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jueves, 10 de enero de 2019

¡Cómo hacer valer el Nuevo Pacto!




10 de Enero

¡Las cláusulas!

Por Riqui Ricón*

Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo: He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos. Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones. Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros (Gen 17.3-11).

Amado(a), Dios es un Dios de pactos. Esto no significa que haya otros dioses, ni que Él ande haciendo pactos continuamente. Lo que sí significa, es que Dios quiere dejarte bien claro que Él es honorable, tiene honor y va a cumplir Su Palabra. Primero el sol, la luna y las estrellas dejan de existir, antes que Él deje de cumplir Su Palabra.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mat 24.35).

Saber y creer esto es fundamental tanto en tu relación con tu Padre celestial como para que puedas alcanzar con éxito los propósitos de Dios para tu vida.

Mira como esto era algo que tenía muy claro un joven de apenas unos 14 o 15 años de edad, llamado David. Cuando todo un ejército y el propio rey de Israel temblaban de miedo ante un gigante fanfarrón, David fue y le venció matándole. ¿Cómo pudo hacer eso? Tan sólo le habló al gigante haciéndole saber que él, Goliat, no era nadie y que en cambio él, David, tenía un pacto con Dios, un pacto al que Dios jamás faltaría.

Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?... Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo. Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos (1 S 17.26, 44-47).

David no tenía más fe que la que tú tienes, pues así como él, tú sabes que Dios no miente, ni se arrepiente, que si Él lo dijo, entonces, lo va a hacer; que si Dios lo habló, entonces, Él lo va a ejecutar.

Cualesquiera que sean los goliats que hoy estés enfrentando, sólo debes recordar que hay un pacto, y que éste pacto es muchísimo mayor y mejor que el que David tenía. Es el Nuevo Pacto, establecido en la Sangre preciosa y Poderosa de nuestro Señor Jesucristo.  Es un mejor Pacto, establecido sobre mejores promesas. Es el Nuevo Pacto al cual  Dios no va a faltar jamás.

Así que, toma algunas de las cláusulas de este Nuevo Pacto y recuérdaselas, audiblemente, a tus goliats:

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil 4.13). ¡Yo todo lo puedo! ¡No existe problema, circunstancia o situación que yo no pueda resolver!

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Jn 4.4). ¡Pertenezco a Dios! ¡Soy Su Hijo(a) amado(a)! ¡Nada más por esto, ya he vencido! ¡Mayor es Él, el Espíritu Santo, que está en mí, y conmigo, que el que está en el mundo!

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Ro 8.37). ¡En todas, absolutamente todas, las cosas soy más que vencedor(a)!

No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará (Sal 91.5-7). ¡No voy a temer, pues aunque ande en valle de sombra y de muerte, Tú, Señor Jesús, estás conmigo! ¡Soy un(a) Hijo(a) bendito(a) del Señor y no miraré cuando el mal venga sobre mí, pues aunque todo a mi alrededor estén sucediendo malas cosas, a mí no llegarán!

Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado (Sal 27.1-3). ¡Dios es mi luz y mi salvación! ¡Dios mismo es la fortaleza de mi vida! ¡No le temo a nada! ¡Mis enemigos caen y tropiezan delante de mí! ¡Yo confío en Ti, mi Dios y Padre! ¡Tengo paz y gozo, pues dichoso(a) es el (la) hombre (mujer) que en Ti confía!

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isa 53.4-5). ¡De toda enfermedad y dolencia soy libre! ¡Por la Sangre y las heridas de Jesús, yo soy sano(a)!

En Su pacto con Abraham, Dios prometió multiplicar su descendencia y bendecirlo; en el Nuevo Pacto, en la Sangre de Jesús, Dios te pone muy por encima de lo prometido, al hacerte legalmente Su Hijo(a): Un(a) heredero(a) de Dios y coheredero(a) con Cristo Jesús.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos;  herederos de Dios y coherederos con Cristo (Ro 8.15-17a).

Esta es apenas una muy pequeña muestra de las grandes y hermosas promesas que Dios te ha dado con el fin de que puedas participar de Su Naturaleza Divina mediante el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús.

Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina (2 Pe 1.4 NVI).

Valdría mucho la pena que este año hicieras todo lo necesario por conocer, recordar, meditar y, sobre todo, utilizar a tu favor las cláusulas del Nuevo Pacto.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; PORQUE ENTONCES harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).

De acuerdo a las cláusulas del Pacto sólo existe una forma de hacer prosperar tu camino y que todo te salga bien y ésta es haciendo de la Biblia la norma máxima de tu existencia.

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, muchas gracias por amarme tanto que, aunque estaba yo muerto(a)  en delitos y pecados, me diste vida juntamente con Cristo. Gracias por el Nuevo Pacto en la Sangre de Tu Hijo Jesús con el cual me has trasladado de las tinieblas a Tu luz admirable, haciéndome, legítimamente, un(a) Hijo(a) Tuyo(a). ¡Señor Jesús, te amo con todo mi ser! Hoy quiero honrar este Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús y les hablo y declaro a todos mis problemas, enfermedades y aflicciones que,  ¡Pertenezco a Dios! ¡Soy Su Hijo(a)! ¡Nada más por esto, ya he vencido! ¡Mayor es Él, el Espíritu Santo, que está en mí, y conmigo, que el que está en el mundo! ¡En todas, absolutamente todas, las cosas soy más que vencedor(a)! ¡No voy a temer, pues aunque ande en valle de sombra y de muerte, Tú, Señor Jesús, estás conmigo! ¡Soy un(a) Hijo(a) bendito(a) del Señor y no miraré cuando el mal venga sobre mí, pues aunque todo a mi alrededor estén sucediendo malas cosas, a mí no llegarán! ¡Dios es mi luz y mi salvación! ¡Dios mismo es la fortaleza de mi vida! ¡No le temo a nada! ¡Mis enemigos caen y tropiezan delante de mí! ¡Yo confío en Ti, mi Dios y Padre! ¡Tengo paz y gozo, pues dichoso(a) es el (la) hombre (mujer) que en Ti confía! ¡De toda enfermedad y dolencia soy libre! ¡Por la Sangre y las heridas de Jesús, yo soy sano(a)! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Enero 10                              Luc 10.1-20  /  Gen 17   Sal 10

miércoles, 9 de enero de 2019

¡Cómo enfrentar el juicio de Dios!



