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sábado, 2 de noviembre de 2019

¿Qué necesitas para salir adelante?



3 de Noviembre
¡Basta una Palabra del Señor!
Por Riqui Ricón*

Mira mi aflicción, y líbrame, Porque de tu ley no me he olvidado. Defiende mi causa, y redímeme; Vivifícame con tu palabra. Lejos está de los impíos la salvación, Porque no buscan tus estatutos. Muchas son tus misericordias, oh Jehová; Vivifícame conforme a tus juicios… Mira, oh Jehová, que amo tus mandamientos; Vivifícame conforme a tu misericordia. La suma de tu palabra es verdad, Y eterno es todo juicio de tu justicia (Sal 119.153-156, 159-160).
A nosotros los creyentes, los que hemos hecho a Jesús el Señor y Salvador de nuestras vidas y que por lo tanto hemos Nacido de Nuevo como Hijos de Dios, no nos cabe la menor duda que la Biblia es la Palabra de Dios y es la Verdad.
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado (Isa 26.3).
Aún en medio de problemas y aflicciones tú puedes tener dicha y paz pues conoces la Verdad y sabes que en todas las cosas eres más que vencedor(a), pues Dios lo ha establecido así en Su Palabra.
Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte (Jer 1.19).
¡Tienes la Victoria asegurada! Sólo tienes que perseverar en hacer de la Palabra de Dios la norma máxima de tu Vida, poniéndola en tu mente, boca y corazón.
Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? (Mat 14.28-31).
En aquella noche que Jesús caminó sobre las aguas y sus discípulos, amedrentados, pensaban que veían un fantasma, Él les animo diciéndoles no tengan miedo, soy yo; sin embargo Pedro dijo, si eres Tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y Jesús le contestó, ven. Eso era todo lo que Pedro necesitaba, UNA PALABRA de Jesús y entonces, él comenzó a caminar sobre las aguas.
De la misma forma tú, como Pedro, solo necesitas CREERLE a Dios. El problema surge cuando el fuerte viento, los problemas, la enfermedad o cualquier aflicción pueden convencerte que en esta ocasión ellos son mayores que la Palabra y te infunden temor. El temor produce duda y la duda apaga tu fe.
Mientras él todavía hablaba con ella, llegó un mensajero de la casa de Jairo, el líder de la sinagoga y le dijo: «Tu hija está muerta. Ya no tiene sentido molestar al Maestro». Pero, cuando Jesús oyó lo que había sucedido, le dijo a Jairo: «No tengas miedo. Sólo ten fe, y ella será sanada» (Luc 8.49-50 NTV).
Cuando a Jairo llegaron avisarle que su hija había muerto y ya no había más esperanza, Jesús contuvo al espíritu de temor y duda al declarar: ¡Jairo, no temas cree solamente!
Es la Palabra de Dios la que te vivifica, la que te da vida para no temer y salir victorioso(a) en medio de las más terribles circunstancias. Es por esto que el salmista oraba: Mira mi aflicción, y líbrame, Porque de tu ley no me he olvidado. Defiende mi causa, y redímeme; Vivifícame con tu palabra.
La Verdad es que Dios no miente, y confiar en Él no es difícil, pues si Dios lo dijo, entonces Él lo va a cumplir; si Dios lo habló, entonces Él lo va a ejecutar.
Venga a mí tu misericordia, oh Jehová; Tu salvación, conforme a tu dicho. Y daré por respuesta a mi avergonzador, Que en tu palabra he confiado (Sal 119.41-42).
¡Jamás serás avergonzado(a) de haber puesto toda tu confianza en la Palabra de Honor de Dios, tu Padre!
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16.33).
Así que, si Dios dice en Su Palabra que todo lo puedes en Cristo, entonces, ¡todo lo puedes en Cristo que te fortalece!
Si Dios dice en Su Palabra que ciertamente Él llevó tus enfermedades y sufrió tus dolores y que por Sus heridas ya fuiste sanado(a), entonces, ¡ciertamente Él llevó tus enfermedades y sufrió tus dolores y por Sus heridas TÚ YA FUISTE SANADO(A)!
Así de simple es la fe, como un grano de mostaza. Dichoso, bienaventurado, mil veces feliz, el hombre o la mujer que confía en Dios, pues aunque andes en valle de sombra y de muerte, no temerás mal alguno, pues Jesús, tu Rey y Salvador, está contigo.
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).
Es por todo esto que tú necesitas urgentemente hacer de la Biblia la norma máxima de tu existencia. Leyéndola y meditándola todos los días de tu vida, pues entonces, y sólo entonces (ni antes, ni después, ni de ningún otra forma), harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.

Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, yo en Ti confío. Sé que Tu Palabra, la Biblia, es la Verdad y por lo tanto la creo y la guardo como la norma máxima de mi vida. Sé que me irá bien y haré prosperar mi camino. Y aunque hoy esté enfrentando problemas y aflicciones, yo declaró en Tu nombre Jesucristo que saldré adelante en libertad y victoria, en salud y prosperidad pues escrito está acerca de mí que en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ama, Cristo Jesús. Resisto y hecho fuera de mi vida toda enfermedad, pobreza, tristeza, depresión, soledad, temor y angustia. Cubro todo mi ser, espíritu, alma y cuerpo, con la Sangre de Jesús y llamo y recibo toda la salud, amor, paz y gozo que Tú, Jesucristo, compraste para mí al morir en la cruz. Creo y declaro que, ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! Todo Gracias a Ti, Señor Jesús. Amén.

Nota Importante: 

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso? 
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios: 
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Noviembre 3    1 Tim 5.1-22  /  Jer 1.-2 /  Sal 119.145-176


1 Timoteo 5.1-22
 Deberes hacia los demás
5
1No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; 2a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.
3Honra a las viudas que en verdad lo son. 4Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios. 5Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día. 6Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta. 7Manda también estas cosas, para que sean irreprensibles; 8porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.
9Sea puesta en la lista sólo la viuda no menor de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido, 10que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra. 11Pero viudas más jóvenes no admitas; porque cuando, impulsadas por sus deseos, se rebelan contra Cristo, quieren casarse, 12incurriendo así en condenación, por haber quebrantado su primera fe. 13Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran. 14Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia. 15Porque ya algunas se han apartado en pos de Satanás. 16Si algún creyente o alguna creyente tiene viudas, que las mantenga, y no sea gravada la iglesia, a fin de que haya lo suficiente para las que en verdad son viudas.
17Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. 18Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario. 19Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos. 20A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman. 21Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad. 22No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.
  
Jeremías 1-2
Llamamiento y misión de Jeremías
1
1Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín. 2Palabra de Jehová que le vino en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado. 3Le vino también en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta la cautividad de Jerusalén en el mes quinto.
4Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: 5Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. 6Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. 7Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. 8No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. 9Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. 10Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar. 11La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. 12Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.
13Vino a mí la palabra de Jehová por segunda vez, diciendo: ¿Qué ves tú? Y dije: Veo una olla que hierve; y su faz está hacia el norte. 14Me dijo Jehová: Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de esta tierra. 15Porque he aquí que yo convoco a todas las familias de los reinos del norte, dice Jehová; y vendrán, y pondrá cada uno su campamento a la entrada de las puertas de Jerusalén, y junto a todos sus muros en derredor, y contra todas las ciudades de Judá. 16Y a causa de toda su maldad, proferiré mis juicios contra los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños, y la obra de sus manos adoraron. 17Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos. 18Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra. 19Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.

