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jueves, 26 de mayo de 2016

¿Quién te puede derrotar?

 
14 de Mayo

¡Nada ni nadie te pueden derrotar!

Por Riqui Ricón*

Levantaos, subamos contra ellos; porque nosotros hemos explorado la región, y hemos visto que es muy buena; ¿y vosotros no haréis nada? No seáis perezosos en poneros en marcha para ir a tomar posesión de la tierra (Jue 18. 9).

Que hermoso es saber que tu vida, como Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, está llena de acción y de aventura. Tan solo necesitas ser como los hijos de Dan y comenzar a explorar la región. ¡Explora la Biblia! Lee y medita la Palabra de Dios hasta que te des cuenta que, en Verdad, es muy Buena la Nueva Vida que has heredado.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Ro 12.2).

¿Cómo puedes llegar a este conocimiento o revelación cuando tu propia vida parece ser algo totalmente opuesto a una maravillosa aventura? ¡Sencillo! Sólo tienes que comprender y CREER que, de acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Dios, y no miente, la buena voluntad de Dios para tu vida es agradable y perfecta.

No os amoldéis a los usos y costumbres propios de este mundo; antes bien, procurad que vuestra mente renovada opere la transformación de vuestra personalidad, para que lleguéis a comprobar lo buena, grata y perfecta que es la voluntad de Dios (Ro 12.2 CST).

Tú eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y Dios te transforma en una persona completamente nueva al cambiar tu forma de pensar.

Así que, procura que tu mente renovada opere la transformación de tu personalidad, para que puedas comprobar la buena, grata y perfecta voluntad de Dios para contigo.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jua 3.16-17).

Pensar y CREER que el Todopoderoso Dios ahora es tu Padre; pensar y CREER que Él es bueno y que te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti; pensar y CREER que Jesucristo pagó todos tus pecados al morir en esa cruz y que con su resurrección te dio derecho a ser un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo para gozar de la Vida Eterna; en fin, tener este tipo de fe necesariamente te hace cambiar tu forma de pensar y de ver todas las cosas.

No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta  (Ro 12. 2 NTV).

La única forma posible de transformarte por medio de la renovación de tu entendimiento es cambiando tu forma de pensar. Esto sólo lo consigues haciendo de la Biblia la prioridad máxima y apremiante de tu vida. Todos los pensamientos y sentimientos de fracaso, rechazo, temor, resentimiento, soledad y derrota que has acumulado a lo largo de tu vida, sólo pueden ser eliminados con la luz de la Verdad. Esta Verdad no es otra que la Biblia, la Palabra de Dios.

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8.31-32).

La Verdad, como la mentira, permaneces en ella cuando lo CREES.

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (Ro 10. 17).

La fe que necesitas para entrar a poseer todo lo que ya es tuyo por la Sangre de Jesús, sólo la podrás desarrollar como resultado de leer y meditar la Palabra de Dios.

Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre (Hch 22. 14-15).

Así que, amado(a), no te dejes engañar, ¡no te detengas! Tú has sido escogido(a) por Dios para que conozcas Su Voluntad y escuches Su Palabra, pues Él tiene todo un Plan para que en realidad vivas una vida con propósito.

Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el SEÑOR—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza (Jer 29.11 NVI).

Donde quiera que estés, cualquiera que sea la actividad que realices, tú estás destinado(a) a ser Luz en las tinieblas, pues eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y la Palabra de tu Padre celestial es Verdad en tu boca.

Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y comienza a CREER que eres esa Princesa, ese Príncipe, del Dios Altísimo y recibe tu sanidad, recibe tu libertad y tu restauración, las cuales, Jesucristo compró para ti al precio de Su Sangre.

¡Permítete creer lo que Dios dice de ti en Su Palabra!

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos;  herederos de Dios y coherederos con Cristo  (Ro 8.15-17a).

¡El Espíritu de esclavitud y temor nada tiene en ti! ¡Eres un(a) Hijo(a) y Heredero(a) del único Dios Vivo y Verdadero! Él, tu Papá, ha establecido para este mundo y para este tiempo que tú, Su Hijo(a), todo lo puedes en Cristo y que en todo problema, enfermedad o aflicción, ¡eres ya más que vencedor(a) por medio de Aquel que te amó, Cristo Jesús!

Así que, ¡no te detengas! Como decimos los mexicanos, toma al toro por los cuernos, sigue adelante, tómate de la mano del Espíritu Santo en oración, llénate de la Biblia, que es la Palabra de Dios, y la fuente de tu fe y disfruta la aventura de tu vida, pues lo mejor está delante de ti.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).

