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lunes, 18 de julio de 2011

Si alguien te da su palabra ¿crees que cumplirá?

Sábado 16 de Julio de 2011.
¡Palabra de Dios!
Por Riqui Ricón*
Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder (1 Co 4.19-20).
En una ocasión, los fariseos le preguntaron a Jesús, cuándo había de venir el reino de Dios, y Él, claramente les respondió enseñándoles: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros (Luc 17.20-21).
Así que, este reino de Dios que no consiste en palabras sino en poder ya está entre nosotros y consiste en la Vida Nueva que Jesús compró, con su muerte, para ti y para mí.
En todas las épocas ha habido creyentes que, envanecidos en su mente, olvidan quiénes son en Cristo Jesús y comienzan argumentar la Palabra de Dios para establecer posturas y cuerpos doctrinales. De éstos, Pablo se refirió como a los que examinaría para ver si son Hijos del Reino y tienen poder o puras palabras.
Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es (Jn3.3-6).
De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Co 5.16-17).
La vida en el Reino es la vida espiritual que goza toda(o) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo. Es en la conciencia de esta identidad donde se alcanza la libertad y la victoria que te da el Poder del Espíritu de Dios viviendo dentro de ti, ya que el Nuevo Nacimiento incluye la promesa del Padre la cual, dijo Jesús, oíste de Él.
Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre,  la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días… pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hch 1.4-5, 8).
Lamentablemente algunos creyentes piensan de este Poder como algo externo a ellos mismos, que se puede usar para hacer algún tipo de milagros, como las sanidades y la liberación de demonios. Este Poder no es algo sino alguien: es el Espíritu Santo viviendo en ti y contigo para, así, dar cumplimiento a la promesa que el Padre hizo del Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús. Es la Unción del Santo que te habilita para vivir una vida llena de Poder, libertad y victoria cuando las circunstancias de tu vida son totalmente adversas.
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios (Ro 8.14-16).
Es, precisamente, el Espíritu Santo quien te da la certeza de que ahora eres Hija(o) amada(o) de Dios y nada ni nadie te podrán separar de Su Amor. Ahora sabes que sabes que Él no te ha dejado ni te dejarás; que mayor es Él, que está contigo que el que está en el mundo; que todo lo puedes con la Unción de Cristo Jesús y que en todas las cosas, sí, en TODAS LAS COSAS, siempre saldrás más que vencedor(a) por medio de Aquel que te amó, Cristo Jesús. ¡Es la Palabra de Dios dada por el Espíritu de Dios!

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
                                                                                   
Julio    16                               1 Co 4  /  1 R 17  /  Am 1

viernes, 15 de julio de 2011

¿En cuánto valuarías tu propia vida?

Viernes 15 de Julio de 2011.
¡A precio de Sangre!
Por Riqui Ricón*
Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios (1 Co 3.9).
Cada vez que pienso cuánto valgo para Dios me quedo asombrado al darme cuenta que no existen tesoros en el universo que se puedan comparar a la más pequeña gota de la Sangre de Jesucristo y que el precio con que el Padre me compró fue toda, hasta la última gota, de la Sangre de Su propio y amado Hijo, Jesús.
Y aún más asombroso es leer en Su Palabra, la Biblia, que no miente, que has sido declarada(o) Hija(o) y colaborador(a) Suya(o). ¡Eres labranza de Dios y edificio de Él!
Así que, cuando el diablo venga a cuestionarte intentando poner duda en tu corazón con pensamientos como: ¿tú? Si no eres nadie. Has fracasado y seguirás fracasando, además eres un(a) hipócrita pues ni eres santa(o), ni justa(o), ni nada de eso. Eres un(a) vil pecador(a). Y además, bla, bla, bla. Entonces debes pararte firmemente en tu fe a la Palabra de Dios y declárale en su misma carota que tú eres un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo y no de simiente corruptible sino de la incorruptible semilla que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Hazle saber que tú has sido establecida(o) por el dueño y Señor del universo como colaborador(a) suya(o) para reinar en esta vida y sobre de esta tierra. Recuérdale en sus narices que la Sangre de Cristo Jesús es el precio con el cual fuiste comprada(o) y establecida(o) como Hija(o) del Reino.
Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces;  diga el débil: Fuerte soy (Jo 3.10).
Pase lo que pase y suceda lo que suceda, toma la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios y declárate a ti misma(o), fuerte en Cristo Jesús.
Amado Padre celestial, en este momento quiero honrarte aceptando y recibiendo esa preciosa identidad que me has dado como Hija(o) Tuya(o). Creo y por lo tanto declaro que soy la(lo) más valiosa(o) que tienes sobre la tierra. He conocido y creído el Amor que Tú, oh Dios, tienes por mí. No voy a permitir que el espíritu de temor y duda me haga soltar lo que con tanto Amor pagaste por mí en esa cruz: el saber y creer que en verdad soy un(a) Hija(o) del único Dios vivo y verdadero. Por tanto, nada ni nadie me puede vencer; nada ni nadie me puede separar de Tu Amor que es en Cristo Jesús mi Señor. Contigo ya he vencido al mundo. Gracias Jesús, te amo con todo mi corazón. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
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Julio    15                               1 Co 3  /  1 R 15.33-16.34  /  Jo 3

