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viernes, 21 de agosto de 2015

¡Cómo saber si eres un(a) Hijo(a) de Dios!


22 de Agosto

¡Igual al Padre!

Por Riqui Ricón*

Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios (Jn 5.16-18).

Es muy interesante notar aquí, como la Escritura te enseña cuáles fueron las dos razones por las cuales los judíos mataron a Jesús: uno, por hacer milagros en el día de reposo y dos, por decir que Dios era Su propio Padre.

Esto último, fue demasiado para las mentes supersticiosas de ese tiempo y no lo pudieron soportar, pues, en el correcto sentido de las palabras (lo mismo ayer que hoy), decir que uno es Hijo de Dios significa necesariamente tener la misma naturaleza que tu Padre, Dios (y esto es ser igual a Dios).

Para aquellos judíos de la época de Jesús, esta mera idea era impensable. Pero, ¿Qué hay de ti después de la muerte y resurrección de Cristo Jesús?

¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre,  que se nos llame hijos de Dios!  ¡Y lo somos!  El mundo no nos conoce,  precisamente porque no lo conoció a él (1 Jn 3.1 NVI).

La única forma para comprender y asimilar esto es cuando conoces y crees el Amor de Dios.

Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo (1 Jn 4.16-17).

Es por el Amor que Él siente por ti, que tú has sido llamado(a) y constituido(a) por el mismísimo Dios, como un(a) Hijo(a) Suyo(a). ¡Un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Dios te ama tanto que prefirió entregar a su propio Hijo para pagar TODOS tus pecados antes que perderte a ti. Jesús no vino a condenarte sino a que, por medio de Su Sangre, muerte y resurrección, tú recibas la Vida Eterna que solamente de un(a) Hijo(a) del Rey puede tener.

Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra (Sal 2.7-8).

De acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, tú eres legal y literalmente un(a) Hijo(a) de Dios. Esta es tu verdadera identidad y esta es la razón por la que Jesús dio su vida en esa cruz, por amor a ti.

Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos (He 2.10).

Por esto, Jesús ya NO ES más el único Hijo de Dios sino que ahora es el primero entre muchos hermanos, de los cuales tú eres uno(a) de ellos.

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos (Ro 8.29).

La actitud de los judíos de antaño hacia las enseñanzas y la persona de Jesús es un mero reflejo del pánico que Satanás tiene de que en Verdad tú comiences a creer que eres la persona que Dios dice en Su Palabra que eres: ¡Un(a) legítimo(a) y genuino(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!

Es por esta Verdad que, sin importar la situación en que te encuentres el día de hoy, si tú has hecho a Jesucristo el Señor y Salvador de tu vida, ten la certeza, la plena seguridad y confianza de que puedes orar a tu Padre y pedirle que te ayude, teniendo la total certeza que Él no faltará a Su Palabra y contestará favorablemente todas tus oraciones.

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (He 4.14-16).

Tu enemigo, el diablo, tratará por todos los medios de apartarte de esta Verdad: que tú eres un(a) Hijo(a) amado(a) de Dios y que Él no dejará de cumplirte Su Palabra. Satanás tratará de producir duda e incredulidad en tu mente y corazón hacia la Palabra de Dios para que, olvidando quien tú ya eres, seas desanimado(a) y tentado(a) a desobedecer.

Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos (Zac 7.11-12).

La buena noticia es que lo anterior NO ES tu caso, pues Jesús ha vencido al mundo por ti  y te ha traspasado Su Victoria.

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16.33)

Recuerda siempre que la victoria que vence al mundo es tu fe. Esto es, creyéndole a Dios creyendo Su Palabra.

Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Jn 5.4).

Y la fe viene por el oír la Palabra de Dios. Esto es, la fe viene por creerle a Dios, creyendo a Su Palabra, sabiendo que tú eres el (la) amado(a) y especial tesoro de tu Padre celestial.

Así que, no permitas que ningún problema o circunstancia adversa te haga dudar del Amor de tu Padre. No permitas que la duda, y el temor que ésta produce, te roben tu identidad como Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.

Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo,  sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar:  "¡Abba!  ¡Padre!" (Ro 8.15 NVI).

No lo dudes más, de acuerdo a las enseñanzas de Jesucristo; de acuerdo al Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús y a todo el mensaje contenido en la Palabra de Dios, la Biblia (y por más que chillen los demonios, blasfemia, blasfemia), tú eres legítimamente un(a) Hijo(a) del Dios Todopoderoso.

Y daré por respuesta a mi avergonzador, Que en tu palabra he confiado (Sal 119.42).

¡Jamás serás avergonzado(a) de haber confiado y creído la Palabra de Dios!

Oremos:

Amado Padre celestial, en este momento quiero decirte cuanto te amo y cuan agradecido estoy por Tu Amor. Gracias Jesús por Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota en esa cruz por Amor a mí. Sé que he sido justificado(a) y perdonado(a) en Tu Sangre. Ahora soy legítimamente un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y este acto soberano de Tu Amor y Gracia sobre mí, me coloca a la estatura del Varón perfecto, Cristo Jesús. Ante cualquier reto que esté enfrentando el día de hoy, sé también que jamás me dejarás, pues Tú, Jesucristo, eres mi guardador y el maligno no me toca. Tú has dicho en Tu Palabra que a los que te amamos TODAS las cosas nos ayudarán a bien, así que, este día, yo, ________________ (tu nombre aquí), creo y declaro que soy sano(a),  soy libre, soy próspero(a) y soy feliz. De todo problema,  circunstancia o enfermedad estoy cien por ciento seguro(a) que salgo más que vencedor(a) pues todo lo puedo en Cristo Jesús, mi Señor y Salvador. Lo creo y lo confieso en Tu nombre Señor Jesús. Amén.

Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Agosto 22                            Jn 5.1-18  /  1 Cr 18-19  /  Zac 7



 
 

miércoles, 19 de agosto de 2015

¿Existe algo mejor que el perdón de tus pecados?


19 de Agosto

¡Ser hecho(a) Hijo(a) de Dios!

Por Riqui Ricón*

Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta (Jn 4.16-19).

Este es uno de los episodios más hermosos y emocionantes en la vida de Jesús. Un episodio donde tú puedes constatar cómo el Señor demuestra la naturaleza de Dios con su propio ejemplo. Aquí tienes a Jesús quien después de conversar con una mujer samaritana (lo cual era totalmente inapropiado pues estaba considerado totalmente impuro por parte de los judíos de esa época) y Él no le recrimina su vida, ni sus pecados, pues esta mujer había tenido cinco maridos y en ese momento cohabitaba con otro hombre. ¡No hay un solo reproche departe del Señor hacia ella!

Presta mucha atención, ya que ahí tenemos a la persona más despreciable del momento. Es una mujer y ha sentido en carne propia el prejuicio sexual. Es samaritana y conoce el desprecio racial por parte de romanos y judíos. Cinco veces ha fracasado como esposa y como mujer y ha experimentado el profundo rechazo no sólo de las demás mujeres, sino de la comunidad entera. Y, por si fuera poco, el hombre con el que actualmente vive no la quiere reconocer como mujer. ¡Es a este insignificante ser humano que, Dios hecho hombre, Jesús mismo, decide revelarle Su Identidad!

La mujer dijo: —Sé que el Mesías está por venir, al que llaman Cristo. Cuando él venga, nos explicará todas las cosas. Entonces Jesús le dijo: —¡YO SOY el Mesías!(Jn 4.25-26 NTV).

¡Asombroso! Jesús no se lo reveló a Juan, ni a Pedro, no se lo dijo a Nicodemo, ni a Jairo, no se manifestó a Caifás, ni a Poncio Pilato, sino que se reveló a una mujer samaritana, allá en la soledad de aquella calurosa tarde en el pozo de Jacob. ¡Maravilloso! ¡Jesús nunca ha buscado gente perfecta sino gente sincera!

Jesús es Amor puro. Él no anda llevando la cuenta de tus pecados y transgresiones con el propósito de echártelos en cara y así darte algún tipo de lección o reprimenda. ¡No! ¡De ninguna manera! Mira el carácter de Jesús, Él es amor y sólo está buscando tu corazón. ¡Es a ti a quien Él busca! ¡Eres tú el (la) importante para Él!

