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viernes, 20 de febrero de 2015

¡Esta es la clave de tu Victoria!

 

4 de Febrero

¡Es la Palabra de Dios!

Por Riqui Ricón*

Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían (Luc 24.25-27).

Usualmente, cuando asistes a una conferencia o convivencia donde se habla y reflexiona de la Biblia como la Palabra de Dios, terminas sintiéndote muy animado(a) y confiado(a) ante las circunstancias que tienes por delante pues tu espíritu, tu verdadero yo, ha sido alimentado y fortalecido con poder.

Sin embargo, cuando permites que sean las circunstancias, lo complicado del problema, lo fuerte de una discusión, la mala noticia del diagnóstico médico, la carencia de recursos, etc., quienes regulen tu estado de ánimo, entonces, te sentirás triste y abatido. Puedes, inclusive, entrar a un estado mental de confusión donde el temor y la angustia te dominen.

De la misma forma, tres días después de que Jesús había sido asesinado en una cruz, unos de Sus discípulos caminaban tristes y confundidos hacia la aldea llamada Emaús. Entonces, Jesús se presentó ante ellos Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

De pronto, algo sucedió en la vida de estos hombres que les hizo olvidarse de su tristeza y del propósito y la relevancia de su viaje; ya fuesen asuntos de negocios, religiosos o familiares, todo pasó a segundo término. ¿Cómo o por qué pasó esto?

Si piensas que este radical cambio de ánimo y de actitud ante las circunstancias fue producto del prodigio de ver vivo a su Maestro y contar una vez más con su Presencia, quiero que notes que, al final, de todos modos, terminaron igual, solos y sin el Maestro. Sin embargo, la vida de todos ellos cambió en el momento que las Escrituras (la Biblia) les fueron reveladas y ante ellos quedó descubierta la Verdad.

Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan (Luc 24.32-35).

La Fe viene cuando acudes a la Biblia con la actitud correcta, esto es, considerándola lo que en Verdad es, la indiscutible e infalible Palabra de Dios.

Esto es, comprendiendo que cada una de las palabras que se encuentran escritas en tu Biblia, todas han salido de la boca de Dios, fueron pronunciadas, primeramente, por Él.

De esta forma, la Fe fluye por todo tu ser cuando entiendes que, si Dios lo dijo, entonces, necesariamente, Él lo va a cumplir; que si Dios lo hablo, entonces, sin lugar a dudas, Él lo va a ejecutar.

Puedes pensar, como yo solía hacerlo, “muy bien, estoy de acuerdo, pero ¿quién o cómo se va a cumplir? ¿Quién o cómo se va a ejecutar?” Cuando descubrí la respuesta a estas interrogantes quedé asombrado de lo fabuloso y sencillo que es el Plan de Dios para nuestras vidas: La única respuesta es ¡La Palabra de Dios!

¿Cómo? –pensarás- ¿La Palabra de Dios va a realizar lo que la Palabra de Dios dice? ¡Claro! Pues es precisamente el Poder que tiene para hacerse cumplir a sí misma lo que la define como Palabra de Dios.

El mejor ejemplo para explicar esto lo escuche de Kenneth Copeland: supongamos que hoy es lunes y el Señor Jesús se manifestase físicamente delante de nosotros y al saludarnos nos dijese, “Hola, miren que bonita tarde de sábado estamos teniendo hoy”. Tú y yo estaríamos tentados a replicarle, “pero Señor, hoy es lunes por la mañana”, y eso, mi amado(a), sería un grave error, pues estaríamos pasando por alto un pequeño, pero muy significante detalle: ¡Él es Dios! Y todo, absolutamente TODO, LO QUE Él dice, las Palabras que salen de Su boca, se cumplen sin faltar ni una de ellas.

Así que, por el hecho de que las palabras “bonita tarde de sábado” salieron de Su Boca, ¿qué piensas tú que sucederá? ¡Desde luego! Sin importar fecha, ni día, ni hora, dejará de ser lunes por la mañana y se volverá una bonita tarde de sábado, por la Palabra de Dios.

