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miércoles, 1 de octubre de 2014

¡Cómo puedes, de una vez por todas, obtener la Victoria!

 

27 de Septiembre

¡Creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra!

Por Riqui Ricón*

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios… Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Jn 5.1a, 4).

Doy gracias a Dios por la claridad y sencillez con las que estableció en Su Palabra tu cambio de vida, esto es: tu liberación de la ley del pecado y de la muerte; la renovación total de tu existencia; ¡tu Nuevo Nacimiento!

Así es, si tú crees que Jesús es el Cristo, el Mesías Salvador de los hombres, quien pagó con Su Sangre y con Su Vida el castigo de todos tus pecados, entonces, tú, mi querido(a) hermano(a), según la Biblia, que es la Palabra de Dios, y no miente, eres Nacido(a) de Dios.

Y, puesto que la Escritura establece que tú has Nacido de Nuevo no de simiente corruptible sino de incorruptible por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23), entonces, Dios ha establecido en Su Palabra que tú eres el que vence al mundo con tu fe, ¡creyéndole a Él, creyendo Su Palabra!

Efectivamente, Dios lo dice y es la verdad. No depende de si te sientes o te ves en victoria en este momento de tu vida o si lo sientes o no lo sientes, ni tampoco depende de si te ves a ti mismo(a) en victoria. Sólo depende de si lo crees o no lo crees. Sólo depende de si en realidad crees que la Biblia es la Palabra de Dios y que por lo tanto es la Verdad.

Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? (Num 23.19).

Es por esto que la victoria que vence toda enfermedad, toda pobreza, toda angustia, toda soledad, toda depresión y toda aflicción es tu fe, que es creerle a Dios, creyendo Su Palabra. Así es, no sólo se trata de creer en Dios sino creerle a Dios. Creer a Su Palabra, la Biblia.

Si acaso llegas a pensar que estoy siendo demasiado reiterativo con lo de creerle a Dios, creyendo Su Palabra, quisiera decirte que no lo he sido lo suficiente, pues la única llave, la única clave, para que realices la Vida Plena y Victoriosa que tu Padre celestial anhela para ti, está en que hagas de Su Palabra, la Biblia, la norma máxima de tu existencia.

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16.33).

En medio de cualquier problema, enfermedad o aflicción, tú puedes encontrar la perfecta Paz en las Palabras de Jesús y puedes confiar en Él, pues Jesús ya ha vencido al mundo.

Esta es tu victoria; esta es tu paz y tu gozo: saber que Dios no puede mentir, que Él tiene Palabra de Honor y primero el cielo y la tierra pasarán antes que deje de cumplirte una sola de Sus Palabras.

El cielo y la tierra pasarán,  pero mis palabras no pasarán (Luc 21.33).

No son tus circunstancias las que determinan tu victoria. No lo son los resultados médicos, ni los muchos o pocos recursos económicos de los que dispongas. Tampoco lo son tus habilidades o capacidades para resolver los conflictos y problemas familiares. ¡Lo que determina tu victoria es tu fe!

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.  Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos (Isa 26.3-4).

Dios, tu Padre, se ha comprometido a guardarte en completa paz cuando tú perseveras manteniéndote constante y persistentemente confiando en Él, creyendo Su Palabra. Al fin y al cabo, Dios tiene Palabra de Honor y si Él dice que en todas las cosas saldrás más que vencedor(a), entonces, es cosa segura, puedes confiar que, efectivamente, saldrás más que vencedor(a) por medio de Aquel que te ama, Cristo Jesús.

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Ro 8.37).

Tu vida y tu victoria están garantizadas por la Palabra de Honor de tu Padre celestial. ¡Puedes tener paz!

Os he dicho todas estas cosas para que en mí encontréis vuestra paz. Siempre tendréis en el mundo pruebas que os afligirán, pero confiad en mí, porque yo he vencido al mundo (Jn 16.33 CST).

Confiar en Dios (creer que la Biblia es en verdad la Palabra de Dios), es la clave para que comiences a vivir, de una vez por todas, una vida plena y dichosa.

Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía (Sal 84.12).

Todas las cosas que la Biblia asegura acerca de ti fueron declaradas por Dios en Su Palabra para que tú tengas la certeza que Él te ama y que tuya es la Victoria:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Recuerda siempre que Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo, Jesús, para que pagara todos tus pecados, antes que perderte a ti.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Co 5.21).