Jamás olvides que ¡Dios está contigo! ¡No hay forma que puedas perder!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, gracias porque este día puedo declarar en Tu Presencia que soy amado(a) y escogido(a) por Ti. Me determino, con Tu ayuda, Espíritu Santo, a no dejarme engañar por palabras y pensamientos de desaliento, fracaso o derrota. Yo creo lo que Tú dices acerca de mí: que por Tu Sangre, Señor Jesús, me has redimido de todo pueblo, lengua o nación; y me has hecho un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Tú, Señor Jesús, me has hecho rey (reina) y sacerdote (sacerdotisa) para nuestro Dios, y reinaré sobre esta tierra. Me levanto, en tu nombre Jesús, a cumplir el propósito y destino Eterno que compraste para mí en esa cruz. Por lo tanto, hoy declaro que soy sano(a), soy libre, soy próspero(a) y soy dichoso(a) en todas las cosas. Resisto, con la Palabra de Dios, al espíritu de temor, al desaliento y a la depresión; no recibo a la enfermedad, ni a la pobreza; perdono a todos los que me han lastimado y defraudado y recibo la salud, el gozo, la paz y el amor que son mi herencia y mi derecho, Voy hacer de mi vida una vida que valga la pena vivirse. ¡Voy a vivir una vida plena y abundante! ¡Nada ni nadie me pueden detener! En el nombre de Jesús.  Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Mayo         14       Hch 21. 37-22. 29  /  Jue 17-18  /  Sal 43

 


 

 

miércoles, 25 de mayo de 2016

¡Cómo haces temblar a tus enemigos!

 
13 de Mayo

¡En Su Presencia!

Por Riqui Ricón*

Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? (Sal 42. 1-2).

En el corazón de cada creyente, de cada Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, existe un clamor, un reclamo, que fluye de la profunda necesidad que tenemos de la Presencia de nuestro Dios y Padre. No sólo en momentos de necesidad apremiante, sino en cualquier momento, desearías poder reducir la velocidad de los acontecimientos que te rodean para acallar tu alma y disfrutar la delicia de la comunión con Aquel que te ama tanto que dio Su propia vida por amor a ti: Cristo Jesús.

Lamentablemente, muchos creyentes dejan de lado su identidad como  Hijos de Dios Nacidos de Nuevo y acuden delante de Su Padre mayormente para pedir ayuda en los momentos de necesidad. Desconociendo mucho de Su Amor, Poder y Fidelidad se olvidan que Aquel que da de comer a las aves y viste a los lirios del campo, prometió cuidar de Sus Hijos.

Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas (Luc 12. 28-31).

En este día es muy importante que comprendas que el reino de Dios no es un lugar físico, ni consiste en comida o bebida, sino que el reino de Dios es un sistema de gobierno que se rige bajo las leyes de la fe y del Amor que Dios mismo estableció en Su Palabra, la Biblia.

Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz (Mar 10.17-21).

¡Dios es bueno! Lo único que pide de ti es que permanezcas en Su Palabra, creyéndole a Él. Que te mantengas firme en creer lo que Dios dice acerca de quién ahora tú eres. Tú ya no eres más una creatura, ni hombre o mujer de poca fe; ahora, por Cristo Jesús, por Su Sangre preciosa derramada hasta la última gota en esa cruz por amor a ti, eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, amado(a) y adquirido(a) para Dios al precio más alto que se pueda pagar.

Tú fuiste comprado(a) al único precio que, una vez saldado, puede establecerte con TODA JUSTICIA como un(a) Hijo(a) legítimo(a) de Dios. Ese precio fue la muerte y resurrección de Su propio Hijo, Jesús.

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8. 32).

Tú comienzas a establecer el reino de Dios cuando crees Su Palabra, primeramente en tu vida al hacer de la Biblia la norma máxima de tu vida poniéndola en tu boca, mente y corazón; ésta, la Palabra de Dios, que no miente, produce un cambio en tu forma de pensar renovando tu mente y llenándote de fe.

Ahora, te das cuenta que, de acuerdo a Su Palabra, eres un(a) ciudadano(a) del Reino. Te das cuenta que en verdad, literalmente, eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y, por lo tanto, no existe problema, enfermedad, situación, ni condición alguna que te pueda separar del Amor de Dios, que es en Cristo Jesús, tu Señor y Salvador. Esto te hace, necesariamente, más que vencedor(a) en todas las cosas.

¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío (Sal 42. 5).

Esperar en Dios no significa resignarse con la esperanza de que Él, si quiere, haga algo a tu favor. ¡No! Esperar en Dios significa ser constante y persistente para recibir lo que Él te ha prometido. Significa tener tal conocimiento de Su Persona que puedes permanecer en Su Presencia en tranquila adoración, teniendo la certeza de lo que estás esperando y la convicción de que aquello que aún no ves se materializara, pues Él te lo ha prometido y tu Padre jamás faltará a Su Palabra.

¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás? Oh montes, ¿por qué saltasteis como carneros, Y vosotros, collados, como corderitos? A la presencia de Jehová tiembla la tierra, A la presencia del Dios de Jacob, El cual cambió la peña en estanque de aguas, Y en fuente de aguas la roca (Sal 114.5-8).

De hecho, la Biblia declara que, por la Sangre del Nuevo Pacto, tú has sido totalmente renovado(a) y el Espíritu Santo, Dios mismo, ahora está en ti y contigo. Así es, Su Amorosa y Formidable Presencia está en ti y contigo, por lo tanto, puedes tener la certeza (y la paz, que sobrepasa todo entendimiento), que esos problemas, enfermedades o aflicciones que enfrentas el día de hoy, están temblando y huyendo a la Presencia del Dios de Jacob, el cual cambia tu lamento en baile y te ciñe toda(o) de alegría (Sal 30.11).

Así que, no pongas tu atención a lo difícil de tu situación, ni en tus emociones o sentimientos al respecto. Atiende a la Palabra de Dios, disfruta Su Presencia y comienza alabar y adorarle. Resiste al diablo y sus mentiras y no te permitas estar en ansiosa inquietud. Eres un(a) Hijo(a) del Rey y puedes esperar constante y persistentemente en Su Palabra, pues primero el cielo y la tierra dejarán de existir, antes que Dios, tu Padre, deje de cumplirte Su Palabra.

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, en este día quiero alabarte y adorarte más que nunca. Eres mi Padre, mi amigo, mi Dios, mi Rey, Señor y Salvador. Sin Ti no vivo. Gracias por lo que has hecho por mí y en mí. ¡Soy Nueva creación! Gracias Jesús por Tu Sangre preciosa que me ha lavado y limpiado de toda mi maldad y hoy soy justo(a) santo(a) y perfecto(a) por lo que Tú hiciste por mí en esa cruz. ¡Te amo, Jesús! En Tu nombre resisto al espíritu de temor y duda. Sé, que sé, que en todas las cosas soy más que vencedor por medio de Tu Amor, que estás en mí y conmigo. Hoy le digo a mis circunstancias que Tú estás conmigo y si Dios es conmigo ¿quién contra mí? ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece! En Tu Presencia Señor yo tengo plenitud de gozo. En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Mayo         13              Hch 21. 1-36  /  Jue 16  /  Sal 42

 


 

 

¡Cómo hacer de tu Vida una Vida que valga la pena vivirse!

 

12 de Mayo

¡Sin miedo y sin lugar a dudas!

Por Riqui Ricón*

Job respondió entonces al SEÑOR. Le dijo: «Yo sé bien que tú lo puedes todo, que no es posible frustrar ninguno de tus planes. “¿Quién es éste —has preguntado—, que sin conocimiento oscurece mi consejo?” Reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender, de cosas demasiado maravillosas que me son desconocidas. »“Ahora escúchame, que voy a hablar —dijiste—; yo te cuestionaré, y tú me responderás.” De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos. Por tanto, me retracto de lo que he dicho, y me arrepiento en polvo y ceniza.» (Job 42. 1-6 NVI).

Para salir de cualquier crisis, como Job lo hizo, has de reconocer que la Palabra de Dios es la Verdad (no una verdad sino la Verdad). Sólo así podrás comprender la grandeza del Amor que Dios siente por ti. Aceptarás, como Job, con humildad y gratitud, que Él es Bueno y Justo. En ese momento dejas de enfocarte en ti mismo y, olvidando tus problemas, lo miras a Él, tal y como Él Es.

Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job (Job 42. 10)..

Una vez que Job tuvo un encuentro personal con Dios, algo asombroso comenzó a suceder en su vida: ¡dejó de quejarse y preocuparse por sí mismo para comenzar a orar por los demás! Entonces, él fue restaurado recibiendo sanidad y el doble de bendición que antes tenía.

Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento (Isa 64. 6).

Lo que Job experimentó es un tipo del Nuevo Nacimiento. Una vez que miró a Dios cara a cara, pudo verse a sí mismo y comprender que sin Dios él nada era, que todas sus justicias eran como trapo de inmundicia pero, y sobre todo, entendió que con Dios estaba su vida, que sólo con Él encontraría identidad, propósito y destino.

¡Adquirió conciencia de Justicia en Dios!

SEÑOR Todopoderoso, ¡dichosos los que en ti confían! (Sal 84.12 NIV).

