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viernes, 10 de junio de 2016

¡Cómo derrotar a los gigantes!


2 de Junio

¡Con tu fe!

Por Riqui Ricón*

Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente? (1 S 17.26).

Cuando Dios instruyó a Samuel para que ungiese a David por rey de Israel le dijo, He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero (Hch 13.22).

Tener un corazón conforme al corazón de Dios y obedecer Su Palabra es la característica más distintiva de un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, pues es la esencia del ser hecho(a) de Nuevo.

Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne (Ez 11.19).

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Co 5.17).

Lo interesante aquí es comprender que tú, sí, tú, también tienes esa misma cualidad. Lo único que hay que saber es que, sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (He 11.6).

El simple hecho que estés leyendo este devocional es prueba fehaciente que tienes fe (o que la estás buscando).

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (He 11.1).

La forma más sencilla que he encontrado para explicar este versículo es: fe es creerle a Dios, creyendo Su Palabra, pues si Dios lo dijo, entonces, Él lo va a cumplir, si Dios lo habló, entonces, Él lo va a ejecutar.

Dios no es un hombre, por lo tanto no miente. Él no es humano, por lo tanto no cambia de parecer. ¿Acaso alguna vez habló sin actuar? ¿Alguna vez prometió sin cumplir? Escucha, yo recibí la orden de bendecir; ¡Dios ha bendecido, y yo no puedo revertirlo! (Num 23.19-20 NTV).

David no venció a Goliat con honda y piedra, lo venció con su fe en Dios al declarar a todo el pueblo de Israel, incluyendo al propio rey Saúl, que Goliat era un incircunciso. ¿Qué estaba diciendo David con eso? Estaba estableciendo su victoria: Ese gigante bravucón no tiene un pacto con Dios, ¡Yo sí!

No fue su experiencia de enfrentar leones y osos lo que le daba valor a David. De hecho, lo que le permitía enfrentar a leones y osos era saberse dentro de un pacto con Dios, estando consciente que Dios jamás falta a Su Palabra.

Cuando Goliat seguía sus tácticas de temor insultando a David por sus dioses, éste no se amedrentó, no prestó atención a las ofensas, ni a lo alto de la estatura, ni a la musculatura del gigante, sino que se fortaleció en el Señor y en el poder de Su fuerza, poniendo sus ojos, mente y corazón en la Palabra de Dios. David se dio prisa, y corrió a la línea de batalla contra el filisteo, declarando en voz audible: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos (1 S 17.45-47).

¿Te das cuenta? David no venció a Goliat con honda y piedra. Lo venció con su fe, poniendo la Palabra de Dios en su boca.

Esa, precisamente, fue la instrucción que Josué recibió de parte de Dios para entrar y poseer la tierra prometida.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).

El día de hoy, Dios te está diciendo lo mismo, haz de la Biblia la norma máxima de tu existencia, ponla en tu mente, boca y corazón porque ENTONCES (ni antes, ni después, ni de ningún otra forma), harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

Al igual que Josué y David, tú puedes enfrentar a tus gigantes con la certeza de vencerlos sólo porque Dios lo ha dicho así en Su Palabra.

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Ro 8.37).

¿Cómo no va ser esto verdad si el Amor que Dios siente por ti es tan grande que prefirió entregar a Su propio Hijo, para pagar todos tus pecados, antes que perderte a ti?

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

¿Cómo no va ser esto verdad si, de acuerdo a la Palabra de Dios, Él lo hizo con el propósito expreso de justificarte, perdonarte y, así, establecerte como Su propio(a) Hijo(a)?

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos;  herederos de Dios y coherederos con Cristo (Ro 8.15-17a).

Dios no te ha dejado, ni te dejará. Tú eres más especial para Dios de lo que David era, pues, a través de la muerte y resurrección de Jesucristo, ahora tú eres el especial objeto del Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús: ni más ni menos que un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.

Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto… Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas (He 7.22; 8.6)

Éste, el Nuevo Pacto, es un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Tiene un fiador y una garantía.

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria (Efe 1.13-14).