Jehová y la apostasía de Israel
2
1Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada. 3Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos, dice Jehová.
4Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. 5Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos? 6Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre? 7Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad. 8Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.
9Por tanto, contenderé aún con vosotros, dijo Jehová, y con los hijos de vuestros hijos pleitearé. 10Porque pasad a las costas de Quitim y mirad; y enviad a Cedar, y considerad cuidadosamente, y ved si se ha hecho cosa semejante a esta. 11¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha. 12Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran manera, dijo Jehová. 13Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.
14¿Es Israel siervo? ¿es esclavo? ¿Por qué ha venido a ser presa? 15Los cachorros del león rugieron contra él, alzaron su voz, y asolaron su tierra; quemadas están sus ciudades, sin morador. 16Aun los hijos de Menfis y de Tafnes te quebrantaron la coronilla. 17¿No te acarreó esto el haber dejado a Jehová tu Dios, cuando te conducía por el camino? 18Ahora, pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿Y qué tienes tú en el camino de Asiria, para que bebas agua del Eufrates? 19Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos.
20Porque desde muy atrás rompiste tu yugo y tus ataduras, y dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso te echabas como ramera. 21Te planté de vid escogida, simiente verdadera toda ella; ¿cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña? 22Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor. 23¿Cómo puedes decir: No soy inmunda, nunca anduve tras los baales? Mira tu proceder en el valle, conoce lo que has hecho, dromedaria ligera que tuerce su camino, 24asna montés acostumbrada al desierto, que en su ardor olfatea el viento. De su lujuria, ¿quién la detendrá? Todos los que la buscaren no se fatigarán, porque en el tiempo de su celo la hallarán. 25Guarda tus pies de andar descalzos, y tu garganta de la sed. Mas dijiste: No hay remedio en ninguna manera, porque a extraños he amado, y tras ellos he de ir.
26Como se avergüenza el ladrón cuando es descubierto, así se avergonzará la casa de Israel, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, 27que dicen a un leño: Mi padre eres tú; y a una piedra: Tú me has engendrado. Porque me volvieron la cerviz, y no el rostro; y en el tiempo de su calamidad dicen: Levántate, y líbranos. 28¿Y dónde están tus dioses que hiciste para ti? Levántense ellos, a ver si te podrán librar en el tiempo de tu aflicción; porque según el número de tus ciudades, oh Judá, fueron tus dioses.
29¿Por qué porfías conmigo? Todos vosotros prevaricasteis contra mí, dice Jehová. 30En vano he azotado a vuestros hijos; no han recibido corrección. Vuestra espada devoró a vuestros profetas como león destrozador. 31¡Oh generación! atended vosotros a la palabra de Jehová. ¿He sido yo un desierto para Israel, o tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: Somos libres; nunca más vendremos a ti? 32¿Se olvida la virgen de su atavío, o la desposada de sus galas? Pero mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días.
33¿Por qué adornas tu camino para hallar amor? Aun a las malvadas enseñaste tus caminos. 34Aun en tus faldas se halló la sangre de los pobres, de los inocentes. No los hallaste en ningún delito; sin embargo, en todas estas cosas dices: 35Soy inocente, de cierto su ira se apartó de mí. He aquí yo entraré en juicio contigo, porque dijiste: No he pecado. 36¿Para qué discurres tanto, cambiando tus caminos? También serás avergonzada de Egipto, como fuiste avergonzada de Asiria. 37También de allí saldrás con tus manos sobre tu cabeza, porque Jehová desechó a aquellos en quienes tú confiabas, y no prosperarás por ellos.
     

