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miércoles, 29 de abril de 2015

¿Qué significa ser salvo?

 
11 de Abril

¡Muchísimo más!

Por Riqui Ricón*

Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo (Hch 2. 21).

Ser salvo significa muchísimo más que irse al cielo por el perdón de tus pecados.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10.10).

Ser salvo significa gozar de la Vida Eterna que Jesucristo compró para ti con Su muerte y resurrección. Ser salvo significa participar de la Vida exclusiva de un(a) Hijo de Dios que es una Vida Plena y Abundante.

Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía (Sal 84.12).

Ser salvo significa tener Paz, dicha y Plenitud.

¡Dios es bueno! ¡Dios es Amor! El fabuloso Plan de Dios para la redención de tu vida se originó a partir de estas dos cualidades de Dios: Su Amor y Su bondad para contigo. La Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, te enseña, desde Génesis hasta Apocalipsis, que Dios es incluyente, no excluyente. Siempre ha sido Su voluntad incluirte a ti en el gobierno y dirección del universo que Él ha creado.

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios,  y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra (Gen 1. 26-28).

Tú fuiste creado(a) a imagen y semejanza de Dios PARA señorear; para ser fructífero(a) y multiplicarte; para llenar la tierra y sojuzgarla.

¡Fuiste creado(a) para tener Plenitud de Vida!

Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el SEÑOR—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza (Jer 29.11 NTV).

El problema de los seres humanos no es su libertad, ni su libre albedrío. El problema de los seres humanos es que con esa libertad que Dios les dio, han decidido no creerle a Dios, han decidido no creerle a Su Palabra. ¡Este es el Verdadero problema!

Dado que Dios NO puede mentir, pues toda Palabra que sale de Su boca tiene el Poder para cumplirse inmediatamente, entonces, la Palabra de Dios ES la Verdad. La Palabra de Dios es la Verdad Eterna, infalible e inmutable.

Así que, el problema no está en la Palabra de Dios sino en aquellos que deciden creer la mentira en lugar de la Verdad.

Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? He aquí, he recibido orden de bendecir; El dio bendición, y no podré revocarla (Num 23.19-20).

Desde el principio fuiste creado(a) a Su imagen, conforme a Su semejanza y Él te bendijo con Su Palabra. La Palabra de Dios fue dicha para tu provecho y beneficio, sin embargo, el ser humano no la ha creído.

Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella (Gen 3.1-6).

No necesitas analizarlo mucho para darte cuenta que el primer pecado, el pecado original, no fue la desobediencia sino la incredulidad. Fue el no creer lo que Dios les dijo para, en su lugar, creer lo que Satanás decía; fue la incredulidad a la Palabra de Dios lo que dio origen a la desobediencia.

Imaginar el dilema de Adán y Eva allá en el paraíso es fácil: “este curioso animalito dice una cosa y mi Creador dice otra, ¿cuál de los dos dirá la Verdad? ¿A cuál de los dos le voy a CREER? Y, desde luego, la incredulidad a la Palabra de Dios siempre engendrará desobediencia. Desde entonces hasta el día de hoy el dilema sigue siendo el mismo, ¿tú, quién crees que diga la Verdad? ¿Tú, a quién le vas a CREER?

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 6. 23).

No obstante la incredulidad y desobediencia, Dios no ha desistido, ni lo hará, en Su amor por ti. Él jamás ha estado dispuesto a ejecutar sentencia de muerte sobre tu vida sino todo lo contrario.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3. 16-17).

¿Te das cuenta? Dios ama a TODO EL MUNDO y su Plan de Amor y Redención es para TODO AQUEL que CREA. Esto es para todo aquel que decida volver a creerle a Él; para todo aquel que decida creer que Dios tiene Palabra de Honor.

¡Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti!

Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo (Ro 10.13).

¡Sólo esto te pide!

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 P 3.7).

¡Dios no quiere que nadie se pierda!

Ahora bien, una vez que reconoces a Jesús como Señor y Salvador de tu vida, el Plan de Dios se ha puesto en marcha a tu favor. Estás justificado(a) por Su Sangre; todos tus pecados son perdonados y olvidados; eres creado(a) de nuevo, esto es, el espíritu que tú eres, a imagen y semejanza de Dios, Nace de Nuevo pero ahora coma un(a) Hijo(a) legítimo(a) de Él. Y, además, en ese preciso momento, adquiriste un propósito y destino muchísimo más grandes que los que tenías originalmente.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria (Efe 1. 3-14).