¡Cristo Jesús en persona es tu fiador en el Nuevo Pacto y el Espíritu Santo es tu garantía!

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8.31-32).

Sea cual sea la situación que estás enfrentando el día de hoy, tú no necesitas honda, ni piedra; lo único que tienes que saber, Y CREER, es que Dios te ama y ha comprometido Su Palabra mediante el Nuevo Pacto en la Sangre de Su Hijo Jesucristo, para hacer de ti una Nueva creatura, un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.

Recibe esto mediante la fe, creyendo que esto es así sólo porque está escrito en la Palabra de Dios. Él lo ha hablado, acerca de ti, y lo va hacer; Él lo ha dicho, respecto a ti, y lo va a ejecutar. Dios no miente. Ahora tienes a Cristo Jesús como tu fiador y al glorioso Espíritu de Dios como tu garantía. ¡No hay forma que puedas perder!

No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos (Zac 4.6).

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, hoy quiero decirte que no importa lo que pase a mi alrededor, yo te alabare y te adoraré, pues ahora sé lo que has hecho por mí y dentro de mí. Gracias, Señor Jesús, porque Tú, siendo Dios, no estimaste el ser igual a Dios como cosa a que aferrarte, sino que Te despojaste a Ti mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, Te humillaste a Ti mismo, haciéndote obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Todo por amor a mí, para hacerme un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. ¡Gracias por Tu Sangre! Con ella lavaste todos mis pecados. ¡Gracias por Tu resurrección! Con ella venciste a la muerte y me diste la Vida Eterna. ¡Gracias por el Nuevo Pacto! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios! Bendito Espíritu Santo, ¿qué te puedo decir a Ti? Que te amo. Que te adoro y cada día Te necesito más y más. Tú eres mi amigo, mi consejero y mi ayudador. Gracias por ser la promesa del Padre la cual Jesús dijo vendría sobre mí. Espíritu Santo, Tú eres mi garantía, las arras de mi herencia para la redención de la posesión adquirida. ¡No hay forma que pueda perder! ¡Todas las cosas me ayudan a bien! Yo, _______________ (tu nombre aquí), he sido llamado(a) conforme al propósito de Dios, mi Padre. Quien me predestino para que fuese hecho(a) conforme a la imagen de Su Hijo, para que Jesús fuese mi hermano mayor.  Dios, el Espíritu Santo, está en mí y conmigo. Jesús, ¿qué puedo decir a todo esto? Si Tú estás conmigo, ¿quién contra mí? Padre celestial, si Tú no escatimaste ni a Tu propio Hijo, sino que lo entregaste por amor a mí, ¿cómo no me darás también con Él todas las cosas? ¿Quién me acusará si soy escogido(a) de Dios? Dios es el que me justifica. ¿Quién es el que me condenará? Cristo es el que murió por mí; más aún, el que también resucitó por mí, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por mí. ¿Quién me separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti soy muerto(a) todo el tiempo; Soy contado(a) como oveja de matadero. Sin embargo, creo y declaro que, antes, en todas estas cosas, Yo, _______________ (tu nombre aquí),  soy más que vencedor(a) por medio de aquel que me amó. Por lo cual estoy seguro(a) de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús mi Señor y Salvador. Así que, Satanás, tú vienes a mí con problemas y enfermedades y aflicciones; mas yo vengo a ti en el nombre de Jesús, el Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Dios, mi Padre, te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Jun 2                          Ro 8  /  1 Sam 17  /  Sal 62




jueves, 9 de junio de 2016

¿Cuánto vas a vivir?

 

1 de Junio

¡Eres Eterno(a)! ¡Vivirás para siempre!

Por Riqui Ricón*

Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. Porque tú, oh Dios, has oído mis votos; Me has dado la heredad de los que temen tu nombre (Sal 61.4-5).

Cuando, con una sencilla oración, hiciste a Jesucristo el Señor y Salvador de tu vida, Naciste de Nuevo y adquiriste derechos y privilegios que solamente los Hijos de Dios pueden tener. Uno de estos es vivir para siempre, ¡la Vida Eterna!

