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miércoles, 18 de diciembre de 2019

¡Cómo vencer sobre los problemas, la angustia y la enfermedad!



17 de Diciembre
¡Despierta, despierta y vístete de poder!
Por Riqui Ricón*

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil 4.13).
Estamos viviendo los tiempos más emocionantes en la historia de la humanidad. Nunca antes ha habido tanta necesidad de respuestas y acciones que permitan encontrar el verdadero sentido a la existencia del ser humano. El mundo clama por héroes. ¡Necesitamos héroes! Gritan con desesperación. Tratan de poner buena cara al mal tiempo, pero sus palabras se desbaratan contra las crisis económicas, la inseguridad, el desempleo, el narcotráfico, la desintegración familiar, las enfermedades, la soledad, la tristeza, la depresión y hasta con el clima, que está cambiando.
Sin embargo, ante este feo panorama, la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, asegura que tú todo lo puedes en, y con, la fortaleza que te da Cristo Jesús.
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Ro 8.31).
Y mientras el mundo tiembla, los creyentes, los Hijos y las Hijas de Dios Nacidos de Nuevo, tú y yo, tenemos paz y seguridad, pues sabemos en Quién hemos creído y tenemos la certeza que jamás seremos avergonzados de haber confiado en la Palabra del Señor.
Así que, ¿qué vas a decir a todo esto? Si Dios es contigo, ¿quién contra ti?
Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios (Ro 8.19).
Este es el tiempo en que tú, como un(a) Hijo(a) de Dios has de manifestarte como aquel (aquella) que TODO lo puede en y con la Unción de Jesucristo que te fortalece. ¡Este es el tiempo de creer!
Amado(a), este es el tiempo de creer que Dios no miente, ni se arrepiente, que TODO lo que Él ha dicho en Su Palabra lo va a hacer, que lo que Él habló lo va a ejecutar pues, al fin y al cabo, Su Palabra es Su mismísimo Honor y Poder.
Así que, cuando comiences a creer con todo tu corazón lo que la Biblia dice acerca de ti, entonces sabrás quien eres tú y de TODO lo que eres capaz de hacer con Él y en Él.
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Fil 4.19).
Si Dios te suple TODO lo que te hace falta y TODO lo puedes en Cristo; si mayor es el que está en ti que el que está en el mundo, entonces, realmente, ¿a qué le vas a temer? ¿Qué o quién te pueden atemorizar?
Alguien podría objetarme: “bueno, Riqui Ricón, eso suena muy bonito pero ojalá fuera así de fácil…” Y yo pregunto, ¿por qué? ¿A caso tu problema, necesidad o enfermedad es más real, verdadera o poderosa que la Palabra de Honor de tu Dios y Padre? ¡No, mi amado(a)! No permitas que lo aparentemente grande o complicado de tus circunstancias te desenfoquen de la Verdad y del Amor de Dios.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
¡Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti!
Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos! Pero la gente de este mundo no reconoce que somos hijos de Dios, porque no lo conocen a él (1 Jn 3.1 NTV).
Eres un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo, y tienes muchos derechos divinos y preciosas y grandísimas promesas que Dios, tu Padre, ha establecido en Su Palabra.
Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? He aquí, he recibido orden de bendecir; El dio bendición, y no podré revocarla (Num 23.19-20).
Como un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo tienes que saber perfectamente quien ahora tú eres en Cristo Jesús y, por esto (al recibir y aceptar ésta tu nueva identidad), no existirá la más mínima posibilidad de que puedas perder en esta vida.
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).
Antes que termine este año, sé proactivo y haz de la Biblia la norma máxima de tu existencia; ponla en tu mente, boca y corazón para que así te llenes de la certeza de quién ahora tú eres y, aceptando y recibiendo tu Nuevo Nacimiento, tu Nueva Naturaleza, harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
Todo esto ya está en ti. Dios, tu Padre, lo habló y Jesús, tu Señor, lo pagó para ti. No le temas a nada, cree solamente. Sábete muy bien que todo lo puedes en Cristo y que no existe problema, angustia o enfermedad de la cual no saldrás más que vencedor(a) por medio de Aquel que te amó, Cristo Jesús.
Pero yo revelaré mi nombre a mi pueblo, y llegará a conocer mi poder. Entonces, por fin mi pueblo reconocerá que soy yo quien le habla» (Isa 52.6 NTV).
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, muchas gracias por haberme rescatado de la vida que llevaba. Sé que me amas tanto que preferiste entregar a Tu propio Hijo antes que perderme a mí. Seños Jesús, gracias por pagar todos mis pecados con Tu Sangre y con Tu vida. ¡Eres maravilloso, Señor Jesús! Por éste, Tu gran Amor por mí, ahora soy apto(a) para participar de la herencia de los santos en luz. ¡Me has librado de la potestad de las tinieblas! ¡Me has trasladado al reino  de Tu amado Hijo! ¡Soy una nueva especie de ser que no existía antes! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, y no de simiente corruptible sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre! ¡Tengo Vida Eterna! ¡Soy eterno(a)! ¡Puedo dejar de temerle a la muerte! ¡Lo mejor de mi vida ya comenzó! Por lo tanto, me resisto a temer, sólo voy a creer. Voy a creer Tu Palabra, la Biblia, Señor Jesús. Voy a creerte a ti, amado Dios. ¡Tú suples TODO lo que me falta, conforme a Tus riquezas en gloria! ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece! ¡Jamás seré derrotado(a)! ¡Con Tu ayuda, Espíritu Santo, voy a vivir esa vida plena y abundante que Jesús compró para mí al precio de Su Sangre y de Su resurrección! ¡Es mi derecho! ¡Es Tu Promesa! Por lo tanto, creo y declaro que de todo problema, enfermedad o aflicción, yo, _________ (tu nombre aquí), voy a salir más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ama, Cristo Jesús. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) del Rey! En el nombre de Jesús. Amén.
Nota Importante: 

