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miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿De qué se trata esta Vida?

 

24 de Noviembre

¡Se trata del Amor de Dios!

Por Riqui Ricón*

Yo sé que Jehová tomará a su cargo la causa del afligido, Y el derecho de los necesitados. Ciertamente los justos alabarán tu nombre; Los rectos morarán en tu presencia (Sal 140.12-13).

Aquí, la expresión yo sé, del hebreo yadá, significa tener un conocimiento íntimo y seguro por medio del cual se puede descansar, se puede confiar, se puede tener paz.

Así que, si Dios en Su Palabra, la Biblia, enfáticamente se compromete hacerse cargo de la causa del(a) afligido(a), entonces, sin importar las circunstancias que estés enfrentando el día de hoy, puedes tener la certeza, la plena confianza, que Él dará cumplimiento a todas y cada una de las Palabras que han salido de Su boca.

Entonces él tomó su parábola, y dijo: Balac, levántate y oye; Escucha mis palabras, hijo de Zipor: Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? He aquí, he recibido orden de bendecir; El dio bendición, y no podré revocarla (Num 23.18-20).

¡Buenas Noticias! Este día, puedes estar tranquilo(a) pues Dios mismo, tu Padre, tomará a Su cargo tu causa y tu derecho. ¡No estás solo(a)! ¡Él no te ha dejado, ni te dejará! Te lo ha dicho en Su Palabra y ten por seguro que lo va a cumplir. ¡Dios no miente!

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16.33).

Es un hecho establecido por Dios que las enfermedades, problemas y aflicciones no podrán derrotarte, a menos que tú les des credibilidad. A menos que tú te pongas de acuerdo con tus problemas y aflicciones, en lugar de ponerte de acuerdo con la Palabra de Dios, de todas ellas saldrás más que vencedor(a). ¿Cómo lo sé? ¿Cómo pudo estar tan seguro? Porque Dios te ha dado Su Palabra y Su Palabra es Palabra de Honor.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Sea cual sea el problema, enfermedad, aflicción o reto que estés enfrentando el día de hoy, ten paz; puedes confiar que saldrás más que vencedor(a) por medio de Aquel que te ama tanto que prefirió ir a la cruz para pagar todos tus pecados, antes que perderte a ti. Y no sólo murió sino que también resucito por ti, venciendo a la muerte para darte la Vida Eterna; la vida plena y abundante que sólo pueden gozar los Hijos de Dios, aquellos que, en medio de cualquier dificultad, saben que saben que Dios está con ellos.

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Ro 8.31).

Me dirás, eso está muy bien para ustedes los pastores, ministros y predicadores, pero yo no tengo ese nivel de unción, ni de fe, ni de santidad, etc. ¡Nada más alejado de la Verdad! Esto no se trata de lo que tú o yo podamos lograr o alcanzar, ni de lo que hayamos hecho de nuestras vidas.

Pero, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley. Dios lo envió para que comprara la libertad de los que éramos esclavos de la ley, a fin de [Su propósito y no el tuyo] poder adoptarnos como sus propios hijos. Y, debido a que somos* sus hijos, Dios envió al Espíritu de su Hijo a nuestro corazón, el cual nos impulsa a exclamar «Abba, Padre». Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios. Y, como eres su hijo, Dios te ha hecho [Él lo hizo y no tú] su heredero (Ga 4.4-7 NTV).

No se trata de lo que tu hayas hecho con tu vida,  ni de lo que estés haciendo o puedas hacer en el futuro. ¡No! ¡Nada de eso! Se trata de lo que Él hizo al morir en esa cruz. Se trata del gran Amor con que Dios te ama. Se trata de que Cristo Jesús ya pagó y tú no tienes que pagar más. Se trata de quién eres tú ahora, un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, no de simiente corruptible sino de la incorruptible semilla que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Se trata de esa Vida Nueva que Él adquirió para ti y se trata de que decidas que es tuya, que la mereces por el hecho de que se compró para ti y decidas vivirla plena y abundantemente, creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra.

¡Se trata de que no deseches la Gracia!

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) (Efe 2.4-5).

MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jn 3.1 BAD).

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma (3 Jn 2).

¡Asombroso! ¿Verdad?

La Biblia es la Palabra de Dios y es perfectamente clara en cuanto a Su voluntad para contigo, la cual es buena, agradable y perfecta. Si haces de la Biblia la norma máxima de tu existencia, leyendo y meditándola de día y de noche para ponerla en tu mente, boca y corazón, entonces, SABRÁS (yadá) que, ciertamente, Dios tomará a Su cargo tu causa y tu derecho, pues eres, sin lugar a dudas, Su Hijo(a) amado(a).