jueves, 14 de julio de 2011

¿Qué tan importante es el Espíritu Santo?

Jueves 14 de Julio de 2011.
¡Novedad de Vida por el Espíritu de Dios!
Por Riqui Ricón*
Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días (Jo 2.28-29).
La Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, nos enseña que Dios estableció un tiempo para que Su Espíritu, el Espíritu Santo, fuese derramado sobre toda carne. Este derramamiento del Espíritu tiene un propósito bien claro y definido. Este propósito lo encontramos establecido por el Amor de Dios para con nosotros a todo lo largo y lo ancho de las Escrituras: revestirnos con Su Poder.
Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios (1 Co 2.3-5).
La Presencia del Espíritu Santo es tan importante en tu vida como el aire que respiras o los latidos de tu corazón para vivir. Él es la promesa del Padre que debíamos esperar, la cual, dijo Jesús, oisteís de mí, Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo  dentro de no muchos días  (Hch 1.4-5).
Ahora bien, esta promesa se cumplió cuando Jesús estableció el Nuevo Pacto en Su Sangre, pues cuando Dios prometió el Nuevo pacto en Jeremías 31.31-34 aseguró que Él, Dios, daría Su ley en nuestras mentes y la escribiría en nuestro corazón. Así que, es Él y no tú el que tiene que cumplir esta promesa. Y la forma en que lo hizo es por si misma asombrosa: ¡nos dio Su propio Espíritu!
Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra (Eze 36.25-27).
Es por esta razón y no otra que tu vida cambió al instante que recibiste a Jesús como Señor y Salvador de tu vida. ¡Dios cumplió, en ti, Su parte del Nuevo Pacto para tu vida! Por más de 30 años he escuchado y presenciado testimonios de como las vidas son cambiadas al momento que pecadoras y pecadores empedernidos aceptan el sacrificio de Jesús como el pago para la redención de sus vidas.
El Nuevo Nacimiento no es una doctrina religiosa sino una realidad espiritual de la promesa del Nuevo Pacto que Dios hizo para asegurarse que podrías entrar al Reino, no como un pecador salvo por gracia (o eres pecador o eres salvo), sino como nueva creación, en novedad de vida: un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo no de una simiente corruptible sino de incorruptible por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
En Cristo Jesús, tú y yo hemos sido hechos justos, santos y perfectos. Con Su muerte morimos al pecado y con Su resurrección recibimos una vida totalmente nueva para ser Hijos amados de Dios y el templo o lugar de habitación del Espíritu Santo.
Nada de esto sería posible sin el Espíritu Santo. Fue Él quien ayudó, instruyó y manifestó Su Poder en la vida de Jesús. Fue Él quien lo levantó de los muertos, haciendo de Jesús el primer Hijo de Dios nacido de Nuevo. Y es Él quien, por el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, te hizo Nacer de Nuevo y ahora vive en ti y contigo para que creas y vivas en la certeza de que eres esa/ese Hija(o) de Dios que la Biblia dice que eres.
Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido (1 Co 2.12).
Amado Padre celestial, ¡qué grande, sublime y hermoso es Tu Amor para conmigo! Quiero decirte que te amo con todo mi corazón, que el tenerte a Ti, Espíritu Santo, en mí y conmigo es asombroso y maravilloso. Gracias Señor. Ahora sé que no hay forma que pueda perder pues mayor eres Tú, que estás en mí, que el que está en el mundo. Y ¿qué puedo decir a esto? Si Tú, Espíritu Santo, estás en mi y conmigo ¿quién puede siquiera intentar estar contra mí? Gracias porque en Ti, Jesucristo, en Tu Amor, soy más que vencedor. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
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Julio    14                               1 Co 2  /  1 R 15.1-32  /  Jo 2.12-32