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso? 
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios: 
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Diciembre 17                      Fil 4   /  Ez 24  /  Isa 52


Filipenses 4
Regocijaos en el Señor siempre
4
1Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados.
2Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor. 3Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.
4Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! 5Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. 6Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

En esto pensad
8Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. 9Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.

Dádivas de los filipenses
10En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. 11No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
14Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. 15Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; 16pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. 17No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. 18Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. 19Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. 20Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Salutaciones finales
21Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan. 22Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César.
23La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.

   
Ezequiel 24
Parábola de la olla hirviente
24
1Vino a mí palabra de Jehová en el año noveno, en el mes décimo, a los diez días del mes, diciendo: 2Hijo de hombre, escribe la fecha de este día; el rey de Babilonia puso sitio a Jerusalén este mismo día. 3Y habla por parábola a la casa rebelde, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: Pon una olla, ponla, y echa también en ella agua; 4junta sus piezas de carne en ella; todas buenas piezas, pierna y espalda; llénala de huesos escogidos. 5Toma una oveja escogida, y también enciende los huesos debajo de ella; haz que hierva bien; cuece también sus huesos dentro de ella.
6Pues así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de la ciudad de sangres, de la olla herrumbrosa cuya herrumbre no ha sido quitada! Por sus piezas, por sus piezas sácala, sin echar suerte sobre ella. 7Porque su sangre está en medio de ella; sobre una piedra alisada la ha derramado; no la derramó sobre la tierra para que fuese cubierta con polvo. 8Habiendo, pues, hecho subir la ira para hacer venganza, yo pondré su sangre sobre la dura piedra, para que no sea cubierta. 9Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de la ciudad de sangres! Pues también haré yo gran hoguera, 10multiplicando la leña, y encendiendo el fuego para consumir la carne y hacer la salsa; y los huesos serán quemados. 11Asentando después la olla vacía sobre sus brasas, para que se caldee, y se queme su fondo, y se funda en ella su suciedad, y se consuma su herrumbre. 12En vano se cansó, y no salió de ella su mucha herrumbre. Sólo en fuego será su herrumbre consumida. 13En tu inmunda lujuria padecerás, porque te limpié, y tú no te limpiaste de tu inmundicia; nunca más te limpiarás, hasta que yo sacie mi ira sobre ti. 14Yo Jehová he hablado; vendrá, y yo lo haré. No me volveré atrás, ni tendré misericordia, ni me arrepentiré; según tus caminos y tus obras te juzgarán, dice Jehová el Señor.