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Satanás, tu adversario, tratará con todos sus recursos hacer que tú olvides quién ahora eres. Utilizará personas, circunstancias, enfermedades y aflicciones para que dejes en segundo o tercer plano el hecho irrefutable que Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti.

¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre,  que se nos llame hijos de Dios!  ¡Y lo somos!  El mundo no nos conoce,  precisamente porque no lo conoció a él (1 Jn 3.1 NVI)

Sin importar tus circunstancias o condición actual, la Verdad es que Dios te ama. La Verdad es que tú eres tan importante para Él que, gracias al sacrificio de Su Hijo, Jesús, ahora Él te llama Hijo(a) Suyo(a) y tienes toda la libertad, y garantía, para habitar con Él, en Su Presencia: ¡Para siempre!

Ahora tú estás seguro(a) bajo la cubierta de Sus alas, porque Él ha escuchado tu oración. Y Dios, tu Padre, te ha dado la heredad de los que temen, de los que aman Su Nombre.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos;  herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados (Ro 8.15-17).

¡Eres heredero(a) de Dios y coheredero(a) con Cristo! ¿Qué te puede hacer el mundo? ¡Habitas a la sombra del Altísimo y moras bajo la sombra del Todopoderoso! ¿Quién te puede vencer?

¿Qué podemos decir acerca de cosas tan maravillosas como éstas? Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién podrá ponerse en nuestra contra? (Ro 8.31 NTV).

Padecer juntamente con Cristo significa creer; significa tener la certeza que ahora eres Hijo(a) del Dios y anteponer esta certeza a cualquier enfermedad, problema o aflicción, pues sólo así se cumplieron los padecimientos del Rey, quien por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios (He 12.2).

Jesús sabía perfectamente quién era Él y cuál era Su propósito en este mundo.

Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese (Jn 17.4).

Si tú crees que la Biblia es la Palabra de Dios (y lo crees), entonces tú sabes perfectamente que, ahora, al igual que Jesús, eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, que eres Eterno(a) y que tu Padre te ha dejado en este mundo para que, reinando con toda autoridad, establezcas Su reino, aquí y ahora.

Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 S 16.7).

No te mires a ti mismo(a) como se mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos. No te fijes en tus circunstancias, ni en tus capacidades. Mírate como Dios te mira. ¡Mírate a ti mismo(a) a través de la Biblia! ¡La Biblia es la Palabra de Dios!

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra (Ez 36.26-27).

Mírate a ti mismo(a) a través de Su Palabra. Mírate con un corazón nuevo. Mírate como espíritu nuevo. Mírate teniendo en ti, y contigo, al glorioso y poderoso Espíritu de Dios

Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá (1 S 16.13).

David fue ungido con aceite y, desde ese día en adelante, el Espíritu Santo vino sobre él. ¡Tú has sido ungido(a) con la Sangre Preciosa del Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! ¡Con la Sangre del Nuevo Pacto! ¡Ahora, el Precioso Espíritu de Dios vive en ti y contigo! ¡Eres Nueva creatura! Las cosas viejas pasaron y lo mejor de tu vida se extiende delante de tus pies.

Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia (Ro 5.17).

David fue ungido con aceite para reinar sobre Israel. Tú has sido ungido(a) por el Espíritu Santo para reinar en vida sobre todo problema, enfermedad o circunstancia. La ley del pecado y de la muerte ya no tiene ninguna influencia en tu Nueva Vida.

Ahora,  pues,  ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,  los que no andan conforme a la carne,  sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Ro 8.1-2).

Pienso yo, que en un momento de debilidad, el apóstol Pablo dejó de mirar la Perfecta Ley, la de la libertad, y al mirar su propio comportamiento exclamó, ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Sin embargo, por el Espíritu Santo, enseguida se contestó a sí mismo, Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro (Ro 7.24-25).

Es Jesucristo quién te ha dado la victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Es el Espíritu Santo quién te ha hecho Nacer de Nuevo, y no de una simiente corruptible, sino de la semilla incorruptible que es la Palabra de Dios.