martes, 28 de junio de 2011

Siendo como he sido, ¿cómo estar segura(o) que me irá bien en la vida?

Martes 28 de Junio de 2011.
¡Amor sublime!
Por Riqui Ricón*
Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad (Mar 9.21-24).
Cuando este padre de familia cuestionó a Jesús si podría hacer algo para ayudarlos, la respuesta es clara y asombrosa por parte de nuestro Seññor: la raíz del problema no es si yo, Jesús, puedo hacer algo por tí, más bien es si tú puedes creer, pues el que cree en mí, al que cree en mi Palabra, todo le es posible.
Dios es Todopoderoso y no hay algo que sea difícil para Él. Además te ama con tan grande Amor que, a pesar de que estabas muerta(o) en delitos y pecados, entregó a Su propio Hijo para pagar en tu lugar y así darte vida juntamente con Cristo haciéndote Su Hija(o).
Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto (Os 2.14-15).
En verdad, el Amor de Dios para con nosotros es tan maravilloso, profundo y exquisito que no dejo de maravillarme de Su Persona. En el libro de Oseas, la vida que llevábamos en pecado y lejos de Dios, se compara a una esposa adúltera que terminó de prostituta y, aun así, Dios, como amante esposo, está dispuesto a perdonar y olvidar y atraernos a Él para hablar a nuestro corazón. ¡Sublime Amor!
Envió desde lo alto y me tomó; Me sacó de las muchas aguas. Me libró de poderoso enemigo, Y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo…   Me diste asimismo el escudo de tu salvación, Y tu benignidad me ha engrandecido. Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, Y mis pies no han resbalado. Perseguiré a mis enemigos, y los destruiré, Y no volveré hasta acabarlos. Los consumiré y los heriré, de modo que no se levanten; Caerán debajo de mis pies. Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea; Has humillado a mis enemigos debajo de mí, Y has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas, Para que yo destruyese a los que me aborrecen (2 S 22.17-18, 36-41).
Ahora, gracias a Jesús y lo que hizo por ti en la cruz, eres un(a) Hija(o) de Dios Nacida de Nuevo, puesta(o) sobre tus problemas, enfermedades o circunstancias para que compruebes que la buena voluntad de Dios para contigo es agradable y perfecta.
Así que, la vida en el reino no se trata de lo que tú puedas hacer o tener sino de lo que ahora eres, de quien tú eres por lo que Él hizo por ti. Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados (Stgo 5.13-15).
Así de simple, hermoso y sencillo es el Amor de Dios. Él no te ha dejado y nunca te dejará pues, si en verdad te has dado cuenta, ahora Él es tu Padre.
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (Ro 8.15).
Amado Padre celestial, Tu Palabra, la Biblia, que no miente, dice que nosotros hemos conocido y creído Tu Amor. En este momento, una vez más, yo lo recibo. Tu Amor de Padre. Yo soy Tu Hija(o) amada(o) y aunque por las circunstancias del momento yo no me vea o no me sienta así Tu Palabra es la Verdad y yo he decidido creerte a Ti, precioso Señor Jesús. Al que cree, todo le es posibles. Así que, declaro hoy que soy sana(o), libre, prospera(o) y feliz. Le llamo a la vida plena y abundante que como Hija(o) de Dios tengo derecho. Sé que tendré más problemas y aflicciones pero de todas ellas saldré más que vencedor(a) por medio de Aquel que me amó, Cristo Jesús. En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
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Junio   28                               Mar 9.2-50  /  2 Sam 22  /  Ose 2

lunes, 27 de junio de 2011

¿Cómo negarme a mí mismo para tomar mi cruz y seguir a Cristo?