Tienes que llegar a un punto en tu relación con tu Padre celestial, donde comprendas que cada vez que dices que la Biblia es la Palabra de Dios, estás confesando que la Biblia tiene el poder intrínseco para cumplirse a sí misma.

Por lo tanto, si buscas en la Biblia TODO aquello tocante a tu necesidad o petición y lo pones en tu boca, mente y corazón, declarando que crees que lo recibes porque es la Palabra de Dios, entonces, sin lugar a dudas, te vendrá, ¡es la Palabra de Dios!

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá (Mar 11.24).

El día de hoy, como aquel de antaño en el camino a Emaús, la Palabra de Dios hará que tu corazón vuelva a arder con el cálido fuego de la Fe. Pues es Fe lo que brota cuando escuchas la Palabra de Dios.

Así que la fe es por el oír,  y el oír,  por la palabra de Dios (Ro10.17).

¡La Fe es la llave! ¡La Fe ES por la Palabra de Dios!

Hay solución para su problema cualquiera que este sea. Si ha estado buscando la respuesta en algún pasaje de la Palabra de Dios y no la ha encontrado, búsquela en otro pasaje. Siga escudriñando la Escritura y siga tocando hasta que encuentre la llave que necesita”. -Kenneth Copeland.

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, en este día vengo a Ti con la total certeza y la plena confianza a Tu Palabra. Estoy profundamente agradecido(a) por Tu Gran Amor. Hoy sé que me amas tanto que preferiste entregar a Tu propio Hijo antes que perderme a mí, y que, aunque yo estaba muerto(a) en mis delitos y pecados, por este Tu Gran Amor con que me has amado, me diste Vida juntamente con Cristo Jesús; por Tu Gracia soy salvo(a) por medio de la fe, y aún ésta última no es mía sino que es un regalo Tuyo. ¡Cuán Grande y Hermoso Eres mi Señor! ¡Cuán maravilloso es Tu Amor por mí! En esta hora me pongo de acuerdo con Tu Eterna e Infalible Palabra para creer y declarar que, por el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, creo y recibo mi identidad como Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y, por lo tanto, recibo hoy mi sanidad. Me declaro libre de toda dolencia y enfermedad. Hablo salud y bienestar a cada célula, tejido, órgano y sistema de mi ser. Rechazo todo miedo, pues yo no he recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que he recibido el espíritu de adopción y hoy puedo decir, Abba, Padre. Pongo mis ojos, emociones y sentimientos en Ti, Señor Jesús, quien eres el autor y consumador de mi Fe. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy más que vencedor(a)! ¡Todo lo puedo en Cristo! Y, por la Sangre de Jesús, soy dichoso(a) para vivir una vida plena y abundante. Muchas gracias, Señor Jesús. Gracias por esta Nueva Vida en Plenitud que ahora tengo. Gracias por mi sanidad. Gracias por mi salud. Gracias por mi prosperidad. Gracias por el Amor, la paz y el gozo que ahora disfruto. Gracias porque por Tu Palabra, la Biblia, sin lugar a dudas, soy y recibo todo esto que he declarado delante de Tu Presencia. En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Febrero 4                             Luc 24.13-53  /  Gen 44  /  Sal 35

 

 
 
 

 
 

sábado, 14 de febrero de 2015

¡Cómo puedes tú dejar de temer a la muerte!

 

3 de Febrero
¡Resucitó el Señor!

Por Riqui Ricón*

Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día (Luc 24.4-7).

Ante cualquier circunstancia que estés viviendo en este día, es de vital importancia que comprendas, cabalmente, el significado de la resurrección de Jesucristo, pues esta comprensión es el inicio de tu Victoria.

En primer lugar, debes tener bien claro que Jesús destruyó, con su muerte y resurrección, al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y [así] librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (He 2.14-15).

El mismo Jesús te enseña en la Biblia (que es la Palabra de Dios y no miente), que si permaneces en la Palabra, creyéndole a Dios, creyéndole a Su Palabra, conocerás la Verdad y sólo la Verdad te puede hacer libre.

