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sábado, 26 de julio de 2014

¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí?

 
18 de Julio

¡Soy Hijo(a) del Rey!

Por Riqui Ricón*

Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres (1 R 19.4).

No obstante las grandes victorias que hemos experimentado en nuestra vida gracias al Señor Jesús, es realmente curioso como muchas veces, al igual que Elías, nos dejamos atrapar por el desánimo y la depresión. ¿A qué se debe esto?

Primero, no debes olvidar que la Biblia, la Palabra de Dios, te enseña claramente que tú te encuentras en plena guerra.

Sed sobrios y velad para que no os sorprendan los ataques de ese gran enemigo vuestro que es el diablo, el cual, como un león rugiente, anda dando vueltas en busca de alguien a quien devorar (1 P 5.8 CST).

Satanás NO es un león rugiente sino un imitador que con engaños y mentiras está continuamente atacando tu identidad de Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo para que dejes de CREER lo que Dios dice acerca de ti en Su Palabra, la Biblia.

Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? (Mat 14.25-31).

Si al poner tu atención en lo difícil tus circunstancias y problemas Satanás logra que tú apartes tus ojos del Verbo, de la Palabra de Dios, del autor y consumador de tu fe, y te llenas de temor y ansiedad, entonces habrá conseguido el principio de tu derrota.

Pelea la buena batalla de la fe;  haz tuya la vida eterna,  a la que fuiste llamado y por la cual hiciste aquella admirable declaración de fe delante de muchos testigos (1 Ti 6.12 NVI).

La buena batalla de la fe sólo la puedes pelear cuando te encuentras perfectamente establecido(a), sin ceder un ápice, en tu Identidad como Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Sólo así puedes echar mano de la Vida Eterna que es el derecho genuino y legítimo de todo(a) Hijo(a) de Dios.

"Cuando el ladrón llega, se dedica a robar, matar y destruir. Yo he venido para que todos ustedes tengan vida, y para que la vivan plenamente (Jn 10.10 BLS).

Satanás siempre utilizará las circunstancias de tu vida para robar, matar y destruir tu Identidad como Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Pues logrando eso él podrá infundirte temor y ansiedad para terminar robando, matando y destruyendo tu gozo, tu paz y la Plenitud de tu Salvación.

Las 24 horas del día, los sesenta minutos de cada hora y los 60 segundos de cada minuto, tu adversario, el diablo, está buscando la forma de anularte y destruirte.

Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo (Jn 17.14-16).

Ahora eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Es necesario que te quede muy claro que tú no eres de este mundo y, aunque a ti no te guste, hay toda una guerra dispuesta contra ti.

El SEÑOR es mi luz y mi salvación, entonces ¿por qué habría de temer? El SEÑOR es mi fortaleza y me protege del peligro, entonces ¿por qué habría de temblar? Cuando los malvados vengan a devorarme, cuando mis enemigos y adversarios me ataquen, tropezarán y caerán. Aunque un ejército poderoso me rodee, mi corazón no temerá. Aunque me ataquen, permaneceré confiado (Sal 27.1-3 NTV).

La Buena Noticia es que no tienes nada que temer; Dios es contigo, y si Dios es contigo, ¿quién contra ti?

Segundo, el verdadero problema se presenta  cuando vienen nuevos o mayores problemas y tú te has  olvidado de mantener tu mirada, y tu fe, constante y consistentemente en Jesús y en Su Palabra. Esto te debilita en la fe, ya que fe es estar constantemente creyendo a Dios, creyendo Su Palabra. 

Ahora pues, la fe viene por escuchar, por escuchar atentamente la palabra de Dios (Ro 10.17 SyE)

Dado que la Biblia establece que la fe viene por oír atentamente la Palabra de Dios, entonces, si descuidas la lectura y meditación de la Biblia le das oportunidad a tu adversario, el diablo, para amedrentarte con las apariencias de las dificultades que estés enfrentando el día de hoy.

Entonces Pedro lo llamó: —Señor, si realmente eres tú, mándame que vaya hacia ti caminando sobre el agua. —Sí, ven —dijo Jesús. Entonces Pedro se bajó por el costado de la barca y caminó sobre el agua hacia Jesús. Pero, cuando vio el fuerte viento y las olas, se aterrorizó y comenzó a hundirse. «¡Sálvame, Señor!» —gritó. De inmediato, Jesús extendió la mano y lo agarró. «Tienes tan poca fe —le dijo Jesús —. ¿Por qué dudaste de mí?». Cuando subieron de nuevo a la barca, el viento se detuvo. Entonces los discípulos lo adoraron. «¡De verdad eres el Hijo de Dios!», exclamaron (Mat 14.28-33 NTV).