Lunes 27 de Junio de 2011.
¡Tomo mi cruz!
Por Riqui Ricón*
Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.  Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará (Mar 8.34-35).
La religión nos enseña que negarse a sí mismo y tomar la cruz significa aceptar con humilde resignación todas las cosas malas que vienen a nuestras vidas, como las enfermedades, accidentes, pobreza, desintegración familiar, etc., etc. Te enseñan que todo esto es la voluntad de Dios y que, si estás viviendo alguna de estas desgracias será por alguna razón, por algo que hiciste y lo mereces o porque Dios te está dando algún tipo  de lección o probando tu fe. Por lo tanto debes aceptarlo, resignarte y humillarte bajo la poderosa mano de Dios. Con todo respeto, ¡qué disparate!
De acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Dios, quien no miente, Dios es bueno, su voluntad para contigo es buena agradable y perfecta. Él te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo como el justo pago por todos tus pecados para así no perderte a ti, sino ganarte ara Él, haciéndote justo para perdonar y olvidar todos tus pecados, santificándote y así, crearte de nuevo como un(a) Hija(o) legitima(o) Suya(o).
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Dios no hizo todo esto por amor para luego condenarte, ni para castigarte o maltratarte. ¡De ninguna manera! Él te ama genuinamente y lo ha dicho, lo ha declarado y lo puso por escrito en Su Palabra.
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios;  por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él (1 Jn 3.1).
El verdadero propósito del plan de salvación o redención de Dios siempre ha sido el mismo: adoptarte como Hija(o). Gracias a Jesús, ya no eres más una criatura, un ser humano imperfecto y pecador, ahora, has sido justificada(o) –hecha(o) justa(o)- por la sangre de Jesús; tu Padre ha perdonado y olvidado todos tus pecados, fracasos y errores; has sido apartada(o) -santificada(o)- para Él y, por el poder del Espíritu Santo, fuiste totalmente regenerada(o), Nacida(o) de Nuevo, como un(a) Hija(o) legítima(o) de Dios.
Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado (Jn 17.23).
Dios, tu Padre, siente por ti lo mismo que siente por Jesús, Él te ama con el mismo Amor con que ama a Su Hijo Jesús pues tú también eres Su Hija(o).
En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo (1 Jn 4.17).
Tú y yo somos iguales a Jesús, por eso el Padre nos ama de la misma manera.
Entonces, ¿cómo nos negamos a nosotros mismos y tomamos nuestra cruz?
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16.33).
La Biblia es muy clara al respecto, sin fe es imposible agradar a Dios. Así que, como Hijos de Dios Nacidos de Nuevo tendremos aflicción en este mundo: problemas, conflictos, enfermedades, amenazas, etc., pero en todos ellos saldremos más que vencedores.
Se trata, pues, de creer que eres quien Dios dice en Su Palabra que eres y una vez que lo creas y lo declares, comenzarás a vivir como tal: amando a tu Padre celestial sobre todas las cosas y amando a tus semejantes como a tí mismo. Lleno de paz, gozo y amor, estarás más que listo para disfrutar la vida plena y abundante que Jesús ganó para ti.
Poner la otra mejilla no te costará absolutamente nada, le darás al pobre y al necesitado con todo tu amor pues es parte de tu naturaleza, Dios te hizo así. Tú eres como Él es: buena(o) y amorosa(o).
Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Jn 5.4).
Gracias amado Padre Celestial por amarme con tan gran Amor. Yo _________ (pon tu nombre aquí) soy Tu Hija(o), legal y genuinamente comprada(o) y rescatada(o) a precio de la Sangre de Jesús. Tu Palabra es la Verdad. La Biblia me define y soy libre para llevar esa vida de victoria sobre el pecado y la muerte que Tú, Jesucristo, adquiriste para mí. Me niego a mí misma(o), a esa vieja naturaleza que está viciada conforme a los deseos engañosos y tomo mi cruz renovándome en el espíritu de mi mente, me visto de la nueva mujer (del nuevo hombre) creada(o) según Dios en justicia y santidad de la verdad. Padre, me someto a Tu Palabra, la Biblia, resisto al diablo y este huye de mí. En el nombre de Jesús. Amén.
Así que, tenlo por seguro, Dios no te ha dejado ni te dejará jamás. ¡Has sido predestinada(o) a ser más que vencedor(a) por medio del Amor de Aquel que te escogió y te salvó, Cristo Jesús! ¡Amén!