Has sido declarado(a) justo(a) por Dios, y eso es exactamente lo que tú eres, ¡Justo(a)!

Mirad qué grande es el amor del Padre, que nos llamamos hijos de Dios, ¡y lo somos! Sin embargo, el mundo no nos reconoce porque no conoce a Dios (1 Jn 3.1 CST).

Literal y legítimamente, ahora eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacida(o) de Nuevo.

porque en vosotros se ha operado un nuevo nacimiento, que ya no es debido a una simiente corruptible, sino a la incorruptible y permanente palabra de Dios (1 P 1.23 CST).

A pesar de todo lo que el diablo pretende hacerte creer, la Verdad es que tú YA NO ERES la misma persona que solías ser. Ese (esa) pecador(a) vendido(a) al pecado y destinado(a) a la muerte eterna YA NO EXISTE MÁS. ¡Murió en la cruz!

¿Qué otra cosa podemos decir? ¿Seguiremos pecando, para que Dios pueda manifestar más ampliamente su gracia salvadora?  ¡De ninguna manera! No podemos seguir viviendo bajo el dominio del pecado después de haber muerto en lo que al pecado respecta. Entended esto: todos los que hemos sido bautizados en el nombre de Cristo Jesús, por el hecho mismo del bautismo estamos unidos a él en su muerte. Simbólicamente, nuestra vieja naturaleza amante del pecado quedó muerta y sepultada con Cristo en el bautismo, para que podamos andar en una maravillosa vida nueva, de acuerdo con la nueva vida que él recibió al ser resucitado de entre los muertos por el glorioso poder de Dios Padre. De este modo pasamos a formar parte de él mismo. Por así decirlo, cuando él murió, nosotros morimos con él, pero ahora compartimos su nueva vida porque también resucitamos con él en su resurrección (Ro 6.1-5 CST).

¡Literal y legítimamente TÚ ERES un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!

No en vano la Escritura dice: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Co 5.17).

Satanás siempre tratará, una y otra vez, de convencerte que esto no es verdad, pero recuerda:

Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo;  y esta es la victoria que ha vencido al mundo,  nuestra fe [creerle a Dios, creyendo Su Palabra] (1 Jn 5.4).

Pues todo hijo de Dios vence este mundo de maldad, y logramos esa victoria por medio de nuestra fe [creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra] (1 Jn 5.4 NTV).

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, dichoso(a), mil veces feliz y pleno(a) el hombre y la mujer que en Ti confían. Gracias porque puedo confiar en Ti. Yo confío en Ti, Señor Jesús. Tú me guardas en completa paz. Tú eres mi luz y mi salvación, eres mi sanador y libertador, me sostienes con Tu diestra de Justicia y me has dado la victoria. Yo te creo Señor, creo Tu Palabra y no voy a temer. Desecho de mi vida la duda, el temor y la incredulidad. Yo soy Tu Hijo(a) y puedo declarar con toda certeza: Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado (Sal 27.1-3). Ante cualquier circunstancia adversa, yo, ____________ (tu nombre aquí), creo y declaro que Tú, Señor, aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con aceite fresco. Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos; Oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos. Yo soy justo(a) y floreceré como la palmera; Creceré como cedro en el Líbano. Estoy Plantado(a) en la casa de Jehová, En los atrios de mi Dios floreceré. Aun en la vejez fructificaré; Estaré vigoroso(a) y verde, Para anunciar que Tú, Jehová,  mi fortaleza eres recto, Y que en Ti no hay injusticia. Así que, ¡Abba! ¡Padre! Yo soy Tuyo(a), y en Cristo Jesús ya he vencido, pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que vives en mí y conmigo, que el que está en el mundo. Padre, ¡Todas y cada una de Tus Promesas son en mí, sí y amén! Me someto a Ti, mi Dios y Padre, me someto a Tu Palabra, resisto a Satanás y éste tiene que huir de mi vida. No recibo ni la duda, ni el temor, ni la enfermedad, ni la pobreza, ni la angustia, ni la depresión. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Septiembre 27                     1 Jn 5  /  Es 3-4  /  Sal 92

 


 

 

sábado, 28 de septiembre de 2013

¡Cómo puedes, de una vez por todas, obtener la Victoria!

