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miércoles, 20 de agosto de 2014

¿Existe algo mejor que el perdón de tus pecados?

 
19 de Agosto
¡Ser hecho(a) Hijo(a) de Dios!
Por Riqui Ricón*
Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta (Jn 4.16-19).
Este es uno de los episodios más hermosos y emocionantes en la vida de Jesús. Un episodio donde tú puedes constatar cómo el Señor demuestra la naturaleza de Dios con su propio ejemplo. Aquí tienes a Jesús quien después de conversar con una mujer samaritana (lo cual era totalmente inapropiado pues estaba considerado totalmente impuro por parte de los judíos de esa época) y Él no le recrimina su vida, ni sus pecados, pues esta mujer había tenido cinco maridos y en ese momento cohabitaba con otro hombre. ¡No hay un solo reproche departe del Señor hacia ella!
Presta mucha atención, ya que ahí tenemos a la persona más despreciable del momento. Es una mujer y ha sentido en carne propia el prejuicio sexual. Es samaritana y conoce el desprecio racial por parte de romanos y judíos. Cinco veces ha fracasado como esposa y como mujer y ha experimentado el profundo rechazo no sólo de las demás mujeres, sino de la comunidad entera. Y, por si fuera poco, el hombre con el que actualmente vive no la quiere reconocer como mujer. ¡Es a este insignificante ser humano que, Dios hecho hombre, Jesús mismo, decide revelarle Su Identidad!
La mujer dijo: —Sé que el Mesías está por venir, al que llaman Cristo. Cuando él venga, nos explicará todas las cosas. Entonces Jesús le dijo: —¡YO SOY el Mesías!(Jn 4.25-26 NTV).
¡Asombroso! Jesús no se lo reveló a Juan, ni a Pedro, no se lo dijo a Nicodemo, ni a Jairo, no se manifestó a Caifás, ni a Poncio Pilato, sino que se reveló a una mujer samaritana, allá en la soledad de aquella calurosa tarde en el pozo de Jacob. ¡Maravilloso! ¡Jesús nunca ha buscado gente perfecta sino gente sincera!
Jesús es Amor puro. Él no anda llevando la cuenta de tus pecados y transgresiones con el propósito de echártelos en cara y así darte algún tipo de lección o reprimenda. ¡No! ¡De ninguna manera! Mira el carácter de Jesús, Él es amor y sólo está buscando tu corazón. ¡Es a ti a quien Él busca! ¡Eres tú el (la) importante para Él!
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.17-17).
¡Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti!
¡El Amor que Él siente por ti lo ha llevado no sólo a justificarte pagando todos tus pecados en esa cruz, sino que, precisamente por eso, ahora te puede llamar Hijo(a) Suyo(a)!
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios;  por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él (1 Jn 3.1).
Si aquella pobre mujer olvidada encontró el Amor y la Gracia de Dios, cuánto más tú, puedes en este día, contar con Él. Sin lugar a dudas que puedes estar seguro(a) de Su Amor por ti. Sin lugar a dudas Él jamás se olvidará de ti.
¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti (Isa 49.15).
Si en este día estás experimentando cualquier tipo de problema, enfermedad o aflicción, entonces lo que tú necesitas es escuchar a Jesús decirte, Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;  porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga (Mat 11.28-30).
Recuerda siempre que, sin importar cómo haya sido tu vida pasada, si has hecho a Jesús el Señor de tu vida, entonces, en esa cruz tú fuiste justificado(a) con Su Sangre, perdonado(a) por Su amor, santificado(a) a través de la purificación de tus pecados y perfeccionado(a) por su Gracia.
Ahora eres literal y legítimamente un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Y estas, mi amado(a), son muy buenas noticias. Dios no te ha dejado ni te dejará. Dios no te ha desamparado ni lo hará. Pues,…
Aun cuando yo pase por el valle más oscuro, no temeré, porque tú estás a mi lado. Tu vara y tu cayado me protegen y me confortan. Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos. Me honras ungiendo mi cabeza con aceite. Mi copa se desborda de bendiciones. Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR viviré por siempre (Sal 23.4-6 NTV).
Dios ha empeñado Su Palabra de Honor en que así lo hará contigo.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras permanecerán para siempre (Mar 13:31 CST).
Todo esto no es algo que Dios vaya hacer a tu favor sino algo que ya fue hecho, está escrito en la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente. Y puedes estar cien por ciento seguro(a) que si Dios lo dijo, entonces, Él lo va a cumplir; si Dios lo habló, entonces, Él lo va a ejecutar. A ti te toca creerlo, recibirlo y vivirlo.
Preguntó Jesús al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le ocurre esto? Él le contestó: Desde niño. Y muchas veces el espíritu lo arroja al fuego o al agua, para matarlo. Si puedes, ayúdanos. ¡Ten compasión de nosotros! Dijo Jesús: ¿Cómo "si puedes"? Para el que cree, Todo es posible (Mar 9:21-23 CST).
Sea que estés enfrentándote a la enfermedad, pecado, necesidad económica, problemas familiares, depresión, soledad o te encuentres perfectamente bien, Jesús siempre te amará y te buscará a ti, no para condenarte sino para salvarte.
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, en esta hora te doy gracias por tan grande y hermoso Amor que estando yo muerto(a) en delitos y pecados me diste Vida juntamente con Cristo. ¡Por Tu gracia soy salvo(a)! Hoy sé que aunque ande en valle de sombra y de muerte, puedo dejar de temer pues Tú estás conmigo. También sé que caerán a mi lado mil y diez mil a mi diestra más a mí no llegará ya que Tú, Jesús, mi Rey, Señor y Salvador, me guardas y el maligno no me puede tocar. Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Gracias Jesús, Tú me hiciste así. Gracias Espíritu Santo, Tú estás aquí conmigo, no me has dejado ni me dejarás. Me determino, con Tu ayuda, a resistir al espíritu de temor pues no me ha dado Dios espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor sino que he recibido el espíritu de adopción y hoy puedo decirte Abba, Padre, Papá, Papito. Así que, creo y declaro que de todo problema, angustia o enfermedad voy a salir más que vencedor(a) por Tu Gran Amor.  ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy Feliz! En el nombre de Jesús. Amén.
Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Agosto 19                            Jn 4.1-26  /  1 Cr 15.1-16-6  /  Zac 4
 


