jueves, 25 de agosto de 2022

¡Cómo puedes adquirir la Vida Eterna!

                                                                                                                                                                                                                                                  <ENGLISH>







 25 Agosto


¡Cómo puedes adquirir la Vida Eterna!

 

¡Sólo creyéndole a Dios, tu Padre!

Por Riqui Ricón*

Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás… Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera… De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna (Jn 6.35, 37, 47).

La palabra Evangelio significa buenas noticias y eso es lo que leerás el día de hoy, en tu Programa de Lectura La Biblia en un Año: ¡Buenas Noticias! ¡Tú has venido a Jesús y Él jamás te echará fuera! ¡Tú eres Eterno(a)! ¡Dios lo ha prometido!

Pon atención, pues la Escritura no dice si te portas bien o si haces obras de justicia. Sólo se te pide una cosa, venir a Jesús creyendo en Él, o mejor dicho creyéndole a Él, creyendo Su Palabra.

Que conste que venir a Jesús creyendo no significa que puedes portarte mal o hacer obras de injusticia sino todo lo contrario pues, De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre (Jn 14.12).

Ésta es una declaración contundente de Jesús sobre tu vida pues no da opción a preguntarte si quieres, sino que afirma enfáticamente, el (la) que en mí cree hará lo que yo hago y aún más.

Así que, la vida en el Reino de Dios se trata primero de creer para luego actuar. Primero necesitas SER lo que Dios dice que eres para luego hacer lo que Dios dice que hagas.

Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta (Sgo 2.26).

Así es, tú fe tiene que producir obras de justicia, sin embargo, primero tiene que ser la fe. Primero recibes la certeza, la plena convicción, de que Dios es Honorable y no puede mentir, por lo tanto Su Palabra es Verdad. Quizá para ti esto suene muy lógico y totalmente correcto, pero ¿estás realmente consciente de lo que significa? Significa tener la certeza, la plena convicción de que tú ERES, exactamente, la persona que Dios dice en Su Palabra que ahora tú ERES, ni más ni menos.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (He 11.1).

Esto es la fe: ¡Creerle a Dios creyendo Su Palabra!

Entonces, venir a Jesús creyendo Su Palabra produce forzosamente un cambio en tu vida, produce fruto, ya que, escrito está, Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios… Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Jn 5.1, 4-5).

Esta es la Palabra de Dios. Esto dice la Biblia. No importa si el día de hoy no te sientes ni te percibes a ti mismo(a) como un(a) vencedor, pues esto no depende de tus emociones ni de tu apreciación. Depende sólo y exclusivamente de la Palabra de Dios.

Dios no es un hombre, por lo tanto no miente. Él no es humano, por lo tanto no cambia de parecer. ¿Acaso alguna vez habló sin actuar? ¿Alguna vez prometió sin cumplir? Escucha, yo recibí la orden de bendecir; ¡Dios ha bendecido, y yo no puedo revertirlo! (Num 23.19-20 NTV).

Así es, si Dios lo ha dicho en Su Palabra, entonces Él lo va a cumplir; si Dios lo ha hablado en la Biblia, entonces Él lo va a ejecutar.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Ahora bien, existen dos frutos fundamentales que debes establecer con tu FE y jamás olvidar, lo primero es que Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti.

Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos! Pero la gente de este mundo no reconoce que somos hijos de Dios, porque no lo conocen a él (1 Jn 3.1 NTV).

Y segundo, por medio del sacrificio de Jesús todos tus pecados fueron pagados, fuiste perdonado(a) por Dios y ahora Él te llama Su propio(a) Hijo(a) y eso es lo que tú ahora eres, un(a) auténtico(a) y legítimo(a) Hijo de Dios Nacido(a) de Nuevo.

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Jn 4.4).

¡Buenas Noticias! Ahora, en Cristo Jesús, tú eres ya un(a) Hija de Dios Nacida(o) de Nuevo y, por esto, has vencido al mundo. En Cristo Jesús tienes la Victoria sobre cualquier aflicción, problema o enfermedad.

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia (1 P 2.9-10).

Por el gran Amor con que el Padre te ha amado y por haberle creído a Su Palabra, ahora eres linaje escogido por Dios y has sido trasladado(a) de una vida en tinieblas a Su luz admirable, has sido trasladado(a) de muerte a vida, y no cualquier clase de vida sino la vida plena y abundante de un(a) Hijo(a) del Rey.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10.10).

