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jueves, 24 de julio de 2014

¿Qué poder tienes tú para hacer frente a tus circunstancias?

 
 

16 de Julio

¡Ser Hijo(a) del Reino de Dios!

Por Riqui Ricón*

Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder (1 Co 4.19-20).

En una ocasión, los fariseos le preguntaron a Jesús, cuándo había de venir el reino de Dios, y Él, claramente les enseñó: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros (Luc 17.20-21).

Así que, este reino de Dios que no consiste en palabras sino en poder ya está entre nosotros. Este reino no es un lugar físico sino un orden de gobierno divino al cual sólo se puede acceder con la Vida Nueva que Jesús compró para ti por medio de Su muerte y de Su  resurrección.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo (Mat 13.38).

En todas las épocas en la historia de la Iglesia ha habido creyentes que, ignorando las Escrituras y el poder de Dios, se confunden en sus propias mentes, se extravían del propósito de su redención olvidando quiénes son en Cristo Jesús y comienzan argumentar la Palabra de Dios para establecer posturas y cuerpos doctrinales. De éstos, Pablo se refirió como a los que examinaría para ver si son Hijos del Reino y tienen poder o sólo tienen puras palabras.

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es (Jn3.3-6).

La única forma de participar en el Reino de Dios es a través del Nuevo Nacimiento. La buena noticia es que tú ya eres un(a) Hijo(a) del Reino. Por la muerte y resurrección de Jesucristo has sido justificado(a) y santificado(a) para, por obra del Espíritu Santo, Nacer de Nuevo como un(a) Hijo(a) de Dios.

Lo nacido de la carne, carne es, mas ahora tú has Nacido del Espíritu de Dios y no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).

Cuando recibiste a Jesús como tu Señor y Salvador naciste de Nuevo. Ahora eres nueva creatura y TODAS las cosas viejas pasaron. ¡Tienes por delante una Vida TOTALMENTE Nueva!

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Co 5.17).

La vida en el Reino es esa rica y poderosa vida espiritual que goza todo(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. ¡Es la Vida Eterna!

¡Es la Vida plena y abundante que Jesús compró para ti!

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10.10).

Es con la conciencia de esta identidad (sabiendo quién tú eres ahora en Cristo Jesús), que puedes alcanzar la libertad y la victoria que te da el Poder del Espíritu de Dios. Esto es así, pues el Nuevo Nacimiento incluye la promesa del Padre, el Espíritu Santo, la cual, dijo Jesús, oíste de mí.

Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre,  la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días… pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hch 1.4-5, 8).

Lamentablemente algunos creyentes piensan de este Poder como algo externo a ellos mismos, como un poder que se puede usar para hacer algún tipo de milagros, como las sanidades y la liberación de demonios.

»Vienen días en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. —Palabra del Señor (Jer 31.31 RVC).

Lo asombroso en todo esto, en este Nuevo Nacimiento, es que este Poder no es algo sino alguien: es el Espíritu Santo de Dios viviendo en ti y contigo, para así dar cumplimiento a la promesa que el Padre hizo del Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús.

porque esto es mi sangre que establece el nuevo pacto entre Dios y su pueblo. Es derramada para perdonar los pecados de mucha gente (Mat 26.28 PDT).

Estar lleno del Espíritu Santo es tener la Unción del Santo quién, sin importar que las circunstancias de tu vida sean totalmente adversas, te habilita para vivir una Vida Plena, una Vida llena de Poder, Libertad y Victoria.

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios (Ro 8.14-16).

Es, precisamente, el Espíritu Santo quien te da la certeza de que ahora eres Hijo(a) amado(a) de Dios y nada ni nadie te podrán separar de Su Amor.

Ahora, sabes que sabes, que Él no te ha dejado ni te dejarás; que mayor es Él, que está contigo, que el que está en el mundo.

Ahora, eres Hijo(a) del Reino y el Poder del Espíritu Santo te respalda, sabiendo que todo lo puedes con la Unción de Cristo Jesús y que en todas las cosas, sí, en TODAS LAS COSAS, siempre saldrás más que vencedor(a) por medio de Aquel que te Ama, Cristo Jesús.

