lunes, 12 de diciembre de 2022

¡Cómo terminar el Año en Victoria!

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 12 Diciembre 
  

¡Cómo terminar el Año en Victoria!


¡Agradando a un Dios bueno y amoroso!

Por Riqui Ricón*

¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? (Ez 18.23).

Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel (Isa 47.4).

No cabe duda, de acuerdo a la Escritura, el (la) que camina a la luz de la Palabra de Dios conoce la Verdad, y la Verdad te hace libre. Cuando haces de la Biblia la norma básica de tu existencia, siempre estarás firme en la libertad con que Cristo te hizo libre, y no estarás, nunca más, otra vez sujeto(a) al yugo de esclavitud (Gal 5.1).

Ahora, eres libre para darte cuenta que jamás ha sido, ni será, el deseo o propósito de Dios castigarte ni destruirte por tus pecador. Siempre ha sido Su deseo que vuelvas a Él.

Ahora, pon mucha atención a lo siguiente:

Por lo demás, hermanos míos, alégrense en el Señor. Para mí no es molestia volver a escribirles lo mismo, y a ustedes les da seguridad (Fil 3.1 NVI).

Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás, y se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Por eso siempre les recordaré estas cosas, por más que las sepan y estén afianzados en la verdad que ahora tienen (2 P 1.10-12 NVI).

Así como el apóstol Pablo advirtió a los filipenses que para él no era molesto enseñar siempre las mismas cosas, pero que para ellos era asunto de suma seguridad, y de la misma manera como Pedro insiste en recordarnos estas cosas, por más que las sepan y estén afianzados en la verdad que ahora tienen, de la misma forma, es de suma importancia recordarte en este día que ante cualquier situación que estés enfrentando, lo primero que tienes que hacer es afirmarte a ti mismo(a), una y otra vez, que Dios te ama tanto y de tal manera que prefirió entregar a Su propio Hijo, Jesús, para pagar todos tus pecados, antes que perderte a ti. Cree que Jesús no vino a condenarte sino a darte la Vida Eterna de un(a) Hijo(a) de Dios.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

¡Esta es la Verdad y el fundamento del inicio de tu victoria! ¡Es por esto que Jesús es tu Redentor, tu Señor y Salvador!

Cuando comprendes que el sacrificio de Jesús va mucho más allá de la justificación para el perdón de tus pecados y que su propósito verdadero siempre fue el dotarte de una Nueva Naturaleza para, así, otorgarte la posición privilegiada de un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y que tengas una comunión íntima con Dios, entonces, sin lugar a dudas, caes en la cuenta que ahora Él es en Verdad tu Padre y puedes tener la absoluta certeza que saldrás más que vencedor(a) en todas las cosas.

MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jn 3.1 BAD).

¡Dios, con Su propia Palabra, te ha llamado Hijo(a)!

Ahora, gracias a Jesús, eres una nueva especie de ser que no existía antes: un(a) Hijo(a) del único Dios Vivo y Verdadero.

Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos (Ro 8.29 NVI).

¡Jesús no es más el único Hijo de Dios. Él es tu hermano mayor y tú eres uno más entre muchos hermanos!

De tal manera que, todas las consecuencias y repercusiones de los pecados de tu vida pasada fueron satisfechas en la persona de Jesucristo.

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isa 53.4-5).

Las últimas palabras de Jesús en la cruz fueron, consumado es; con esto, Él te está diciendo claramente, yo ya pagué por ti, así que, tú ya no tienes que pagar nada más. En esa cruz Jesús llevó tus enfermedades y sufrió tus dolores, fue herido por tus rebeliones y molido por tus pecados, Él recibió el  castigo para que tú disfrutes de paz y por sus heridas tú ya fuiste sanado.

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 P 3.9).

Recuerda que el ladrón sólo viene a hurtar, matar y destruir pero Jesús ha venido a darte vida y vida abundante. La única arma que Satanás posee es la mentira y si logra hacerte creer en ella, entonces, podrá atarte con el miedo y la incredulidad. Por esto es tan importante que entiendas y creas que Dios es Bueno. Él no le desea mal a nadie ni desea la muerte del pecador. Él no está al pendiente de tus pecados y llevando la cuenta de cada uno de ellos para enviarte algún tipo de castigo o reprimenda. ¡No! ¡Nada de eso!

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros (Ro 8.32-34).

¡No te dejes engañar! ¡Dios es bueno! ¡Dios te ama!

Una de las estrategias del diablo para robarte la Plenitud de Vida que Cristo Jesús compró para ti, es hacerte creer la mentira de que sirves y adoras a un Dios extraño, enojón y caprichoso. ¡No se lo permitas!