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8.31-32).

No necesitas reflexionar mucho para darte cuenta que todos los que tienen miedo a la muerte viven toda su vida atados a ese temor. Son por lo tanto, esclavos de la muerte.  

La paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es VIDA ETERNA en Cristo Jesús, Señor nuestro (Ro 6.23).

La Verdad es que Jesucristo, con su muerte y resurrección, venció al pecado, destruyó al diablo y a su aguijón que es la muerte. Por lo tanto, ahora, en Cristo Jesús, TÚ ERES LIBRE de la servidumbre o esclavitud que te producía el temor a la muerte.

¡La Biblia lo enseña así!

Al que no conoció pecado,  por nosotros lo hizo pecado,  para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Co 5.21).

De acuerdo a la escritura, Jesús no solamente murió por tus pecados sino que se hizo así mismo pecado por amor a ti y de esta forma se te otorgó el regalo de ser hecho(a) justo(a) y con derecho pleno a la VIDA ETERNA.

Este derecho a la Vida Eterna sólo lo puede ejercer un(a) legítimo(a) Hijo(a) de Dios.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga VIDA ETERNA (Jn 3.16).

¡Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti!

A pesar de que en Juan 3.16 Dios te garantiza que TODOS los que creen en Jesús no se pierden sino que TIENEN VIDA ETERNA, es asombroso como algunos creyentes ignoran o pasan por alto lo que las palabras VIDA ETERNA significan: Esto es, ¡vivir para siempre! O sea, ¡no morir!

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo  (1 Co 15.53-57).

Al resucitar Jesús, lo que en Él había de corruptible (pues se hizo un ser humano idéntico en todo a ti), se vistió de incorrupción, lo que en Él había de mortal se volvió inmortal, siendo Jesucristo, de esta forma, EL PRIMER HIJO DE DIOS NACIDO DE NUEVO, lo que nos lleva al segundo significado de la resurrección de Jesucristo.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10.10).

Cuando Jesús muere en la cruz,  con Su Sangre paga el justo castigo por tus pecados y al resucitar te da libre y total acceso a la Vida Eterna. Pero no cualquier tipo de vida, no como creaturas, ni como ángeles, sino como Hijo(a) LEGÍTIMO(A) del Dios vivo y verdadero.

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados [llamados por Él mismo] hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él (1 Jn 3.1).

¡Sólo por Amor a ti!

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (Efe 1.5).

Un(a) auténtico(a) y legítimo(a) Hijo(a) de Dios no puede ser, y no lo es, de ninguna forma, la misma persona pecadora que antes era, sujeta a sus antiguas pasiones, fracasos y derrotas.

Por eso, Jesús le aseguró a Nicodemo, te es NECESARIO Nacer de Nuevo si quieres ver y entrar al Reino de Dios.

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos (Rom 8.29).

Ahora bien, te tengo excelentes noticias, de acuerdo a la Palabra de Dios, porque aceptaste a Jesús como tu Señor y Salvador ahora tú eres un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo. Eres igual a Jesús, y con su muerte y resurrección, tienes la victoria sobre la muerte.

En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo (1 Jua 4.17).

Ahora, por ese Amor que el Padre siente por ti, tú has sido hecho(a) un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y sólo puedes ser (no digo que tienes que serlo, sino que ya lo eres) santo(a), justo(a), inmortal e incorruptible.

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (1 Jn 5.1a).

¡Por tu fe en Jesús has Nacido de Nuevo! ¡Tú has Nacido de Dios!

y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efe 4.24).

Ahora, en Cristo Jesús, tú has sido creado(a) en la justicia y santidad de la Verdad.

siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).

La simiente (el esperma) que te ha dado origen como un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo NO ES una semilla que se pueda corromper sino que ES la incorruptible semilla de la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

Es pues, gracias a la resurrección de Jesús que la muerte nada tiene en ti, pues no has recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que has recibido el espíritu de adopción por el cual clamas: ¡Abba, Padre!