viernes, 15 de agosto de 2014

¡Cómo librarte del juicio de Dios y del castigo eterno!

<ENGLISH>
 

14 de Agosto

¡Sólo con Su Gracia!

Por Riqui Ricón*

!!Ay de la ciudad rebelde y contaminada y opresora! No escuchó la voz, ni recibió la corrección; no confió en Jehová, no se acercó a su Dios (Sof 3.1-2).

Aunque a veces nos cuesta trabajo comprenderlo, sobre todo después de haber conocido y creído el Amor de Dios, la Biblia es muy clara en cuanto a que existe una sentencia de parte de Dios sobre este mundo y sobre el ser humano; una sentencia que sin lugar a dudas se va a cumplir.

Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: !!Jehová! !!Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación (Ex 34.6-7).

Ciertamente Dios, tu Padre, es clemente, misericordioso y perdonador, pero también es justo y de ningún modo tendrá por inocente al malvado.

Pero eres terco y no quieres cambiar, y así estás acumulando la ira de Dios. El castigo te llegará el día en que Dios muestre toda su ira. Ese mismo día, Dios mostrará que juzga correctamente y con justicia. Dios pagará a cada uno según lo que haya hecho. Hay algunos que son constantes en hacer el bien. Buscan de Dios la grandeza, el honor y una vida que no puede ser destruida. A ellos Dios les dará vida eterna. Hay otros que son egoístas, se niegan a seguir la verdad y han decidido seguir la injusticia. Dios los castigará con toda su ira. Castigará con grandes sufrimientos a todos y cada uno de los que hacen lo malo, tanto a los judíos como a los que no son judíos. Por el contrario, a todos los que hacen el bien Dios les dará grandeza, honor y paz, sean judíos o no. Dios juzga a todos por igual y sin favoritismos (Ro 2.5-11 PDT).

Así que, nos guste o no, hay un plazo y está establecido un tiempo en que Dios juzgará con justo juicio a los seres humanos. Sin embargo, ni tú ni yo tenemos nada que temer de ese día, pues de acuerdo a la Palabra de Dios, ese día será también un día de alegría y de victoria, para todos aquellos que son Hijos de Dios Nacidos de Nuevo por medio de Jesucristo.

Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y también el mar. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde la presencia de Dios, como una novia hermosamente vestida para su esposo. Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: «¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos. Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más» (Apo 21.1-4 NTV).