La Vida a la que ahora tienes derecho como un(a) heredero(a) de Dios es, nada más y nada menos que la Vida Eterna.

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16.33).

Todo esto NO significa que no tendrás problemas. En este mundo vas a tener aflicciones pero, en Cristo Jesús, vas a salir más que vencedor(a) de todas ellas y las enfrentarás con plena Paz, pues tienes la certeza, la plena convicción, que Dios tu Padre está contigo para cumplir Su Palabra de Honor.

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Ro 8.31).

Todas estas Buenas Noticias, este Evangelio, Dios lo ha establecido eternamente para ti bajo un Pacto totalmente Nuevo.

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Jn 6.54).

Comer el pan y beber de la copa que Jesús con Su cuerpo y con Su Sangre te ha ofrecido, significa entrar a la dimensión del Nuevo Pacto que es un mejor Pacto, establecido sobre mejores promesas.

He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jer 31.31-34).

Para poder entrar a la verdadera dimensión de lo que la Vida Eterna significa necesitas comprender que, de acuerdo a la Palabra de Dios, el antiguo Pacto fue invalidado al mostrar su ineficacia para salvar a los hombres pues los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios (Ro 8.7-8).

Como el antiguo Pacto se basaba en hacer obras de justicia Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas (Ro 10.5), ahora Dios establece un Nuevo Pacto en la Sangre de Su Hijo Jesús. Un Pacto de Gracia donde ahora es Él, y no tú, quien hará las obras de justicia: Fue Dios quien dio Su Ley en tu mente y Él la escribió en tu corazón; fue Dios quien se constituyó como tu Padre y ahora tú eres Su Hijo(a); Él perdonó tu maldad y no se acuerda más de tus pecados.

¡Todo lo hizo Él! ¡Sólo por Amor a ti!

Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra (Ez 36.25-27).

La muerte y resurrección de Jesucristo fue un acto soberano del Amor y la Gracia de Dios mediante el cual, con Su Poder y de forma sobrenatural, Él te lavó con Su Palabra; Él te dio un corazón totalmente nuevo; Él te hizo nacer de Nuevo haciendo de ti un espíritu totalmente nuevo (sí, así es, a imagen y semejanza de tu Padre celestial, tú también eres espíritu); y como garantía de este Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, Dios puso dentro de ti al mismísimo Espíritu Santo.

Esto es lo que significa ser justificado(a), perdonado(a), santificado(a) y perfeccionado(a) mediante el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Significa que ahora tú eres Nacido(a) de Nuevo como un(a) legítimo(a) Hijo(a) de Dios.

siendo renacidos (Nacidos de Nuevo), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).

Esto es lo que significa ser heredero(a) de la Vida Eterna.

En otro tiempo nosotros también éramos necios y desobedientes. Fuimos engañados y nos convertimos en esclavos de toda clase de pasiones y placeres. Nuestra vida estaba llena de maldad y envidia, y nos odiábamos unos a otros. Pero: «Cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor, él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo. Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Por su gracia él nos declaró justos y nos dio la seguridad de que vamos a heredar la vida eterna» (Ti 3-3-7 NTV).

Es precisamente por el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, que ahora tú jamás serás rechazado(a) por Dios sino que has sido hecho(a) aceptable. Tan aceptable que ahora eres Su propio(a) Hijo(a).

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, qué puedo decir a todo esto: si Tú estás conmigo ¿quién contra mí? No escatimaste ni a Tu propio Hijo sino que lo entregaste por Amor a mí. ¿Cómo no me darás juntamente con Él todas las cosas? ¿Quién me acusará si yo fui escogida(o) por Ti? Dios, Tú eres el que me justificas. ¿Quién me condenará? Cristo es el que murió por mí; más aún, es Jesús el que resucitó y está sentado a Tu diestra, Padre, intercediendo por mí. ¿Quién me separará del amor de Cristo Jesús? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti soy muerto todo el tiempo; Soy contado como oveja de matadero. Antes, en todas estas cosas yo, ________ (tu nombre aquí), soy más que vencedor(a) por medio de aquel que me amó. Por lo cual, oh Dios,  estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me podrá separar de Tu Amor, que es en Cristo Jesús mi Señor. ¡Gracias Padre! ¡Lo creo y lo confieso! Por lo tanto, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, declaró que soy sano(a) y libre de toda enfermedad o dolencia; creo y recibo la voluntad expresa de mi Padre, Dios Todopoderoso, para ser y vivir prosperado(a) en todas las cosas. Echo fuera de mi vida todo pensamiento de temor y duda resistiendo todo engaño y mentira acerca de mí. Yo soy lo que la Biblia dice que soy. Un(a) Hijo(a) amado(a) de Dios; especial tesoro de mi Padre; todo lo puedo en Cristo que me fortalece y en todas las cosas, absolutamente todas las cosas, soy más que vencedor(a) por medio del Amor de Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Señor Jesús, hoy me alegro en el gozo y la paz que brindan el ser la persona que Tú dices que soy. Gracias por este Nuevo Pacto en Tu Sangre. Amén.

Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

Tres Recomendaciones:

Lo que acabas de suceder al reconocer a Jesucristo como el Señor y Salvador de tu vida, de acuerdo con La Palabra de Dios, es que has Nacido de Nuevo, ya no más como un ser humano común y corriente, sujeto a la ley del pecado y de la muerte, sino que ahora eres un(a) legítimo(a) y auténtico(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, exactamente igual a Jesucristo, quien ahora es tu Hermano Mayor. Por lo tanto, te hago estas tres importantísimas recomendaciones:

1.     Orar. Orar es platicar con Dios. Así que, búscate un lugar tranquilo donde puedas comenzar a platicar todas tus cosas con Él. Hazlo de forma audible y notarás como Dios siempre responderá a tu corazón.

2.     Leer y meditar la Palabra de Dios. La Biblia es La Palabra de Dios, así que, consigue una Biblia y comienza a leerla y meditarla. ¿Cómo empezar? Es muy sencillo. Dependiendo del día que sea hoy, busca en el programa de lectura “La Biblia en un año” y realiza las lecturas correspondientes. Este programa lo puedes obtener en: A Través de La Biblia En Un Ano (palabradehonor.org) Notarás que el programa está arreglado para imprimirlo como un cuadernillo.

3.     En oración con Dios, tu Padre, busca y únete a una iglesia o congregación cristiana donde enseñen la Palabra de Dios en base a las Buenas Noticias que son el Evangelio de Jesucristo.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2020

 

 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Agosto 25                     Jn 6.22-59  /  1 Cr 24  /  Zac 10



Cápsula del día.





Puedes escuchar o descargar la lectura de la  Biblia en audio del día de hoy, la tenemos para ti en dos versiones: 


RV60 




NVI 



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Agosto 25                     Jn 6.22-59  /  1 Cr 24  /  Zac 10

 

San Juan 6.22-59

La gente busca a Jesús

22El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. 23Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. 24Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús.

Jesús, el pan de vida

25Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. 27Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. 28Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 29Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. 30Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto,a como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.b 32Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

35Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. 37Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. 38Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

41Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? 43Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. 44Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios.c Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. 46No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. 47De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48Yo soy el pan de vida. 49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. 51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

52Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? 53Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. 57Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. 58Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. 59Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.[1]

 

1 Cro 24

24

1También los hijos de Aarón fueron distribuidos en grupos. Los hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. 2Mas como Nadab y Abiú murieron antes que su padre,a y no tuvieron hijos, Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio. 3Y David, con Sadoc de los hijos de Eleazar, y Ahimelec de los hijos de Itamar, los repartió por sus turnos en el ministerio. 4Y de los hijos de Eleazar había más varones principales que de los hijos de Itamar; y los repartieron así: De los hijos de Eleazar, dieciséis cabezas de casas paternas; y de los hijos de Itamar, por sus casas paternas, ocho. 5Los repartieron, pues, por suerte los unos con los otros; porque de los hijos de Eleazar y de los hijos de Itamar hubo príncipes del santuario, y príncipes de la casa de Dios. 6Y el escriba Semaías hijo de Natanael, de los levitas, escribió sus nombres en presencia del rey y de los príncipes, y delante de Sadoc el sacerdote, de Ahimelec hijo de Abiatar y de los jefes de las casas paternas de los sacerdotes y levitas, designando por suerte una casa paterna para Eleazar, y otra para Itamar.