 
Viernes 27 de Septiembre de 2013.
¡Creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra!
Por Riqui Ricón*
Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios… Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Jn 5.1a, 4).
Doy gracias a Dios por la claridad y sencillez con las que estableció en Su Palabra tu cambio de vida, esto es: tu liberación de la ley del pecado y de la muerte; la renovación total de tu existencia; ¡tu Nuevo Nacimiento!
Así es, si tú crees que Jesús es el Cristo, el Mesías Salvador de los hombres, quien pagó con Su Sangre y Vida el castigo de todos tus pecados, entonces, tú, mi querido(a) hermano(a), según la Biblia, que es la Palabra de Dios, y no miente, eres Nacido(a) de Dios.
Y, puesto que la Escritura establece que tú has Nacido de Nuevo no de simiente corruptible sino de incorruptible por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23), por si fuera poco, Dios ha establecido en Su Palabra que tú eres el que vence al mundo con tu fe, ¡creyéndole a Él, creyendo Su Palabra!
Efectivamente, Dios lo dice y es la verdad. No depende de si te sientes o te ves en victoria en este momento o si no lo sientes, ni te ves a ti mismo(a) en victoria. Sólo depende de si lo crees o no lo crees. Sólo depende de si crees que la Biblia es la Palabra de Dios y por lo tanto es la Verdad.
Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? (Num 23.19).
Dijo Jesús: ¿Cómo "si puedes"? Para el que cree, todo es posible. (Mar 9.23 CST).
Es por esto que la victoria que vence toda enfermedad, toda pobreza, toda angustia, toda soledad, toda depresión y toda aflicción es tu fe (creerle a Dios, creyendo Su Palabra). Así es, no sólo se trata de creer en Dios sino creerle a Dios. Creer a Su Palabra, la Biblia.
Esta es tu victoria; esta es tu paz y tu gozo: saber que Dios no puede mentir, que Él tiene Palabra de Honor y primero el cielo y la tierra pasarán antes que deje de cumplirte una sola de Sus Palabras.
El cielo y la tierra pasarán,  pero mis palabras no pasarán (Luc 21.33).
No son tus circunstancias las que determinan tu victoria. No lo son las pruebas médicas, ni los recursos económicos. Tampoco lo son tus habilidades o capacidades para resolver los conflictos y problemas familiares. ¡Lo que determina tu victoria es tu fe!
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.  Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos (Isa 26.3-4).
Dios, tu Padre, se ha comprometido a guardarte en completa paz cuando tú perseveras manteniéndote constante y persistentemente confiando en Él, creyendo Su Palabra. Al fin y al cabo, Dios tiene Palabra de Honor y si Él dice que en todas las cosas saldrás más que vencedor(a), entonces, es cosa segura, puedes confiar que, efectivamente, saldrás más que vencedor(a) por medio de Aquel que te ama, Cristo Jesús.
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Ro 8.37).
Tu vida y tu victoria están garantizadas por la Palabra de Honor de tu Padre celestial. ¡Puedes tener paz!
Os he dicho todas estas cosas para que en mí encontréis vuestra paz. Siempre tendréis en el mundo pruebas que os afligirán, pero confiad en mí, porque yo he vencido al mundo (Jn 16.33 CST).
Confiar en Dios (creer que la Biblia es en verdad la Palabra de Dios), es la clave para que comiences a vivir, de una vez por todas, una vida plena y dichosa.
Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía (Sal 84.12).
Todas las cosas que la Biblia asegura acerca de ti fueron declaradas por Dios para que tengas la certeza que Él te ama y que tuya es la Victoria:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo, Jesús, para que pagara todos tus pecados, antes que perderte a ti.
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Co 5.21).
Has sido declarado(a) justo(a) por Dios, y eso es exactamente lo que tú eres, ¡justo(a)!
Mirad qué grande es el amor del Padre, que nos llamamos hijos de Dios, ¡y lo somos! Sin embargo, el mundo no nos reconoce porque no conoce a Dios (1 Jn 3.1 CST).
Literal y legítimamente, ahora eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacida(o) de Nuevo.
porque en vosotros se ha operado un nuevo nacimiento, que ya no es debido a una simiente corruptible, sino a la incorruptible y permanente palabra de Dios (1 P 1.23 CST).
A pesar de todo lo que el diablo pretende hacerte creer, la Verdad es que tú YA NO ERES la misma persona que solías ser. Ese (esa) pecador(a) vendido(a) al pecado y destinado(a) a la muerte eterna YA NO EXISTE MÁS. ¡Murió en la cruz!
¿Qué otra cosa podemos decir? ¿Seguiremos pecando, para que Dios pueda manifestar más ampliamente su gracia salvadora?  ¡De ninguna manera! No podemos seguir viviendo bajo el dominio del pecado después de haber muerto en lo que al pecado respecta. Entended esto: todos los que hemos sido bautizados en el nombre de Cristo Jesús, por el hecho mismo del bautismo estamos unidos a él en su muerte. Simbólicamente, nuestra vieja naturaleza amante del pecado quedó muerta y sepultada con Cristo en el bautismo, para que podamos andar en una maravillosa vida nueva, de acuerdo con la nueva vida que él recibió al ser resucitado de entre los muertos por el glorioso poder de Dios Padre. De este modo pasamos a formar parte de él mismo. Por así decirlo, cuando él murió, nosotros morimos con él, pero ahora compartimos su nueva vida porque también resucitamos con él en su resurrección (Ro 6.1-5 CST).
¡Literal y legítimamente TÚ ERES un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!
No en vano la Escritura dice: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Co 5.17).
Satanás siempre tratará, una y otra vez, de convencerte que esto no es verdad, pero recuerda:
Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo;  y esta es la victoria que ha vencido al mundo,  nuestra fe [creerle a Dios, creyendo Su Palabra] (1 Jn 5.4).
Pues todo hijo de Dios vence este mundo de maldad, y logramos esa victoria por medio de nuestra fe [creerle a Dios, creyendo Su Palabra] (1 Jn 5.4 NTV).
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, dichoso(a), mil veces feliz y pleno(a) el hombre y la mujer que en Ti confían. Gracias porque puedo confiar en Ti. Yo confío en Ti, Señor Jesús. Tú me guardas en completa paz. Tú eres mi luz y mi salvación, eres mi sanador y libertador, me sostienes con Tu diestra de Justicia y me has dado la victoria. Yo te creo Señor, creo Tu Palabra y no voy a temer. Desecho de mi vida la duda, el temor y la incredulidad. Yo soy Tu Hijo(a) y puedo declarar con toda certeza: Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado (Sal 27.1-3). Ante cualquier circunstancia adversa, yo, ____________ (tu nombre aquí), creo y declaro que Tú, Señor, aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con aceite fresco. Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos; Oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos. Yo soy justo(a) y floreceré como la palmera; Creceré como cedro en el Líbano. Estoy Plantado(a) en la casa de Jehová, En los atrios de mi Dios floreceré. Aun en la vejez fructificaré; Estaré vigoroso(a) y verde, Para anunciar que Tú, Jehová,  mi fortaleza eres recto, Y que en Ti no hay injusticia. Así que, ¡Abba! ¡Padre! Yo soy Tuyo(a), y en Cristo Jesús ya he vencido, pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que vives en mí y conmigo, que el que está en el mundo. Padre, ¡Todas y cada una de Tus Promesas son en mí, sí y amén! Me someto a Ti, mi Dios y Padre, me someto a Tu Palabra, resisto a Satanás y éste tiene que huir de mi vida. No recibo ni la duda, ni el temor, ni la enfermedad, ni la pobreza, ni la angustia, ni la depresión. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Septiembre 27                        1 Jn 5  /  Es 3-4  /  Sal 92
 


