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domingo, 26 de julio de 2020

¿Podrás tú entrar al Reino de Dios?








26 de Julio









¡Ciertamente tú lo verás y lo disfrutarás!


Por Riqui Ricón*
Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria. Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello (2 R 7.1-2).
Desde el momento que Adán y Eva tomaron la decisión de creerle a Satanás en lugar de creerle a Dios y hasta el día de hoy, siempre ha habido quienes repiten el mismo error: hacen caso omiso a la Palabra de Dios y deciden no creerle a Él sino creer a lo que ven con sus propios ojos o a lo que piensan y sienten de acuerdo a la situación o a su experiencia.
¡Fatal error! Lo mismo le sucedió al príncipe en cuyo brazo el rey se apoyaba de la historia del profeta Eliseo y la liberación de la ciudad de Samaria.
¿Por qué sucede esto? Encuentro dos respuestas a esta pregunta; respuestas que son totalmente diferentes una de la otra, y la diferencia se basa en cual sea tu posición delante de Dios.
Primero, tenemos a los incrédulos, quienes por su naturaleza caída y pecaminosa, no quieren ni pueden escuchar a Dios (Ro 8.7). A éstos Dios les ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo para pagar sus pecados antes que perderlos por toda la eternidad.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
A Dios no le importan tus pecados lo que realmente le importa es darte la mismísima Vida de Cristo Jesús; una Vida rica y abundante.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús (Efe 2.4-7).
Por otro lado están los llamados creyentes, aquellos que han aceptado a Jesús como Señor y Salvador de sus vidas y que por lo tanto han Nacido de Nuevo, pero que ignorantes del significado y poder de la Biblia, la Palabra de Dios, pueden ser engañados y apartados de la Verdad por los problemas, las aflicciones o por el pecado que aún se manifiesta en sus vidas.
La Biblia te advierte sobre esta ignorancia, esta falta de interés hacia la Palabra de Dios.
Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento (Os 4.6a).
Jamás debes olvidar que tú eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo gracias al Amor que Él te tiene y no por alguna acción, mérito o atributo que tú hayas tenido antes.
Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna (Ti 3.4-7).
La Vida Plena y Abundante a la que ahora tienes derecho de participar no la obtuviste por obras de justicia sino por el gran Amor y la Gracia que Dios tu Padre ha derramado sobre ti.
siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
¡Tú has Nacido de Nuevo por la Palabra de Dios!
El Amor y sacrificio de Jesús, Su muerte y resurrección, son tan completos y acabados, tan perfectos y poderosos que, por la Palabra de Dios, el hombre viejo, esa antigua naturaleza carnal y pecaminosa, ya no existe más.
En contraposición a lo que dice la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, el engaño del diablo (y la ignorancia), está en CREER que aún sigues siendo esa misma persona mala y pecadora. Como si el sacrificio de Jesús apenas haya alcanzado para pagar los pecados de un periodo de tu vida y todo lo demás (la justificación, santificación, perfección y nueva naturaleza), sólo se cubrió simbólicamente con Su Sangre, quedando a tu cargo y responsabilidad el logro y cumplimiento de semejantes objetivos.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo (2 Co 5.17-18a).
Permíteme aclarar que, aunque te preguntes porqué sigues actuando o sintiéndote como un(a) pecador(a); o te preguntes porqué sigues actuando o sintiéndote como derrotado(a) en tu andar con Jesucristo, esa no es, ni será jamás, la Verdad.
Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira (Jn 8.44).
Sin importar tu problemática o situación actual, cualquier argumento contrario a lo que dice la Palabra de Dios acerca de ti, tan sólo es lo que el diablo pretende hacerte sentir para que, afectando tus emociones, lo llegues a creer. Él está tratando de ocultarte la Verdad con todos los recursos que están a su alcance y, recuerda, que él es el padre de la mentira.
La única Verdad es lo que Dios dice en Su Palabra, la Biblia, acerca de ti. La única Verdad es lo que Dios dice en Su Palabra, la Biblia, acerca de quién tú ahora eres por Cristo Jesús: Su especial tesoro; un(a) Hijo(a) tan amado(a) por Él que te ama a ti de la misma forma en que ama a Jesús Su Hijo.
yo en ellos y tú en mí.  Permite que alcancen la perfección en la unidad,  y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí (Jn 17.23 NVI).
Él te ha dotado, nada más y nada menos, que con Su Espíritu Santo y con Su Amor. Además, Su fe, Su Palabra y Su Unción ahora están en ti y contigo.
Amado(a), ¡No hay forma en que puedas perder en la Vida!
Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Jn 5.4-5).
Así que, no pongas tus ojos, ni tu atención, en lo grande o difícil de tus problemas sino en el Amor y la fidelidad de tu Padre. Él nunca te ha dejado, ni te dejará. Te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti y ahora Él mismo te llama Hijo(a).
¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre,  que se nos llame hijos de Dios!  ¡Y lo somos!  El mundo no nos conoce,  precisamente porque no lo conoció a él (1 Jn 3.1 NVI).
Tú no eres como ese príncipe en cuyo brazo el rey se apoyaba. Tú SÍ verás y disfrutarás las bendiciones del Señor porque has creído y conocido a Su Amor. Tú  has creído y conocido a Su Poder y a Su Palabra.
Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? (Mar 12.24).
Este es el único secreto (y la única manera), para que hagas de tu Vida una Vida dichosa: ¡Confía en Dios! ¡Confía en Su Palabra!
Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía (Sal 84.12).
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, hoy quiero agradecerte con la fe que me has dado. Quiero agradarte declarando la Verdad: Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Soy amado(a) Tuyo, mi Dios, y soy Tu especial tesoro. No soy un pecador(a), ni un(a) fracasado(a), pues está establecido claramente en la Palabra de Dios que soy Nueva creación y sin importar los problemas, enfermedades y circunstancias de mi vida, yo, _______________ (tu nombre aquí), en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ha amado, ¡Cristo Jesús! Señor, Tú eres mi guardador y el maligno no me toca. De todos mis pecados me arrepiento delante de Tu Presencia, amado Padre, y te confieso mis pecados pues fiel y justo eres Tú para perdonarme y limpiarme de toda iniquidad. Me determino a creerte y con Tu ayuda, Espíritu Santo, creo y recibo mi identidad de Hija(o) del Rey. Por tanto, creo y declaro de acuerdo a la Verdad, Tu Palabra es Verdad, que yo, _______________ (tu nombre aquí), ¡Soy sano(a)! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy feliz! ¡Soy libre! En el nombre de Jesús. Amén.
Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.












