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domingo, 20 de octubre de 2013

¡Cómo reinar sobre la tierra!

 
5 de Octubre
¡Viviendo con gozo!
Por Riqui Ricón *
…y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes,  y reinaremos sobre la tierra (Apo 5.9-10).
La Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, te enseña claramente que el propósito de la muerte y resurrección de Jesucristo siempre ha sido establecerte como Su Hijo(a) para que ejerzas dominio sobre la tierra.
Desde el preciso momento en que aceptaste a Jesucristo como Señor y Salvador de tu Vida, Naciste de Nuevo como un(a) Hijo(a) de Dios y, por Su Amor y Gracia, haz alcanzado, por la justicia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, una posición de rey (reina) y sacerdote (sacerdotisa).
Puedes creerlo, pues está escrito; el propósito de Dios para tu vida es que reines en esta tierra.
con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz (Col 1.12).
Y, aunque a tu entender no te sientas, ni te veas a ti mismo(a), capaz de reinar o salir adelante de tus problemas, por Su Sangre derramada en la cruz del calvario, has sido hecho(a) apto(a) para reinar sobre la muerte, sobre la tristeza, sobre la enfermedad, sobre la pobreza, sobre el dolor, sobre el resentimiento, sobre el pecado, sobre la amargura, sobre la soledad y sobre TODO aquello que quiera robarte la paz y el gozo que sólo Jesús te puede dar al establecerte en una Vida de Victoria TOTALMENTE NUEVA.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Sea cual sea tu situación en este día, nunca olvides que Dios, el Todopoderoso, te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo, para pagar todas tus faltas, errores y pecados, antes que perderte a ti.
¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre,  que se nos llame hijos de Dios!  ¡Y lo somos!  El mundo no nos conoce,  precisamente porque no lo conoció a él (1 jn 3.1 NVI).
Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (1 Jn 5.1a).
siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
¡Date cuenta! De acuerdo a la Palabra de Dios, tú fuiste redimido(a), rescatado(a) y comprado(a) al precio de la Sangre de Jesús para ser HECHO(A) NUEVO(A) y, así, siendo una persona totalmente nueva y diferente a la que antes eras, por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, ahora en Verdad eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y puedes cumplir el propósito de tu existencia que es reinar sobre la tierra, juntamente con Él.
¡Y esto tiene que ser aquí y ahora, en esta tierra y en esta vida!
Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo (1 P 5.8-9).
La razón por la que enfrentas serias dificultades y problemas no es porque tengas que alcanzar tu fe, perfección o santificación; ni porque Dios pretenda darte algún tipo de enseñanza. Algunas personas, bien intencionadas, te animan o exhortan a sobrellevar y padecer “cristianamente”, de una forma piadosa, tus aflicciones y enfermedades pues piensan, y quieren que pienses, que Dios tiene un propósito para hacerte pasar por esas aflicciones.
¡De ninguna manera! Dios no está escaso de recursos para tener que utilizar a Satanás como maestro de la Iglesia. Los únicos maestros de la Iglesia son la Palabra de Dios y el Espíritu Santo.
Les he dado tu palabra, y el mundo los odia, porque ellos no pertenecen al mundo, así como yo tampoco pertenezco al mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. Al igual que yo, ellos no pertenecen a este mundo. Hazlos santos con tu verdad; enséñales tu palabra, la cual es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo los envío al mundo  (Jn 17.14-18 NTV).
Si tú no eres de este mundo, entonces este mundo te va a agredir, te va a atacar las 24 horas del día, los 60 minutos de cada hora y los 60 segundos de cada minuto. Es por esto que Dios te anima a que estés preparado(a), que no te duermas y que pelees la BUENA batalla de la fe, esto es, creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra.
Sed sobrios,  y velad;  porque vuestro adversario el diablo,  como león rugiente,  anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe,  sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo (1 P5.8-9).
Pelea la buena batalla de la fe,  echa mano de la vida eterna,  a la cual asimismo fuiste llamado,  habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos (1 Ti 6.12).