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.17-17).

¡Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti!

¡El Amor que Él siente por ti lo ha llevado no sólo a justificarte pagando todos tus pecados en esa cruz, sino que, precisamente por eso, ahora te puede llamar Hijo(a) Suyo(a)!

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios;  por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él (1 Jn 3.1).

Si aquella pobre mujer olvidada encontró el Amor y la Gracia de Dios, cuánto más tú, puedes en este día, contar con Él. Sin lugar a dudas que puedes estar seguro(a) de Su Amor por ti. Sin lugar a dudas Él jamás se olvidará de ti.

¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti (Isa 49.15).

Si en este día estás experimentando cualquier tipo de problema, enfermedad o aflicción, entonces lo que tú necesitas es escuchar a Jesús decirte, Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;  porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga (Mat 11.28-30).

Recuerda siempre que, sin importar cómo haya sido tu vida pasada, si has hecho a Jesús el Señor de tu vida, entonces, en esa cruz tú fuiste justificado(a) con Su Sangre, perdonado(a) por Su amor, santificado(a) a través de la purificación de tus pecados y perfeccionado(a) por su Gracia.

Ahora eres literal y legítimamente un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Y estas, mi amado(a), son muy buenas noticias. Dios no te ha dejado ni te dejará. Dios no te ha desamparado ni lo hará. Pues,…

Aun cuando yo pase por el valle más oscuro, no temeré, porque tú estás a mi lado. Tu vara y tu cayado me protegen y me confortan. Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos. Me honras ungiendo mi cabeza con aceite. Mi copa se desborda de bendiciones. Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR viviré por siempre (Sal 23.4-6 NTV).

Dios ha empeñado Su Palabra de Honor en que así lo hará contigo.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras permanecerán para siempre (Mar 13:31 CST).

Todo esto no es algo que Dios vaya hacer a tu favor sino algo que ya fue hecho, está escrito en la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente. Y puedes estar cien por ciento seguro(a) que si Dios lo dijo, entonces, Él lo va a cumplir; si Dios lo habló, entonces, Él lo va a ejecutar. A ti te toca creerlo, recibirlo y vivirlo.

Preguntó Jesús al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le ocurre esto? Él le contestó: Desde niño. Y muchas veces el espíritu lo arroja al fuego o al agua, para matarlo. Si puedes, ayúdanos. ¡Ten compasión de nosotros! Dijo Jesús: ¿Cómo "si puedes"? Para el que cree, Todo es posible (Mar 9:21-23 CST).

Sea que estés enfrentándote a la enfermedad, pecado, necesidad económica, problemas familiares, depresión, soledad o te encuentres perfectamente bien, Jesús siempre te amará y te buscará a ti, no para condenarte sino para salvarte.

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, en esta hora te doy gracias por tan grande y hermoso Amor que estando yo muerto(a) en delitos y pecados me diste Vida juntamente con Cristo. ¡Por Tu gracia soy salvo(a)! Hoy sé que aunque ande en valle de sombra y de muerte, puedo dejar de temer pues Tú estás conmigo. También sé que caerán a mi lado mil y diez mil a mi diestra más a mí no llegará ya que Tú, Jesús, mi Rey, Señor y Salvador, me guardas y el maligno no me puede tocar. Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Gracias Jesús, Tú me hiciste así. Gracias Espíritu Santo, Tú estás aquí conmigo, no me has dejado ni me dejarás. Me determino, con Tu ayuda, a resistir al espíritu de temor pues no me ha dado Dios espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor sino que he recibido el espíritu de adopción y hoy puedo decirte Abba, Padre, Papá, Papito. Así que, creo y declaro que de todo problema, angustia o enfermedad voy a salir más que vencedor(a) por Tu Gran Amor.  ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy Feliz! En el nombre de Jesús. Amén.

Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Agosto 19                            Jn 4.1-26  /  1 Cr 15.1-16-6  /  Zac 4




jueves, 13 de agosto de 2015

¡Cómo librarte del juicio de Dios y del castigo eterno!

<ENGLISH>

14 de Agosto

¡Sólo con Su Gracia!

Por Riqui Ricón*

!!Ay de la ciudad rebelde y contaminada y opresora! No escuchó la voz, ni recibió la corrección; no confió en Jehová, no se acercó a su Dios (Sof 3.1-2).

Aunque a veces nos cuesta trabajo comprenderlo, sobre todo después de haber conocido y creído el Amor de Dios, la Biblia es muy clara en cuanto a que existe una sentencia de parte de Dios sobre este mundo y sobre el ser humano; una sentencia que sin lugar a dudas se va a cumplir.

Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: !!Jehová! !!Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación (Ex 34.6-7).

Ciertamente Dios, tu Padre, es clemente, misericordioso y perdonador, pero también es justo y de ningún modo tendrá por inocente al malvado.

Pero eres terco y no quieres cambiar, y así estás acumulando la ira de Dios. El castigo te llegará el día en que Dios muestre toda su ira. Ese mismo día, Dios mostrará que juzga correctamente y con justicia. Dios pagará a cada uno según lo que haya hecho. Hay algunos que son constantes en hacer el bien. Buscan de Dios la grandeza, el honor y una vida que no puede ser destruida. A ellos Dios les dará vida eterna. Hay otros que son egoístas, se niegan a seguir la verdad y han decidido seguir la injusticia. Dios los castigará con toda su ira. Castigará con grandes sufrimientos a todos y cada uno de los que hacen lo malo, tanto a los judíos como a los que no son judíos. Por el contrario, a todos los que hacen el bien Dios les dará grandeza, honor y paz, sean judíos o no. Dios juzga a todos por igual y sin favoritismos (Ro 2.5-11 PDT).

Así que, nos guste o no, hay un plazo y está establecido un tiempo en que Dios juzgará con justo juicio a los seres humanos. Sin embargo, ni tú ni yo tenemos nada que temer de ese día, pues de acuerdo a la Palabra de Dios, ese día será también un día de alegría y de victoria, para todos aquellos que son Hijos de Dios Nacidos de Nuevo por medio de Jesucristo.

Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y también el mar. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde la presencia de Dios, como una novia hermosamente vestida para su esposo. Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: «¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos. Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más» (Apo 21.1-4 NTV).

¡Estas son muy buenas noticias! Mientras al sistema corrupto de este mundo y a todos aquellos que insisten en la maldad les espera una terrible condena, tu Padre celestial ha preparado para ti  un cielo nuevo y una tierra nueva donde no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor.

No te escribo esto para que te alegres ni te entristezcas por el horrendo destino que le espera a alguien que por causa de su obstinado corazón persistió en rechazar a Dios; más bien te escribo esto para que adquieras conciencia del inmenso Amor que Dios siente por ti, pues al final de cuentas, tú no merecías ser librado(a) del castigo eterno.

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo (Jn 1.29-30).

¡Jesucristo es el Cordero de Dios que QUITÓ el pecado de tu Vida!

La sangre que Cristo derramó en su muerte pagó el rescate para librarnos del pecado. Es decir, que Dios es tan generoso que perdona nuestras faltas (Efe 1.7 PDT).

Con Su muerte, Jesús cumplió toda justicia pagando el justo castigo que merecían todas tus transgresiones. Pero fue con Su resurrección que venció a la muerte y pudo adoptarte como Hijo(a) Suyo(a) según el puro afecto de su voluntad (Efe 1.5) y hacerte partícipe de la Vida Eterna que es un privilegio exclusivo de los Hijos de Dios.