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sábado, 25 de julio de 2020

¡Cómo puedes estar seguro(a) que Dios atenderá a alguien como tú!










25 de Julio





¡Cómo puedes estar seguro(a) que Dios atenderá a alguien como tú!



¡Por el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús!
Por Riqui Ricón*
De la misma manera, tomó la copa después de haber cenado y dijo: "Esta copa es el nuevo pacto de Dios con vosotros, sellado con mi sangre. Siempre que bebáis esta copa, hacedlo en memoria de mí" (1 Co 11.25).
¿Sabes a qué se refiere Jesús cuando establece un Nuevo Pacto en Su Sangre?
Si tú puedes hoy dar cabal respuesta a esta pregunta, te aseguro que tu vida nunca más será la misma. Comenzarás a ser esa persona capaz, sana, poderosa y feliz que Dios ha determinado que tú seas.
La Promesa del Nuevo Pacto fue dada por Dios a través del ministerio del profeta Jeremías. Esto nos ubica en el momento preciso en la historia de Israel en que, por haber abandonado a Dios, invalidando así el Pacto que tenían con Él, el Señor comienza a dar cumplimiento a todas Sus Palabras respecto a los transgresores. Palabras que durante tanto tiempo les fueron habladas por los profetas comenzaron a cumplirse: el Templo y la Santa ciudad de Jerusalén fueron destruidos; el pueblo fue muerto por hambre, espada y enfermedad; los sobrevivientes fueron hechos esclavos y dispersados a otras naciones. A tal grado fueron avergonzados y confundidos que parecían más un pueblo maldito que aquel pueblo que alguna vez fueron: el Pueblo Elegido de Dios.
Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra. Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos.  (Dan 9.4-8).
Así, Dios no pudo más sufrir la naturaleza caída y corrompida de Su propio pueblo; del pueblo que había adquirido para Sí mismo, mediante el  Antiguo Pacto.
En base a toda esta influencia que el pecado genera en el ser humano, tú puedes ver en la Biblia que el diseño para el Nuevo Pacto  fue esbozado por David cuando éste comprendió, por revelación del Espíritu de Dios, que por más que se arrepintiera y pidiera perdón, la expiación de pecados ofrecida en el Antiguo Pacto sólo cubría sus pecados momentáneamente, pero él seguiría siendo el mismo hombre atado a la ley del pecado y de la muerte.
David había cometido adulterio con Betsabé y cuando ésta quedo embarazada por ese adulterio, entonces David mandó asesinar al esposo.
Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más. ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón (2 S 12.7-9).
Y aunque David se arrepintió y fue perdonado, él entendió que sólo un milagro departe de Dios podría librarlo de esa naturaleza carnal vendida al pecado. Comprendió que si Dios no hacia una obra portentosa en su naturaleza humana, entonces el seguiría siendo el mismo miserable pecador.
Fue entonces que clamó a Dios para que Éste interviniera directamente en su persona para hacer de él un hombre totalmente diferente al que hasta ese momento era:
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti (Sal 51.10-13).
Dicha intervención divina y supernatural es totalmente indispensable porque un hombre o mujer justificado(a) bajo la sangre del Antiguo Pacto, irremisiblemente volverá a pecar.
La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios,  pues no se somete a la ley de Dios,  ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios (Ro 8.7-8 NVI).
El viejo hombre (mujer), el hombre (mujer) NO redimido por la Sangre de Jesús tiene una mentalidad pecaminosa y es enemigo(a) de Dios. Es por naturaleza, totalmente incapaz de someterse a la Ley de Dios.
La antigua ley fue apenas una sombra de los bienes prometidos, no la propia imagen de su realidad. Por eso, aun estando en vigor y aunque los sacrificios se repetían año tras año, sin cesar, no podía alcanzarse la meta de la salvación. De haberse "podido, con un solo sacrificio hubiera sido suficiente: los fieles habrían quedado definitivamente purificados y habrían dejado de sentirse culpables de pecado. Pero, al contrario, los sacrificios anuales les recordaban sus pecados, los cuales no podía quitar la sangre de los toros y de los machos cabríos (He 10.1-4 CST).