Así que, la razón por la cual tienes que enfrentar las aflicciones es porque hay un reino que reinar y tú ya fuiste habilitado(a) como rey (reina) y sacerdote (sacerdotisa) PARA conquistarlo.
Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza (Neh 8.10).
Cuando el pueblo de Israel reconstruyó las murallas de Jerusalén (después de más de setenta años de derrota y cautiverio), escucharon nuevamente la Palabra de Dios y lloraban de tristeza y arrepentimiento; entonces Nehemías les hizo entender que la victoria está con Dios y el gozo, la alegría, es la manifestación de su fe [de creerle a Dios, creyendo Su Palabra], es la evidencia de que están creyendo esa Victoria.
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Ro 8.2).
Esa Victoria es la Victoria de Jesucristo sobre el pecado y la muerte con la cual te ha hecho totalmente libre para reinar como Hijo(a) del Rey.
fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados (Col 1.11-14).
Así es, ha sido el Padre quien te hizo apto(a) para participar de esta herencia y ahora has sido fortalecido(a), por la Palabra de Dios, con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; para vivir una vida plena y abundante, llena de gozo. ¡El gozo de Su salvación!
Sea lo que sea que estés enfrentando en estos días, lo puedes hacer con el gozo del Señor pues TIENES la certeza en la Palabra de Dios de que vas a reinar sobre de eso y a salir más que victorioso(a).
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Ro 8.37).
Así que no permitas que nada ni nadie te convenza de lo contrario, toma tu identidad como Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y comienza a reinar sobre tus circunstancias con gozo.
¿Cómo se hace eso? Primero, créele a Dios, créele a la Biblia, que es Su Palabra de Honor. Luego, háblale a tus problemas, enfermedades o circunstancias. Escúchate decir con fe que eres sano(a); que todo lo puedes en Cristo que te fortalece; que mayor es el que está en ti que el que está en el mundo; que caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra pero a ti no llegará, etc. Pon la Palabra de Dios en tu mente, boca y corazón y utilízala.
Llama las cosas que no son como si fueran y comienza a gozarte porque Dios, tu Padre, Jamás ha dejado caer a tierra ninguna de Sus Palabras.
Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones (Sal 100).
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, yo sé bien que dichoso(a), mil veces feliz y pleno(a), es el hombre o la mujer que puede confiar en Ti. Aquel o aquella que saben y creen que Tu Palabra es la Verdad y, por lo tanto, deposita toda su confianza en lo que Tú dices en la Biblia, puede realmente vivir en paz y libertad, lleno(a) de gozo y en victoria. Gracias, Padre, porque esa persona soy yo, ____________ (tu nombre aquí). Un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. He sido lavado(a) y comprado(a), por Tu gran Amor con que me has amado, a precio de Sangre, pues preferiste entregar a Tu propio Hijo, Jesús, antes que perderme a mí. Ahora, creo y recibo mi identidad como Hijo(a) Tuyo(a) y resisto y hecho fuera de mi vida la tristeza, depresión, amargura y temor. ¡Soy un(a) Hija(o) del rey! ¡Soy apto(a) para reinar sobre la tierra! ¡El gozo del Señor será mi fortaleza! Así que, ¡Abba! ¡Padre! Yo soy Tuyo(a), y en Cristo Jesús ya he vencido, pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que vives en mí y conmigo, que el que está en el mundo. Padre, ¡Todas y cada una de Tus Promesas son en mí, sí y amén! Me someto a Ti, mi Dios y Padre, me someto a Tu Palabra, resisto a Satanás y éste tiene que huir de mi vida. No recibo la duda, ni el temor, ni la enfermedad, ni la pobreza, ni la angustia, ni la depresión. Por lo tanto, creo y declaro que, ¡todo lo puedo en Cristo que me fortalece! ¡De todo problema, angustia o enfermedad yo, ____________ (tu nombre aquí), saldré más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ha amado, Cristo Jesús! ¡No voy a temer, pues caerán a mi lado mil y diez mil a mi diestra mas a mi no llegará! ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Octubre 5                    Apo 5 /  Neh 7.5-8.12 / Sal 100
 


viernes, 18 de octubre de 2013

¡Cómo vencer los problemas, enfermedades y circunstancias adversas!