¡Esta es la Palabra de Dios dada por el Espíritu de Dios! ¡Este es el Poder del Reino!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, en esta hora quiero agradecer Tu Gran Amor para conmigo, que estando yo muerto(a) en delitos y pecados me diste Vida juntamente con Cristo. Señor Jesús, gracias por la Vida Nueva que compraste para mí. Gracias porque no es una vida común y corriente. Por ti, Señor Jesús, ahora puedo gozar la Vida Eterna de un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. ¡Tengo Vida de Reino! ¡Tengo Vida de Poder! Por Ti, mi amado Jesús, he Nacido de Nuevo y ahora Dios, el Todopoderoso, es Abba, Padre, mi Papá. Leer de esto en Tu Palabra, la Biblia, me hace conocer la Verdad y la Verdad me hace libre. ¡Tengo entendimiento y resplandezco como el resplandor del firmamento! Soy libre para recibir, por medio de la fe en Ti, Jesucristo, esta Nueva Vida. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Tu Palabra, esta identidad de Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, siendo renacido(a), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Por lo tanto, amado Padre celestial, todas y cada una de las Promesas que están en Tu Palabra son mías y para mí. Hoy puedo orar a Ti con la certeza de que me escuchas y me respondes. Tengo gozo y paz en mi corazón pues puedo pedir y recibir. Por lo tanto, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, declaró que soy sano(a) y libre de toda enfermedad o dolencia; creo y recibo la voluntad expresa de mi Padre, Dios Todopoderoso, para ser y vivir prosperado(a) en todas las cosas. Echo fuera de mi vida todo pensamiento de temor y duda resistiendo todo engaño y mentira acerca de mí. Yo soy lo que la Biblia dice que soy. Un(a) Hijo(a) amado(a) de Dios; especial tesoro de mi Padre; todo lo puedo en Cristo que me fortalece y en todas las cosas, absolutamente todas las cosas, soy más que vencedor(a) por medio del Amor de Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Señor Jesús, hoy me alegro en el gozo y la paz que brindan el ser la persona que Tú dices que soy. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Julio          16                        1 Co 4  /  1 R 17  /  Am 1

 


 
 

miércoles, 23 de julio de 2014

¿Cuánto vales tú?

 
 

15 de Julio

¡A precio de Sangre!

Por Riqui Ricón*

Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios (1 Co 3.9).

Si alguna vez te has preguntado cuánto vales para Dios, ojalá te asombres al meditar en esto: No existen tesoros en el universo que se puedan comparar a la más pequeña e insignificante gota de la Sangre de Jesucristo el unigénito Hijo de Dios; y el precio, el valor que el Padre dio a tu vida fue nada más y nada menos que toda, hasta la última gota, de la Sangre de Su propio y amado Hijo, Jesús.

Y ellos serán míos, dice Jehová de los ejércitos, en aquel día, cuando los reconozca públicamente y declare abiertamente que son mis joyas (Mi propiedad particular, mi especial tesoro). Y yo los perdone, como un hombre perdona la vida a su hijo que le sirve

¡Tú eres el(la) amado(a) de Dios! ¡Tú eres Su Especial Tesoro!

Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es sólo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!) Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús. De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús (Efe 2.4-7 NTV).

¡Esto es lo que tú vales para Dios!

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

¡Dios te Valora tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo, Jesús, a que pagara todos tus pecados antes que perderte a ti!

Aún más asombroso es leer en Su Palabra, que no miente, la Biblia, que tú has sido declarado(a) Hijo(a) y colaborador(a) Suyo(a).

¡Tú eres labranza de Dios y edificio de Él!

MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jn 3.1 BAD).

Así que, cuando el diablo venga a cuestionarte, intentando poner duda en tu corazón con pensamientos como: ¿tú? Si no eres nadie. Has fracasado y seguirás fracasando, además eres un(a) hipócrita pues ni eres santo(a), ni justo(a), ni nada de eso. Eres un(a) vil pecador(a). Y además, bla, bla, bla... Entonces, en esos momentos pararte firmemente en tu fe; créele a Dios creyendo Su Palabra y declárale al diablo, en su misma carota, que tú eres lo más valioso(a) que Dios tiene en esta tierra: un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.

El [Satanás] ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira (Jn 8.44).

Muéstrale a ese mentiroso que Dios mismo ha declarado en Su Palabra que tú Naciste de Nuevo no de simiente corruptible sino de la incorruptible semilla que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

Pues han nacido de nuevo pero no a una vida que pronto se acabará. Su nueva vida durará para siempre porque proviene de la eterna y viviente palabra de Dios (1 P 1.23 NTV).

Recuérdale que todo aquel que CREE en Jesús como el Señor y Salvador de su Vida, no se pierde sino que tiene ¡Vida Eterna!

Hazle saber que tú has sido establecido(a) por el dueño y Señor del universo como colaborador(a) Suyo(a) para reinar en esta vida y sobre de esta tierra.

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra (Apo 5.9-10).

Aclárale que tú vas a reinar sobre toda enfermedad, aflicción o enfermedad que él (Satanás) te quiera echar encima pues mayor es Dios que está en ti y contigo, que el que está en el mundo.

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Jn 4.4).

Recuérdale en sus narices que la Sangre de Cristo Jesús es el precio con el cual fuiste comprado(a) y establecido(a) como Hijo(a) del Reino.

Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces;  diga el débil: Fuerte soy (Jo 3.10).