SALMO 119.145-176

Excelencias de la ley de Dios
Cof
     145     Clamé con todo mi corazón; respóndeme, Jehová,
Y guardaré tus estatutos.
     146     A ti clamé; sálvame,
Y guardaré tus testimonios.
     147     Me anticipé al alba, y clamé;
Esperé en tu palabra.
     148     Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche,
Para meditar en tus mandatos.
     149     Oye mi voz conforme a tu misericordia;
Oh Jehová, vivifícame conforme a tu juicio.
     150     Se acercaron a la maldad los que me persiguen;
Se alejaron de tu ley.
     151     Cercano estás tú, oh Jehová,
Y todos tus mandamientos son verdad.
     152     Hace ya mucho que he entendido tus testimonios,
Que para siempre los has establecido.
Resh
     153     Mira mi aflicción, y líbrame,
Porque de tu ley no me he olvidado.
     154     Defiende mi causa, y redímeme;
Vivifícame con tu palabra.
     155     Lejos está de los impíos la salvación,
Porque no buscan tus estatutos.
     156     Muchas son tus misericordias, oh Jehová;
Vivifícame conforme a tus juicios.
     157     Muchos son mis perseguidores y mis enemigos,
Mas de tus testimonios no me he apartado.
     158     Veía a los prevaricadores, y me disgustaba,
Porque no guardaban tus palabras.
     159     Mira, oh Jehová, que amo tus mandamientos;
Vivifícame conforme a tu misericordia.
     160     La suma de tu palabra es verdad,
Y eterno es todo juicio de tu justicia.
Sin
     161     Príncipes me han perseguido sin causa,
Pero mi corazón tuvo temor de tus palabras.
     162     Me regocijo en tu palabra
Como el que halla muchos despojos.
     163     La mentira aborrezco y abomino;
Tu ley amo.
     164     Siete veces al día te alabo
A causa de tus justos juicios.
     165     Mucha paz tienen los que aman tu ley,
Y no hay para ellos tropiezo.
     166     Tu salvación he esperado, oh Jehová,
Y tus mandamientos he puesto por obra.
     167     Mi alma ha guardado tus testimonios,
Y los he amado en gran manera.
     168     He guardado tus mandamientos y tus testimonios,
Porque todos mis caminos están delante de ti.
Tau
     169     Llegue mi clamor delante de ti, oh Jehová;
Dame entendimiento conforme a tu palabra.
     170     Llegue mi oración delante de ti;
Líbrame conforme a tu dicho.
     171     Mis labios rebosarán alabanza
Cuando me enseñes tus estatutos.
     172     Hablará mi lengua tus dichos,
Porque todos tus mandamientos son justicia.
     173     Esté tu mano pronta para socorrerme,
Porque tus mandamientos he escogido.
     174     He deseado tu salvación, oh Jehová,
Y tu ley es mi delicia.
     175     Viva mi alma y te alabe,
Y tus juicios me ayuden.
     176     Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo,
Porque no me he olvidado de tus mandamientos.

¿Qué requieres para ser un(a) Hijo(a) de Dios?



2 de Noviembre
¡Perdón de pecados y vida eterna!
Por Riqui Ricón*
He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados (Isa 38.17).
Que hermoso es saber, sin duda alguna, que Dios, el Todopoderoso, te ama. Que te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo, Jesucristo, antes que perderte a ti.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Así es, amado(a), en Cristo Jesús fue satisfecha la Justicia de Dios y fuiste librado(a) del hoyo de corrupción (la muerte) pues Dios echó tras Sus espaldas TODOS tus pecados.
porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jer 31.34b).
Dos aspectos poderosos y sublimes del Amor de Dios para contigo son:
1.      Jesús te ha hecho libre del poder que la muerte tenía sobre ti, pues ahora tienes Vida Eterna:
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 6.23).
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Jn 3.16).