martes, 21 de febrero de 2012

¡Cómo puedes dejar de temer a la muerte, de una vez por todas!


Viernes 3 de Febrero de 2012.

¡Resucitó el Señor!

Por Riqui Ricón*

Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día (Luc 24.4-7).

En este día, ante cualquier circunstancia que estés viviendo, es de vital importancia que comprendas, cabalmente, el significado de la resurrección de Jesucristo, pues esta comprensión es el inicio de tu victoria.

En primer lugar, Él destruyó, con su muerte y resurrección, al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y (así) librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (He 2.14-15).

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8.31-32).

La Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, te enseña que si permaneces en la Palabra, creyéndole a Dios, creyéndole a Su Palabra, conocerás la Verdad y la Verdad te hará libre.

La Verdad es que Jesucristo, con su muerte y resurrección, venció al pecado, destruyó al diablo y a su aguijón que es la muerte. Por lo tanto, ahora, en Cristo Jesús, tú eres libre de la servidumbre o esclavitud que te producía el temor a la muerte.

La paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es VIDA ETERNA en Cristo Jesús, Señor nuestro (Ro 6.23). De acuerdo a la escritura Jesús no solamente murió por tus pecados sino que se hizo, así mismo, pecado por amor a ti y de esta forma se te otorgó el regalo de ser hecha(o) justa(o) y con derecho pleno a la VIDA ETERNA, a la cual sólo tiene derecho un(a) legítima(o) Hija(o) de Dios

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga VIDA ETERNA (Jn 3.16).