Nota que Pedro ya caminaba sobre las aguas para ir a Jesús. Él había confiado, creído, en la Palabra de Jesús cuando éste le dijo “ven y por eso comenzó a experimentar la misma Verdad que su Señor y Maestro. PERO, cuando puso su atención en las circunstancias, entonces permitió que el espíritu de temor le robara la fe que manifestó al decir: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Jesús sólo dijo, ven y Pedro creyó. Sin embargo, al parecer, su declaración no fue suficiente, pues al quitar sus ojos de Jesús y considerar lo que veía con sus ojos y escuchaba con sus oídos, tuvo miedo y comenzó a hundirse.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (He 11.6).

Al igual que antaño, hoy en día muchos creyentes están demasiado acostumbrados a conducir sus vidas por medio de lo que ven o sienten en lugar de hacerlo por medio de la fe, esto es, por creerle a Dios, creyendo Su Palabra. De este modo, cuando se presentan los problemas y vicisitudes de la vida se ven abrumados por la preocupación y el temor a tal grado que, efectivamente, pueden darle lugar al desánimo y a la depresión.

Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables (2 Co 5.6-9).

Me llama la atención que en ese episodio de la vida de Elías, Dios no lo consintió, ni lo apapachó por sentirse como se sentía, sino que lo fortaleció en su espíritu (fue un ángel quien le tocó y le alimentó), y le dijo: anda, levántate y vuélvete por tu camino para hacer esto, esto y esto otro.

Satanás siempre tratará, por todos los medios que tenga a su alcance, de anular tu fe (que no le creas a Dios, creyendo Su Palabra). Se valdrá de tus sentidos y emociones para inspirarte temor por medio de las circunstancias que te rodeen y luego utilizará la condenación por causa de tus faltas y pecados con el propósito exclusivo de que caigas en el error de olvidarte quien ahora tú eres en Cristo Jesús: ¡Un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Co 6.9-11).

Si te das cuenta, tu confianza, tu certeza y tu fe debes ponerlas exclusivamente en lo que Dios ha dicho en Su Palabra acerca de ti y no en la forma cómo te ves a ti mismo(a), ni en la forma cómo te sientes contigo mismo(a).

porque en vosotros se ha operado un nuevo nacimiento, que ya no es debido a una simiente corruptible, sino a la incorruptible y permanente palabra de Dios (1 P 1.23 CST).

Entonces, de acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, tú eres ya un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, y no de una simiente corruptible sino de la incorruptible simiente que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

Esto no quiere decir que, como Hijo(a) de Dios, puedes pecar y olvidarte de la santidad (sin la cual NADIE vera a Dios). ¡No! ¡Nada de eso! Es todo lo contrario.

Ahora sabes perfectamente quién eres tú y lo que Dios dice acerca de ti. ¡Tienes identidad! Ahora crees, hablas y actúas para manifestar esa justicia, santidad y perfección que Él ya puso en ti al decretarlo con Su Palabra.

¡Sólo tienes que creerlo!

Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (He 10.11-18).

Por esto, como Hijo(a) del Rey, ya no tratas de alcanzar la santidad como algo de lo que careces o que no tienes (eso es lo que el diablo pretende que creas), sino que ahora crees que eres y que tienes todo lo que Dios dice en Su Palabra que eres y tienes: justo(a), santo(a) y perfecto(a). Pues, además, si Dios lo dice, entonces, es la verdad y por lo tanto puedes vivir como justo(a), santo(a) y perfecto(a).

En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efe 4.22-24).

Así que, echa fuera de tu vida todo desánimo o depresión. ¡Ahora estás en Cristo! Dios es contigo, y si Dios es contigo, ¿Quién contra ti?