2.      Dios no está interesado en tus pecados sino en ti, por eso, está más que dispuesto a perdonar y OLVIDAR TODAS tus ofensas.
He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto  con la casa de Israel y con la casa de Judá.  No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.  Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.  Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jer 31.31-34).
La Vida Eterna es el valor agregado al verdadero regalo que Dios te hace y que recibes en el preciso momento de poner tu fe en Jesús como tu Señor y Salvador. De acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, el Plan de Redención, la muerte y resurrección de Jesucristo, tiene el propósito exclusivo de hacer de ti un(a) genuino(a) y legítimo(a) Hijo(a) de Dios.
Pues han nacido de nuevo pero no a una vida que pronto se acabará. Su nueva vida durará para siempre porque proviene de la eterna y viviente palabra de Dios (1 P 1.23 NTV).
El Nuevo Pacto se establece cuando aceptas y reconoces a Jesús como Señor y Salvador de tu vida. Es Su Sangre la señal de este Nuevo Pacto que está establecido sobre mejores promesas, pues, como ya te he dicho, su propósito es mucho mayor que el simple perdón de pecados y la entrada al cielo: Su propósito es darte Vida Eterna para hacerte Su propio(a) Hijo(a).
Antes de la creación del mundo, Dios decidió adoptarnos como hijos suyos a través de Jesucristo. Eso era lo que él tenía planeado y le dio gusto hacerlo (Efe 1.5 PDT).
Como Dios te predestino para ser adoptado(a) Hijo(a) Suyo según el puro afecto de Su voluntad, entonces el PAGO y PERDÓN DE TODOS tus pecados es un mero requisito y la VIDA ETERNA una consecuencia de ser hecho(a), por la Palabra de Dios, un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.
Teniendo todo esto en consideración, vale la pena reflexionar que, SI siendo como era el pueblo de Israel el rey Ezequías fue librado de morir a consecuencia de una penosa enfermedad cuando oró a Dios, entonces, ¿cuánto más, no hará Dios por uno(a) de Sus Hijos(as) como tú?
El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8.32).
Sin importar cuál sea tu situación, enfermedad o aflicción, ni siquiera importa si has caído en pecado o te has alejado de Dios, Él jamás dejará de amarte y de atender tu oración.
»Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta. »Ustedes, los que son padres, si sus hijos les piden un pedazo de pan, ¿acaso les dan una piedra en su lugar? O, si les piden un pescado, ¿les dan una serpiente? ¡Claro que no! Así que, si ustedes, gente pecadora, saben dar buenos regalos a sus hijos, cuánto más su Padre celestial dará buenos regalos a quienes le pidan (Mat 7.7-11 NTV).
Si puedes creer la Palabra de Dios, pues al que le cree a Dios TODAS las cosas le son posibles.
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, en verdad que no hay nada tan hermoso como saberme y sentirme tan amado(a) por Ti. Muchas gracias, porque a ti no te importó lo que había hecho de mi vida sino que te importó más mi persona que mis acciones. No conozco palabras suficientes para expresarte lo que siento yo por Ti, mi Dios. Jesús, Tú eres mi Rey y Señor Salvador, la Vida Nueva, plena y abundante que ahora disfruto te la debo a Ti. ¡Gracias por la cruz! ¡Gracias por Tu Sangre! ¡Gracias por tu resurrección! ¡Gracias por Tu Victoria sobre la muerte! ¡Gracias por Tu Amor! Me propongo con Tu ayuda, Espíritu Santo, a realizar esta vida de dicha, paz y libertad. Sé que en el mundo tendré aflicciones, pero puedo confiar plenamente en tu Palabra, ¡Tú has Vencido al mundo! Así que, voy a resistir al diablo y sus mentiras como el temor, la duda, la enfermedad y la pobreza. En el nombre de Jesús yo soy lo que la Biblia dice que soy y no otra cosa: un(a) amado(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo quien todo lo puede en Cristo. En todas las cosas soy más que vencedor(a). ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En medio de cualquier problema, angustia o enfermedad, tengo la paz que sobrepasa todo entendimiento, pues puedo ser feliz en medio de la aflicción ya que, sé que sé, que, como dices Tú, mi Dios y Padre, en Tu Palabra, TODAS las cosas me ayudan a bien. En el nombre de Jesús. ¡Amén!
Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Noviembre 2                                  1 Tim 4  /  Isa 38-39/ Sal 119.121-144


1 Timoteo 4
 Predicción de la apostasía
4
1Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; 2por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, 3prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. 4Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; 5porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.

Un buen ministro de Jesucristo
6Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido. 7Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; 8porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. 9Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos. 10Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.
11Esto manda y enseña. 12Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. 13Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. 14No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. 15Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. 16Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.
  