¡Estas son muy buenas noticias! Mientras al sistema corrupto de este mundo y a todos aquellos que insisten en la maldad les espera una terrible condena, tu Padre celestial ha preparado para ti  un cielo nuevo y una tierra nueva donde no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor.

No te escribo esto para que te alegres ni te entristezcas por el horrendo destino que le espera a alguien que por causa de su obstinado corazón persistió en rechazar a Dios; más bien te escribo esto para que adquieras conciencia del inmenso Amor que Dios siente por ti, pues al final de cuentas, tú no merecías ser librado(a) del castigo eterno.

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo (Jn 1.29-30).

¡Jesucristo es el Cordero de Dios que QUITÓ el pecado de tu Vida!

La sangre que Cristo derramó en su muerte pagó el rescate para librarnos del pecado. Es decir, que Dios es tan generoso que perdona nuestras faltas (Efe 1.7 PDT).

Con Su muerte, Jesús cumplió toda justicia pagando el justo castigo que merecían todas tus transgresiones. Pero fue con Su resurrección que venció a la muerte y pudo adoptarte como Hijo(a) Suyo(a) según el puro afecto de su voluntad (Efe 1.5) y hacerte partícipe de la Vida Eterna que es un privilegio exclusivo de los Hijos de Dios.

ANTES USTEDES ESTABAN bajo la maldición de Dios, condenados eternamente por sus delitos y pecados. Según la corriente de este mundo, eran pecadores empedernidos, y como tales, obedecían los dictados de Satanás, príncipe del imperio del aire, quien ahora mismo está operando en el corazón de los que se rebelan contra el Señor. Nosotros mismos éramos así; nuestras vidas expresaban la maldad que había en nosotros, y nos entregábamos a las perversidades a que nuestras pasiones y malos pensamientos nos empujaban. Era un mal de nacimiento, pues nacimos con una naturaleza perversa que nos mantenía bajo la ira de Dios como a los demás. Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto que, aunque estábamos espiritualmente muertos a causa de nuestros pecados, nos vivificó con Cristo —sólo por su gracia infinitiva somos salvos—. Además, nos elevó con Cristo de la tumba a la gloria y nos hizo sentar con El en los cielos.  Ahora Dios puede, en cualquier época, poner como ejemplo de su gracia infinita la obra que en su bondad realizó en nosotros a través de Jesucristo.  Es por su gracia mediante la fe en Cristo que son ustedes salvos, y no por nada que hayan hecho. La salvación es un don de Dios  y no se obtiene haciendo el bien, porque si así fuera tendríamos de qué gloriarnos.  Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para realizar las buenas obras que de antemano dispuso que realizáramos. Nunca olviden que antes eran paganos, y que los judíos los tenían por infieles e inmundos (aunque tienen el corazón tan inmundo como el de ustedes, pues el valor de los rituales y ceremonias que practican es externo).  Recuerden que en aquellos días ustedes vivían alejadísimos de Cristo, excluidos de la ciudadanía del pueblo de Dios, y no habían recibido la promesa. Estaban perdidos, sin Dios y sin esperanza.  Pero ahora pertenecen a Jesucristo; aunque antes andaban alejados de Dios, la sangre de Jesucristo los acercó a El (Efe 2.1-13 BAD).

¡Y todo por Amor a ti!

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

¡Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti!

MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos (1 Jn 3.1 BAD).

Por este gran Amor, Dios mismo ahora te llama Su Hijo(a) y te ha dado el don, el regalo, de la Vida Eterna. ¡Tú Vivirás por Siempre! Y esto es algo que el mundo nada más NO puede comprender.

»Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes. Ama al SEÑOR tu Dios, obedécelo y sé fiel a él, porque de él depende tu vida, y por él vivirás mucho tiempo en el territorio que juró dar a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob.» (Deu 30.19-20 NVI).

Dios lo planeó de esta forma. Él lo estableció así. Tanto las palabras de maldición como la Bendición que encuentras en la Biblia, ambas son Palabra de Dios y se van a cumplir al pie de la letra. Sin embargo, el anhelo, la voluntad expresa de tu Padre siempre ha sido que tú vivas bajo La Bendición.

