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martes, 21 de febrero de 2012

¡Cómo puedes dejar de temer a la muerte, de una vez por todas!


Viernes 3 de Febrero de 2012.

¡Resucitó el Señor!

Por Riqui Ricón*

Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día (Luc 24.4-7).

En este día, ante cualquier circunstancia que estés viviendo, es de vital importancia que comprendas, cabalmente, el significado de la resurrección de Jesucristo, pues esta comprensión es el inicio de tu victoria.

En primer lugar, Él destruyó, con su muerte y resurrección, al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y (así) librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (He 2.14-15).

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8.31-32).

La Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, te enseña que si permaneces en la Palabra, creyéndole a Dios, creyéndole a Su Palabra, conocerás la Verdad y la Verdad te hará libre.

La Verdad es que Jesucristo, con su muerte y resurrección, venció al pecado, destruyó al diablo y a su aguijón que es la muerte. Por lo tanto, ahora, en Cristo Jesús, tú eres libre de la servidumbre o esclavitud que te producía el temor a la muerte.

La paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es VIDA ETERNA en Cristo Jesús, Señor nuestro (Ro 6.23). De acuerdo a la escritura Jesús no solamente murió por tus pecados sino que se hizo, así mismo, pecado por amor a ti y de esta forma se te otorgó el regalo de ser hecha(o) justa(o) y con derecho pleno a la VIDA ETERNA, a la cual sólo tiene derecho un(a) legítima(o) Hija(o) de Dios

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga VIDA ETERNA (Jn 3.16).

A pesar de que en Juan 3.16 Dios nos garantiza que TODOS los que creen en Jesús no se pierden sino que TIENEN VIDA ETERNA, es asombroso como los creyentes ignoran o pasan por alto lo que las palabras VIDA ETERNA significan: ¡vivir para siempre! Esto es, ¡no morir!

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo  (1 Co 15.53-57).

Al resucitar Jesús, lo que en Él había de corruptible (pues se hizo un ser humano idéntico en todo a ti y a mí), se vistió de incorrupción, lo que en Él había de mortal se volvió inmortal, siendo Jesucristo, de esta forma, EL PRIMER HIJO DE DIOS NACIDO DE NUEVO, lo que nos lleva al segundo significado de la resurrección de Jesucristo.

Cuando Jesús muere en la cruz,  con Su Sangre paga el justo castigo por tus pecados y al resucitar te da acceso a la vida eterna. Pero no cualquier tipo de vida, no como creaturas, ni como ángeles, sino como Hijas e Hijos LEGÍTIMOS del Dios vivo y verdadero.

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados, llamados por Él mismo, hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él (1 Jn 3.1).

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (Efe 1.5).

Un(a) auténtica(o) y legítima(o) Hija(o) de Dios no puede ser, y no lo es, de ninguna forma, la misma persona pecadora que antes era, sujeta a sus antiguas pasiones, fracasos y derrotas. Por eso, Jesús le dijo a Nicodemo, te es NECESARIO Nacer de Nuevo si quieres ver y entrar al Reino de Dios. Ahora bien, te tengo excelentes noticias, de acuerdo a la Palabra de Dios, ahora tú, un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo, eres igual a Jesús, y con su muerte y resurrección, tienes la victoria sobre la muerte.

Ahora, por ese Amor que el Padre siente por ti, en Cristo Jesús, has sido hecha(o) un(a) Hija de Dios Nacida(o) de Nuevo y sólo puedes ser (no digo que tienes que serlo, sino que ya lo eres) santa(o), justa(o), inmortal e incorruptible.

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (1 Jn 5.1a).

y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efe 4.24).

siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).

Es pues, gracias a la resurrección de Jesús, que la muerte nada tiene en ti, pues no has recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que has recibido el espíritu de adopción, por el cual clamas: ¡Abba, Padre!

¡Has recibido la Vida Eterna y la Nueva Naturaleza: eres, sin lugar a dudas, un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo!