Así que, ser salvo significa muchísimo más que irse al cielo con el perdón de tus pecados: redimido(a), perdonado(a), amado(a), bendecido(a) con toda bendición, escogido(a) antes de la fundación del mundo, adoptado(a) Hijo(a) Suyo(a), aceptado(a) en el Amado, heredero(a) y predestinado(a) con el propósito de que seas para la alabanza de Su gloria.

Eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y has sido dejado(a) sobre esta tierra para reinar, ejerciendo el dominio y la autoridad que te han sido otorgados por Su Palabra.

TU ESTILO DE VIDA ES LO QUE TÚ CREES Y MANIFIESTAS AQUÍ EN LA TIERRA, Y ESO ES LO QUE LE DA GLORIA Y ALABANZA AL SEÑOR.

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, te doy muchas gracias por Tu Palabra, que es la Verdad. Porque en ella encuentro cada vez más claro que soy Hijo(a) Tuyo(a) con propósito. En verdad puedo ser feliz creyendo Tu Palabra y aceptando, de una vez por todas, que Tu Voluntad y mi destino son reinar y ejercer dominio en esta tierra. Hoy me dispongo, con Tu ayuda, Espíritu Santo, a creer, a creerte a Ti y a vivir siempre en victoria. Todo lo puedo en Ti, Jesucristo y en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Tu Amor sobre de mí. Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y no hay forma que pueda perder pues si Dios, mi Padre, es conmigo, ¿quién contra mí? Por lo tanto, creo y declaro con toda mi fe puesta en Tu Palabra que yo, __________ (tu nombre aquí), ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero! ¡Soy dichoso(a)! ¡SOY SALVO! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Abril 11                                               Hch 2. 14-47 /  Deu 15-16 /  Job 11

 


 
 

¡Cómo vivir Pentecostés!

 
10 de Abril

¡Aceptando y recibiendo lo que Jesús ya hizo por ti!

Por Riqui Ricón*

Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen (Hch 2.2-4).

Este día la Palabra de Dios nos relata uno de los eventos más hermosos y asombrosos en la historia de la humanidad: la llegada del Espíritu Santo de Dios para vivir en y con el corazón de los hombres.

El Espíritu Santo es Dios y tú eres tan importante para Él, que Él mismo se constituyó como garantía del Nuevo Pacto, y éste Nuevo Pacto fue prometido por Dios para restaurar la comunión contigo.

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria (Efe 1.13-14).

Dado que el Antiguo Pacto fue invalidado por los continuos fracasos ante el pecado y la incredulidad haciéndolo imposible de cumplir, entonces Dios propuso un Nuevo Pacto donde (sólo por Amor a ti), Él se haría cargo de todo.

He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón;  y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jer 31.31-34).

El Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús implica que Dios pondrá Su Palabra en tu mente y la escribirá en tu corazón para que tengas un conocimiento y tal relación de intimidad con Él que el pecado nunca más se volverá a interponer entre ustedes dos.

¡Bajo el Nuevo Pacto nunca más volverás a desconfiar de la Palabra de Dios!

Pero, ¿cómo planeó Dios conseguir semejante propósito?

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra (Eze 36.26-27).

El Plan de Redención para tu Vida es un Plan totalmente sobrenatural. Para poder llevarlo a cabo, Dios cambiará tu corazón corrompido y malvado por uno totalmente nuevo y que ya no se pueda corromper. Te hará nacer de nuevo como un espíritu renacido; y pondrá dentro de ti al Espíritu Santo.

En el Nuevo Pacto, Dios te hizo Nacer de Nuevo para que, a semejanza de Jesús, recibas como herencia la Vida Eterna de un(a) Hijo(a) de Dios y como sello de garantía de esta tu Nueva Naturaleza divina, te dio el don, el regalo, de Su Espíritu Santo.

Tú bien sabes que Dios te ama tanto que prefirió entregar a su propio Hijo, como sustituto para pagar el precio de TODOS tus pecados, antes que perderte a ti por toda la eternidad.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Es evidente que por ese Amor que Dios siente por ti, y mediante el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, ahora mismo Él te puede llamar Su propio(a) Hijo(a).

MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jn 3.1).

Este asombroso milagro de regeneración donde, por la muerte y resurrección de Jesucristo, tú pasaste de muerte a Vida para ser hecho(a) un(a) legítimo(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, sólo fue posible mediante la acción poderosa y concertada del Espíritu Santo y la Palabra de Dios.

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo (Ti 3.4-5).

siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).

¡Tú, por la fe [por creerle a Dios, creyendo Su Palabra], Naciste de Nuevo como Hijo(a) de Dios!

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él (1 Jn 5.1).

¡Tú, de la misma forma que Jesús, fuiste engendrado(a) por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios!

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra (Luc 1.34-38).

Por el Espíritu Santo y el Amor de Dios, ahora eres un(a) hermano(a) de Jesús.

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos (Ro 8.29).

Por el Espíritu Santo y el Amor de Dios, ahora eres igual a Jesús.

En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo (1 Jn 4.17).

El Espíritu Santo no solamente es Dios y la garantía de tu Nueva Naturaleza divina, sino que además es tu amigo, compañero y maestro en esta asombrosa y maravillosa aventura que es ser un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.

No en balde la Escritura dice:

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Ro 8.31).

A ti sólo te corresponde creer Su Palabra y aceptar y recibir lo que Jesús ya hizo por ti. ¡Esto es Pentecostés!

Dios, el Espíritu Santo, ahora vive en ti y contigo. ¡Él es tu mejor amigo! ¡No hay forma que puedas perder!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, que asombroso y maravilloso es Tu Amor por mí. Te doy gracias que estando yo muerto(a) en delitos y pecados me diste Vida juntamente con Tu Hijo, Cristo Jesús. ¡Y no cualquier tipo de Vida! Señor Jesús, por Tu muerte y resurrección, ahora yo tengo todo el derecho a la Vida Eterna de un(a) Hijo(a) de Dios. ¡Exactamente igual a Ti, mi Señor Jesús! ¡En verdad que esto es asombroso y maravilloso! Te tengo a Ti, Espíritu Santo, viviendo en mí y conmigo. ¡Tu Poder, Tu Amor y Tu sabiduría están a mi disposición! ¿Qué, pues, diré a todo esto? Si Tú estás conmigo, ¿quién contra mí? Si Tú, Padre, no vacilaste al entregar a Tu Hijo por mí, ¿cómo no me darás también, junto con Él, todas las cosas? ¿Quién se atreve a acusarme si soy escogido(a) de Dios? ¡Nadie! Tú mismo, oh Dios, me has perdonado y me has puesto en muy buena estima entre Tú y yo. ¡Me has hecho Tu Hijo(a)! ¿Quién me condenará entonces? ¿Cristo Jesús? ¡No! Tú, Señor Jesús, fuiste el que murió por mí y el que volvió a la vida por mí y estás en el cielo en un sitial de honor junto a Dios Padre intercediendo por mí. ¿Quién podrá apartarme del amor de Cristo? Si me vienen problemas o calamidades, si me persiguen o matan, ¿es acaso que Tú has dejado de amarme? Y si tengo hambre o necesidad, o si estoy en peligro, amenazado(a) de muerte, ¿es acaso que Tú me has abandonado? ¡No! ¡Nada de eso! Las Escrituras dicen que debo estar dispuesto(a) a morir en cualquier momento por la causa de Cristo, que soy como oveja de matadero. ¿Quién me separará del amor de Cristo? ¡Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Antes, en todas estas cosas soy más que vencedores por medio de aquel que me amó. Por lo cual estoy seguro(a) de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me podrá separar de Tu Amor, oh Dios, que es en Cristo Jesús mi Señor. Por todo esto, porque Tú, Espíritu Santo, estás en mí y conmigo, yo, ______________ (tu nombre aquí), resisto al espíritu de temor, duda, pobreza y enfermedad, creyendo y recibiendo lo que Tú, mi Señor y Salvador, Jesucristo, pagaste para mí. ¡Soy sano(a) y libre de toda enfermedad y dolencia! ¡Soy libre del temor, la ansiedad y la duda! Pues no he recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que he recibido el espíritu de adopción y hoy clamo, ¡Abba, Padre! Declaro mi libertad y prosperidad financiera. Recibo el Amor, gozo y paz que Tú, Espíritu Santo, has puesto en mí para vivir una vida plena y abundante. En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Abril 10                                 Hch 2. 1-13 /  Deu 13-14 /  Job 10

 


 
 

martes, 28 de abril de 2015

¡Cómo entrar al Reino de Dios!