7La primera suerte tocó a Joiarib, la segunda a Jedaías, 8la tercera a Harim, la cuarta a Seorim, 9la quinta a Malquías, la sexta a Mijamín, 10la séptima a Cos, la octava a Abías, 11la novena a Jesúa, la décima a Secanías, 12la undécima a Eliasib, la duodécima a Jaquim, 13la decimatercera a Hupa, la decimacuarta a Jesebeab, 14la decimaquinta a Bilga, la decimasexta a Imer, 15la decimaséptima a Hezir, la decimaoctava a Afses, 16la decimanovena a Petaías, la vigésima a Hezequiel, 17la vigesimaprimera a Jaquín, la vigesimasegunda a Gamul, 18la vigesimatercera a Delaía, la vigesimacuarta a Maazías. 19Estos fueron distribuidos para su ministerio, para que entrasen en la casa de Jehová, según les fue ordenado por Aarón su padre, de la manera que le había mandado Jehová el Dios de Israel.

20Y de los hijos de Leví que quedaron: Subael, de los hijos de Amram; y de los hijos de Subael, Jehedías. 21Y de los hijos de Rehabías, Isías el jefe. 22De los izharitas, Selomot; e hijo de Selomot, Jahat. 23De los hijos de Hebrón: Jerías el jefe, el segundo Amarías, el tercero Jahaziel, el cuarto Jecamán. 24Hijo de Uziel, Micaía; e hijo de Micaía, Samir. 25Hermano de Micaía, Isías; e hijo de Isías, Zacarías. 26Los hijos de Merari: Mahli y Musi; hijo de Jaazías, Beno. 27Los hijos de Merari por Jaazías: Beno, Soham, Zacur e Ibri. 28Y de Mahli, Eleazar, quien no tuvo hijos. 29Hijo de Cis, Jerameel. 30Los hijos de Musi: Mahli, Edar y Jerimot. Estos fueron los hijos de los levitas conforme a sus casas paternas. 31Estos también echaron suertes, como sus hermanos los hijos de Aarón, delante del rey David, y de Sadoc y de Ahimelec, y de los jefes de las casas paternas de los sacerdotes y levitas; el principal de los padres igualmente que el menor de sus hermanos.[2]

 

Zacarías 10

 

Jehová redimirá a su pueblo

10

1Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno. 2Porque los terafines han dado vanos oráculos, y los adivinos han visto mentira, han hablado sueños vanos, y vano es su consuelo; por lo cual el pueblo vaga como ovejas, y sufre porque no tiene pastor.a

3Contra los pastores se ha encendido mi enojo, y castigaré a los jefes; pero Jehová de los ejércitos visitará su rebaño, la casa de Judá, y los pondrá como su caballo de honor en la guerra. 4De él saldrá la piedra angular, de él la clavija, de él el arco de guerra, de él también todo apremiador. 5Y serán como valientes que en la batalla huellan al enemigo en el lodo de las calles; y pelearán, porque Jehová estará con ellos; y los que cabalgan en caballos serán avergonzados.

6Porque yo fortaleceré la casa de Judá, y guardaré la casa de José, y los haré volver; porque de ellos tendré piedad, y serán como si no los hubiera desechado; porque yo soy Jehová su Dios, y los oiré. 7Y será Efraín como valiente, y se alegrará su corazón como a causa del vino; sus hijos también verán, y se alegrarán; su corazón se gozará en Jehová.

8Yo los llamaré con un silbido, y los reuniré, porque los he redimido; y serán multiplicados tanto como fueron antes. 9Bien que los esparciré entre los pueblos, aun en lejanos países se acordarán de mí; y vivirán con sus hijos, y volverán. 10Porque yo los traeré de la tierra de Egipto, y los recogeré de Asiria; y los traeré a la tierra de Galaad y del Líbano, y no les bastará. 11Y la tribulación pasará por el mar, y herirá en el mar las ondas, y se secarán todas las profundidades del río; y la soberbia de Asiria será derribada, y se perderá el cetro de Egipto. 12Y yo los fortaleceré en Jehová, y caminarán en su nombre, dice Jehová.[3]

 



a 6.31: Ex. 16.4, 15.

b 6.31: Sal. 78.24.

c 6.45: Is. 54.13.

[1]Reina Valera Revisada (1960). 1998 (Jn 6.21-59). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.

a 24.2: Lv. 10.1–2.

[2]Reina Valera Revisada (1960). 1998 (1 Cr 23.32-24.31). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.

a 10.2: Mt. 9.36; Mr. 6.34.

[3]Reina Valera Revisada (1960). 1998 (Zac 9.17-10.12). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.

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