Por este motivo Job pudo poner toda su confianza en Dios y abandonarse así mismo dentro de Su Palabra para, a pesar de aún estar enfermo y abatido, orar y bendecir a sus amigos. ¡Ya no tenía temor, ni duda! ¡Ahora tenía fe! ¡Ahora tenía identidad en Dios!

MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo más maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jn 3. 1 BAD).

El principal propósito de Dios para pagar todos tus pecados con la Sangre de Su Hijo Jesús, no fue justificarte, ni perdonarte, sino que éstas (la justificación y el perdón) eran los requisitos que necesitabas cumplir para que así, con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (He 10.14), y fuiste creado(a), por Su Palabra, como un espíritu nuevo, incorruptible, con el verdadero propósito de ser adoptado(a) Hijo(a) Suyo(a) y recibir Su propia Identidad.

¡Maravilloso!

siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).

Fue por esa identidad de Hijo de Dios Nacido de Nuevo que Pablo se despide sin drama, ni dolor alguno de las iglesias que con tanta dedicación él había edificado, diciendo:

Mas no me importa cuánto haya de sufrir; después de todo, la vida carecería de valor si no la empleara para terminar con gozo la tarea que me señaló el Señor Jesús: pregonar las buenas noticias acerca del inmenso amor de Dios (Hch 20.24 BAD).

Mientras todos los demás lloraban y trataban de persuadirle (tal y como Pedro intentó hacerlo con Jesucristo), él se mantuvo firme sabiendo en Quién había confiado y a Quién le pertenecía su vida. Él sabía perfectamente que era un Hijo de Dios Nacido de Nuevo, que como tal tenía Vida Eterna y que esa Vida estaba escondida con Cristo en Dios.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Pablo sabía y creía lo mismo que tú debes saber y creer, que Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti, y que, por lo tanto, te ha hecho Su Hijo(a) y al otorgarte ese derecho divino, necesariamente te dio la Vida Eterna.

Ya que han sido resucitados a una vida nueva con Cristo, pongan la mira en las verdades del cielo, donde Cristo está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues ustedes han muerto a esta vida, y su verdadera vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3.1-3 NTV).

Tú no eres como Job. ¡Tú eres mayor a Job! Job era una criatura, un ser humano común y corriente sujeto a las pasiones carnales y al pecado, mientras que tú has sido comprado(a) y redimido(a) a precio de la Sangre de Cristo Jesús para ser hecho un(a) Hijo(a) del Dios Viviente.

¡La ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús te ha hecho libre de la ley del pecado y de la muerte!

Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida (He 2.14-15 NVI).

Ya no eres más esclavo del pecado ni de la muerte. La muerte nada tiene en ti. ¡Tienes Vida Eterna! ¡Vas a Vivir por siempre! A diferencia de Job, tu puedes (y debes), sin lugar a dudas, vivir el día de hoy una Vida sin miedo.

Oremos en voz audible:

Precioso Padre celestial, ¡cómo no agradecerte! ¡Cómo no amarte! Siendo que yo estaba perdido(a) y sin rumbo en esta vida y Tú me has amado de tal manera que preferiste entregar a Tu propio Hijo, Jesús, para pagar el precio de mis pecados, antes que perderme a mí; para justificarme, santificarme, perfeccionarme y perdonarme y adoptarme como Hijo(a) legítimo(a) Tuyo(a). Hoy, por Tu Gran Amor con que me has amado, puedo decir, puedo gritar, que soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y no de una simiente que se corrompe sino de la incorruptible semilla que es Tu Palabra, Señor. ¡Gracias Jesús! ¡Gracias Espíritu Santo! ¡Tengo Identidad! Me determino a vivir de acuerdo a quién soy, de acuerdo a Tu Palabra, la Biblia, Señor. Por lo tanto, por lo que dices en Tu Palabra, sé perfectamente que de todo problema, angustia o enfermedad saldré más que vencedor(a), pues todo lo puedo en Ti, en Tu unción y en Tu Palabra. Así que, no voy a prestar atención a las palabras de mentira, de fracaso y de derrota que me quieran amedrentar, ya que no he recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que yo, ______________ (tu nombre aquí), he recibido el Espíritu de adopción y hoy clamo, ¡Abba! ¡Padre! Yo soy Tuyo(a), Dios, y he vencido, pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que vives en mí y conmigo, que el que está en el mundo. Señor, ¡Todas y cada una de Tus Promesas son en mí, sí y amén! Me someto a Ti, mi Dios, me someto a Tu Palabra, resisto a Satanás y éste tiene que huir de mi vida. No recibo ni la duda, ni el temor, ni la enfermedad, ni la pobreza, ni la angustia, ni la depresión. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Mayo         12        Hch 20. 17-38  /  Jue 14-15  /  Job 42