 
4 de Octubre
¡Peleando la Buena Batalla!
Por Riqui Ricón *
En realidad,  lo que pretendían era asustarnos.  Pensaban desanimarnos,  para que no termináramos la obra.   "Y ahora,  Señor,  ¡fortalece mis manos!" (Neh 6.9 NVI).
Amado(a), estos tiempos que estamos viviendo son tiempos muy emocionantes. Grandes milagros están a punto de suceder en tu vida. Solo debes estar consciente, te guste o no te guste, en que estás librando una gran batalla que se llama la buena batalla de la fe.
Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos (1 Ti 6.12).
Todos los problemas, enfermedades o aflicciones que estés enfrentando el día de hoy forman parte de esa batalla. La buena noticia es que tú puedes hacer que sea una BUENA batalla si te decides a pelearla con tu fe (en lugar de tus fuerzas).
Y, ¿qué es la fe?
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (He 11.1).
Quizá a ti te pase como a mí me sucedía: esta definición de la fe me sonaba muy propia y aún bonita pero no me servía de mucho ya que no comprendía cómo podía yo tener por cierto cosas que no se ven, ¿cómo creer que estoy sano si en mis manos tengo los análisis clínicos que confirman el diagnóstico de mi médico, quienes aseguran que estoy enfermo de tal o cual enfermedad? ¿Cómo creer que mi familia o mi matrimonio serán restaurados cuando no veo ya posibilidad alguna? ¿Cómo creer que saldré adelante económicamente cuando mis deudas y acreedores me están ahogando? ¿Cómo puedo estar convencido de esas respuestas que estoy esperando?
Dios no es un simple *mortal  para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete  ni lleva a cabo lo que dice? (Num 23.19 NVI).
La respuesta a todo esto es hermosamente sencilla. Puedes creer y estar plenamente seguro(a) cuando tienes la Palabra de Dios al respecto. Esto es, si encuentras en la Biblia una promesa de liberación tocante a tu necesidad. Dios todo lo puede (excepto mentir), y si Él te ha dado una Palabra o una Promesa de auxilio o liberación, entonces, puedes estar cien por ciento seguro(a), totalmente convencido(a), que Él honrará Su Palabra, ¡Cumpliéndola!
El cielo y la tierra pasarán,  pero mis palabras jamás pasarán (Mat 24.35).
Entonces, cuando entras a una batalla con la certeza y total seguridad de que vas a vencer, porque si Dios es contigo, ¿quién contra ti? ¡Esa es la buena batalla de la fe! Sabes que sabes que todo lo puedes y que, en todas las cosas, saldrás más que vencedor(a) por medio de Aquel que te amó, Cristo Jesús.
Y ¿cómo lo sabes? ¿Cómo puedes estar tan seguro(a)? Pues simplemente porque, ¡Dios lo ha dicho así acerca de ti! En Su Palabra, La Biblia.
Antes,  en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Ro 8.37).
Así que puedes estar totalmente seguro. Esto es la fe, creerle a Dios, creyendo Su Palabra; de aquí proviene la certeza y la confianza pues, al fin y al cabo, ¡Dios tiene Palabra de Honor!
Estén siempre atentos y listos para lo que venga, pues su enemigo el diablo anda buscando a quien destruir, como si fuera un león rugiente (1 Pe 5.8 BLS).
El día de hoy, al igual que en los tiempos de Nehemías, Satanás, el diablo, sólo puede rugir sus mentiras pretendiendo asustarte. Él no es ningún león, tan sólo simula y aparenta ser uno. Su estrategia es simple, si tu escuchas sus mentiras, entonces tu realidad (problemas, enfermedades, aflicciones, etc.), comenzará a parecerte tan grande e impresionante que dejarás de creer la Verdad de la Palabra de Dios para comenzar a creer en el miedo y lo inminente de tu fracaso o derrota.