Muerte de la esposa de Ezequiel
15Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 16Hijo de hombre, he aquí que yo te quito de golpe el deleite de tus ojos; no endeches, ni llores, ni corran tus lágrimas. 17Reprime el suspirar, no hagas luto de mortuorios; ata tu turbante sobre ti, y pon tus zapatos en tus pies, y no te cubras con rebozo, ni comas pan de enlutados. 18Hablé al pueblo por la mañana, y a la tarde murió mi mujer; y a la mañana hice como me fue mandado.
19Y me dijo el pueblo: ¿No nos enseñarás qué significan para nosotros estas cosas que haces? 20Y yo les dije: La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: 21Di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo profano mi santuario, la gloria de vuestro poderío, el deseo de vuestros ojos y el deleite de vuestra alma; y vuestros hijos y vuestras hijas que dejasteis caerán a espada. 22Y haréis de la manera que yo hice; no os cubriréis con rebozo, ni comeréis pan de hombres en luto. 23Vuestros turbantes estarán sobre vuestras cabezas, y vuestros zapatos en vuestros pies; no endecharéis ni lloraréis, sino que os consumiréis a causa de vuestras maldades, y gemiréis unos con otros. 24Ezequiel, pues, os será por señal; según todas las cosas que él hizo, haréis; cuando esto ocurra, entonces sabréis que yo soy Jehová el Señor.
25Y tú, hijo de hombre, el día que yo arrebate a ellos su fortaleza, el gozo de su gloria, el deleite de sus ojos y el anhelo de sus almas, y también sus hijos y sus hijas, 26ese día vendrá a ti uno que haya escapado para traer las noticias. 27En aquel día se abrirá tu boca para hablar con el fugitivo, y hablarás, y no estarás más mudo; y les serás por señal, y sabrán que yo soy Jehová.


       
Isaías 52 
Dios librará del cautiverio a Sion
52
1Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa; porque nunca más vendrá a ti incircunciso ni inmundo. 2Sacúdete del polvo; levántate y siéntate, Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion.
3Porque así dice Jehová: De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados. 4Porque así dijo Jehová el Señor: Mi pueblo descendió a Egipto en tiempo pasado, para morar allá, y el asirio lo cautivó sin razón. 5Y ahora ¿qué hago aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo es llevado injustamente? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día. 6Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.
7¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz,c del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina! 8¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion. 9Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén; porque Jehová ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido. 10Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro.
11Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová. 12Porque no saldréis apresurados, ni iréis huyendo; porque Jehová irá delante de vosotros, y os congregará el Dios de Israel.

Sufrimientos del Siervo de Jehová
13He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. 14Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, 15así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.

lunes, 16 de diciembre de 2019

¡Cómo adquirir el poder de la resurrección!



16 de Diciembre
¡A fin de conocerle!
Por Riqui Ricón*


Mi anhelo es sentirme unido a El, no ya por ser bueno ni por obedecer las leyes de Dios, sino por confiar en la salvación que El ofrece; únicamente así, por fe [por creerle a Dios, creyendo Su Palabra], Dios nos acepta. He renunciado a todo lo demás porque estoy convencido de que es la única manera de conocer de veras a Cristo, de sentir el gran poder que lo resucitó y de palpar el significado de sufrir y morir con El. Así, cueste lo que cueste, seré uno de los que alcancen la radiante novedad de vida de la resurrección (Fil 3.9-11 BAD).