 
9 de Abril

¡Con la Promesa del Padre!

Por Riqui Ricón*

Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí (Hch 1. 4).

Al meditar esta porción de la escritura puedo notar que la mayoría de los cristianos están más familiarizados con el versículo 8, donde Jesús te promete poder para ser testigo una vez que el Espíritu Santo haya venido sobre ti. Sin embargo, desconocer el dónde, cómo y porqué de esta promesa te limita muchísimo en el uso de este poder prometido y en tu efectividad como testigos de Dios.

¿Cuál es la promesa del Padre que Jesús les había hablado? Ciertamente que se trata de Dios, el Espíritu Santo, pero, ¿cuándo fue prometido y bajo qué circunstancias? La respuesta a estas preguntas está íntimamente relacionada con una serie de preguntas que Jesús y Nicodemo intercambiaron durante una conversación:

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?  (Jn 3. 1-10).

De acuerdo a Jesús, todo aquel que se llamase maestro de Israel debería saber que el Espíritu Santo fue prometido por Dios como parte principal del Nuevo Pacto donde, para que Él pueda realmente habitar dentro de ti, es requisito indispensable que NAZCAS DE NUEVO. Esto es, tú necesitas ser hecho(a) totalmente Nuevo(a) para que Dios, el Espíritu Santo, pueda vivir en ti y contigo. ¡Dios no puede, de ninguna manera, compartir la naturaleza caída del hombre de pecado!

El rey David, como profeta que fue, supo esto cuando, después de haber pecado, comprendió que su condición humana tendría que ser totalmente REGENERADA (vuelto a engendrar) para permanecer en comunión con Dios y darle lugar al Espíritu Santo. Tanto su clamor de arrepentimiento como la súplica de perdón, expresados en el Salmo 51, cambian drásticamente en el verso 10 cuando entendió esa necesidad de un cambio radical en su naturaleza. ¡Un cambio que sólo Dios le podía otorgar!

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente (Sal 51. 10-12).

Nicodemo debería haber sabido esto. No solamente la promesa en Joel 2. 28 del derramamiento del Espíritu sobre toda carne, sino también, y sobre todo, la necesidad apremiante de una renovación total de la condición del hombre ya que éste está, por sí mismo, condenado eternamente, pues no ha podido, no puede, ni podrá por sus obras y acciones, justificarse delante de Dios.

«Aunque sé muy bien que esto es cierto, ¿cómo puede un mortal justificarse ante Dios? Si uno quisiera disputar con él, de mil cosas no podría responderle una sola. Profunda es su sabiduría, vasto su poder. ¿Quién puede desafiarlo y salir bien librado? (Job 9.2-4 NVI).

Si alguien quisiera disputar con Dios, no podría responder ni una de mil preguntas, pues en Verdad, ¿cómo puede un mortal justificarse ante el Dios Eterno?

Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos; Respóndeme por tu verdad, por tu justicia. Y no entres en juicio con tu siervo; Porque no se justificará delante de ti ningún ser humano (Sal 143. 1-2).

Ningún ser humano podrá justificarse delante de Dios. Cualquiera que entre a juicio delante de Dios, sin lugar a dudas, saldrá culpable.

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios (Ro 8. 7-8).

La naturaleza humana no quiere, ni puede, sujetarse a la ley de Dios, por lo tanto, el ser humano nunca podrá agradar a Dios.

Nicodemo había olvidado esto pero Jesús no. Está establecido en la Palabra de Dios.

No obstante, por Amor a ti (y a todos los seres humanos), Dios diseñó el plan más hermoso y perfecto que pueda existir para tu redención (y la de todo el mundo): Primero se cumplió toda justicia al pagar el precio de tus pecados con la vida de Su propio Hijo, Jesús; luego, por Su Gracia, te perdonó todo, olvidándose de tus pecados; y por último, con su resurrección, venció a la muerte para hacer de ti una nueva especie de ser que no existía antes: Él, Dios mismo, por Su Palabra y con el Poder del Espíritu Santo, te hizo un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.