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, yo decido creer lo que dices de mí en Tu Palabra, la Biblia. Creo que me amas tanto que diste a Tu Hijo, Jesús, para que yo crea en Él y no me pierda sino que tenga Vida Eterna. Creo que en la muerte de Jesús he sido justificado(a) y perdonado(a). Creo que con Su resurrección venció a la muerte y yo recibí la Vida Nueva, la Vida Eterna de un(a) Hijo(a) de Dios, el (la) cual ahora soy yo. Creo que el miedo, la muerte, el pecado, la enfermedad, la pobreza, la tristeza, la depresión, etc., están todos vencidos y yo estoy por encima de ellos. Señor Jesús, Tú te has hecho cargo de mi causa y de mi derecho, ¡no voy a temer! ¡Todo lo puedo en Ti, mi Señor! ¡Yo soy Tuyo(a) y ya los he vencido, porque mayor eres Tú, Espíritu Santo, que estás en mí y conmigo, que el que está en el mundo! ¡Resisto al espíritu de temor y duda! ¡Resisto a la enfermedad y la pobreza! Soy un(a) Hijo(a) del Rey y voy a vivir por siempre, en plenitud y abundancia. Voy hacer de éste, y de cada día, el mejor día de mi vida. En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Noviembre 24                         2 P 2   /  Jer 43-44  /  Sal 140

 



martes, 6 de diciembre de 2016

¡Cómo obtener una fe que mueve montañas!

 

23 de Noviembre

¡Tú ya tienes esta clase de fe!

Por Riqui Ricón*

Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra (2 P 1.1).

El primer capítulo de la segunda carta del apóstol Pedro es tan maravillosamente rico en la revelación de quién ahora tú eres en Cristo Jesús que necesitas varios días de meditación para poder comprender y recibir la enseñanza que la Palabra de Dios te da el día de hoy.

Por sólo citar algunos de los puntos más relevantes, encontrarás que:

1) En Cristo Jesús, ya tienes fe.

2) Todas las cosas buenas ya te han sido dadas.

3) Dios te ha dado preciosas y grandísimas promesas.

4) Ahora participas de la misma naturaleza divina que tu Padre Celestial.

5) Por todo lo anterior, estás facultado(a) para vencer al pecado y vivir en santidad.

6) No caerás jamás.

7) Tienes amplia y generosa entrada al Reino de Dios.

8) Todo esto está establecido por Dios en la Palabra profética más segura, que es Su propia Palabra, la Biblia.

Ahora bien, en lugar de atemorizarte o sentirte indigno porque Él ha mostrado en tu tiempo  las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús, mejor acepta que este es el mensaje constante y coherente del Evangelio: que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados,… ya que, Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Co 5.19, 21).

Tienes que entender, de una vez por todas, que el Plan de Redención de Dios para tu vida, es mucho más rico y maravilloso como para sólo contener el perdón de tus pecados y tu entrada al cielo, lo cual, ya es en sí mismo magnífico.

Limpiar tus pecados es apenas el primer requisito para tener derecho a esas preciosas y grandísimas promesas por medio de las cuales puedes llegar a ser participante de la naturaleza divina (2 P 1.4).

Son precisamente estas promesas, puestas por escrito en la Biblia, las que te ubican de lleno dentro del Plan de Redención.

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero ),  para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu… Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa (Gal 3.13, 14, 29).

Efectivamente, gracias al Amor con que Dios te ha amado a ti y gracias al sacrificio de Jesús,  ahora tú, como un(a) HIJO(A) DE DIOS NACIDO(A) DE NUEVO, ya has sido redimido(a) de toda maldición. Tú has sido redimido(a) de toda enfermedad, pobreza, temor, angustia, rencor, resentimiento, soledad, tribulación, depresión, amargura, dolor, etc., etc. Ahora vives bajo la bendición de Abraham, que es la bendición de Dios, TU PADRE.

Esta Bendición es, ni más ni menos, que ser adoptado(a) Hijo(a) Suyo(a) según el puro afecto de Su Voluntad. Por esta Bendición has obtenido la Vida Eterna, la Vida abundante de prosperidad, salud, Amor, paz, gozo y plenitud, que sólo los Hijos de Dios pueden disfrutar.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo (Ro 8.15-17a).

En Verdad, sin importar cuales sean tus circunstancias en este momento o como te sientas o mires a ti mismo(a) el día de hoy; tú eres un(a) Hijo(a) de Dios; un(a) heredero(a); heredero(a) de Dios y coheredero(a) con Cristo.