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).
Por esto es de vital importancia que hagas de la Biblia la norma máxima de tu existencia. ¡Ponla en tu mente, boca y corazón! ¡Léela y medítala de día y de noche!
De tu lectura y meditación de la Biblia fluirá como un río la fe que necesitas para ganar esta batalla y, como en el caso de Nehemías, sin importar que tan difícil sea la obra o que tanta oposición encuentres, ¡saldrás adelante supernaturalmente!
Fue terminado, pues, el muro, el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días. Y cuando lo oyeron todos nuestros enemigos, temieron todas las naciones que estaban alrededor de nosotros, y se sintieron humillados, y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta obra (Neh 6.15).
¡Cincuenta y dos días! Quizá tú, como yo, no sepas mucho acerca de la industria de la construcción, pero algo si sé: no es nada fácil terminar de construir una casa pequeña en dos meses (60 días); se necesitan muchos recursos y personal trabajando continuamente hasta en dos turnos de trabajo. ¡Cómo imaginar siquiera que la ancha muralla que protege a una ciudad completa se pueda terminar en cincuenta y dos días! Sólo con la ayuda de Dios y eso, mi amado(a), se llama un milagro.
La Biblia, que es la Palabra de Dios, y no miente, te asegura que Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman (1 Co 2.9). Así que, tú, como Nehemías,  prepárate a ser asombrado y recibir, en esta buena batalla, el pronto auxilio del único Dios Todopoderoso.
En aquel tiempo, los enemigos de Nehemías y del pueblo de Dios así como todas las naciones de alrededor se sintieron humillados y conocieron que Dios estaba con ellos. Esto sucedió porque un hombre le recordó al Señor Su propia Palabra, el Pacto establecido con Israel (Neh 1.8-9).
Me pregunto, ¿qué no hará el Señor tu Dios por un(a) Hijo(a) Nacido(a) de Nuevo mediante un pacto establecido sobre mejores promesas? ¡Un pacto establecido en la Sangre de Su propio Hijo Jesucristo!
Amado(a), sea cual sea tu situación actual, es tiempo de comenzar a creerle a Dios. Este es el tiempo de creer que la Biblia no es un libro de religión sino que realmente es la Palabra de Dios y esto significa que son las Palabras que salieron de la boca de Dios y por lo tanto se van a cumplir todas. El cielo y la tierra pasarán pero Su Palabra NO va a pasar.
Tú eres un(a) Nehemías de este tiempo y has sido dejado(a) por Dios en esta tierra para vencer poderosos enemigos y hacer que la gente conozca y reconozca que la Palabra de Dios es Verdad en tu boca (1R 17.24). Tu vida, como la de Nehemías, tiene un propósito y sentido, y es establecer el reino de Dios aquí en la tierra.
Probablemente esto no suene muy acorde con la realidad que estás viviendo o te parezca demasiado formidable como para realizarlo pero, no te preocupes, la mismísima Palabra de Dios te tiene la respuesta:
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8.31-32).
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Fil 4.19).
Todo esto lo dice Dios acerca de ti.
…Si puedes creer, al que cree todo le es posible (Mar 9.23).
De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre (Jn 14.12).
Así que, ¡Prepárate para ser asombrado por tu fe! ¡Por creerle a Dios, creyendo Su Palabra!
