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jueves, 24 de mayo de 2012

¡Cómo destruir la naturaleza pecaminosa! o ¡Cómo destruir la iniquidad!


Jueves 24 de Mayo de 2012.
¡Sólo por Tu Gracia!
Por Riqui Ricón*
Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, e hicieron abominable maldad; No hay quien haga bien. Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, Para ver si había algún entendido Que buscara a Dios. Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno (Sal 53.1-3).
Cuando, al caer, decidió creer la palabra del diablo en lugar de creer la Palabra de Dios, el hombre heredó la naturaleza pecaminosa de Satanás. Esta naturaleza pecaminosa es lo que conocemos con el nombre de iniquidad y se ha transmitido a todos y cada uno de los seres humanos de tal forma que, sin la Gracia de Dios, vivirás en tinieblas, con un corazón corrompido y entenebrecido.
Cuando vieron esto los cinco príncipes de los filisteos, volvieron a Ecrón el mismo día (1 Sam 6.16).
La situación del hombre ante Dios no es diferente hoy como lo fue en días de Samuel. Los filisteos capturaron el Arca donde la Presencia de Dios se manifestaba. Esto lo consiguieron no porque fueran poderosos sino porque Dios decidió dejar a Israel por causa de estar constantemente violando el Pacto con sus pecados. Los filisteos y sus líderes vieron y experimentaron el poder y el enojo de nuestro Dios y Padre: Dagón su dios fue humillado y mutilado sobrenaturalmente; vinieron tumores y mortandad sobre todos los pobladores de las ciudades donde llevaban el Arca así como una plaga de ratones. Por todo esto, los filisteos decidieron devolver el Arca de Dios, pero, para estar seguros de que esto no era casualidad sino obra de la mano de Dios, pusieron el Arca sobre de una carreta nueva a la que le uncieron dos vacas que nunca se les había puesto un yugo y que además estaban criando y, mientras alejaban de ellas a sus becerritos, las soltaron para ver que sucedía. ¡Lo asombroso fue que las vacas no respingaron por estar atadas al yugo, ni se inmutaron por haber sido separadas de sus crías, sino que se encaminaron en línea recta, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda, hacia la tierra de Israel!
A pesar de todas las evidencias, ni los filisteos ni sus príncipes se convirtieron para reconocer que Jehová era Dios. Por su iniquidad (la naturaleza del hombre vendida al pecado), quedaron en tinieblas con sus corazones corruptos y entenebrecidos.
Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían... Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán. Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí (Hch 28.24, 28-29).
La situación no fue diferente en el libro de los Hechos, pues éste termina mostrándonos como los judíos en Roma no pudieron creer el mensaje del Evangelio de Jesucristo. Profesando ser sabios se hicieron necios delante de Dios (Ro 1.22).
Al igual que con Egipto y faraón, los filisteos y judíos vieron y experimentaron el poder de Dios y no hicieron nada al respecto. No cambiaron su actitud hacia el único Dios vivo y verdadero y tampoco cambiaron sus afectos hacia sus dioses hechos de palo y piedra por sus propias manos, ni dejaron su orgullo. ¿Qué significa esto?
Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,  para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Ro 3.21-26).
De acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, solamente por el Amor y la Gracia de Dios sobre tu persona es que puedes estar leyendo este mensaje creyendo que eres quién Él dice en Su Palabra que ahora tú eres: una/un Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo y amada(o) por el Padre, porque:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Es verdad, entre los seres humanos no hay uno que sea justo, ni uno solo, pero, no es así con las Hijas e Hijos de Dios Nacidos de Nuevo; ahora somos justos pues, por Su Gracia y Amor, Cristo Jesús pagó por nuestros pecados haciéndonos justos.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (Efe 2.4-10).
Esto, mi amada(o), son buenas noticias, noticias de gran gozo, ya que por Su sacrificio de amor Jesús no sólo pagó el precio de todos tus pecados sino que también te justifico, te hizo justa(o) quebrando el yugo que la iniquidad tenía sobre de ti.
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu (Ro 8.1-4).
Efectivamente, por la Gracia de Dios, tú ya no vive conforme con tu carne sino que vives conforme con el Espíritu Santo que vive en ti. Es por esto que cuando caes y pecas no te sientes bien contigo porque no estás conforme. Los pecadores pecan, pues es lo que saben hacer, les gusta hacer y no sienten ningún remordimiento por ello. Tú, como Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo tienes al Espíritu Santo como las arras de tu herencia: que la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha librado de la ley del pecado y de la muerte. ¡La iniquidad nada tiene en ti! ¡Sólo por Su Gracia!
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, gracias porque cada día que pasa creo y recibo más de tu Amor por mí. Puedo afrontar este día con la certeza, la garantía de que todo me saldrá bien, pues Tú estás conmigo y si Dios es conmigo ¿quién contra mí? Además, Tú has declarado en Tu Palabra que a los que te amamos TODAS las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Tu Propósito hemos sido llamados en Tu Amor y por Tu Amor. Sé que todo lo puedo y que soy más que vencedor(a) pues por Tu Gracia y Amor lo has establecido así. Precioso Jesús, que más te puedo decir sino que te amo con todo mi ser y corazón. Gracias Espíritu Santo por vivir aquí conmigo, hagamos de este día el mejor de nuestras vidas. Por lo tanto, creo y declaro que ante todo problema, enfermedad o aflicción, yo, ____________ (tu nombre aquí), soy más que vencedor(a) pues todo lo puedo en Cristo Jesús. ¡Soy sana(o)! ¡Soy prospera(o)! ¡Soy libre! ¡Soy feliz!  ¡Sólo por Tu Gracia, mi Señor Jesús! Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Mayo         24                        Hch 28.17-31  /  1 Sam 6-7  /  Sal 53