¡Tú eres Heredero(a) de la Promesa del Espíritu!

¿De cuál Espíritu? Del mismo Espíritu que te permite, por medio de la fe en Cristo Jesús, RECIBIR TODO ESTO: ¡El Espíritu Santo!

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos (Ro 8.29).

Es el mismo Espíritu Santo quien resucito a Jesús de entre los muertos, el que a ti te ha regenerado, haciéndote Nacer de Nuevo, conforme a la imagen de Su Hijo, para que ahora Él, Jesucristo, sea el primogénito entre muchos hermanos.

Ahora bien, para que todo esto se pueda lograr; Él, el Espíritu Santo, te ha provisto de fe. La medida de fe,  que es una fe igualmente preciosa a la del apóstol Pedro; aquel que, con sólo pasar caminando, los enfermos sanaban con su sombra (Hch 5.15).

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo (Gal 2.20-21).

No dudes más, tú eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y ya no vives tú, sino Cristo vive en ti; y lo que ahora vives en la carne, lo vives en la fe del Hijo de Dios. ¿Te das cuenta? No es tu fe, ¡es la fe del Hijo de Dios!

puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe (He 12.2).

Así que, no deseches la gracia de Dios pensando que esto es demasiado bueno como para CREER que sea verdad. En lugar de eso, utiliza tu fe [creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra] y comienza a vivir esa Vida Nueva que tu Padre te ha obsequiado: La Vida Eterna, que es la Vida de un(a) Hijo(a) de Dios.

Así es, amado(a), el Plan de Redención de Dios para tu vida es muchísimo más que el mero perdón de tus pecados.

De acuerdo a la biblia, la Palabra de Dios, que no miente, Jesús mismo es el autor y consumador de esa fe que tú ya tienes. Fe para creer quién ahora tú eres. Fe para creer que eres ese(a) Hijo(a) amado(a) que Él dice que eres. Fe para creer que puedes ser y hacer todas las cosas que Él dice que puedes hacer. Tú tienes una ¡Fe con propósito!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, te amo con todo mi corazón. Estoy muy agradecido por tanto y tan grande amor que estando yo muerto(a) en delitos y pecados me diste Vida juntamente con Cristo, por Tu Gracia soy salvo. Señor Jesús, Tú eres mi Dios, Rey y Salvador y quiero decirte hoy que yo no desecho Tu Gracia sino que la recibo. Creo y recibo Tu misma fe, Señor Jesús, para hacer las cosas que Tú hiciste y aún mayores. Pongo mi fe en todas y cada una de Tus promesas que me has dado en la Biblia para creer y declarar que Yo, _______________(tu nombre aquí), soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, no de simiente corruptible sino de la incorruptible semilla que es la Palabra de Dios, que vive y permanece para siempre. He sido escogido(a) por Dios para ser adoptado(a) Hijo(a) Suyo(a) según el puro afecto de Su Voluntad, para participar de la naturaleza divina. Rechazo al espíritu de condenación y fracaso que quiere hacerme creer que sigo siendo el (la) mismo(a) pecador(a) que antes era. ¡Apelo a la Sangre de Cristo como el precio de Amor que se pagó por mi regeneración! Yo soy la persona que Tú, Padre Santo, dices que soy en Tu Palabra, la Biblia. Resisto al espíritu de temor, a la enfermedad, pobreza, rencor, tristeza y cualquier otra emoción o sentimiento que me quiera apartar de la Verdad. ¡Jesús ya pagó por mí! ¡La Sangre fue derramada! ¡Yo no tengo porque pagar!  ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Noviembre 23                        2 P 1   /  Jer 41-42  /  Sal 139



¡Cómo puedes estar seguro(a) que saldrás adelante!

 

22 de Noviembre

¡Sin duda Dios te responderá!

Por Riqui Ricón*

El día que clamé, me respondiste; Me fortaleciste con vigor en mi alma. Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; Contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, Y me salvará tu diestra. Jehová cumplirá su propósito en mí (Sal 138.3, 7-8a).

Tener una relación con el único Dios vivo y verdadero por medio de Su Hijo Jesucristo y Su Palabra, te da paz y seguridad en la vida, pues sabes que Él no miente, ni se arrepiente y que si clamas a Él, Él te responde y esto te fortalece y trae vigor a tu alma, es decir a tus emociones, pensamientos y sentimientos.