La obra redentora de la cruz, el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, es completa, perfecta y acabada. Es el Nuevo Pacto ratificado en Su Sangre al cual nadie lo invalida ni le añade.

estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Fil 1.6).

Esta obra, la regeneración de tu vida, va en aumento y es Dios mismo el que te está perfeccionando. Así que, ¡No temas, cree solamente! Pues, Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel.

¡Si puedes creerle a Dios, pues el que le cree a Dios, creyendo Su Palabra, todo le es posible!

Oremos en voz audible:

Amado padre celestial, hoy puedo vivir tranquilo(a) y en paz, pues sé que Tú me amas, que estás conmigo, que no me has dejado ni me dejarás. Por tanto, no pondré mis ojos, ni mis sentimientos, en lo difícil que pueda ser mi situación actual. Yo te miro a Ti. Yo confío en Ti. He creído Tu Palabra, la Biblia, y sé que sé que voy a salir más que vencedor(a) de toda circunstancia, problema y enfermedad. ¡Soy un(a) Hijo(a) del Rey! ¡Mi Padre es el Todopoderoso Dios! ¡Cristo Jesús es mi Señor, Salvador y Redentor! ¡Nada ni nadie en este mundo me puede apartar del Amor de Dios, mi Padre! Así que, resisto todo engaño y mentira. ¡Me resisto a temer! ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece! ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Voy a vivir mi Vida en la Plenitud del Amor, y del gozo, y de la paz que sobrepasa todo entendimiento! ¡Este es mi derecho! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios! ¡Estoy arriba y no abajo! ¡Soy cabeza y no cola! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 

 

Tres Recomendaciones:

Lo que acabas de suceder al reconocer a Jesucristo como el Señor y Salvador de tu vida, de acuerdo con La Palabra de Dios, es que has Nacido de Nuevo, ya no más como un ser humano común y corriente, sujeto a la ley del pecado y de la muerte, sino que ahora eres un(a) legítimo(a) y auténtico(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, exactamente igual a Jesucristo, quien ahora es tu Hermano Mayor. Por lo tanto, te hago estas tres importantísimas recomendaciones:

1.     Orar. Orar es platicar con Dios. Así que, búscate un lugar tranquilo donde puedas comenzar a platicar todas tus cosas con Él. Hazlo de forma audible y notarás como Dios siempre responderá a tu corazón.

2.     Leer y meditar la Palabra de Dios. La Biblia es La Palabra de Dios, así que, consigue una Biblia y comienza a leerla y meditarla. ¿Cómo empezar? Es muy sencillo. Dependiendo del día que sea hoy, busca en el programa de lectura “La Biblia en un año” y realiza las lecturas correspondientes. Este programa lo puedes obtener en: A Través de La Biblia En Un Ano (palabradehonor.org) Notarás que el programa está arreglado para imprimirlo como un cuadernillo.

3.     En oración con Dios, tu Padre, busca y únete a una iglesia o congregación cristiana donde enseñen la Palabra de Dios en base a las Buenas Noticias que son el Evangelio de Jesucristo.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2020

 

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Diciembre 12                                Fil 1.1-11   /  Ez 18  /  Isa 47


Cápsula del día.




Puedes escuchar o descargar la lectura de la  Biblia en audio del día de hoy, la tenemos para ti en dos versiones: 


RV60 




NVI 



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Diciembre 12                                Fil 1.1-11   /  Ez 18   Isa 47

 

Filipenses 1.1-11

Salutación

1

1Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos,a con los obispos y diáconos: 2Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Oración de Pablo por los creyentes

3Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, 4siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, 5por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; 6estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; 7como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia. 8Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo. 9Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, 10para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, 11llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.[1]

 

   

Ezequiel 18

El alma que pecare morirá

18

1Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2¿Qué pensáis vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera?a 3Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel. 4He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.

5Y el hombre que fuere justo, e hiciere según el derecho y la justicia; 6que no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel, ni violare la mujer de su prójimo, ni se llegare a la mujer menstruosa, 7ni oprimiere a ninguno; que al deudor devolviere su prenda, que no cometiere robo, y que diere de su pan al hambriento y cubriere al desnudo con vestido, 8que no prestare a interés ni tomare usura; que de la maldad retrajere su mano, e hiciere juicio verdadero entre hombre y hombre, 9en mis ordenanzas caminare, y guardare mis decretos para hacer rectamente, éste es justo; éste vivirá,b dice Jehová el Señor.