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, en este momento quiero darte gracias por Tu Gran Amor con que me has amado que estando yo muerto(a) en delitos y pecados me salvaste y diste vida juntamente con Cristo. Señor Jesús, muchas gracias por la Vida Plena y abundante que adquiriste para mí. ¡La creo y la recibo! Soy ¡Nueva Creatura! ¡Las cosas viejas pasaron y he aquí que todo en mi vida es Nuevo! ¡Gracias a Ti! ¡Gracias a Tu Amor! Hoy quiero honrarte aceptando y recibiendo esa preciosa identidad que me has dado como Hijo(a) Tuyo(a). Creo y por lo tanto declaro que soy lo(a) más valioso(a) que Tú tienes sobre la tierra. He conocido y creído el Amor que Tú, oh Dios, tienes por mí. No voy a permitir que el espíritu de temor y duda me haga soltar lo que con tanto Amor pagaste por mí en esa cruz: el saber y creer que en verdad soy un(a) Hija(o) del único Dios vivo y verdadero. Por tanto, nada ni nadie me puede vencer; nada ni nadie me puede separar de Tu Amor que es en Cristo Jesús mi Señor. Contigo ya he vencido al mundo. ¡No temo! ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! Estoy listo(a) para hacer grandes cosas, las mismas que Tú, Jesucristo, hiciste y aún mayores. ¡Todo lo puedo en Cristo y en todas las cosas soy más que vencedor(a)! Sí, soy dichoso(a), pues yo en Ti confío. Gracias Señor Jesús, te amo con todo mi corazón. Amén
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Octubre 4                     Apo 4 /  Neh 5.1-7.4 / Sal 99
 
 

¿Qué hacer cuando todo parece perdido?

 
3 de Octubre
¡Sostente con la Palabra de honor!
Por Riqui Ricón *
Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos. Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas? Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribara (Neh 4. 1-3).
En este día, sin importar lo que digan tus enemigos, ¡No temas, CREE solamente! Esta fue la respuesta que Jesús le dio a Jairo cuando le dieron la noticia que su hija había muerto para que ya no molestara más al maestro.
Recuerda que Jairo tenía fe, creía que Jesús salvaría a su hija moribunda por eso fue y le pidió ese favor a Jesús. Jesús le dijo que sí iría con él para sanar a su hija y se encaminaron hacia su casa. En ese momento, Jairo no sólo tenía una esperanza sino que TENÍA la Palabra de Jesús. Pero, a la mitad del camino, como suele suceder con frecuencia, llegaron con  la mala noticia de la muerte de su hija; se hablaron palabras de muerte, destrucción y desesperanza.
Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban... Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer (Mar 5. 21-24, 35-43).
 
Ahora bien, en la escritura que encabeza esta reflexión, encontramos que Nehemías es un prototipo de Jesucristo y, por lo tanto, un prototipo tuyo. Él tenía un sueño o visión, reconstruir las murallas de Jerusalén; tenía fe, pues sabía que Dios estaba con él; tenía propósito, pues había sido autorizado por el rey. Pero, de pronto, enemigos, “al parecer”, más fuertes que él, se levantan para hacer declaraciones de fracaso, temor, debilidad, impotencia, duda, etc., sobre de él y sobre su propósito. ¿No te parece familiar esta oposición?
¿Qué hacer cuando has tenido fe para pedir y creer que Dios te va a ayudar en esa difícil situación y de repente parece que nada va a suceder o que, al contrario de lo que has pedido, todo se va a poner peor? Pues, actúa como Nehemías, ¡sigue creyendo! Fortalécete en el Señor y en el poder de su fuerza. Porque Él nunca ha abandonado a nadie y jamás serás avergonzado(a) de haber confiado en Su Palabra.
Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza (Efe 6.10).
¿Cuál es el poder de la fuerza de Dios? No son los ángeles, ni su fuerte brazo, ni los relámpagos y truenos. ¿Cómo creo Dios todo el Universo, lo visible y lo invisible? ¡Con Su Palabra! ¡El Poder de la fuerza de Dios ES Su Palabra!
Fortalécete con la Palabra de Dios y ésta te dará la fe que necesitas para salir más que vencedor(a) de cualquier situación que estés enfrentando el día de hoy.
Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje,  y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo (Rom 10.17 NVI).
Jesús le dijo a Jairo: ¡No temas, CREE solamente! ¿Qué fue lo que fortaleció a Jairo para seguir creyendo a pesar de la noticia de la muerte de su hija? ¡La Palabra de Jesús! ¡Dios es digno de confianza! ¡Dios tiene Palabra de Honor!
Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión. Cuando él dice una cosa, la realiza. Cuando hace una promesa, la cumple. Yo tengo órdenes de bendecir; si Dios bendice,  yo no puedo contradecirlo (Num 23.19-20 DHH).
¡Todo lo que Dios ha dicho en Su Palabra, la Biblia, acerca de ti, Él lo va hacer; todo lo que Dios ha hablado a tu favor, Él lo va ejecutar!
Por lo tanto, resiste ese espíritu de temor y duda que las circunstancias o las palabras de otros quieren implantar en tu espíritu para que dejes de creer y caigas en desánimo y desesperación. ¡Sé como Nehemías! Echa mano de la oración, toma la Palabra de Dios como una espada, tu fe como un escudo y pelea la buena batalla pues estamos en guerra.
Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión (confesión) delante de muchos testigos (1 Ti 6.12).
¡Echa mano de la Vida Eterna! Echa mano de tu Verdadera Identidad, pues ahora, por Cristo Jesús, tú eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y amado(a) por Dios.
El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida (Jn 6.63).
¡Nunca te rindas! Jamás le des lugar en tu vida a la actitud diabólica de la resignación. Recuerda siempre que, ¡Dios, el todopoderoso, es tu Padre que te ama! La Biblia, que es la Palabra de Dios, y no miente, lo dice claramente: 
Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre,  que se nos llame hijos de Dios!  ¡Y lo somos!  El mundo no nos conoce,  precisamente porque no lo conoció a él (1 Jn 3.1 NVI).
Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Jn 4.4).
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8.31-32).
Así que, recuerda: pase lo que pase, suceda lo que suceda, ten por cierto que tú ya has vencido. Dilo en voz alta: ¡Yo le creo a Dios!
Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono (Apo 3.21).
Sin importar cómo te sientas el día de hoy, ¡Tú ya has vencido! La Biblia lo dice así. Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, en este día vengo a Ti con la total certeza y la plena confianza a Tu Palabra. Estoy profundamente agradecido(a) por Tu Gran Amor. Hoy sé que me amas tanto que preferiste entregar a Tu propio Hijo antes que perderme a mí, y que, aunque yo estaba muerto(a) en mis delitos y pecados, por este Tu Gran Amor con que me has amado, me diste Vida juntamente con Cristo Jesús; por Tu Gracia soy salvo(a) por medio de la fe, y aún ésta última no es mía sino que es un regalo Tuyo. ¡Cuán Grande y Hermoso Eres mi Señor! ¡Cuán maravilloso es Tu Amor por mí! En esta hora me pongo de acuerdo con Tu Eterna e Infalible Palabra para creer y declarar que, por el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, creo y recibo mi sanidad. Me declaro libre de toda dolencia y enfermedad. Hablo salud y bienestar a cada célula, tejido, órgano y sistema de mi ser. Rechazo todo miedo, pues yo no he recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que he recibido el espíritu de adopción y hoy puedo decir, Abba, Padre. Pongo mis ojos, emociones y sentimientos en Ti, Señor Jesús, quien eres el autor y consumador de mi fe. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy más que vencedor(a)! ¡Todo lo puedo en Cristo! Y, por la Sangre de Jesús, soy dichoso(a) para vivir una vida plena y abundante. Muchas gracias, Señor Jesús. Gracias por esta Nueva Vida en Plenitud que ahora tengo. Gracias por mi sanidad. Gracias por mi salud. Gracias por mi prosperidad. Gracias por el Amor, la paz y el gozo que ahora disfruto. Gracias porque por Tu Palabra, la Biblia, sin lugar a dudas, soy y recibo todo esto que he declarado delante de Tu Presencia. ¡Yo soy tuyo(a) y ya he vencido! En el nombre de Jesús. Amén
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Octubre 3                     Apo 3 /  Neh 4 / Sal 98