Amado(a), ¡Estas son buenas noticias! Esto es el evangelio de Jesucristo, tener la certeza que, en medio de cualquier angustia que estés enfrentando, Él te vivificará. El evangelio de Jesucristo es tener la certeza que Dios mismo extenderá Su mano en contra de aquello que te agobia, sea enfermedad, pobreza, temor, angustia o soledad. ¡Te salvará Su diestra! Pues está garantizado con Su Palabra de Honor que Dios cumplirá Su propósito en ti.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

No estás solo(a), Él no te ha dejado ni te dejará. ¡Piénsalo! Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti, ¿cómo podrías pensar siquiera que Él no te escucha o que no te responderá?

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8.32).

Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta; Él lo dijo y lo va a hacer, Él lo habló y lo va a ejecutar, y lo va hacer contigo, en tu propia vida.

Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra (1 Cr 28.20).

Tú eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y ahora vives al abrigo del Altísimo y moras bajo la sombra del Todopoderoso, quien es, nada menos y nada más, que tu propio Padre.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (Ro 8.15).

En todas, absolutamente en todas, las áreas de tu vida eres más que vencedor(a) por medio de Aquel que te ha amado, Cristo Jesús. Pues aunque anteriormente hayas hecho de tu vida tal desastre que tu padre y tu madre te hayan dejado, con todo, dice el Señor, Él te tomará para sí.

Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Con todo, Jehová me recogerá (Sal 127. 10).

Nunca ha sido la voluntad de Dios el condenarte sino el salvarte para hacerte heredero de Su bendición.

Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente (Mar 5.35-36).

Para que ya no molestara más al Maestro, a Jairo le informaron que su hija había muerto y, seguramente, en ese momento estuvo a punto de perder toda esperanza, sin embargo, Jairo creyó a la Palabra de Jesús, quien le dijo, no temas, cree solamente.

Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe (Mat 8.5-10).

En toda la Biblia no hay nada igual o que se asemeje a lo ocurrido en este episodio de la vida de Jesús. Aquí tenemos a un centurión romano que consiguió algo inaudito: ¡Él hizo que Jesucristo, el Hijo de Dios (Dios hecho carne), se maravillara! Este hombre sabía algo que a ti te conviene saber y creer, que Dios no puede mentir, que puedes confiar plena y absolutamente en Su Palabra, que es precisamente la Palabra de Dios lo que lo define como Dios pues en ella, en Su Palabra, está contenido todo Su poder y autoridad y que, por lo tanto, la Palabra de Dios tiene todo el poder y la autoridad divina para hacerse cumplir a sí misma.

Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat, estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados (2 Cro 20.20).

Por muy determinante o aplastante que sea hoy tu realidad, te informo que, ésta, se encuentra sujeta a la Palabra de Dios: ¡No temas! ¡Cree solamente!

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho (1 Jn 5.14-15).

Así que si Dios dice en Su Palabra que Él te ama, entonces, puedes estar seguro(a) del Amor de Dios. Si Él dice que escucha tus oraciones para atenderlas, entonces, puedes confiar que así será. Si Dios dice en la Biblia que tú todo lo puedes y que eres más que vencedor(a) en todas las cosas, entonces, esa es la Verdad y puedes creer, creerle a Él, que tú eres, ni más ni menos, la persona que Dios dice, en Su Palabra, la Biblia, que tú ahora eres.

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, creo y recibo Tu gran Amor. Te doy gracias por lo que has hecho por mí y te doy mi corazón. Señor Jesús, muchas gracias. Por Ti, y sólo por Ti, ahora soy un(a) Hijo(a) del Rey y estoy destinado a vencer en todo y a realizar una vida plena y abundante. Por lo tanto, ¡Me resisto a temer! ¡Mayor eres Tú, que está conmigo, que el que está en el mundo! ¡Si Tú, Dios, estás conmigo, ¿quién contra mí?! ¡Tú eres mi Padre, Tú me escuchas y me respondes! ¡Soy un(a) Hija(o) del Dios Vivo y Verdadero! ¡Mi vida tiene propósito y Tú, Dios mismo, lo vas a cumplir en mí! ¡He Nacido de Nuevo a un estilo de Vida que nada ni nadie me pueden quitar! ¡Soy sana(o)! ¡Soy libre! ¡Soy próspera(o)! ¡Soy dichosa(o), mil veces feliz, pues he puesto toda mi confianza en Ti, Señor Jesús! ¡Soy un(a) Hija(o) amada(o) del Rey de reyes y Señor de Señores! ¡Nada, ni nadie en este mundo me puede derrotar! ¡Soy un creyente! ¡Yo te creo a Ti, mi Dios y Padre! ¡Creo a Tu Palabra, la Biblia! Y al que cree, ¡todo le es posible! ¡En el nombre de Jesús! ¡Amén!

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Noviembre 22                    1 P 5   /  Jer 39-40  /  Sal 138