La vida de un creyente, la vida de un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, sólo se puede concebir de una forma: por Cristo Jesús y en Cristo Jesús (y ser hallado en él).

Es un estilo de vida que no se basa en la justificación de las obras que puedas realizar en la carne (no teniendo mi propia justicia, que es por la ley) sino en el vivir y actuar por fe, creyendo lo que la Biblia, la Palabra de Dios, que no miente, dice acerca de ti; creyendo quien tú ahora eres en Cristo Jesús (sino la que es por la fe de Cristo).

Tener fe en la Palabra de Dios, esto es, creer que si Dios lo dijo, entonces Él lo va a cumplir, creer que si Dios lo habló, entonces Él lo va a ejecutar, significa tener fe en Cristo, pues Él mismo, Jesús, es la Palabra, el Verbo de Dios.
En el principio era el Verbo [Jesús, la Palabra], y el Verbo [Jesús, la Palabra] era con Dios, y el Verbo [Jesús, la Palabra] era Dios. Este [Jesús, la Palabra] era en el principio con Dios… Y aquel Verbo [Jesús, la Palabra] fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad  (Jn 1.1, 14).
Amado(a), tú que has recibido a Jesús como Señor y Salvador de tu vida, has sido hecho(a) justicia de Dios por haber creído a la Palabra, al Verbo de Dios (la justicia que es de Dios por la fe). Y es esta fe (fe con propósito), este creerle a Dios, creyendo Su Palabra, es lo único que te permite conocerle (a fin de conocerle).
Así que, por el Amor que Dios siente por ti, Él entregó a Su propio Hijo, Jesucristo, para que pagara todos tus pecados y, de esta forma, estando tú justificado(a), pudieras conocerle;  y no solamente como Rey de reyes y Señor de señores, sino de una manera mucho más íntima: como tu Papá.
Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo (Gal 4.6-7).
El olor del conocimiento de Dios está en ti no como una adquisición intelectual sino como resultado de una relación personal entre Padre e Hijo(a). Ahora puedes (y debes) dejar de pensar y de sentir, acerca de ti mismo(a), como un(a) esclavo(a) o criatura, y comenzar a CREER que eres ese(a) Hijo(a) Amado(a) que Dios dice que eres.
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados (Ro 8.14-17).
En el momento mismo en que tú entraste en un Nuevo Pacto con Dios por medio de la muerte y la resurrección de Su Hijo Jesucristo, tú Naciste de Nuevo y el espíritu muerto que tú eras por causa del pecado fue regenerado por el Poder de Dios, pero ahora como un espíritu de adopción, como un(a) auténtico(a), legal y legítimo(a) Hijo(a) del Rey de reyes y Señor de señores.
Sin lugar a dudas, ¡tú eres un(a) heredero(a) de Dios y coheredero(a) juntamente con Cristo Jesús!
MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jn 3.1).
Sin importar la situación en la que te encuentres el día de hoy y precisamente por esos problemas, enfermedades y angustia que estás enfrentando, es tiempo que conozcas más a tu Padre. No mediante obras de justicia, sino mediante la justicia que es por la fe en Cristo Jesús [por creerle a Dios, creyendo Su Palabra].

Y daré por respuesta a mi avergonzador, Que en tu palabra he confiado (Sal 119.42).

Pon tu fe en Jesús. Pon todas tus esperanzas, vida y corazón en la Palabra de Dios, pues no solamente no serás avergonzado(a) jamás de haber creído a Su Palabra, sino que, además habitará Cristo por la fe en tu corazón, a fin de que, arraigado(a) y cimentado(a) en amor, seas plenamente capaz de conocer y comprender cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del Amor que Cristo Jesús siente por ti, el cual excede a todo conocimiento. Sabiendo, creyendo y viviendo en esto: ¡Tú serás lleno(a) de toda la plenitud de Dios (Efe 3.17-19)!