10Mas si engendrare hijo ladrón, derramador de sangre, o que haga alguna cosa de estas, 11y que no haga las otras, sino que comiere sobre los montes, o violare la mujer de su prójimo, 12al pobre y menesteroso oprimiere, cometiere robos, no devolviere la prenda, o alzare sus ojos a los ídolos e hiciere abominación, 13prestare a interés y tomare usura; ¿vivirá éste? No vivirá. Todas estas abominaciones hizo; de cierto morirá, su sangre será sobre él.

14Pero si éste engendrare hijo, el cual viere todos los pecados que su padre hizo, y viéndolos no hiciere según ellos; 15no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel; la mujer de su prójimo no violare, 16ni oprimiere a nadie, la prenda no retuviere, ni cometiere robos; al hambriento diere de su pan, y cubriere con vestido al desnudo; 17apartare su mano del pobre, interés y usura no recibiere; guardare mis decretos y anduviere en mis ordenanzas; éste no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá. 18Su padre, por cuanto hizo agravio, despojó violentamente al hermano, e hizo en medio de su pueblo lo que no es bueno, he aquí que él morirá por su maldad.

19Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará el pecado de su padre? Porque el hijo hizo según el derecho y la justicia, guardó todos mis estatutos y los cumplió, de cierto vivirá. 20El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo;c la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.

El camino de Dios es justo

(Ez. 33.10–20)

21Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá. 22Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. 23¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? 24Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morirá.

25Y si dijereis: No es recto el camino del Señor; oíd ahora, casa de Israel: ¿No es recto mi camino? ¿no son vuestros caminos torcidos? 26Apartándose el justo de su justicia, y haciendo iniquidad, él morirá por ello; por la iniquidad que hizo, morirá. 27Y apartándose el impío de su impiedad que hizo, y haciendo según el derecho y la justicia, hará vivir su alma. 28Porque miró y se apartó de todas sus transgresiones que había cometido, de cierto vivirá; no morirá. 29Si aún dijere la casa de Israel: No es recto el camino del Señor; ¿no son rectos mis caminos, casa de Israel? Ciertamente, vuestros caminos no son rectos.

30Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor. Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. 31Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel? 32Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.[2]

 

       

Isaías 47

 

Juicio sobre Babilonia

47

1Desciende y siéntate en el polvo, virgen hija de Babilonia.a Siéntate en la tierra, sin trono, hija de los caldeos; porque nunca más te llamarán tierna y delicada. 2Toma el molino y muele harina; descubre tus guedejas, descalza los pies, descubre las piernas, pasa los ríos. 3Será tu vergüenza descubierta, y tu deshonra será vista; haré retribución, y no se librará hombre alguno. 4Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel.

5Siéntate, calla, y entra en tinieblas, hija de los caldeos; porque nunca más te llamarán señora de reinos. 6Me enojé contra mi pueblo, profané mi heredad, y los entregué en tu mano; no les tuviste compasión; sobre el anciano agravaste mucho tu yugo. 7Dijiste: Para siempre seré señora; y no has pensado en esto, ni te acordaste de tu postrimería. 8Oye, pues, ahora esto, mujer voluptuosa, tú que estás sentada confiadamente, tú que dices en tu corazón: Yo soy, y fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, ni conoceré orfandad. 9Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo día, orfandad y viudez;b en toda su fuerza vendrán sobre ti, a pesar de la multitud de tus hechizos y de tus muchos encantamientos.

10Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo, y nadie más. 11Vendrá, pues, sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás; caerá sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar; y destrucción que no sepas vendrá de repente sobre ti.

12Estate ahora en tus encantamientos y en la multitud de tus hechizos, en los cuales te fatigaste desde tu juventud; quizá podrás mejorarte, quizá te fortalecerás. 13Te has fatigado en tus muchos consejos. Comparezcan ahora y te defiendan los contempladores de los cielos, los que observan las estrellas, los que cuentan los meses, para pronosticar lo que vendrá sobre ti.

14He aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no salvarán sus vidas del poder de la llama; no quedará brasa para calentarse, ni lumbre a la cual se sienten. 15Así te serán aquellos con quienes te fatigaste, los que traficaron contigo desde tu juventud; cada uno irá por su camino, no habrá quien te salve.[3]

 



a 1.1: Hch. 16.12.

[1] Reina Valera Revisada (1960). Miami : Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998, S. Ef 6.24-Flp 1.11

a 18.2: Jer. 31.29.

b 18.9: Lv. 18.5.

c 18.20: Dt. 24.16.

[2] Reina Valera Revisada (1960). Miami : Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998, S. Ez 17.24-18.32

a 47.1–15: Is. 13.1—14.23; Jer. 50.1—51.64.

b 47.8–9: Ap. 18.7–8.

[3] Reina Valera Revisada (1960). Miami : Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998, S. Is 46.13-47.15


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