*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
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Junio   27                               Mar 8.22-9.1  /  2 Sam 20-21  /  Ose 1

sábado, 25 de junio de 2011

¿Lo recibes por fe????

Sábado 25 de Junio de 2011.
¡Sí, Señor!
Por Riqui Ricón*
Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama (Mar 7.25-30).
La Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, establece que si tú has hecho a Jesucristo el Señor y Salvador de tu vida entonces has Nacido de Nuevo como un(a) Hija(o) de Dios y, de acuerdo a las Palabras de Jesús, tienes todo el derecho a comer del pan de los Hijos que es la sanidad divina. Ser sano y tener una vida saludable es tu derecho de acuerdo a las Escrituras.
Lo interesante es que muchas Hijas e Hijos de Dios no lo creen así y por tanto lo dejan caer al piso donde alguien que sí crea (aunque no tenga derecho legítimo) lo podrá hacer suyo.
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (He 11.6).
Así que, la clave sigue siendo la fe, esto es, creerle a Él, creerle a Su Palabra ya que si Dios lo dijo, entonces, Él lo va a cumplir; si Dios lo hablo, entonces, Él lo va a ejecutar. La única forma en que puedes agradar a tu Padre, la única forma en que puedes hacerle esbozar una sonrisa de placer, es cuando actúas con fe, manteniéndote constante y persistentemente creyendo que es Verdad lo que Él te dice y te promete en Su Palabra.
Esto es lo que hizo la mujer sirofenicia cuando respondió: Sí, Señor. Le reconoció como Señor, estableciendo que lo que Él dice es cierto, que Su Palabra es la Verdad. No se fue triste, ni avergonzada porque la hubiesen llamado perrillo. Tampoco se hizo la ofendida sino que la certeza de su fe le permitió ser constante y persistente para obtener de Jesús la liberación de su hija.
No es tu alabanza, ni tu adoración, ni tu humildad lo que agrada a Dios sino tu fe.
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gal 2.20).
Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios (He 12.1-2).
Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra (2 P 1.1).
Lo hermoso del Evangelio, las buenas noticias, es que en Cristo Jesús no solamente fuimos justificados, perdonados, santificados y regenerados, Nacidos de Nuevo para ser hechos Hijas e Hijos de Dios sino que, además, se nos dio el regalo de la fe.
para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados (Hch 26.18).
Así es mi amada(o), tú y yo tenemos la fe de Jesucristo que es la misma fe que tenían Pedro, Pablo y los apóstoles. Somos Hijas e Hijos de Dios Nacidos de Nuevo llenos de la fe de Jesucristo para agradar a nuestro Padre celestial. Y, ¿cómo le agradamos? Pues, como la mujer sirofenicia, ¡RECIBIENDO POR LA FE en Jesús!
¿Tienes el día de hoy alguna necesidad? Pues encuentra en la Biblia, la Palabra de Dios, las promesas tocantes respecto a dicha necesidad y ve con tu Padre celestial dispuesta(o) a recibir tu milagro por la fe en Cristo Jesús.
Amado Padre celestial, en esta hora estoy dispuesta(o) a recibir y creer ese gran Amor con que me has amado. Soy Tu Hija(o) y tengo derecho a TODO lo que es Tuyo. ¡Gracias! Por ti, amado Jesús, soy sana(o) y soy libre para vivir la clase de vida que Tu deseas para mí. Así que declaro, con mi fe puesta en Tu Palabra, que voy a vivir una vida plena y abundante, prospera(o) y saludable, llena(o) de gozo, paz, amor y felicidad. Nada ni nadie me pueden hacer frente todos los días de mi vida pues Tú, Espíritu Santo, estás conmigo. En el nombre de Jesús. Amén.
¡Sí, Señor!
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
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Junio   25                               Mar 7.24-37  /  2 Sam 18  /  Dan 11.20-45