¡Aleluya, el Señor resucitó!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, que hermoso es saber y creer lo que hiciste por Amor a mí. Gracias por no haber escatimado a Tu propio Hijo Jesús, sino que lo entregaste por mí. Señor Jesús, muchas gracias porque Tú, siendo en forma de Dios, no estimaste el ser igual a Dios como cosa a que aferrarte, sino que Te despojaste a Ti mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, Te humillaste a Ti mismo, haciéndote obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Gracias porque con Tu muerte y resurrección, destruiste por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y así, me has hecho libre, pues yo, por el temor de la muerte estaba durante toda mi vida sujeta(o) a servidumbre. ¡Porque Tú moriste, mi vieja(o) naturaleza, mi vieja(o) yo, murió contigo! ¡Porque Tú vives, yo también vivo! ¡La Vida Eterna que Tú tienes, es la misma que adquiriste para mí! ¡Puedo dejar de temerle a la muerte! ¡La muerte ya no se enseñorea más de mí! ¡Gracias! ¡Muchas gracias, Señor Jesús! Ahora puedo, con toda certeza declarar que, ¡Soy sana(o)! ¡Soy libre! ¡Soy próspera! ¡Soy más que vencedor(a)! ¡Todo lo puedo en Cristo! Y, por la Sangre de Jesús, soy dichosa(o) para vivir una vida plena y abundante. Muchas gracias, Señor Jesús. Gracias por esta Nueva Vida en Plenitud que ahora tengo. Gracias por mi sanidad. Gracias por mi salud. Gracias por mi prosperidad. Gracias por el Amor, la paz y el gozo que ahora disfruto. ¡Gracias por mi Victoria sobre la muerte! En el nombre de Jesús. Amén

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2010




Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Febrero 3                               Luc 24.1-12  /  Gen 43  /  Sal 34


martes, 14 de febrero de 2012

¡Aquí está la Verdad con la que vas a vencer!