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia (Jn 1.16)

Ser lleno de toda la plenitud de Dios, significa estar lleno de Su gracia, significa estar lleno de la vida misma de Jesús.
No hay nada más importante que conocerle a Él. No hay nada más importante que relacionarte con Dios como un(a) Hijo(a) con su Padre.
Realizar tu devocional leyendo la Biblia todos los días, meditando y orando en Su Palabra, es la forma correcta para llegar a ser plenamente capaz de conocer y comprender el Amor de Cristo que excede a todo conocimiento.
Recuerda siempre que no se trata de algo que tú tengas que hacer, sino de lo  que Él ya hizo por ti y que, por lo tanto, sólo tienes que creer y recibir.
¡Al que le cree a Dios todo le es posible!

Oremos en voz audible:
Amado Señor Jesús, gracias porque Tú eres el Camino, y la Verdad y la Vida, nadie puede conocer al Padre sino a través de Ti, a través de Tu muerte y de Tu resurrección. Gracias por Tu Sangre, derramada hasta la última gota como el precio con el cual pagaste todos mis pecados, haciéndome justo(a). Gracias por Tu resurrección, con la cual venciste a la muerte para crearme totalmente Nuevo(a), regalándome Tu propia Vida, la Vida Plena y Abundante, ¡la Vida Eterna! Por Ti, por Tu gran Amor con que me has amado, ahora soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Señor Jesús, ahora el Todopoderoso Dios, Tu Padre, también es mi propio Padre. Puedo con toda certeza afirmar que yo, ______________ (tu nombre aquí), soy de Dios y, por eso, ya he vencido a la muerte, al pecado, a la enfermedad, a cualquier tipo de problema, al espíritu de temor e incredulidad, a la pobreza, a la soledad, a la tristeza y depresión, pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que estás en mí y conmigo que el que está en el mundo. ¡Soy un(a) Hijo(a) legítimo(a) del Rey de reyes y Señor de señores! ¡En todas las cosas soy más que vencedor(a), pues TODO lo puedo en Cristo Jesús! ¡Abba, Padre, te amo con todas mis fuerzas, pensamientos y corazón! En Tu nombre, Jesús, creo, declaro y establezco que, ¡soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) del Rey! Amén.

Nota Importante: 

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso? 
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios: 
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén. 

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Diciembre 16                 Fil 3   /  Ez 23  /  Isa 51


Filipenses 3
Prosigo al blanco
3
1Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro.
2Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. 3Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. 4Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: 5circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; 6en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. 7Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, 11si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.
12No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. 15Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. 16Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.
17Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. 18Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; 19el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal. 20Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