ANTES USTEDES ESTABAN bajo la maldición de Dios, condenados eternamente por sus delitos y pecados. Según la corriente de este mundo, eran pecadores empedernidos, y como tales, obedecían los dictados de Satanás, príncipe del imperio del aire, quien ahora mismo está operando en el corazón de los que se rebelan contra el Señor. Nosotros mismos éramos así; nuestras vidas expresaban la maldad que había en nosotros, y nos entregábamos a las perversidades a que nuestras pasiones y malos pensamientos nos empujaban. Era un mal de nacimiento, pues nacimos con una naturaleza perversa que nos mantenía bajo la ira de Dios como a los demás. Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto que, aunque estábamos espiritualmente muertos a causa de nuestros pecados, nos vivificó con Cristo —sólo por su gracia infinitiva somos salvos—. Además, nos elevó con Cristo de la tumba a la gloria y nos hizo sentar con El en los cielos.  Ahora Dios puede, en cualquier época, poner como ejemplo de su gracia infinita la obra que en su bondad realizó en nosotros a través de Jesucristo.  Es por su gracia mediante la fe en Cristo que son ustedes salvos, y no por nada que hayan hecho. La salvación es un don de Dios  y no se obtiene haciendo el bien, porque si así fuera tendríamos de qué gloriarnos.  Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para realizar las buenas obras que de antemano dispuso que realizáramos. Nunca olviden que antes eran paganos, y que los judíos los tenían por infieles e inmundos (aunque tienen el corazón tan inmundo como el de ustedes, pues el valor de los rituales y ceremonias que practican es externo).  Recuerden que en aquellos días ustedes vivían alejadísimos de Cristo, excluidos de la ciudadanía del pueblo de Dios, y no habían recibido la promesa. Estaban perdidos, sin Dios y sin esperanza.  Pero ahora pertenecen a Jesucristo; aunque antes andaban alejados de Dios, la sangre de Jesucristo los acercó a El (Efe 2.1-13 BAD).

¡Y todo por Amor a ti!

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

¡Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti!

MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos (1 Jn 3.1 BAD).

Por este gran Amor, Dios mismo ahora te llama Su Hijo(a) y te ha dado el don, el regalo, de la Vida Eterna. ¡Tú Vivirás por Siempre! Y esto es algo que el mundo nada más NO puede comprender.

»Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes. Ama al SEÑOR tu Dios, obedécelo y sé fiel a él, porque de él depende tu vida, y por él vivirás mucho tiempo en el territorio que juró dar a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob.» (Deu 30.19-20 NVI).

Dios lo planeó de esta forma. Él lo estableció así. Tanto las palabras de maldición como la Bendición que encuentras en la Biblia, ambas son Palabra de Dios y se van a cumplir al pie de la letra. Sin embargo, el anhelo, la voluntad expresa de tu Padre siempre ha sido que tú vivas bajo La Bendición.

En ese día ya no hará falta que sean avergonzados, porque dejarán de rebelarse contra mí. Quitaré al orgulloso y al arrogante de entre ustedes; no habrá más altivez en mi monte santo. Quedarán sólo los sencillos y los humildes porque son ellos quienes confían en el nombre del SEÑOR. Los del remanente de Israel no harán nada malo; nunca mentirán ni se engañarán unos a otros. Comerán y dormirán seguros, sin que nadie los atemorice». ¡Canta, oh hija de Sión; grita fuerte, oh Israel! ¡Alégrate y gózate con todo tu corazón, oh hija de Jerusalén! Pues el SEÑOR quitará su mano de juicio y dispersará a los ejércitos de tus enemigos. ¡El SEÑOR mismo, el Rey de Israel, vivirá en medio de ti! Por fin, se habrán terminado tus aflicciones y nunca jamás temerás el desastre. En ese día, la proclama en Jerusalén será: «¡Ánimo Sión! ¡No temas! Pues el SEÑOR tu Dios vive en medio de ti. Él es un poderoso salvador. Se deleitará en ti con alegría. Con su amor calmará todos tus temores. Se gozará por ti con cantos de alegría». «Reuniré a los que añoran los festivales establecidos; nunca más serán avergonzados. Sin embargo, trataré con severidad a quienes te oprimieron. Salvaré al débil y al indefenso; reuniré a los que fueron expulsados. Daré gloria y renombre a los que fueron desterrados dondequiera que hayan sido ridiculizados y avergonzados. En ese día los reuniré y los traeré de regreso a casa. Les daré un buen nombre, un nombre distinguido entre todas las naciones de la tierra, cuando, ante sus propios ojos, restauraré tu bienestar. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!» (Sof 3.11-20 NTV).