Aunque te cueste trabajo entenderlo, debes saber y creer que tú eres la persona que Dios dice en la Biblia que eres, y tú, mi amado(a), ¡Eres Eterno(a)! Esto es, ¡Vivirás para siempre!

¡Esta es la heredad de los que temen (aman) Su Nombre!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, que hermoso y confortante es saber que soy Tu Hijo(a). Que me amas tanto que preferiste entregar a Tu propio Hijo, para pagar todos mis pecados, antes que perderme a mí. ¡Gracias, Señor! ¡Te amo con todo mi corazón! Ahora sé, y creo, que el pagar todos mis pecados apenas fue el inicio de algo muchísimo mejor: ¡ser adoptado(a) Hijo(a) Tuyo(a) según el puro afecto de Tu Voluntad! Señor Jesús, recibo la Vida Eterna que, a tan alto precio, compraste para mí. ¡Gracias, Señor! Precioso Espíritu Santo, Tú eres las arras de mi herencia, mi garantía, para hacer de mi vida esa vida plena y abundante que Tú, mi Señor, deseas para mí. ¡No hay forma que pueda perder! Tú estás conmigo, y si Dios es conmigo, ¿quién contra mí? ¡No voy a temer! Yo, _____________ (tu nombre aquí), no he recibido espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que he recibido el espíritu de adopción y te digo a Ti, mi Dios, Abba, Padre, Papá, Papito. ¡Gracias Espíritu Santo! Hoy oro a Ti para declarar en plena certeza de fe, que en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ha amado, Cristo Jesús. Así que, TODO lo puedo en Cristo que me fortalece. Yo soy Tu Hijo(a) y ya he vencido, porque mayor eres Tú, que estás en mí, que el que está en el mundo. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Junio        1                     Ro 7  /  1 Sam 16  /  Sal 61

 


 

 

miércoles, 8 de junio de 2016

¡Cómo ser perfecto(a) delante de Dios!

 

27 de Mayo

¡Primero creer para después ser!

Por Riqui Ricón*

porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados (Ro 2.13).

Hoy comencemos notando que en cuanto a la justicia Eterna, está determinado que no se justificará delante de Dios hombre alguno.

Y no entres en juicio con tu siervo; Porque no se justificará delante de ti ningún ser humano (Sal 143.2).

Esto es y será así porque la naturaleza humana está corrompida por el pecado, que es la incredulidad a la Palabra de Dios, y esta es la razón por la cual, por más que te esfuerces en cumplir la ley, siempre caerás. Pero,…

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Lo realmente hermoso y asombroso del mensaje del Evangelio es que Dios rompe este círculo de fracasos y derrotas al justificarte Él, pagando el justo precio de todos tus pecados con la Vida de Su propio Hijo, Cristo Jesús. ¡Y todo por Amor a ti!

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,  para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Ro 3.21-26).

Ser justificado(a) significa que Cristo Jesús YA PAGÓ el precio, las consecuencias, de TODOS tus pecados al morir en esa cruz derramando hasta la última gota de Su Sangre, solo por Amor a ti. 

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1 P 3.18).

Así que, ahora tú vives como un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, sabiendo y creyendo que eres justificado(a) no por tus obras sino por tu fe en Jesús. Sin embargo, como la fe sin obras es muerta en sí misma, tú, sabiendo y creyendo que Naciste de Nuevo no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23), AHORA piensas, hablas y actúas como Hijo(a) del Rey, cumpliendo así la ley de Cristo.

En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre,  que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre,  creado según Dios  en la justicia y santidad de la verdad  (Efe 4.22-24).

¡Este Nuevo hombre (mujer), que Él YA te hizo, ha sido creado(a), por Dios mismo, en la justicia y santidad de la verdad! Así que, tú NO tienes que tratar y luchar por ser ese(a) hombre (mujer). ¡Por la muerte y resurrección de Cristo Jesús que ya lo eres! Sólo tienes que creerlo. Pero tienes que creerlo de tal manera que comiences a serlo, que comiences a manifestarte como un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Entonces tu fe producirá frutos de justicia. ¡Primero creer para después ser!

porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (He 10.14).