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, en Tu Palabra puedo notar el gran Amor con que me has amado, pues aún estando yo muerto(a) en delitos y pecados me diste vida juntamente con Cristo. Gracias Señor por esta Vida Nueva que me has dado. Me creaste de Nuevo en justicia y santidad de la verdad. Creo y recibo este gran Amor. Creo y recibo a Jesús como mi Señor y Salvador. En Ti, Jesús, tengo vida eterna, vida abundante. Me determino, con Tu ayuda, Espíritu Santo, a no dejar que las aflicciones del mundo me infundan temor pues yo no he recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor sino que he recibido el espíritu de adopción y te puedo decir a Ti, Dios, Abba, Padre. ¡Soy Hijo(a) del Rey! Nada ni nadie me pueden derrotar pues en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me amó, Cristo Jesús. Padre, cómo no agradecerte Tu Amor tan grande y sublime, pues me has escogido, redimido y renovado como Hijo(a) Tuyo(a). Tengo Tu Palabra de Honor y sé que he llegado a mi destino. Ahora estoy más que dispuesto(a) a utilizar la fe perfecta que ya tengo por Tu Palabra, para cumplir mi propósito en esta tierra: ser luz en medio de las tinieblas como embajador de Jesucristo dondequiera que esté y como quiera que esté, pues no tengo la más mínima duda que, ante todo problema, enfermedad o adversidad, yo, ______________ (tu nombre aquí), soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ha amado, Cristo Jesús. No recibo el espíritu de temor, ni la duda que genera, sino que recibo el espíritu de adopción por el cual te puedo decir Abba, Padre, Papá, Papito. Por Tu Palabra, la Biblia, estoy seguro(a) de quién ahora yo soy gracias a Jesús: un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Y soy Nacido(a) de Nuevo, no de una simiente corruptible, sino de la incorruptible semilla que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Recibo Tu paz que sobrepasa todo entendimiento y me lleno con Tu Amor para vivir esta vida llena de gozo, que Tú has destinado para mí. Por lo tanto, voy a manifestar, con mi vida, la libertad gloriosa que sólo YO Tu Hijo(a) puedo tener. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) del Rey! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Julio          18                        1 Co 6  /  1 R 19  /  Am 3.1-4.3

 

 
 

viernes, 25 de julio de 2014

¡Cómo puedes tú hacer que suceda un milagro el día de hoy!

 
17 de Julio

¡Creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra!

Por Riqui Ricón*

Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Judá, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque menospreciaron la ley de Jehová, y no guardaron sus ordenanzas, y les hicieron errar sus mentiras, en pos de las cuales anduvieron sus padres. Prenderé, por tanto, fuego en Judá, el cual consumirá los palacios de Jerusalén (Am 2.4-5).

Las lecturas del día de hoy te hacen notar como a veces, por estar más enfocados en los aspectos materiales de la existencia, los creyentes pasan por alto las verdades más profundas de la Palabra de Dios. Esto, inevitablemente, es un impedimento para una buena relación con Dios, pues pareciera que es más importante los suplementos para la buena vida que las razones y fundamentos que nos dan derecho a ella. Es decir, parece ser más importante tener que comer y vestir que saber vivir.

Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mat 6.25-33).

La enseñanza de Jesús es clara y radical al respecto: ¡No te preocupes, ni te angusties, por tu vida, que has de comer, ni por tu cuerpo, qué has de vestir! ¡Tu Padre celestial sabe que tienes necesidad de todas esas cosas! ¡Deja que Él se haga cargo! Tú sólo busca primeramente el Reino de Dios y Su Justicia y todas estas cosas te serán añadidas.

¡Qué grata simpleza hay en las Palabras de Jesús! ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?  ¿No vales tú mucho más que las aves que Dios alimenta?

Según la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, así como los palacios de Jerusalén (los cuales fueron consumidos por el fuego), todas las cosas, casas, autos, alimentos, vestidos, celulares, etc., sólo son accesorios, añadiduras,  y  Dios, tu Padre, sabe que tienes necesidad de ellas.

Jehová es mi pastor; nada me faltará (Sal 23.1).

Sin embargo, hoy tienes que saber y creer de una vez por todas que tu vida, que tú mismo(a) vales para Dios mucho más que cualquiera o todas esas cosas juntas.

De acuerdo al libro de Amos, Dios tuvo que consumir esas vidas materiales que son producto de menospreciar Su Palabra y caer en el error de vivir en base a la mentira. Lo importante a destacar aquí, lo que tenemos que aprender, no es el haber perdido los palacios de Jerusalén, como usualmente se podría pensar o sentir, sino el hecho de vivir en el error de la mentira en lugar del acierto de la Verdad.

Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe (Dan 10.21).

Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad… Cercano estás tú, oh Jehová, Y todos tus mandamientos son verdad            La suma de tu palabra es verdad, Y eterno es todo juicio de tu justicia (Sal 119.142, 151, 160).

La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad (Mal 2.6).

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace (Sgo 1.22-25).

Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo (2 S 7.28).

Una y otra vez encontrarás a Dios, Tu Padre, haciéndote énfasis en que Su Palabra es Verdad.

¿Por qué es tan importante esto? ¿Por qué Dios se molesta tanto con las mentiras? Porque todas las fuerzas del infierno están obrando en tu contra para que tú no te enteres (y mucho menos lo creas), que la Biblia realmente es la Palabra de Dios y por lo tanto es la Verdad.