Así es, un hombre o mujer no puede ser justificado(a) bajo la sangre del Antiguo Pacto, pues sin lugar a dudas volverá a pecar y volverá a colocarse así bajo la maldición del pecado que es la muerte.
Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 6.22-23).
Es por esto que está declarado en la Escritura que el Nuevo Pacto es un mejor Pacto, establecido sobre mejores promesas.
  1. A diferencia del Antiguo Pacto, el Nuevo Pacto tiene una garantía. Lo más hermoso de esto, es el hecho maravilloso que Jesucristo mismo, el primogénito de entre los muertos, es quién garantiza el Nuevo Pacto.
Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto (He 7.22).
  1. El Nuevo Pacto es un Pacto perfecto.
Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo (He 8.6-7).
  1. El Nuevo Pacto es Eterno y, por lo tanto, no se puede invalidar.
Porque yo Jehová soy amante del derecho, aborrecedor del latrocinio para holocausto; por tanto, afirmaré en verdad su obra, y haré con ellos pacto perpetuo. Y la descendencia de ellos será conocida entre las naciones, y sus renuevos en medio de los pueblos; todos los que los vieren, reconocerán que son linaje bendito de Jehová (Isa 61.8-9).
Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre. Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo (Eze 37.26-27).
  1. Jesús es también el sumo sacerdote del Nuevo Pacto.
Por lo tanto,  ya que en Jesús,  el Hijo de Dios,  tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos,  aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades,  sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros,  aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos (He 4.14-16 NVI).
  1. ¡La Garantía del Nuevo Pacto es el Espíritu Santo!
En él también ustedes,  cuando oyeron el mensaje de la verdad,  el evangelio que les trajo la salvación,  y lo creyeron,  fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Éste garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios,* para alabanza de su gloria (Efe 1.13-14 NVI).
  1. Así como Jesucristo es la pieza clave para nuestra redención, el Espíritu Santo lo es para nuestra resurrección (Vida Nueva), como Hijos de Dios Nacidos de Nuevo.
Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados (1 Co 15.22).
¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús,  en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto,  mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte,  a fin de que,  así como Cristo resucitó por el poder* del Padre,  también nosotros llevemos una vida nueva. En efecto,  si hemos estado unidos con él en su muerte,  sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Sabemos que lo que antes éramos* fue crucificado con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder,  de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado. Ahora bien,  si hemos muerto con Cristo,  confiamos que también viviremos con él. Pues sabemos que Cristo,  por haber sido levantado de entre los muertos,  ya no puede volver a morir;  la muerte ya no tiene dominio sobre él. En cuanto a su muerte,  murió al pecado una vez y para siempre;  en cuanto a su vida,  vive para Dios. De la misma manera,  también ustedes considérense muertos al pecado,  pero vivos para Dios en Cristo Jesús (Ro 6.3-11 NVI).
  1. La Palabra de Dios es bastante clara en cuanto que el propósito del sacrificio de Jesús va más allá de la mera justificación y del perdón de tus pecados. Éstos, sólo son un requisito para alcanzar el objetivo del Plan de Salvación: darte una Vida Nueva tal, que puedas ser hecho(a) Hijo(a) de Dios y disfrutar de la Vida Eterna.
Esta Vida Nueva sólo puede provenir del aliento de Dios, del espíritu de Vida en Cristo Jesús: el Espíritu Santo.
Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes,  el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu,  que vive en ustedes (Ro 8-11 NVI).
Así que, Jesús se responsabilizó de todos tus pecados pagando cada uno de ellos con Su propia Vida. Él descendió al infierno y ahí recibió todo el castigo por tus pecados. De acuerdo a la Escritura, tú moriste ahí con Él y, por lo tanto, fuiste justificado(a).
Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (2 Co 5.14).
Así pues, el Espíritu Santo levantó a Jesús de entre los muertos para hacer de Él el primer Hijo de Dios Nacido de Nuevo. ¡Ya no es más el unigénito Hijo de Dios, sino el primogénito, el primero entre muchos hermanos! (Ro 8.29).
Ahora, de la misma forma, el Espíritu Santo, prometido con el Nuevo Pacto, ha hecho de ti un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.
Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes,  luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos,  lleguen a tener parte en la naturaleza divina (2 P 1.4 NVI).
Todas y cada una de las promesas hechas en la Biblia tienen su cumplimiento en la Sangre del Nuevo Pacto. Fueron prometidas por Dios para que tú llegases a ser participante de Su naturaleza divina.
Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios (Luc 1.34-35).
Como en el caso del nacimiento carnal de Jesucristo, el Hijo de Dios, tú Nueva naturaleza divina (la de un(a) Hijo(a) de Dios, con Vida Eterna), sólo puede ser impartida por el Espíritu Santo.
Es por todo esto que el Espíritu Santo es la garantía del Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús.
Es por todo esto que el Nuevo Pacto es un mejor Pacto, establecido sobre mejores promesas.
Es por todo esto que, sin importar el problema, enfermedad o situación que hoy estés enfrentando, tú has sido creado(a) de Nuevo como un(a) Hijo(a) de Dios y, por lo tanto, en todas las cosas saldrás más que vencedor(a) por medio de Su Amor, pues tú todo lo puedes en Cristo Jesús, quien te fortalece.
MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jn 3.1 LPD).
Así que, el propósito de la muerte y resurrección de Jesucristo NO fue pagar tus pecados (lo cual hizo como un mero requisito), sino hacer de ti un(a) auténtico(a) y legítimo(a) Hijo(a) de Dios.
Ahora tú eres un(a) Hijo(a) Amado(a) de Dios y Él, sin lugar a dudas, te ha de responder y velar por ti.
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, que hermosa es la Vida Nueva que me has dado por medio de Tu Hijo. ¡La Vida Eterna! ¡Una Vida totalmente Nueva, plena y abundante! Gracias mi Dios, por el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús. Jesucristo, Tú eres mi Rey, Señor y Salvador y gracias a Ti, hoy, yo ________________ (pon tu nombre aquí), al igual que Tú, también soy un(a) Hijo(a) amado(a) de Nuestro Dios y Padre. Tengo Vida Eterna y la puedo (y debo), vivir en plenitud y abundancia, pues además (como si fuera poco), te tengo a Ti, Espíritu Santo como mi amigo y ayudador. Y aunque sé que en el mundo tendré aflicciones, también me has dado Tu Palabra, la Biblia, para que en Ti yo tenga paz, pues Tú has vencido al mundo y yo contigo. Gracias Señor, pues esta identidad de Hijo(a) me permite amar a mis semejantes como a mí mismo(a). Por tanto, como un(a) Hijo(a) del Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, desecho el temor y la duda, me someto a Ti, Padre, a Tu Verdad y a Tu Palabra, resisto al diablo, a sus engaños y mentiras y éste tiene que huir de mi vida. Ahora sé, que sé, que en todas las cosas he de salir más que vencedor(a), pues todo lo puedo en Cristo que me fortalece. ¡Ya he vencido al mundo! Pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que estás en mí, y conmigo, que el que está en el mundo. Hoy tomo mi identidad y con toda certeza y autoridad, resisto y hecho fuera de mi vida toda enfermedad, pobreza, tristeza, depresión, soledad, temor y angustia. Cubro todo mi ser, espíritu, alma y cuerpo, con la Sangre de Jesús y llamo y recibo toda la salud, amor, paz y gozo que Tú, Jesucristo, compraste para mí al morir en la cruz. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy feliz! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! Gracias a Ti, Señor Jesús. Gracias a la Sangre del Nuevo Pacto. Amén.
Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
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Julio          25                        1 Co 11.17-34  /  2 R 5  /  Abd










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