9 de Enero

¡Has sido declarado(a) Justo(a)!

Por Riqui Ricón*

Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; Cantaré a tu nombre, oh Altísimo. Mis enemigos volvieron atrás; Cayeron y perecieron delante de ti. Porque has mantenido mi derecho y mi causa; Te has sentado en el trono juzgando con justicia (Sal 9.1-4).

Uno de los atributos más grande, asombroso y hermoso de Dios es Su justicia. Él es Dios y, por lo tanto, Él es justo. Dios es el Juez Supremo de toda la creación y le alabamos y le adoramos no para adularle, sino para agradecer y corresponder a esa justicia que se ve magnificada por Su Gran Amor para con nosotros.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Nunca olvides que Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti.

La Biblia, que es la Palabra de Dios y no puede mentir, enseña que tú estabas muerto(a) a causa de tus delitos y pecados, sin embargo, por ese Amor que siente por ti, Dios te dio vida al hacer cumplir la sentencia de muerte que pesaba sobre ti, en la propia vida y persona de Su Hijo Jesucristo.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo  (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús (Efe 2.4-7).

¡Amor! Amor es y será siempre la palabra clave y el adjetivo calificativo de todo lo que Dios tiene y quiere para contigo. Jamás ha sido Su deseo condenarte para enviarte al infierno sino, todo lo contrario, Él quiere que seas salvo(a) por medio de Jesús.

porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea (Luc 9.56).

La palabra salvo tiene muchos y hermosos significados: salvar, rescatar, librar, proteger, ensanchar, sanar, poner en victoria aquel que estaba en derrota.

Así que, hoy puedes reflexionar en estos cuatro puntos:

  1. Dios es Justo.
  2. La justicia fue satisfecha en el momento que se pagó el justo castigo por tus pecados: la muerte, en la persona de Jesús.
  3. Eres salvo(a) en el momento que, por medio de la fe, al creerle a Dios y a Su Palabra, aceptas este sacrificio y reconoces a Jesús como tu Señor y Salvador.
  4. Ser salvo(a) significa TENER PLENO DERECHO a vivir una vida totalmente diferente a la que antes tenías, una vida victoriosa sobre las aflicciones que se te vienen encima, por lo tanto, al ser más que vencedor(a) y a pesar de los problemas, tienes pleno derecho a vivir una vida en total prosperidad, salud y paz.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10.10).

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma (3 Jn 2).

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (Efe 1.5).

Esta es la Palabra de Dios, Su Palabra de Honor, y como puedes ver, sin importar lo que hayas hecho de tu vida o lo que estés padeciendo en este día, en Cristo Jesús, ahora ES JUSTO PARA DIOS, que tengas una vida plena y abundante.

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (1 Jn 5.1a).

MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jn 3.1).

Y no sólo eres justo(a), sino que, precisamente por esto, ahora eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

Si Dios no te abandonó a tu suerte antes, viviendo como vivías, mucho menos te abandonará ahora que eres Suyo(a) para siempre.

Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Con todo, Jehová me recogerá (Sal 27.10).


Así que, la mejor forma de enfrentar el juicio de Dios (por no decir la única forma), es plantándote con plena confianza delante de Él para decirle: Te alabaré, oh mi Dios y Padre, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; Cantaré a tu nombre, oh Altísimo. Mis enemigos volvieron atrás; Cayeron y perecieron delante de ti. Porque has mantenido mi derecho y mi causa; Te has sentado en el trono juzgando con justicia.
Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, Tu Palabra, la Biblia, dice claramente que, al que no conoció pecado, Cristo Jesús, por mí lo hiciste pecado, para que yo fuese hecho(a) justicia de Dios en Él. Dios, yo sé que Tú eres el único Juez justo y que Tus sentencias son eternas. Así que, ¡me has declarado justo(a)! ¡Gracias, mi Dios! Señor Jesús, por lo que hiciste por mí en la cruz, ahora tengo pleno derecho a ser llamado(a) Hijo(a) de Dios. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Tomo la determinación de creer; de creerte a Ti y de creer Tu Palabra, la Biblia. Sin importar cuál sea mi condición actual, por Cristo Jesús, que tengo derecho a vivir una vida plena y abundante. De acuerdo a Tu Voluntad, expresada en Tu Palabra, ¡yo soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Creo, llamo y recibo a la prosperidad en todas las cosas! ¡Creo, llamo y recibo a la salud de mi cuerpo! ¡Creo, llamo y recibo al gozo, la paz y el amor para vivir en Tu Plenitud, mi Dios! ¡No voy a temer, sólo voy a creer! Este año caerán a mi lado mil y diez mil a mi diestra, mas a mí no llegará, pues aunque ande en valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú, Señor Jesús, estás conmigo. Amén, amén y amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Enero 9                                 Luc 9.28-62   /  Gen 16   Sal 9