A pesar de que en Juan 3.16 Dios nos garantiza que TODOS los que creen en Jesús no se pierden sino que TIENEN VIDA ETERNA, es asombroso como los creyentes ignoran o pasan por alto lo que las palabras VIDA ETERNA significan: ¡vivir para siempre! Esto es, ¡no morir!

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo  (1 Co 15.53-57).

Al resucitar Jesús, lo que en Él había de corruptible (pues se hizo un ser humano idéntico en todo a ti y a mí), se vistió de incorrupción, lo que en Él había de mortal se volvió inmortal, siendo Jesucristo, de esta forma, EL PRIMER HIJO DE DIOS NACIDO DE NUEVO, lo que nos lleva al segundo significado de la resurrección de Jesucristo.

Cuando Jesús muere en la cruz,  con Su Sangre paga el justo castigo por tus pecados y al resucitar te da acceso a la vida eterna. Pero no cualquier tipo de vida, no como creaturas, ni como ángeles, sino como Hijas e Hijos LEGÍTIMOS del Dios vivo y verdadero.

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados, llamados por Él mismo, hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él (1 Jn 3.1).

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (Efe 1.5).

Un(a) auténtica(o) y legítima(o) Hija(o) de Dios no puede ser, y no lo es, de ninguna forma, la misma persona pecadora que antes era, sujeta a sus antiguas pasiones, fracasos y derrotas. Por eso, Jesús le dijo a Nicodemo, te es NECESARIO Nacer de Nuevo si quieres ver y entrar al Reino de Dios. Ahora bien, te tengo excelentes noticias, de acuerdo a la Palabra de Dios, ahora tú, un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo, eres igual a Jesús, y con su muerte y resurrección, tienes la victoria sobre la muerte.

Ahora, por ese Amor que el Padre siente por ti, en Cristo Jesús, has sido hecha(o) un(a) Hija de Dios Nacida(o) de Nuevo y sólo puedes ser (no digo que tienes que serlo, sino que ya lo eres) santa(o), justa(o), inmortal e incorruptible.

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (1 Jn 5.1a).

y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efe 4.24).

siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).

Es pues, gracias a la resurrección de Jesús, que la muerte nada tiene en ti, pues no has recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que has recibido el espíritu de adopción, por el cual clamas: ¡Abba, Padre!

¡Has recibido la Vida Eterna y la Nueva Naturaleza: eres, sin lugar a dudas, un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo!

¡Aleluya, el Señor resucitó!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, que hermoso es saber y creer lo que hiciste por Amor a mí. Gracias por no haber escatimado a Tu propio Hijo Jesús, sino que lo entregaste por mí. Señor Jesús, muchas gracias porque Tú, siendo en forma de Dios, no estimaste el ser igual a Dios como cosa a que aferrarte, sino que Te despojaste a Ti mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, Te humillaste a Ti mismo, haciéndote obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Gracias porque con Tu muerte y resurrección, destruiste por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y así, me has hecho libre, pues yo, por el temor de la muerte estaba durante toda mi vida sujeta(o) a servidumbre. ¡Porque Tú moriste, mi vieja(o) naturaleza, mi vieja(o) yo, murió contigo! ¡Porque Tú vives, yo también vivo! ¡La Vida Eterna que Tú tienes, es la misma que adquiriste para mí! ¡Puedo dejar de temerle a la muerte! ¡La muerte ya no se enseñorea más de mí! ¡Gracias! ¡Muchas gracias, Señor Jesús! Ahora puedo, con toda certeza declarar que, ¡Soy sana(o)! ¡Soy libre! ¡Soy próspera! ¡Soy más que vencedor(a)! ¡Todo lo puedo en Cristo! Y, por la Sangre de Jesús, soy dichosa(o) para vivir una vida plena y abundante. Muchas gracias, Señor Jesús. Gracias por esta Nueva Vida en Plenitud que ahora tengo. Gracias por mi sanidad. Gracias por mi salud. Gracias por mi prosperidad. Gracias por el Amor, la paz y el gozo que ahora disfruto. ¡Gracias por mi Victoria sobre la muerte! En el nombre de Jesús. Amén

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2010




Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Febrero 3                               Luc 24.1-12  /  Gen 43  /  Sal 34