   
Ezequiel 23
Las dos hermanas
23
1Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2Hijo de hombre, hubo dos mujeres, hijas de una madre, 3las cuales fornicaron en Egipto; en su juventud fornicaron. Allí fueron apretados sus pechos, allí fueron estrujados sus pechos virginales. 4Y se llamaban, la mayor, Ahola, y su hermana, Aholiba; las cuales llegaron a ser mías, y dieron a luz hijos e hijas. Y se llamaron: Samaria, Ahola; y Jerusalén, Aholiba.
5Y Ahola cometió fornicación aun estando en mi poder; y se enamoró de sus amantes los asirios, vecinos suyos, 6vestidos de púrpura, gobernadores y capitanes, jóvenes codiciables todos ellos, jinetes que iban a caballo. 7Y se prostituyó con ellos, con todos los más escogidos de los hijos de los asirios, y con todos aquellos de quienes se enamoró; se contaminó con todos los ídolos de ellos. 8Y no dejó sus fornicaciones de Egipto; porque con ella se echaron en su juventud, y ellos comprimieron sus pechos virginales, y derramaron sobre ella su fornicación. 9Por lo cual la entregué en mano de sus amantes, en mano de los hijos de los asirios, de quienes se había enamorado. 10Ellos descubrieron su desnudez, tomaron sus hijos y sus hijas, y a ella mataron a espada; y vino a ser famosa entre las mujeres, pues en ella hicieron escarmiento.
11Y lo vio su hermana Aholiba, y enloqueció de lujuria más que ella; y sus fornicaciones fueron más que las fornicaciones de su hermana. 12Se enamoró de los hijos de los asirios sus vecinos, gobernadores y capitanes, vestidos de ropas y armas excelentes, jinetes que iban a caballo, todos ellos jóvenes codiciables. 13Y vi que se había contaminado; un mismo camino era el de ambas. 14Y aumentó sus fornicaciones; pues cuando vio a hombres pintados en la pared, imágenes de caldeos pintadas de color, 15ceñidos por sus lomos con talabartes, y tiaras de colores en sus cabezas, teniendo todos ellos apariencia de capitanes, a la manera de los hombres de Babilonia, de Caldea, tierra de su nacimiento, 16se enamoró de ellos a primera vista, y les envió mensajeros a la tierra de los caldeos. 17Así, pues, se llegaron a ella los hombres de Babilonia en su lecho de amores, y la contaminaron, y ella también se contaminó con ellos, y su alma se hastió de ellos. 18Así hizo patentes sus fornicaciones y descubrió sus desnudeces, por lo cual mi alma se hastió de ella, como se había ya hastiado mi alma de su hermana. 19Aun multiplicó sus fornicaciones, trayendo en memoria los días de su juventud, en los cuales había fornicado en la tierra de Egipto. 20Y se enamoró de sus rufianes, cuya lujuria es como el ardor carnal de los asnos, y cuyo flujo como flujo de caballos. 21Así trajiste de nuevo a la memoria la lujuria de tu juventud, cuando los egipcios comprimieron tus pechos, los pechos de tu juventud.
22Por tanto, Aholiba, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que yo suscitaré contra ti a tus amantes, de los cuales se hastió tu alma, y les haré venir contra ti en derredor; 23los de Babilonia, y todos los caldeos, los de Pecod, Soa y Coa, y todos los de Asiria con ellos; jóvenes codiciables, gobernadores y capitanes, nobles y varones de renombre, que montan a caballo todos ellos. 24Y vendrán contra ti carros, carretas y ruedas, y multitud de pueblos. Escudos, paveses y yelmos pondrán contra ti en derredor; y yo pondré delante de ellos el juicio, y por sus leyes te juzgarán. 25Y pondré mi celo contra ti, y procederán contigo con furor; te quitarán tu nariz y tus orejas, y lo que te quedare caerá a espada. Ellos tomarán a tus hijos y a tus hijas, y tu remanente será consumido por el fuego. 26Y te despojarán de tus vestidos, y te arrebatarán todos los adornos de tu hermosura. 27Y haré cesar de ti tu lujuria, y tu fornicación de la tierra de Egipto; y no levantarás ya más a ellos tus ojos, ni nunca más te acordarás de Egipto. 28Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo te entrego en mano de aquellos que aborreciste, en mano de aquellos de los cuales se hastió tu alma; 29los cuales procederán contigo con odio, y tomarán todo el fruto de tu labor, y te dejarán desnuda y descubierta; y se descubrirá la inmundicia de tus fornicaciones, y tu lujuria y tu prostitución. 30Estas cosas se harán contigo porque fornicaste en pos de las naciones, con las cuales te contaminaste en sus ídolos. 31En el camino de tu hermana anduviste; yo, pues, pondré su cáliz en tu mano.
32Así ha dicho Jehová el Señor: Beberás el hondo y ancho cáliz de tu hermana, que es de gran capacidad; de ti se mofarán las naciones, y te escarnecerán. 33Serás llena de embriaguez y de dolor por el cáliz de soledad y de desolación, por el cáliz de tu hermana Samaria. 34Lo beberás, pues, y lo agotarás, y quebrarás sus tiestos; y rasgarás tus pechos, porque yo he hablado, dice Jehová el Señor. 35Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto te has olvidado de mí, y me has echado tras tus espaldas, por eso, lleva tú también tu lujuria y tus fornicaciones.
36Y me dijo Jehová: Hijo de hombre, ¿no juzgarás tú a Ahola y a Aholiba, y les denunciarás sus abominaciones? 37Porque han adulterado, y hay sangre en sus manos, y han fornicado con sus ídolos; y aun a sus hijos que habían dado a luz para mí, hicieron pasar por el fuego, quemándolos. 38Aun esto más me hicieron: contaminaron mi santuario en aquel día, y profanaron mis días de reposo. 39Pues habiendo sacrificado sus hijos a sus ídolos, entraban en mi santuario el mismo día para contaminarlo; y he aquí, así hicieron en medio de mi casa. 40Además, enviaron por hombres que viniesen de lejos, a los cuales había sido enviado mensajero, y he aquí vinieron; y por amor de ellos te lavaste, y pintaste tus ojos, y te ataviaste con adornos; 41y te sentaste sobre suntuoso estrado, y fue preparada mesa delante de él, y sobre ella pusiste mi incienso y mi aceite. 42Y se oyó en ella voz de compañía que se solazaba con ella; y con los varones de la gente común fueron traídos los sabeos del desierto, y pusieron pulseras en sus manos, y bellas coronas sobre sus cabezas.
43Y dije respecto de la envejecida en adulterios: ¿Todavía cometerán fornicaciones con ella, y ella con ellos? 44Porque han venido a ella como quien viene a mujer ramera; así vinieron a Ahola y a Aholiba, mujeres depravadas. 45Por tanto, hombres justos las juzgarán por la ley de las adúlteras, y por la ley de las que derraman sangre; porque son adúlteras, y sangre hay en sus manos.
46Por lo que así ha dicho Jehová el Señor: Yo haré subir contra ellas tropas, las entregaré a turbación y a rapiña, 47y las turbas las apedrearán, y las atravesarán con sus espadas; matarán a sus hijos y a sus hijas, y sus casas consumirán con fuego. 48Y haré cesar la lujuria de la tierra, y escarmentarán todas las mujeres, y no harán según vuestras perversidades. 49Y sobre vosotras pondrán vuestras perversidades, y pagaréis los pecados de vuestra idolatría; y sabréis que yo soy Jehová el Señor.