En ese día ya no hará falta que sean avergonzados, porque dejarán de rebelarse contra mí. Quitaré al orgulloso y al arrogante de entre ustedes; no habrá más altivez en mi monte santo. Quedarán sólo los sencillos y los humildes porque son ellos quienes confían en el nombre del SEÑOR. Los del remanente de Israel no harán nada malo; nunca mentirán ni se engañarán unos a otros. Comerán y dormirán seguros, sin que nadie los atemorice». ¡Canta, oh hija de Sión; grita fuerte, oh Israel! ¡Alégrate y gózate con todo tu corazón, oh hija de Jerusalén! Pues el SEÑOR quitará su mano de juicio y dispersará a los ejércitos de tus enemigos. ¡El SEÑOR mismo, el Rey de Israel, vivirá en medio de ti! Por fin, se habrán terminado tus aflicciones y nunca jamás temerás el desastre. En ese día, la proclama en Jerusalén será: «¡Ánimo Sión! ¡No temas! Pues el SEÑOR tu Dios vive en medio de ti. Él es un poderoso salvador. Se deleitará en ti con alegría. Con su amor calmará todos tus temores. Se gozará por ti con cantos de alegría». «Reuniré a los que añoran los festivales establecidos; nunca más serán avergonzados. Sin embargo, trataré con severidad a quienes te oprimieron. Salvaré al débil y al indefenso; reuniré a los que fueron expulsados. Daré gloria y renombre a los que fueron desterrados dondequiera que hayan sido ridiculizados y avergonzados. En ese día los reuniré y los traeré de regreso a casa. Les daré un buen nombre, un nombre distinguido entre todas las naciones de la tierra, cuando, ante sus propios ojos, restauraré tu bienestar. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!» (Sof 3.11-20 NTV).

Como ya habrás notado, el secreto está en confiar en Dios.

Jehová de los ejércitos,  Dichoso el hombre que en ti confía  (Sal 84.12).

Confiar en Dios significa creerle a Dios; significa creer a Su Palabra.

Así que, como puedes ver, la única forma de librarte del juicio de Dios y del castigo eterno es amparándote bajo Su Amor y Su Gracia infinitos.

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, en Verdad que es hermoso saberme tan amado(a) por Ti, mi Dios. Gracias por tanto y tan grande Amor. Este día (y todos los días de mi vida) lo quiero vivir bajo Tu Gracia infinita sabiéndome perdonado(a) de todos mis pecados. Creo y recibo esta Nueva Vida que Tú, Jesucristo, compraste para mí al morir y resucitar venciendo a la muerte. Yo estoy en Cristo y soy una Nueva creatura, las cosas viejas pasaron y he aquí que todas son hechas nuevas. Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y no de una simiente que se pueda corromper, sino de la incorruptible semilla que es Tu Palabra, Señor, que vive y permanece para siempre. Así, Tú has quitado el orgullo y la arrogancia de mi vida; ya no hay más altivez de mi parte en Tu Presencia. Me has hecho sencillo(a) y humilde, y ahora confío plenamente en el nombre del SEÑOR. Ya no haré nada malo; nunca mentiré ni engañaré a nadie más. Comeré y dormiré seguro(a), sin que nadie me atemorice. ¡Hoy canto y grito fuertemente! ¡Me alegro y me gozo con todo mi corazón! Pues Tú, mi Padre, has quitado Tu mano de juicio y dispersarás a los ejércitos de mis enemigos. ¡El SEÑOR mismo, el Rey de Israel, vive en medio de mí! Por fin, se habrán terminado mis aflicciones y nunca jamás temeré el desastre. En este día, yo proclamo: «¡Ánimo ________ (tu nombre aquí)! ¡No temas! Pues el SEÑOR mi Dios vive en medio de mí. Tú, Jesús, eres un poderoso salvador y te deleitas en mí con alegría. Con Tu amor calmas todos mis temores y te gozas por mí con cantos de alegría. ¡Nunca más seré avergonzado(a)! Y aunque tratarás con severidad a quienes me oprimieron, Tú, mi Dios, me salvarás. Me darás gloria y renombre dondequiera que yo haya sido ridiculizado(a) y avergonzado(a). En este día me reunirás y me traerás de regreso a casa, contigo Señor. Me darás un buen nombre, un nombre distinguido entre todas las naciones de la tierra, cuando, ante mis propios ojos, restaures mi bienestar. ¡Tú, el SEÑOR, lo has hablado y decretado en Tu Palabra, la Biblia! Así que, soy libre para recibir, por medio de la fe en Tu Palabra, el cumplimiento en mi Vida de todas y cada una de Tus Promesas. Por lo tanto, amado Padre celestial, todas y cada una de las Promesas que están en Tu Palabra son mías y para mí. Hoy puedo orar a Ti con la certeza de que me escuchas y me respondes. Tengo gozo y paz en mi corazón pues puedo pedir y recibir. Por lo tanto, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, declaró que soy sano(a) y libre de toda enfermedad o dolencia; creo y recibo la voluntad expresa de mi Padre, Dios Todopoderoso, para ser y vivir prosperado(a) en todas las cosas. Echo fuera de mi vida todo pensamiento de temor y duda resistiendo todo engaño y mentira acerca de mí. Yo soy lo que Tú, Dios Todopoderoso, dices en la Biblia que soy: Tu Hijo(a) amado(a); especial tesoro de mi Padre; yo soy quien todo lo puedo en Cristo que me fortalece y en todas las cosas, absolutamente en todas las cosas, soy más que vencedor(a) por medio del Amor de Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Amén.

Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime © 2011

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Agosto 14                            San Juan 1.19-34  /  1 Crónicas 7-8  /  Sofonías 3

 



jueves, 14 de agosto de 2014

¡Cómo ponerle obras a tu Fe!

 

11 de Agosto

¡Tú eres lo que declaras!

Por Riqui Ricón*

Aunque las higueras no florezcan y no haya uvas en las vides, aunque se pierda la cosecha de oliva y los campos queden vacíos y no den fruto, aunque los rebaños mueran en los campos y los establos estén vacíos, ¡aun así me alegraré en el SEÑOR! ¡Me gozaré en el Dios de mi salvación! ¡El SEÑOR Soberano es mi fuerza! Él me da pie firme como al venado, capaz de pisar sobre las alturas» (Hab 3.17-19a NTV).

Tener Fe significa tener certeza; significa estar plenamente convencido(a) que Dios es real y que por lo tanto Su Palabra, la Biblia, es la Verdad y se cumple y se cumplirá cabalmente (al pie de la letra), sin importar cuán difícil o imposible parezca tu situación.

—¿Pero cómo podrá suceder esto? —le preguntó María al ángel —. Soy virgen. El ángel le contestó: —El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por lo tanto, el bebé que nacerá será santo y será llamado Hijo de Dios. Además, tu parienta Elisabet, ¡quedó embarazada en su vejez! Antes la gente decía que ella era estéril, pero ha concebido un hijo y ya está en su sexto mes de embarazo. Pues nada es imposible para Dios. María respondió: —Soy la sierva del Señor. Que se cumpla todo lo que has dicho acerca de mí. Y el ángel la dejó (Luc 1.34-38 NTV).

Tener la certeza de la realidad de Dios y de la Verdad de Su Palabra es muy diferente a tener una esperanza incierta de que Dios es real y que Su Palabra es Verdad. Anidar en tu corazón ese “ojalá que sea cierto todo esto que me han enseñado” siempre te dejará a merced de la duda y el temor.

Pero, eso sí, habéis de pedirla con fe [creyéndole a Dios creyendo Su Palabra], porque el que duda es semejante a las olas del mar, que se agitan de acá para allá según el punto de donde sopla el viento.   En efecto, las personas que dudan y nunca llegan a tomar una decisión son inestables en todo lo que emprenden; y como andan vacilantes y no piden con fe, tampoco pueden esperar respuesta del Señor (Sgo 1.7-8 CST).

Ya que la Fe es la certeza absoluta y el total convencimiento de la fidelidad y del Amor de Dios, la primera obra o fruto de tu fe será siempre una declaración llena de confianza:

Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos;   aun así, yo me regocijaré en el SEÑOR, ¡me alegraré en Dios, mi libertador!   El SEÑOR omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas (Hab 3.17-19a NVI).

No es de extrañar que el libro de Habacuc comienza con una queja ante Dios, pues el profeta estaba viviendo en tiempos de mucho temor y angustia: las diez tribus del pueblo de Israel que formaban el reino del norte habían sido derrotadas, esclavizadas y dispersadas por los asirios; el mismísimo imperio asirio estaba tambaleándose delante de Nabucodonosor y, como si fuera poco, delante de sus ojos, Habacuc y el reino de Judá veían cumplirse las profecías que auguraban la destrucción de la santa ciudad de Jerusalén (lo cual sucedió antes de que transcurrieran veinte años desde que Habacuc escribió su libro).

