maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jua 3.1).
Ø  Acude a Mí que Yo te responderé.
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mat 7.7-11).
Ø  Yo deseo que vivas una Vida Plena y Abundante.
Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tú alma (3 Jua 2).
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jua 10.10).
Ø  Ahora eres Mi Hijo(a) y tú TODO lo puedes y ya has vencido.
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil 4.13).
Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Jua 4.4).
Ø  En TODO problema, enfermedad o  aflicción tú saldrás más que vencedor(a).
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Rom 8.37).
Entonces, las aflicciones de este mundo te están hablando constantemente y el dilema sigue siendo el mismo: ¿Quién dirá la verdad, tus problemas o Dios? ¿A quién le vas a creer, a tus circunstancias o a tu Padre celestial?
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jua 16.33).
El miedo es todo lo opuesto a la fe y es el arma estratégica de este sistema de gobierno que llamamos mundo. La única oportunidad que tienes para vencer al miedo es siendo constante y persistente en la Palabra de Dios haciendo de ella la norma básica de tu existencia.
Mas la fe nace cuando se presta atención a las Buenas Noticias acerca de Jesucristo (Ro 10.17 BAD).
¡La fe es por la Palabra de Dios! La fe adquiere vida dentro de ti cuando comienzas a leer y meditar seriamente la Palabra de Dios, haciendo de la Biblia la norma máxima de tu existencia.
Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jua 8.31-32).
La única oportunidad que tienes para vencer al miedo es llenándote tanto de la Palabra de Dios que cuando el temor te ataque entonces tu fe fluya veloz anulando el miedo y estableciendo tu Victoria.
Si permaneces en la Palabra de Dios, entonces manifiestas ser discípulo de Jesús, conocerás la Verdad, y la Verdad te hará libre.
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).
Haz de la Biblia la norma máxima de tu existencia dedicándole tiempo para leerla y meditarla todos los días de tu vida y entonces, ni antes, ni después, ni de ninguna otra forma (sólo entonces), harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.
Si Dios lo dice así, forzosamente es Verdad.
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, hoy quiero agradecerte una vez más que me hayas amado tanto, tanto, que preferiste entregar a Tu propio Hijo, Jesús, antes que perderme a mí. Señor Jesús, por Tu sacrificio en la cruz yo fui justificado(a), perdonado(a) y santificado(a) y ahora soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Todo gracias a Ti, mi Señor, Rey y Salvador. En esta Nueva Vida que compraste para mí, comienzo a entender lo importante que es Tu Palabra, la Biblia, para que yo cumpla el propósito por el cual me dejaste aquí en el mundo. Tu Palabra es la Verdad y por lo tanto mi garantía acerca de lo que es y lo que no es. Yo soy lo que la Biblia dice que soy y esta es mi Victoria que vence al mundo, mi fe, que es creerte a ti, creyendo Tu Palabra. Por Tu Palabra he vencido al miedo y puedo caminar en Victoria. Yo estoy en Cristo y las cosas viejas ya pasaron he aquí que TODA mi vida es hecha Nueva. Gracias amado Padre celestial, muchas gracias. Hoy puedo levantarme y hacer frente a cualquier circunstancia adversa en mi vida, porque sé que sé, que Tú, mi Dios estás conmigo. Y qué pues diremos a esto, si Dios es conmigo, ¿quién contra mí? El que no escatimo ni a Su propio Hijo sino que lo entregó por amor a mí, ¿cómo no me dará, juntamente con Él, todas las cosas? ¡Gracias Abba, Padre! Hoy oro a Ti para declarar en plena certeza de fe, que en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ha amado, Cristo Jesús. Así que, TODO lo puedo en Cristo que me fortalece. Yo soy Tu Hijo(a) y ya he vencido, porque mayor eres Tú, que estás en mí, que el que está en el mundo. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy Hijo(a) del Rey! En el nombre de Jesús. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Marzo 1                                Mat 8.14-34  /  Lev 1-2  /  Pro 19












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