Como ya habrás notado, el secreto está en confiar en Dios.

Jehová de los ejércitos,  Dichoso el hombre que en ti confía  (Sal 84.12).

Confiar en Dios significa creerle a Dios; significa creer a Su Palabra.

Así que, como puedes ver, la única forma de librarte del juicio de Dios y del castigo eterno es amparándote bajo Su Amor y Su Gracia infinitos.

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, en Verdad que es hermoso saberme tan amado(a) por Ti, mi Dios. Gracias por tanto y tan grande Amor. Este día (y todos los días de mi vida) lo quiero vivir bajo Tu Gracia infinita sabiéndome perdonado(a) de todos mis pecados. Creo y recibo esta Nueva Vida que Tú, Jesucristo, compraste para mí al morir y resucitar venciendo a la muerte. Yo estoy en Cristo y soy una Nueva creatura, las cosas viejas pasaron y he aquí que todas son hechas nuevas. Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y no de una simiente que se pueda corromper, sino de la incorruptible semilla que es Tu Palabra, Señor, que vive y permanece para siempre. Así, Tú has quitado el orgullo y la arrogancia de mi vida; ya no hay más altivez de mi parte en Tu Presencia. Me has hecho sencillo(a) y humilde, y ahora confío plenamente en el nombre del SEÑOR. Ya no haré nada malo; nunca mentiré ni engañaré a nadie más. Comeré y dormiré seguro(a), sin que nadie me atemorice. ¡Hoy canto y grito fuertemente! ¡Me alegro y me gozo con todo mi corazón! Pues Tú, mi Padre, has quitado Tu mano de juicio y dispersarás a los ejércitos de mis enemigos. ¡El SEÑOR mismo, el Rey de Israel, vive en medio de mí! Por fin, se habrán terminado mis aflicciones y nunca jamás temeré el desastre. En este día, yo proclamo: «¡Ánimo ________ (tu nombre aquí)! ¡No temas! Pues el SEÑOR mi Dios vive en medio de mí. Tú, Jesús, eres un poderoso salvador y te deleitas en mí con alegría. Con Tu amor calmas todos mis temores y te gozas por mí con cantos de alegría. ¡Nunca más seré avergonzado(a)! Y aunque tratarás con severidad a quienes me oprimieron, Tú, mi Dios, me salvarás. Me darás gloria y renombre dondequiera que yo haya sido ridiculizado(a) y avergonzado(a). En este día me reunirás y me traerás de regreso a casa, contigo Señor. Me darás un buen nombre, un nombre distinguido entre todas las naciones de la tierra, cuando, ante mis propios ojos, restaures mi bienestar. ¡Tú, el SEÑOR, lo has hablado y decretado en Tu Palabra, la Biblia! Así que, soy libre para recibir, por medio de la fe en Tu Palabra, el cumplimiento en mi Vida de todas y cada una de Tus Promesas. Por lo tanto, amado Padre celestial, todas y cada una de las Promesas que están en Tu Palabra son mías y para mí. Hoy puedo orar a Ti con la certeza de que me escuchas y me respondes. Tengo gozo y paz en mi corazón pues puedo pedir y recibir. Por lo tanto, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, declaró que soy sano(a) y libre de toda enfermedad o dolencia; creo y recibo la voluntad expresa de mi Padre, Dios Todopoderoso, para ser y vivir prosperado(a) en todas las cosas. Echo fuera de mi vida todo pensamiento de temor y duda resistiendo todo engaño y mentira acerca de mí. Yo soy lo que Tú, Dios Todopoderoso, dices en la Biblia que soy: Tu Hijo(a) amado(a); especial tesoro de mi Padre; yo soy quien todo lo puedo en Cristo que me fortalece y en todas las cosas, absolutamente en todas las cosas, soy más que vencedor(a) por medio del Amor de Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Amén.

Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime © 2011

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Agosto 14                            San Juan 1.19-34  /  1 Crónicas 7-8  /  Sofonías 3