La serpiente era el más astuto de todos los animales salvajes que el SEÑOR Dios había hecho. Cierto día le preguntó a la mujer: —¿De veras Dios les dijo que no deben comer del fruto de ninguno de los árboles del huerto? —Claro que podemos comer del fruto de los árboles del huerto —contestó la mujer—. Es sólo del fruto del árbol que está en medio del huerto del que no se nos permite comer. Dios dijo: “No deben comerlo, ni siquiera tocarlo; si lo hacen, morirán”. —¡No morirán! —respondió la serpiente a la mujer—. Dios sabe que, en cuanto coman del fruto, se les abrirán los ojos y serán como Dios, con el conocimiento del bien y del mal (Gen 3.1-5 NTV).

Nunca olvides que en el Paraíso, en el huerto de Edén, Dios le enseñó a Adán y Eva que no comieran del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal porque si lo hacían ciertamente morirían (lo cual resultó ser la Verdad). Sin embargo, Satanás (en forma de serpiente), contradijo la Palabra de Dios con sus mentiras y planteó un dilema para Adán y Eva: Dios mi creador DICE una cosa y este animalito DICE otra, ¿quién de los dos dirá la VERDAD? ¿A cuál de los dos le voy a CREER?

Este es el mismo dilema que vivían los israelitas en los días de Amos y en los días de Elías.

Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra (1 R 18.21).

Vemos así, que en los tiempos de Elías el pueblo de Israel vivía una vida de constante fracaso y derrota debido a sus constantes dudas e incredulidad a la Palabra de Dios. A pesar de que Baal y sus sacerdotes habían fracasado en responder con fuego para el sacrificio, Israel calló y no respondió palabra. Como Tomás con Jesús resucitado, ellos necesitaban ver para creer.

Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja (1 R 18.36-38).

Dado que fe es creerle a Dios creyendo Su Palabra, podemos ver aquí que el problema es que los milagros no producen fe. Esto es evidente pues desde que Moisés sacó al pueblo de Egipto hasta Elías pasaron más de 600 años llenos de milagros y de la intervención sobre natural de Dios a favor de Israel, ¡y ellos continuaban sin creerle a Dios!

De hecho, fuego descendió del cielo y todos clamaron que Jehová era Dios, pero ni el rey Acab, ni el pueblo de Israel se volvieron hacia Dios de todo corazón. ¡Asombroso! Hoy en día muchos dirían que si vieran caer fuego de Dios como respuesta a sus oraciones, entonces en verdad creerían en Dios. Pero, ¿le creerían a Dios? ¿Creerían a Su Palabra la Biblia?

Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron; mas él, dejando la sábana, huyó desnudo (Mar 14.50-52).

Lo mismo sucedió con Jesucristo quien hizo gran cantidad de señales y milagros y aun así hasta sus discípulos lo abandonaron.

¡Los milagros no producen fe!

En su sabiduría, Dios comprendió que el mundo jamás lo encontraría por medio de la inteligencia humana, y determinó salvar precisamente a los que creen de corazón este mensaje que el mundo tilda de tonto e insensato. Es insensato para los judíos porque piden señales en el cielo que confirmen la veracidad de lo que se les anuncia; y es insensato para los griegos porque sólo confían en lo que concuerda con sus filosofías y en lo que consideran sabio. Por eso, cuando les predicamos que Cristo que murió puede salvarlos, los judíos se ofuscan y los griegos dicen que es tontería. Mas para los llamados, ya sean judíos o griegos, Cristo es el gran poder de Dios que los salva, el centro mismo del sabio plan de salvación divina (1 Co 1.21-24 BAD).

Muy probablemente tú necesites un milagro el día de hoy. Es muy probable que este día necesites la intervención divina en algún asunto o problema que estés enfrentando. Si este es tu caso, te tengo buenas noticias, lo único que necesitas hacer es resolver el dilema de la Vida: ¿Quién dirá la Verdad, tus circunstancias o Dios, tu Padre? ¿A quién le vas a creer, a tus circunstancias o Dios, tu Padre?

¿Vas a creerle al pecado y a la condenación y a la certeza de la muerte eterna? ¿O vas a creerle a Dios, tu Padre, que te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti y ha decretado en Su Palabra que, Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17)?

¿Vas a creer a la tristeza, la depresión, la soledad y la falta de significado de tu existencia? ¿O vas a creerle a Dios, tu Padre, que te ama tanto que ha hecho de ti Su propio(a) Hijo(a) decretando en Su Palabra que, MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! (1 Jn 3.1a BAD)?