Jueves 2 de Febrero de 2012.
¡Alégrate!
Por Riqui Ricón*
Alegraos, oh justos, en Jehová; En los íntegros es hermosa la alabanza (Sal 33.1).
Alabar a Dios es un deleite y es muy difícil encontrar un creyente que no se goce al derramar su corazón en alabanza y adoración al que es digno de recibir toda la gloria, por los siglos de los siglos, y éste es, Cristo Jesús.
Sin embargo. existe un deleite mayor, un gozo más excelente, que te permite disfrutar de la Plenitud de Dios, y es el saber y creer que tú eres justa(o), pues el justo(a) se alegra en el Señor.
Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,  para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Ro 3.21-26).
Anteriormente, cuando se hablaba de justicia, integridad y santidad, sentía mucha lástima por mí mismo, pues creía que yo había perdido y desechado esas virtudes al tomar malas decisiones y llevar una vida de pecado. Mas ahora, de acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, ¡he sido justificado gratuitamente por la Gracia de Dios, mediante la redención que Cristo Jesús efectuó para mí pagando el JUSTO precio de mis pecados! Lo cual quiere decir que, sin importar lo que hayas hecho en y con tu vida, ahora, por Cristo Jesús, eres justa(o). ¡Esto lo propició Dios a mi favor para manifestar Su justicia, la cual es más sublime que la nuestra, pasando por alto mis pecados a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús!
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Así que, de tal manera te amó Dios que entregó a Su Hijo PARA QUE TÚ CREAS EN ÉL y tengas vida eterna al ser justificado, HECHO JUSTO, por Su justicia.
Me dirás, sé que la Biblia lo dice, pero ¿cómo puede ser posible eso? Esto sólo es posible mediante la intervención divina, es a través de un milagro asombroso que, satisfaciendo plenamente toda justicia, ha hecho de ti una persona totalmente nueva. Es por medio  del Nuevo Nacimiento que Dios te traslado de las tinieblas a Su luz admirable. Es por medio del Nuevo Nacimiento que Dios te transformo de un(a) miserable pecador(a) condenada(o) a la muerte eterna, a ser justicia de Dios, un(a) Hija(o) amada(o) del Padre celestial, comprada(o) por Amor al precio de la Vida y la Sangre de Su Hijo Jesucristo.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación (2 Co 5.17-19).
Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (1 Jn 5.1a).
Cuando tú reconociste a Jesús como Señor y Salvador de tu vida, el espíritu que tú eres y que estabas muerto, no revivió para seguir siendo el mismo, sino que fuiste creado de nuevo, esto es, hecho totalmente nuevo por el Espíritu Santo y por la Palabra de Dios, para gozar de Vida Eterna Plena y Abundante.
siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
Entonces, has sido declarado por Dios, justo, íntegro y santo, y por lo tanto tienes derecho a una vida llena de gozo, paz, salud, prosperidad y victoria. No me malentiendas, esto no quiere decir que no tendrás problemas o grandes contra tiempos. ¡No! ¡Todo lo contrario! Jesucristo dijo, Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16.33).
Sí, tendrás pruebas y aflicciones, pero de todas ellas te librará el Señor y saldrás más que vencedor(a) por medio de Aquel que te ha amado, Cristo Jesús. Pues tú eres justa(o), eres justicia de Dios y, además, eres de Él, le perteneces, eres Su Hija(o) amada(o) y ya has vencido al mundo pues mayor es el que está en ti que el que está en el mundo.
Así que, sin importar la situación que hoy estés enfrentando, ¡Alégrate! Dios, tu Padre, está contigo, y si Dios es contigo, ¿quién, en verdad pregunto, quién podrá contra ti?
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, es muy hermoso saberme tan amada(o) por Ti. Gracias, Señor Jesús, porque no sólo proveíste para mí el perdón de mis pecados sino que me hiciste justicia de Dios en Ti y me reconciliaste con Dios haciéndome hermana(o) Tuya(o) e Hija(o) del Padre. Por Ti, mi amado Jesús, he Nacido de Nuevo y ahora Dios, el Todopoderoso, es Abba, Padre, mi Papá. Leer de esto en Tu Palabra, la Biblia, me hace conocer la Verdad y la Verdad me hace libre. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Ti, Jesucristo, esta Nueva Vida. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Tu Palabra, esta identidad de Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo, siendo renacida(o), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Por lo tanto, amado Padre celestial, todas y cada una de las Promesas que están en Tu Palabra son mías y para mí. Hoy puedo orar a Ti con la certeza de que me escuchas y me respondes. Tengo gozo y paz en mi corazón pues puedo pedir y recibir. Por lo tanto, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, declaró que soy sana(o) y libre de toda enfermedad o dolencia; creo y recibo la voluntad expresa de mi Padre, Dios Todopoderoso, para ser y vivir prosperada(o) en todas las cosas. Echo fuera de mi vida todo pensamiento de temor y duda resistiendo todo engaño y mentira acerca de mí. Yo soy lo que la Biblia dice que soy. Un(a) Hija(o) amada(o) de Dios; especial tesoro de mi Padre; todo lo puedo en Cristo que me fortalece y en todas las cosas, absolutamente todas las cosas, soy más que vencedor por medio del Amor de Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Señor Jesús, hoy me alegro en el gozo y la paz que brindan el ser la persona que Tú dices que soy. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2010


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Febrero 2                               Luc 23.26-56  /  Gen 42  /  Sal 33

¡En Verdad que tienes derecho a ser mil veces feliz!


Miércoles 1 de Febrero de 2012.

¡Bienaventurada(o) en Verdad!

Por Riqui Ricón*

Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre. Pero ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí…  Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis. Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre. Le soltaré, pues, después de castigarle… Él les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré... Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían; y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos. (Luc 23.4-5, 13-16, 22, 24-25).

¡Tres veces reconoció Pilatos que Jesús era inocente de todo lo que le acusaban! Al final, cedió a la presión de los religiosos judíos para cometer un acto de injusticia. Sin embargo, esa falta de justicia humana fue la que satisfizo la justicia de Dios. Jesús, el unigénito Hijo del Padre, pagó, con su propia vida, el justo castigo por todos tus pecados.

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1 P 3.18).

Lo que finalmente consiguió Jesús al morir en esa cruz por Amor a ti, sólo Dios te lo puede ofrecer, pues va mucho más allá de la misericordia divina.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo  (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús (Efe 2.4-7).

No solamente es que te salvó de haberte perdido en el infierno por toda la eternidad a causa de lo que tú hiciste con tu vida, sino que, el acto de justicia y amor fue tan pleno y abundante, que ahora te permite recibir la Vida Nueva que Dios siempre deseo para ti como un(a) Hija(o) Suya(o).