Así que, efectivamente, esos eran tiempos de mucho temor y angustia. Fácilmente puedo imaginar que los pensamientos y las conversaciones estaban cargados del miedo que imperaba: ¿Qué sucederá con nosotros? ¿Moriremos? ¿Terminaré de esclavo(a)? ¿Qué pasará con mis hijos? ¿Qué harán con mi esposa? ¿Los volveré a ver? ¿Cómo vamos a vivir? ¿Quién podrá ayudarme? ¿Dónde podré esconderme y que no me encuentren? Etcétera, etcétera, etcétera.

Quizá tú estés enfrentando una situación parecida el día de hoy. Quizá te encuentres en ese hoyo obscuro que es la angustia y la desesperación. Quizá te sientas atrapado(a) en el fango cenagoso de la duda y el temor. Entonces, como Habacuc, permite que el dulce bálsamo de la Palabra de Dios, tu Padre, traiga libertad y consuelo a tu alma afligida:

Alzaré mis ojos a los montes;  ¿De dónde vendrá mi socorro?  Mi socorro viene de Ti, mi Dios, Que has hecho los cielos y la tierra.  No darás mi pie al resbaladero,  Ni te dormirás, Tú el que me guardas.  He aquí, no se adormecerá ni dormirá  El que guarda a _______ (tu nombre Aquí).   Jehová, Tú eres mi guardador;  mi Dios, Tú eres mi sombra a mi mano derecha. Por eso, El sol no te fatigará de día,  Ni la luna de noche. Amado Padre celestial, Tú me guardarás de todo mal; Tú guardarás mi alma. Señor, Tú guardarás mi salida y mi entrada Desde ahora y para siempre (Sal 121 paráfrasis del autor).

¡Sacia tu sed! ¡Aclara tu garganta! Bebe del refrescante manantial que es la Palabra de tu Dios y Padre, y permítele llenarte de Fe. Permítele colmarte con la certeza de que pase lo que pase, suceda lo que suceda, Él no te ha dejado ni te dejará.

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8.31-32).

Pon tus ojos en el autor y consumador de la fe, Cristo Jesús. Pon tus esperanzas en tu Rey, Señor y Salvador, Jesucristo, y permítele llenarte con Su Fe, para que produzca en ti esa declaración y esa actitud que tuvo Habacuc. Que hoy se halle en ti la misma actitud que manifestaron Sadrac, Mesac y Abed Nego delante de Nabucodonosor. Una actitud de Fe que fluye de la Gracia. Esa certeza que mira aquello que no se ve y se sobrepone a las emociones y sentimientos del momento para declarar que, a pesar de todo, Dios sigue siendo Dios, tu Padre, y no serás avergonzado(a) de haber creído Su Palabra.

Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado (Dan 3.15-18).

Dios jamás ha deshonrado Su Palabra. Porque primero el cielo y la tierra dejan de existir, antes que Él deje de cumplirte alguna de Sus Promesas.

Y daré por respuesta a mi avergonzador,  Que en tu palabra he confiado (Sal 119.42).

Así que, en los momentos difíciles, pon mucha atención a las palabras que salen por tu boca, pues El hombre [la mujer] bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre [la mujer] malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca (Luc 6.45).

Esto no quiere decir que si tú alguna vez has hablado palabras de duda, temor o fracaso, por eso tú seas un mal hombre o una mala mujer, porque, en honor a la Verdad, tú eres exactamente la persona que Dios dice en Su Palabra que ahora eres: ¡Un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios…   Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.  ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Jn 5.1a, 4.5).

Entonces, has de la Biblia la norma máxima de tu existencia, guardándola en tu corazón y en tu mente para que salga por tu boca. Haciendo esto, la Fe de Jesucristo, la certeza absoluta, brotará en tu corazón y ningún problema, enfermedad ni aflicción podrá robarte la paz y el gozo que produce el confiar y creerle a tu Padre celestial.

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16.33).

¡Puedes confiar en Dios! ¡Jesús ya a vencido al mundo, y tú sabes que sabes, que tu Padre celestial cumplirá Su Palabra de Honor!

Jehová de los ejércitos,  Dichoso el hombre que en ti confía (Sal 84.12).

Sin importar cuales sean las circunstancias que hoy estés enfrentando, puedes ser dichoso(a) echando tus cargas sobre el Señor y confiando en Su Palabra. ¡Sostente viendo al Invisible!