Esta es la Palabra de Dios y sí, puedes gritarlo: ¡Fuerte Soy!

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Ro 8.37).

No permitas que Satanás use las circunstancias adversas para hacerte sentir débil, enfermo(a) o fracasado(a), pues, al fin y al cabo, por la Palabra de Dios, sabes que sabes, que de toda aflicción, problema o enfermedad saldrás más que vencedor(a) por medio de Aquel que te amó, Cristo Jesús.

Así que, pase lo que pase y suceda lo que suceda, toma la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios y declárate a ti mismo(a), fuerte y pleno(a) en Cristo Jesús.

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, en este momento quiero honrarte aceptando y recibiendo esa preciosa identidad que me has dado como Hijo(a) Tuyo(a). Creo y por lo tanto declaro que soy lo(a) más valioso(a) que tienes sobre la tierra. He conocido y creído el Amor que Tú, oh Dios, tienes por mí. Señor Jesús, no voy a permitir que el espíritu de temor y duda me haga soltar lo que con tanto Amor pagaste por mí en esa cruz: y esto es, el saber y creer que en Verdad soy un(a) Hija(o) legítimo(a) del único Dios vivo y verdadero. Por tanto, nada ni nadie me puede vencer; nada ni nadie me puede separar de Tu Amor que es en Cristo Jesús mi Señor. Contigo ya he vencido al mundo. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! Gracias Señor Jesús, te amo con todo mi corazón. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Julio          15                        1 Co 3  /  1 R 15.33-16.34  /  Jo 3

 


 
 

martes, 22 de julio de 2014

¡Cómo Vencer el Miedo y la Depresión!

 
14 de Julio

¡Una Vida Totalmente Nueva con el Espíritu de Dios!

Por Riqui Ricón*

Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días (Jo 2.28-29).

La Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, te enseña que Dios estableció un tiempo para que Su Espíritu, el Espíritu Santo, fuese derramado sobre toda carne. Este derramamiento del Espíritu tiene un propósito bien claro y definido, y lo puedes encontrar establecido por el Amor de Dios para contigo a todo lo largo y lo ancho de las Escrituras: ¡Revestirte con Su Poder!

Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios (1 Co 2.3-5).

La Presencia del Espíritu Santo es tan importante en tu vida como el aire que respiras o los latidos de tu corazón para vivir. Él es la promesa del Padre que debías esperar, la cual, dijo Jesús, oisteís de mí, Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo  dentro de no muchos días  (Hch 1.4-5).

Ahora bien, esta promesa se cumplió cuando Jesús estableció el Nuevo Pacto en Su Sangre, pues cuando Dios prometió el Nuevo Pacto en Jeremías 31.31-34 aseguró que Él, Dios mismo, daría Su ley en tu mente y la escribiría en tu corazón. Así que, es Él y no tú el que tiene que cumplir esta promesa. Y la forma en que lo hizo es por si misma asombrosa: ¡Te dio Su propio Espíritu!

Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra (Eze 36.25-27).

Es por esta razón y no otra, que tu vida cambió al instante que recibiste a Jesús como Señor y Salvador de tu vida. ¡Dios cumplió, en ti, Su parte del Nuevo Pacto para tu vida! Esto lo sé bien, pues por más de 30 años he escuchado y presenciado testimonios de como las vidas son cambiadas al momento que pecadores y pecadoras empedernidos aceptan el sacrificio de Jesús como el pago para la redención de sus vidas.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Co 5.17).

El Nuevo Nacimiento no es una doctrina religiosa sino una realidad espiritual de la promesa del Nuevo Pacto que Dios hizo para asegurarse que podrías entrar al Reino, no como un pecador salvo por gracia (o eres pecador o eres salvo), sino como nueva creación, en novedad de vida: un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y no de una simiente corruptible sino de incorruptible por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).

En Cristo Jesús, tú has sido hecho(a) justo(a), santo(a) y perfecto(a). Con Su muerte en la cruz tú moriste al pecado y con Su resurrección recibiste una VIDA TOTALMENTE NUEVA para ser un(a) Hijo(a) amado(a) de Dios. Es por eso que ahora también eres el templo o lugar de habitación de Su Santo Espíritu.

¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? (1 Co 6.19a NTV)

Nada de esto sería posible sin el Espíritu Santo. Fue Él quien ayudó, instruyó y manifestó Su Poder en la vida de Jesús. Fue Él quien lo levantó de los muertos, haciendo de Jesús el primer Hijo de Dios Nacido de Nuevo. Y es Él quien, por el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, te hizo Nacer de Nuevo y ahora Vive en ti y contigo para que creas y vivas en la certeza de que eres ese(a) Hijo(a) de Dios que la Biblia dice que eres.

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido (1 Co 2.12).

Y lo que Dios te ha concedido es una Vida Nueva totalmente diferente: ¡La Vida Eterna de un(a) Hijo(a) de Dios!

¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre,  que se nos llame hijos de Dios!  ¡Y lo somos!  El mundo no nos conoce,  precisamente porque no lo conoció a él (1 Jn 3.1 NVI).

Antes estabas muerto(a) en tus delitos y pecados, ahora Él te llama Hijo(a) amado(a), y eso es lo que eres.

Antes estabas perdido(a), ahora ¡Todo lo puedes en Cristo que te fortalece!

Antes estabas vencido(a) y fracasado(a), ahora ¡En todas las cosas eres más que vencedor(a) por medio de Aquel que te amó!

Antes vivías esclavizado(a) por la angustia y el temor de este mundo, ahora ¡Mayor es el que está en ti, que el que está en el mundo!

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero (1 P 1.3-5).

Antes estabas solo(a) y abandonado(a), ahora tienes una esperanza viva; has sido marcado(a) por Dios para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible y eres guardado(a) por el poder de Dios cuando le crees a Él, creyendo Su Palabra.

También en Cristo, vosotros, que escuchasteis la palabra de la verdad, la buena nueva de la salvación, y que habéis creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo prometido. Este sello es la garantía de la herencia que hemos de recibir, por la cual alabamos a nuestro Dios glorioso (Efe 1.13-14 CST).

El Espíritu Santo está en tu vida como el sello de garantía de todo lo que Dios ha dicho en Su Palabra acerca de ti.

¡Él es Dios, tu ayudador, consejero y mejor amigo! ¡No hay forma que puedas perder!

Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre [la mujer] que en ti confía (Sal 84.12).

El miedo, la enfermedad, la tristeza o la depresión ya nada tienen en ti. ¡Has Nacido de Nuevo!

Ahora puedes ser dichoso(a) –mil veces feliz-, pues tienes un Padre que te ama, un hermano mayor, Jesús, que te guarda y un amigo, el Espíritu Santo, que te acompaña.

Insisto, ¡no hay forma que puedas perder!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, ¡qué grande, sublime y hermoso es Tu Amor para conmigo! Quiero decirte que te amo con todo mi corazón, que el tenerte a Ti, Espíritu Santo, en mi Vida y conmigo es asombroso y maravilloso. Gracias Señor. Ahora sé que no hay forma que pueda perder pues mayor eres Tú, que estás en mí, que el que está en el mundo. Y ¿qué puedo decir a esto? Si Tú, Espíritu Santo, estás en mi y conmigo ¿quién puede siquiera intentar estar contra mí? Gracias porque en Ti, Jesucristo, en Tu Amor, soy más que vencedor. Señor Jesús, no encuentro palabras suficientes para declararte mi amor y gratitud. Por lo que hiciste por mí en esa cruz yo fui hecho justo(a); al vencer a la muerte y resucitar de entre los muertos me abriste el camino a la Vida Eterna. Espíritu Santo, al darme Tú la fe para creer en la Palabra de Dios, para creer en Jesús como mi Señor y Salvador, me hiciste Nacer de Nuevo dotándome de la Vida Eterna que Él pagó a precio de Su Sangre. Ahora, por la Sangre del Nuevo Pacto, soy Nueva Creatura, las cosas viejas pasaron y he aquí que toda mi vida es hecha nueva. ¡Gracias Padre! ¡Gracias Jesús! ¡Gracias Espíritu Santo! Ahora comprendo más el por qué en todas las cosas soy más que vencedor(a), pues TODO lo puedo en Cristo Jesús, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Sé que soy Tuyo(a), Padre, y que los he vencido (al mundo y sus deseos engañosos), pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que estás en mí y conmigo, que el que está en el mundo. Sé que soy un(a) Hijo(a) del Rey por lo que Jesús hizo por Amor a mí.  Por todo esto, creo y declaro que caerán a mi lado mil y diez mil a mi diestra más a mí no llegará, porque aunque ande en valle de sombra y de muerte NO TEMERÉ mal alguno porque Tú, Señor, estás conmigo. Tú eres el que me guarda y el maligno no me toca. Someto todo problema, angustia o enfermedad a la autoridad de la Palabra de Dios, mi Padre, y los pongo bajo mis pies. ¡Soy sano(a)! ¡Soy Libre! ¡Soy próspero(a)! Creo y recibo el Amor, el gozo y la paz que sólo yo, un(a) Hijo(a) del Rey, puedo experimentar para vivir una vida en la Plenitud de Dios, mi Padre. ¡No voy a temer! Solamente creeré lo que la Biblia, la Palabra de Dios, que no miente, dice acerca de mí. Abba, Padre, me parece que la Eternidad será corta para amarte y agradecerte lo que hiciste por mí. En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Julio          14                        1 Co 2  /  1 R 15.1-32  /  Jo 2.12-32