¡Jesucristo, como ofrenda viva, por amor a ti, YA te hizo justo(a), santo(a) y perfecto(a) para siempre!

Si lo meditas bien, te darás cuenta que el Plan de Redención, que Dios ideo para tu vida, es de una simpleza y belleza absolutas:

Ser un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo básicamente significa dos cosas; primero, creer, tener la certeza, la convicción, que eres quien Dios dice en Su Palabra que AHORA tú eres: incorruptible, justo(a), santo(a) y perfecto(a). Luego, actuar, obrar, vivir de acuerdo a lo que ya sabes y crees que AHORA eres: un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo (1 P 5.8-9).

Satanás es homicida desde el principio, mentiroso y padre de mentira (Jn 8.44). Él aparenta ser un león, pero no lo es. ¡Él está vencido! Su única estrategia posible es engañarte para convencerte que no eres esa persona justa, santa, perfecta y capaz que Dios dice en Su Palabra, la Biblia, que ahora eres. Recuerda que la mentira solo es poderosa cuando comienzas a creerla.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Co 5.21).

El diablo quiere tenerte luchando e intentando con todas tus fuerzas por alcanzar algo que ya te hizo creer que no tú tienes y que nunca lo tendrás: justicia, santidad y perfección.

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8.31-32).

Puesto que la Biblia, la Palabra de Dios, es la Verdad, sólo creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra, puedes vencer las mentiras del diablo y así, con tu fe, comenzar a manifestar la libertad gloriosa de los Hijos de Dios (Ro 8.21).

En el día que temo, Yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?... Serán luego vueltos atrás mis enemigos, el día en que yo clamare; Esto sé, que Dios está por mí. En Dios alabaré su palabra; En Jehová su palabra alabaré. En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? (Sal 56.3-4, 9-11).

Es la Eterna e Infalible Palabra de Dios la que te garantiza que todo esto es así. AHORA, puedes vivir confiado(a) pues sabes quién eres: un(a) Hijo(a) del Rey; una princesa o un príncipe del Dios vivo y verdadero; un(a) escogido(a) y amado(a) del Todopoderoso.

Y si esto es así, ¡y lo es! Entonces, ¿Qué puede hacerte el hombre o demonio o pobreza o enfermedad?

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Ro 8.31).

Así que, no lo olvides, ¡tú eres justicia de Dios en Cristo Jesús!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, muchas gracias, porque en verdad ahora sé, y creo, que he sido justificado(a) en Tu Amor, que es para mí, Cristo Jesús. Yo soy ese(a) Hijo(a) Tuyo(a) incorruptible, santo(a), justo(a) y perfecto(a), pues así lo has establecido mediante Tu Palabra, la Biblia. ¿Qué, puedo decir a todo esto? Si Tú estás por mí y conmigo, ¿quién contra de mí? ¿Quién me podrá hacer daño? ¿Quién podrá atemorizarme? Si Tú no escatimaste ni a Tu propio Hijo, sino que lo entregaste por Amor a mí, ¿cómo no me darás también con él todas las cosas? ¿Quién me acusará si soy escogido(a) de Dios? Tú eres el que me justifica. ¿Quién es el que me condenará? Cristo Jesús, Tú eres el que murió; más aún, Tú eres el que también resucitó, el que además estás a la diestra de Dios. ¡Jesús, Tú eres el que intercede por mí! ¿Quién me separará de Tu Amor? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito en Tu Palabra, la Biblia: Por causa de ti soy muerto(a) todo el tiempo; Soy contado(a) como oveja que va al matadero. Gracias Padre, porque, ¡antes, en todas estas cosas soy más que vencedor(a) por medio de aquel que me amó, Cristo Jesús! Por lo cual estoy seguro(a) de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me puede separar de Tu Amor, oh Dios, que es en Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Por lo tanto, ante todo problema, enfermedad, aflicción, tristeza o depresión, me declaro en victoria. ¡Soy Sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy feliz! En el nombre de Jesús. Amén. (Ro 8.31-39).

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Mayo         27       Ro 2.1-3.8  /  1 Sam 10.17-11.15  /  Sal 56