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, este día estoy dispuesto(a) a vivir una vida de Fe. Estoy dispuesto(a) a poner toda mi confianza en Ti, mi Dios. Con Tu ayuda, Espíritu Santo, no le voy a dar lugar a la duda ni al temor. Yo creo en Tu Palabra, la Biblia, y sé que es la Verdad. Por lo tanto,  resisto toda enfermedad, problema o aflicción que intente imponerse en mi vida y no les permito hacer valer ningún supuesto derecho que pretendan tener, y aunque aún no lo vea, yo soy sano(a), soy libre, soy próspero(a) y soy dichoso(a) en el nombre de Jesús. Amado Rey, este día quiero agradecerte tu Gran Amor por mí, que estando yo muerto(a) en delitos y pecados, me diste vida juntamente con Cristo, por Tu Gracia soy salvo(a). Gracias por darme esta Nueva Vida como un(a) legítimo(a) Hijo(a) Tuyo(a). Gracias porque, a pesar de lo que ahora digan y griten las circunstancias de mi vida, la Verdad es que yo soy la persona que Tú, Padre, dices en Tu Palabra que soy: ¡Tu Hijo(a) Amado(a)! Gracias porque esta mi Nueva Vida no es una Vida común y corriente. Por ti, Señor Jesús, ahora puedo gozar la Vida Eterna de un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. ¡Tengo Vida de Reino! ¡Tengo Vida de Poder! Por Ti, mi amado Jesús, he Nacido de Nuevo y ahora Dios, el Todopoderoso, es Abba, Padre, mi Papá. En cuanto a mis circunstancias, yo busco tu ayuda SEÑOR. Espero confiadamente que Tú me salves, y con toda certeza sé que Tú, mi Dios, me oyes. Por lo tanto, ¡Enemigos míos (enfermedad, pobreza, tristeza o temor), no se regodeen de mí! Pues aunque caiga, me levantaré otra vez. Aunque esté en oscuridad, el SEÑOR será mi luz. Seré paciente porque Dios tomará mi caso en Sus manos y me hará justicia. El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El SEÑOR es la fortaleza de mi vida; ¿de qué he de atemorizarme? Amado Padre celestial, ¿Dónde hay otro Dios como tú, que perdona mi culpa y pasas por alto los pecados de Tu preciado Hijo(a)? No seguirás enojado conmigo para siempre, porque tú te deleitas en mostrar tu amor inagotable. Volverás a tener compasión de mí. ¡Aplastarás mis pecados bajo tus pies y los arrojarás a las profundidades del océano! Me mostrarás Tu fidelidad y Tu amor inagotable, como lo prometiste hace mucho tiempo en Tu Palabra, la Biblia (Miq 7.18-20). Así que, Gracias por ser la Luz que ilumina mi Vida.  Gracias por todas y cada una de Tus Promesas que me has hecho. Leer de ellas en Tu Palabra, la Biblia, me hace conocer la Verdad y la Verdad me hace libre. Lámpara es a mis pies Tu Palabra y Luz en mi Camino. ¡Tengo entendimiento y resplandezco como el resplandor del firmamento! Soy libre para recibir, por medio de la fe en Ti, Jesucristo, esta Nueva Vida. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Tu Palabra, esta identidad de Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, siendo renacido(a), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Tu Palabra, el cumplimiento en mi Vida de todas y cada una de Tus Promesas. Por lo tanto, amado Padre celestial, todas y cada una de las Promesas que están en Tu Palabra son mías y para mí. Hoy puedo orar a Ti con la certeza de que me escuchas y me respondes. Tengo gozo y paz en mi corazón pues puedo pedir y recibir. Por lo tanto, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, declaró que soy sano(a) y libre de toda enfermedad o dolencia; creo y recibo la voluntad expresa de mi Padre, Dios Todopoderoso, para ser y vivir prosperado(a) en todas las cosas. Echo fuera de mi vida todo pensamiento de temor y duda resistiendo todo engaño y mentira acerca de mí. Yo soy lo que la Biblia dice que soy. Un(a) Hijo(a) amado(a) de Dios; especial tesoro de mi Padre; todo lo puedo en Cristo que me fortalece y en todas las cosas, absolutamente todas las cosas, soy más que vencedor(a) por medio del Amor de Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Señor Jesús, hoy me alegro en el gozo y la paz que brindan el ser la persona que Tú dices que soy. Amén.

Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime © 2011

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.


Agosto 11                            2 Corintios 12  /  1 Crónicas 1-2  /  Habacuc 3