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño (Sal 32.1-2).

Ese hombre, esa mujer, a quien ahora Dios no culpa de iniquidad eres tú, Su Hija(o) amada(o). Y, por lo tanto, de acuerdo a las Escrituras, esto te hace una persona Bienaventurada, lo cual significa, que estás habilitada(o) por la Palabra de Dios para vivir una vida plena y abundante y ser mil veces feliz.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10.10).

Oremos en voz audible:

¡Gracias Señor, por tu gran amor con que me amaste. Cada día, al leer y meditar más en Tu Palabra, me doy cuenta de cuánto me has amado y lo bienaventurada(o) que en Verdad soy! Ahora sé que, por lo que Tú hiciste por mí en la cruz, Señor Jesús, no sólo fui perdonada(o) de todos mis pecados, sino que, y sobre todo, Dios, el Todopoderoso, me ha adoptado como Hija(o) Suya(o), según el puro  afecto de Su Voluntad. Yo estoy en Cristo y las cosas viejas ya pasaron he aquí que TODA mi vida es hecha Nueva. Gracias amado Padre celestial, muchas gracias. Hoy puedo levantarme y hacer frente a cualquier circunstancia adversa en mi vida, porque sé que sé, que Tú, mi Dios estás conmigo. Y qué pues diremos a esto, si Dios es conmigo, ¿quién contra mí? El que no escatimo ni a Su propio Hijo sino que lo entregó por amor a mí, ¿cómo no me dará, juntamente con Él, todas las cosas? ¡Gracias Abba, Padre! Hoy oro a Ti para declarar en plena certeza de fe, que en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ha amado, Cristo Jesús. Así que, TODO lo puedo en Cristo que me fortalece. Yo soy Tu Hija(o) y ya he vencido, porque mayor eres Tú, que estás en mí, que el que está en el mundo. ¡Soy sana(o)! ¡Soy libre! ¡Soy próspera(o)! En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2010




Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Febrero 1                               Luc 23.1-25  /  Gen 41  /  Sal 32


viernes, 10 de febrero de 2012

¡Cómo orar de tal forma que obtengas la victoria!