       
Isaías 51
Palabras de consuelo para Sion
51
1Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. 2Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué. 3Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto.
4Estad atentos a mí, pueblo mío, y oídme, nación mía; porque de mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los pueblos. 5Cercana está mi justicia, ha salido mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos; a mí me esperan los de la costa, y en mi brazo ponen su esperanza. 6Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia no perecerá.
7Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes. 8Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los comerá gusano; pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación por siglos de siglos.
9Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón? 10¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos? 11Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.
12Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? 13Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir. ¿Pero en dónde está el furor del que aflige? 14El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra, ni le faltará su pan. 15Porque yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos. 16Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú.
17Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su ira; porque el cáliz de aturdimiento bebiste hasta los sedimentos. 18De todos los hijos que dio a luz, no hay quien la guíe; ni quien la tome de la mano, de todos los hijos que crió. 19Estas dos cosas te han acontecido: asolamiento y quebrantamiento, hambre y espada. ¿Quién se dolerá de ti? ¿Quién te consolará? 20Tus hijos desmayaron, estuvieron tendidos en las encrucijadas de todos los caminos, como antílope en la red, llenos de la indignación de Jehová, de la ira del Dios tuyo. 21Oye, pues, ahora esto, afligida, ebria, y no de vino: 22Así dijo Jehová tu Señor, y tu Dios, el cual aboga por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz de aturdimiento, los sedimentos del cáliz de mi ira; nunca más lo beberás. 23Y lo pondré en mano de tus angustiadores, que dijeron a tu alma: Inclínate, y pasaremos por encima de ti. Y tú pusiste tu cuerpo como tierra, y como camino, para que pasaran.