Si vives bajo el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, entonces, ¡Has recibido la Vida Eterna y la Nueva Naturaleza! ¡Eres, sin lugar a dudas, un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!

¡Aleluya, el Señor resucitó!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, que hermoso es conocer y creer lo que hiciste por Amor a mí. Gracias por no haber escatimado a Tu propio Hijo Jesús, sino que lo entregaste por mí. Señor Jesús, muchas gracias porque Tú, siendo en forma de Dios, no estimaste el ser igual a Dios como cosa a que aferrarte, sino que Te despojaste a Ti mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, Te humillaste a Ti mismo, haciéndote obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Gracias porque con Tu muerte y resurrección, destruiste por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y así, me has hecho libre, pues yo, por el temor de la muerte estaba durante toda mi vida sujeto(a) a servidumbre. ¡Porque Tú moriste, mi vieja naturaleza, mi viejo(a) yo, murió contigo! ¡Porque Tú vives, yo también vivo! ¡La Vida Eterna que Tú tienes, es la misma que adquiriste para mí! ¡Puedo dejar de temerle a la muerte! ¡La muerte ya no se enseñorea más de mí! ¡Gracias! ¡Muchas gracias, Señor Jesús! Ahora puedo, con toda certeza declarar que, ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy más que vencedor(a)! ¡Todo lo puedo en Cristo! Y, por la Sangre de Jesús, soy dichoso(a) para vivir una vida plena y abundante. Muchas gracias, Señor Jesús. Gracias por esta Nueva Vida en Plenitud que ahora tengo. Gracias por mi sanidad. Gracias por mi salud. Gracias por mi prosperidad. Gracias por el Amor, la paz y el gozo que ahora disfruto. ¡Gracias por mi Victoria sobre la muerte! En el nombre de Jesús. Amén

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Febrero 3                             Luc 24.1-12  /  Gen 43  /  Sal 34

 




viernes, 13 de febrero de 2015

¡Cómo vivir en tiempos difíciles!

 

2 de Febrero
¡Alégrate!

Por Riqui Ricón*

Alegraos, oh justos, en Jehová; En los íntegros es hermosa la alabanza (Sal 33.1).

¡Alabar a Dios es un deleite! Es muy difícil encontrar un creyente que no se goce al derramar su corazón en alabanza y adoración al que es digno de recibir toda la gloria, por los siglos de los siglos, Cristo Jesús.

Sin embargo, existe un deleite mayor, un gozo más excelente, que te permite disfrutar de toda la Plenitud de Dios, y es el saber y creer que tú eres justo(a), pues ser justo(a) es lo que te permite alegrarte en el Señor.

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,  para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Ro 3.21-26).

Cuando anteriormente se hablaba de justicia, integridad y santidad, tú probablemente sentías mucha lástima por ti mismo(a), pues creías que ya habías perdido y desechado esas virtudes al tomar malas decisiones y llevar una vida de pecado. Mas ahora, de acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, ¡has sido justificado(a) gratuitamente por la Gracia de Dios, mediante la redención que Cristo Jesús efectuó para ti pagando el JUSTO precio de TODOS tus pecados!

Esto quiere decir que, sin importar lo que hayas hecho en y con tu vida, ahora, por Cristo Jesús, eres justo(a). ¡Esto lo propició Dios a tu favor para manifestar Su justicia, la cual es más sublime que la tuya, pasando por alto tus pecados a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús!

¿Por qué hizo Dios semejante cosa por ti?

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Así que, de tal manera te amó Dios que entregó a Su Hijo PARA QUE TÚ CREAS EN ÉL y tengas vida eterna al ser justificado, HECHO JUSTO, por Su justicia.

¡Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti!

Me dirás, sé que la Biblia lo dice, pero ¿cómo puede ser posible eso? Esto sólo es posible mediante la intervención divina; es a través de un milagro asombroso que, satisfaciendo plenamente toda justicia, Dios ha utilizado Su Palabra y Su Poder para hacer de ti una persona TOTALMENTE NUEVA.