¿Vas a creer en el dolor, los diagnósticos, el malestar y la enfermedad que tienes que sobrellevar con resignación por tu suerte? ¿O vas a creerle a Dios, tu Padre, quien te dice en Su Palabra que, Ciertamente llevó él nuestras [tus] enfermedades, y sufrió nuestros [tus] dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras [tus] rebeliones, molido por nuestros [tus] pecados; el castigo de nuestra [tu] paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros [tu] curados (Isa 53.4-5)?

¿Vas a creer en la pobreza y la escasez de la vida miserable que te tocó vivir? ¿O vas a creerle a Dios, tu Padre,  quien te dice en Su Palabra que, Mi Dios [tu Padre], pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Fil 4.19)?

¿Vas a creer en las circunstancias y lo malo de los tiempos que te han arrebatado el corazón de tus hijos para llevarlos a la perdición? ¿O vas a creerle a Dios, tu Padre,  quien te jura en Su Palabra que, Y este será mi pacto con ellos [contigo],  dijo Jehová:  El Espíritu mío que está sobre ti [el Espíritu Santo],  y mis palabras que puse en tu boca [la Biblia],  no faltarán de tu boca,  ni de la boca de tus hijos,  ni de la boca de los hijos de tus hijos,  dijo Jehová,  desde ahora y para siempre (Isa 59.21)?

¡Sólo creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra, dejarás de ser derrotado(a) entre dos pensamientos y sólo así podrás vivir la Vida Victoriosa que Cristo Jesús compró para ti!

¡Sólo la Fe produce los milagros!

Así pues, la fe nace al oír el mensaje, y el mensaje viene de la palabra de Cristo (Ro 10.17 DHH).

¡Sólo la Palabra de Dios produce Fe!

Regocijémonos en El, crezcamos en la vida cristiana y dejemos atrás nuestra vieja y cancerosa vida con sus malicias y perversidades. Celebrémoslo con el purísimo pan del honor, la sinceridad y la verdad (1 Co 5.8 BAD).

Así que, alégrate y crece en tu vida cristiana. Deja atrás la vieja naturaleza pues Tú no eres más un(a) viejo(a) pecador(a) salvo(a) por gracia. En honor a la Verdad, que es la Palabra de Dios,  tú eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y no de una simiente que se pueda corromper sino de la incorruptible semilla que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

¡Tú eres el (la) amado(a) Hijo(a) de tu Padre!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, en esta hora quiero agradecer Tu Gran Amor para conmigo, que estando yo muerto(a) en delitos y pecados me diste Vida juntamente con Cristo. Señor Jesús, gracias por la Vida Nueva que compraste para mí. Gracias porque no es una vida común y corriente. Por ti, Señor Jesús, ahora puedo gozar la Vida Eterna de un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. ¡Tengo Vida de Reino! ¡Tengo Vida de Poder! Por Ti, mi amado Jesús, he Nacido de Nuevo y ahora Dios, el Todopoderoso, es Abba, Padre, mi Papá. Leer de esto en Tu Palabra, la Biblia, me hace conocer la Verdad y la Verdad me hace libre. ¡Tengo entendimiento y resplandezco como el resplandor del firmamento! Soy libre para recibir, por medio de la fe en Ti, Jesucristo, esta Nueva Vida. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Tu Palabra, esta identidad de Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, siendo renacido(a), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Por lo tanto, amado Padre celestial, todas y cada una de las Promesas que están en Tu Palabra son mías y para mí. Hoy puedo orar a Ti con la certeza de que me escuchas y me respondes. Tengo gozo y paz en mi corazón pues puedo pedir y recibir. Por lo tanto, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, declaró que soy sano(a) y libre de toda enfermedad o dolencia; creo y recibo la voluntad expresa de mi Padre, Dios Todopoderoso, para ser y vivir prosperado(a) en todas las cosas. Echo fuera de mi vida todo pensamiento de temor y duda resistiendo todo engaño y mentira acerca de mí. Yo soy lo que la Biblia dice que soy. Un(a) Hijo(a) amado(a) de Dios; especial tesoro de mi Padre; todo lo puedo en Cristo que me fortalece y en todas las cosas, absolutamente todas las cosas, soy más que vencedor(a) por medio del Amor de Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Señor Jesús, hoy me alegro en el gozo y la paz que brindan el ser la persona que Tú dices que soy. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Julio          17                        1 Co 5  /  1 R 18  /  Am 2