Isaías 38-39
Enfermedad de Ezequías
(2 R. 20.1–11; 2 Cr. 32.24–26)
38
1En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años. 6Y te libraré a ti y a esta ciudad, de mano del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé.
7Y esto te será señal de parte de Jehová, que Jehová hará esto que ha dicho: 8He aquí yo haré volver la sombra por los grados que ha descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atrás. Y volvió el sol diez grados atrás, por los cuales había ya descendido.
9Escritura de Ezequías rey de Judá, de cuando enfermó y sanó de su enfermedad: 10Yo dije: A la mitad de mis días iré a las puertas del Seol; privado soy del resto de mis años. 11Dije: No veré a JAH, a JAH en la tierra de los vivientes; ya no veré más hombre con los moradores del mundo. 12Mi morada ha sido movida y traspasada de mí, como tienda de pastor. Como tejedor corté mi vida; me cortará con la enfermedad; me consumirás entre el día y la noche. 13Contaba yo hasta la mañana. Como un león molió todos mis huesos; de la mañana a la noche me acabarás.
14Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía como la paloma; alzaba en alto mis ojos. Jehová, violencia padezco; fortaléceme. 15¿Qué diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho. Andaré humildemente todos mis años, a causa de aquella amargura de mi alma.
16Oh Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán, y en todas ellas está la vida de mi espíritu; pues tú me restablecerás, y harás que viva. 17He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados. 18Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. 19El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy; el padre hará notoria tu verdad a los hijos. 20Jehová me salvará; por tanto cantaremos nuestros cánticos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida.
21Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanará. 22Había asimismo dicho Ezequías: ¿Qué señal tendré de que subiré a la casa de Jehová?

Ezequías recibe a los enviados de Babilonia
(2 R. 20.12–19; 2 Cr. 32.27–31)
39
1En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y presentes a Ezequías; porque supo que había estado enfermo, y que había convalecido. 2Y se regocijó con ellos Ezequías, y les mostró la casa de su tesoro, plata y oro, especias, ungüentos preciosos, toda su casa de armas, y todo lo que se hallaba en sus tesoros; no hubo cosa en su casa y en todos sus dominios, que Ezequías no les mostrase. 3Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le dijo: ¿Qué dicen estos hombres, y de dónde han venido a ti? Y Ezequías respondió: De tierra muy lejana han venido a mí, de Babilonia. 4Dijo entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo Ezequías: Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa hay en mis tesoros que no les haya mostrado.
5Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra de Jehová de los ejércitos: 6He aquí vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy; ninguna cosa quedará, dice Jehová. 7De tus hijos que saldrán de ti, y que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia. 8Y dijo Ezequías a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y seguridad en mis días. 
    

SALMO 119.121-144

Excelencias de la ley de Dios
Ayin
     121     Juicio y justicia he hecho;
No me abandones a mis opresores.
     122     Afianza a tu siervo para bien;
No permitas que los soberbios me opriman.
     123     Mis ojos desfallecieron por tu salvación,
Y por la palabra de tu justicia.
     124     Haz con tu siervo según tu misericordia,
Y enséñame tus estatutos.
     125     Tu siervo soy yo, dame entendimiento
Para conocer tus testimonios.
     126     Tiempo es de actuar, oh Jehová,
Porque han invalidado tu ley.
     127     Por eso he amado tus mandamientos
Más que el oro, y más que oro muy puro.
     128     Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas,
Y aborrecí todo camino de mentira.
Pe
     129     Maravillosos son tus testimonios;
Por tanto, los ha guardado mi alma.
     130     La exposición de tus palabras alumbra;
Hace entender a los simples.
     131     Mi boca abrí y suspiré,
Porque deseaba tus mandamientos.
     132     Mírame, y ten misericordia de mí,
Como acostumbras con los que aman tu nombre.
     133     Ordena mis pasos con tu palabra,
Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.
     134     Líbrame de la violencia de los hombres,
Y guardaré tus mandamientos.
     135     Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo,
Y enséñame tus estatutos.
     136     Ríos de agua descendieron de mis ojos,
Porque no guardaban tu ley.
Tsade
     137     Justo eres tú, oh Jehová,
Y rectos tus juicios.
     138     Tus testimonios, que has recomendado,
Son rectos y muy fieles.
     139     Mi celo me ha consumido,
Porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras.
     140     Sumamente pura es tu palabra,
Y la ama tu siervo.
     141     Pequeño soy yo, y desechado,
Mas no me he olvidado de tus mandamientos.
     142     Tu justicia es justicia eterna,
Y tu ley la verdad.
     143     Aflicción y angustia se han apoderado de mí,
Mas tus mandamientos fueron mi delicia.
     144     Justicia eterna son tus testimonios;
Dame entendimiento, y viviré.