Martes 31 de Enero de 2012.
¡Levántate y ora!
Por Riqui Ricón*
Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación (Luc 22.45-46).
Ya sea con tristeza, desilusión, temor, angustia, resentimiento, soledad, depresión enfermedad, pobreza o cualquier tipo de aflicción, Satanás pretende, con todos sus recursos, mantenerte dormida(o), en una especie de sopor o letargo espiritual, con el propósito de evitar, a toda costa, que despiertes y te des cuenta quién ahora tú eres en Cristo Jesús.
¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios (Jn 8.43-47).
De acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Honor de Dios, quien no miente, la buena noticia es que Satanás es mentiroso, padre de mentira y no hay verdad en él, por lo tanto, ninguno de los recursos que esté utilizando en tu contra son verdad. La mejor noticia es que Jesús sólo habla la verdad y, en consecuencia, puedes poner toda tu confianza en Su Palabra. La excelente noticia es que tú, mi amada(o), eres de Dios, comprada(o) por Amor al precio de la Sangre de Su Hijo Jesucristo, para ser hecha(o) un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo y, sin lugar a dudas, escuchas la voz de tu Padre y Su Palabra tiene un lugar en tu nuevo corazón.
Así que, ¡no te dejes engañar! Siempre que te sientas triste, angustiada(o), temerosa(o), deprimida(o), sola(o) o simplemente preocupada(o), debes hacerte un par de preguntas, ¿de dónde vienen estos sentimientos y emociones que rigen mi estado de ánimo y llegan afectar mi relación con Dios y los demás? ¿Qué voz estoy escuchando?
Así es, debes hacerte esas preguntas recordando que la voz de tu Padre SIEMPRE te dirá lo importante, capaz y valiosa(o) que ahora tú eres. La voz del Padre te da identidad, NUNCA te la quita. Siempre le escucharás decirte, Hija(o) mía(o), Yo he decretado en mi Palabra que tú TODO lo puedes en Cristo Jesús que te fortalece; que tú eres mía(o) y ya has vencido porque mayor Soy Yo, que estoy en ti y contigo, que el que está en el mundo; que en TODAS las cosas eres más que vencedor(a) por medio de Aquel que te ha amado, mi Hijo, Cristo Jesús.
El pasaje anterior, donde Jesús encuentra a sus discípulos durmiendo mientras Él oraba, nos destaca la importancia de orar. Y esto es verdad, es de vital trascendencia orar sin desmayar, PERO, ¿cómo orar cuando estás cargada(o) de tristeza, miedo y ansiedad? A lo mucho podrás clamar desesperadamente ¡ayúdame Señor! Lo hermoso es que Él SIEMPRE te va a responder porque Él es fiel y no faltará JAMÁS a Su Palabra.
En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme. Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por tu nombre me guiarás y me encaminarás (Sal 31.1-3).
La verdadera enseñanza acerca de la oración es que, si confías en Dios, si le crees a Su Palabra, no serás confundida(o) jamás; Él será tu roca y tu castillo; por Su Nombre te guiará y  te encaminará.
Por lo tanto, antes de orar tienes que creer, creerle a Él, creerle a Su Palabra, la Biblia, para llegar delante de Su Presencia diciendo: Padre, a Ti nada te es oculto pues Tu Palabra, la Biblia, dice que aún no están las palabras en mi boca y Tú ya las conoces todas; así que, vengo en el nombre de Tu Hijo Jesucristo a declarar mi victoria sobre todo problema y circunstancia. Tú has establecido que a los que te amamos TODAS LAS COSAS les ayudan a bien y yo lo creo. Por eso declaro que esto que hoy estoy viviendo, tarde que temprano, se volverá en un bien para mi vida, en el nombre de Jesús. Gracias Señor, porque no hay forma en que yo vaya a perder, pues esta es la victoria que ha vencido al mundo, mi fe. Mi fe en Ti, Padre eterno. Mi fe en Tu Palabra. Gracias Padre porque no me has dejado nunca, ni me dejarás, porque me has amado con tan grande amor y me has hecho tu Hija(o). Por lo que Tú hiciste en la cruz, Señor Jesús, y por Tu Palabra, ¡Soy sana(o)! ¡Soy libre! ¡Soy próspera! ¡Soy más que vencedor(a)! ¡Todo lo puedo en Cristo! Y, por la Sangre de Jesús, soy dichosa(o) para vivir una vida plena y abundante. Muchas gracias, Señor Jesús. Gracias por esta Nueva Vida en Plenitud que ahora tengo. Gracias por mi sanidad. Gracias por mi salud. Gracias por mi prosperidad. Gracias por el Amor, la paz y el gozo que ahora disfruto. En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2010


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Enero 31                                Luc 22.39-71  /  Gen 40  /  Sal 31

viernes, 3 de febrero de 2012

¿Quién te asegura que este será el mejor año de tu vida?