Es por medio  del milagro del Nuevo Nacimiento que Dios te traslado de las tinieblas a Su luz admirable. Es por medio del Nuevo Nacimiento que Dios te transformo de un(a) miserable pecador(a) condenado(a) a la muerte eterna, a ser justicia de Dios; es por medio del Nuevo Nacimiento que fuiste transformado en un(a) Hijo(a) amado(a) del Padre celestial, comprado(a) por Amor al precio de la Vida y de la Sangre de Su Hijo Jesucristo.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación (2 Co 5.17-19).

¡Ahora eres Nueva Creación! ¡Ahora estás reconciliado(a) con Dios!

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (1 Jn 5.1a).

Cuando tú reconociste a Jesús como Señor y Salvador de tu vida, el espíritu que tú eras y que estaba muerto en delitos y pecados fue aniquilado en esa cruz. Ahora bien, tu Nuevo Nacimiento no significa que reviviste para seguir siendo el mismo que antes eras (o alguien muy parecido), sino que fuiste creado de nuevo, esto es, hecho totalmente nuevo por el Espíritu Santo y por la Palabra de Dios, para gozar de la Vida Eterna, Plena y Abundante.

siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).

Entonces, has sido declarado por Dios, justo(a), íntegro(a) y santo(a), y por lo tanto tienes derecho a una vida llena de gozo, paz, salud, prosperidad y victoria.

No me malentiendas, esto no quiere decir que no tendrás problemas o grandes contra tiempos. ¡No! ¡Todo lo contrario! Jesucristo dijo, Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16.33).

Sí, tendrás pruebas y aflicciones, pero de todas ellas te librará el Señor y saldrás más que vencedor(a) por medio de Aquel que te ha amado, Cristo Jesús. Pues tú eres justo(a) a los ojos de Dios, y no solamente eres justo(a) sino que eres justicia de Dios y, además, eres de Él, le perteneces, eres Su Hijo(a) amado(a) y ya has vencido al mundo pues mayor es el que está en ti que el que está en el mundo.

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Jua 4.4).

Así que, sin importar la situación que hoy estés enfrentando, ¡Alégrate! Dios, tu Padre, está contigo, y si Dios es contigo, ¿quién (en verdad pregunto), quién podrá contra ti?

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, es muy hermoso saberme tan amado(a) por Ti. Gracias, Señor Jesús, porque no sólo proveíste para mí el perdón de mis pecados sino que me hiciste justicia de Dios en Ti y me reconciliaste con Dios haciéndome hermano(a) Tuyo(a) e Hijo(a) del Padre. Por Ti, mi amado Jesús, he Nacido de Nuevo y ahora Dios, el Todopoderoso, es Abba, Padre, mi Papá. Leer de esto en Tu Palabra, la Biblia, me hace conocer la Verdad y la Verdad me hace libre. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Ti, Jesucristo, esta Nueva Vida. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Tu Palabra, esta identidad de Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, siendo renacido(a), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Por lo tanto, amado Padre celestial, todas y cada una de las Promesas que están en Tu Palabra son mías y para mí. Hoy puedo orar a Ti con la certeza de que me escuchas y me respondes. Tengo gozo y paz en mi corazón pues puedo pedir y recibir. Por lo tanto, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, declaró que soy sano(a) y libre de toda enfermedad o dolencia; creo y recibo la voluntad expresa de mi Padre, Dios Todopoderoso, para ser y vivir prospero(a) en todas las cosas. Echo fuera de mi vida todo pensamiento de temor y duda resistiendo todo engaño y mentira acerca de mí. Yo soy lo que la Biblia dice que soy. Un(a) Hijo(a) amado(a) de Dios; especial tesoro de mi Padre; todo lo puedo en Cristo que me fortalece y en todas las cosas, absolutamente todas las cosas, soy más que vencedor por medio del Amor de Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Señor Jesús, hoy me alegro en el gozo y la paz que brindan el ser la persona que Tú dices que soy. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Febrero 2                             Luc 23.26-56  /  Gen 42  /  Sal 33