Lo que Nicodemo y los maestros de su época estaban olvidando fue la promesa del Nuevo Pacto hecha por Dios y plasmada en las Escrituras muchos años atrás. Él era maestro de Israel y tenía la obligación de saber esto.

He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón;  y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jer 31. 31-34).

Aquí es donde cabe hacer la pregunta de Nicodemo, ¿Cómo puede hacerse esto? Para escuchar la respuesta de Dios:

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra (Eze 36. 26-27).

La Palabra y el Plan de Dios para tu vida no sólo son perfectos e infalibles, sino también asombrosos. En lugar de pelear con todas tus fuerzas, en una lucha desigual contra tu vieja naturaleza, para ser santo(a), justo(a) y perfecto(a); lo único que Dios espera de ti es que creas. Que le creas a Él, quien te dice en Su Palabra, la Biblia, que por medio de la muerte y resurrección de Su Hijo Jesús has entrado al Nuevo Pacto, has sido justificado(a) y perdonado(a). Que creas que por medio de la FE en Jesús, Dios te ha regenerado haciendo de ti una nueva especie de ser que no existía antes: esto es, un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.

Recuerda que sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (He 11.6).

Así que, ya no se trata de esforzarte por agradar a Dios sino creerle a Su Palabra. Creer que Él tiene el poder y el deseo de hacer de ti ese Hijo(a) de Dios, santo(a), justo(a), perfecto(a), Nacido(a) de Nuevo, que la Biblia dice que ahora tú eres.

Creer que Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Jn 3.16).

Creer que, por la Palabra de Dios y el poder del Espíritu Santo, tú eres ese(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo al que Jesús se refería y Nicodemo no comprendía.

siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).

Creer que ahora tienes todo el derecho a ver y a entrar al reino  de Dios, tu Padre.

¡Todo por Amor a ti! Ahora, gracias a Jesucristo, no solamente eres santo(a), justo(a) y perfecto(a), sino también tienes la Vida Eterna que sólo un(a) Hijo(a) de Dios puede tener. ¡Vas a vivir para siempre! Y, como si fuera poco, como un sello a todo esto, el Espíritu Santo, Dios mismo y en persona, está contigo, en ti y sobre de ti.

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria (Efe 1.13-14).

Así que, quizá Nicodemo no lo sabía, pero ahora tú sí lo sabes: La promesa del Padre, con la cual se garantiza el cumplimiento del Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, es el Espíritu Santo. Al igual que a Jesús, por la Palabra de Dios y el Poder del Espíritu Santo, tú naciste de Nuevo para que goces de la Vida Eterna, que es una vida plena y abundante.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10.10).

Tenlo por cierto y no dudes más, sobre esta tierra y dondequiera que vayas, es por el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús que puedes entrar a poseer y a establecer el reino de Dios en tu vida.

Este día, por medio de la FE [creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra], acepta y recibe tu identidad como Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y pon manos a la obra.

¡Es la Promesa del Padre!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, es tan asombroso Tu amor para conmigo. Gracias por amarme tanto. Gracias porque a pesar de cómo yo había sido Tú me justificaste y perdonaste. Gracias por crearme de nuevo y darme Tu naturaleza, la naturaleza de un(a) Hijo(a) Tuyo(a). Gracias porque Tú, Espíritu Santo, estás conmigo y nunca me dejarás. Hoy, mediante este Plan Tuyo que es el Nuevo Pacto, sellado con la Sangre de Jesús, mi Dios, Rey y Salvador, declaro mi victoria sobre la vieja naturaleza, sobre ese(a) viejo(a) hombre (mujer) que yo ya no soy más. Creo en Tu Palabra, Dios. Creo que soy la persona que Tú dices que soy: santo(a), justo(a) y perfecto(a), pues he sido regenerado(a) conforme a Tu propósito en justicia y santidad a la verdad. Bendigo Tu Nombre, oh Padre, y me declaro siempre en victoria. Libre de todo temor y duda para ser sano(a), próspero(a) y muy feliz. Soy Hijo(a) de Reino, Hijo(a) de Pacto, Hijo(a) de Dios. En el nombre poderoso de Cristo Jesús. Amén

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

                              

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Abril 9                                                 Hch 1 /  Deu 11-12 /  Job 9