Lunes 30 de Enero de 2012.
¡Soy Hija(o) de Dios! ¡Soy Hija(o) del Nuevo Pacto!
Por Riqui Ricón*
Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama (Luc 22.19-20).
Existen muchos creyentes hoy en día que no tienen un conocimiento correcto acerca de lo que significa el Nuevo Pacto, al cual Jesucristo hizo referencia cuando instituyó la Santa Cena. La mayoría piensa que se trata de la vida que ahora podemos llevar en base al Nuevo Testamento de sus Biblias, y algunos llegan al colmo de la ignorancia al afirmar que sus vidas ya no están más regidas por la ley del Antiguo Testamento sino por la Gracia del Nuevo Testamento.
el ladrón no viene sino para hurta y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10.10)
El problema, por ignorar el verdadero significado del Nuevo Pacto, surge cuando, en contraste con lo que Jesucristo dice en el Nuevo Testamento, la realidad es que la vida del común de los cristianos está carente de esa abundancia o plenitud de vida que debieran experimentar. ¿Qué sucede? Que desconocen lo que el Nuevo Pacto es y, por lo tanto, ceden, sin saberlo, el derecho que les asiste para vivir una vida plena y abundante.
Veamos, en el Antiguo Testamento, la promesa del Nuevo Pacto y sus implicaciones.
He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto  con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jer 31.31-34).
Al prometer un Nuevo Pacto, Dios se comprometió a que haría algo tan rotundo y contundente que quitaría, definitivamente, el pecado de en medio de tu relación con Él. Dios prometió que pondría Su Ley, la Palabra, en tu mente y corazón. Esto significaría, según Dios, un cambio tan profundo e interno que ya nadie más necesitaría ser enseñado acerca de Él pues, así, se establecería una relación tan íntima con Él como la de un Padre con su hijo.
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 6.23).
Jesucristo pagó el justo castigo por tus pecados, devolviéndote, con su muerte, la vida que habías perdido.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Así que por Su Gran Amor con que te amó, el Padre te ofrece vida y plenitud por medio de Su Hijo, Jesucristo, en lugar de muerte y condenación. Pero, ¿cómo se logró esto? Por el Nuevo Pacto que actuó en tu vida cuando recibiste a Jesús como Señor y Salvador, y, conforme a lo establecido por Dios en Su Palabra, la Biblia, en ese momento varios milagros sucedieron dentro de ti:
Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra (Eze 36.26-27).
Dios resolvió el asunto del pecado en tu vida de una forma drástica y contundente: el hombre (la mujer) de pecado tendría que morir, tendría que ser destruida(o), y en su lugar Dios creo otra(o) totalmente nueva(o). Al aceptar a Jesucristo como Señor y Salvador, aceptaste el Nuevo Pacto en Su Sangre, Su muerte y resurrección. Entonces, Dios, en cumplimiento a Su Palabra, te hizo un espíritu nuevo, te dio un nuevo corazón y puso dentro de ti, y contigo, Su Espíritu Santo.
siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
Esto, mi amada(o), representa la Sangre del Nuevo Pacto, la esencia de un Pacto donde Dios, a través de la fe en Su Palabra y en el sacrificio de Jesús, te ha hecho nueva criatura: un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo, no de una semilla corruptible, sino de la simiente incorruptible que es Su Palabra que vive y permanece para siempre.
Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas (He 8.6).
Ahora, tienes Vida Eterna y eres un(a) Hija(o) de Dios porque Él cumplió Su promesa de hacer un Nuevo Pacto, establecido con mejores promesas mediante la Sangre de Su Hijo Jesús.
Tienes Vida Eterna y eres un(a) Hija(o) de Dios porque, en cumplimiento al Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, todos tus pecados fueron pagados y Dios te hizo nueva creatura, creando NUEVO el espíritu que, ahora, tú eres; dotándote de un corazón NUEVO donde Él ya pudo escribir Su Ley; y, además, como garantía, puso al Espíritu Santo dentro de ti por amigo y ayudador tuyo.
Esto te coloca en la verdadera dimensión de la plenitud y la vida abundante que tu Padre proveyó para ti, pues no  se trata de lo que estés percibiendo, sintiendo o enfrentando en este momento, sino de lo que dice, acerca de ti, la Verdad infalible e inalterable de la Palabra de Dios.
¡Eres Hija(o) de Dios! ¡Eres Hija(o) del Nuevo Pacto!
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, que asombroso es Tu Amor por mí. Te doy las gracias por haber dado a Tu Hijo Jesús como el precio justo y correcto por la redención de mi vida y de mi existencia. Señor Jesús, por el Nuevo Pacto en Tu Sangre, ahora yo tengo Vida Eterna y todo el derecho de hacer de ella una Vida Plena y Abundante. Por el Nuevo Pacto en Tu Sangre he sido justificada(o), perdonada(o), santificada(o) y perfeccionada(o) para ser hecha(o) un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo. ¡Gracias! ¡Muchas gracias, Señor Jesús! Sin importar las circunstancias que hoy estoy enfrentando, ahora sé que de todas ellas saldré más que vencedor(a), pues soy un(a) Hija(o) del Rey y todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Así que, soy sana(o), soy libre y soy prospera(o) para vivir una Vida Plena y Abundante. ¡Recibo Tu Amor! ¡Recibo Tu Gozo! ¡Recibo Tu Paz! ¡Por la Sangre de Jesús que no hay forma que yo pueda perder en esta vida! ¡Amén!
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2010


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Enero 30                                Luc 22.1-38  /  Gen 39  /  Sal 30