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miércoles, 12 de septiembre de 2012

¡Cómo puedes ver la gloria de Dios!

 
Jueves 6 de Septiembre de 2012.
¡Sin fe es imposible!
Por Riqui Ricón*
Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? (Jn 11.40).
Esta es la respuesta que Jesús le dio a Marta cuando ésta le reprochó: ¡Pero Señor, ya hiede! ¡Hace cuatro días que murió!
Marta se espantó ante la orden de Jesús de remover la piedra del sepulcro, donde se encontraba el cadáver de su hermano Lázaro, pues, después de todo, hacía ya cuatro días que éste había muerto y, cómo ella misma había dicho, si Jesús hubiera estado ahí a tiempo, Lázaro no habría muerto, pero, ¿ahora? ¿Después de cuatro días en el sepulcro?
¡Cuán cotidianamente los Hijos de Dios Nacidos de Nuevo se encuentran en la misma posición de Marta! Ante la contundente evidencia que les muestra la realidad de plano olvidan las palabras de Jesús, ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
¿Por qué sucede esto? Porque el ser humano está absolutamente embebido del sistema que rige este mundo y, a pesar que sus pautas y valores son totalmente ilusorios, no se puede abstraer de dicho sistema. Para explicar esto satisfactoriamente es necesario analizar el origen del problema.
o   La forma en que el común de los mortales encara la realidad está basada, primeramente, en las mentiras de Satanás:
Pero la serpiente le dijo a la mujer: ¡No es cierto,  no van a morir! Dios sabe muy bien que,  cuando coman de ese árbol,  se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios,  conocedores del bien y del mal (Gen 3.4-5 NVI).
o   Se fundamenta también en los impresionables sentidos del ser humano,
La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer,  y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría,  así que tomó de su fruto y comió.  Luego le dio a su esposo,  y también él comió (Gen 3.6 NVI).
o   Y, por último, se enraíza en el miedo que la duda produce,
Cuando el día comenzó a refrescar,  oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín;  entonces corrieron a esconderse entre los árboles,  para que Dios no los viera. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo:   ¿Dónde estás? El hombre contestó:   Escuché que andabas por el jardín,  y tuve miedo porque estoy desnudo.  Por eso me escondí (Gen 3.8-10 NVI).
La buena noticia es que, gracias al sacrificio de Jesús, y por haberlo tú aceptado como Señor y Salvador de tu vida, ahora eres Nueva criatura. Tú eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y ya no estás sujeto(a) al sistema de este mundo.
Yo les he entregado tu palabra,  y el mundo los ha odiado porque no son del mundo,  como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los quites del mundo,  sino que los protejas del maligno. Ellos no son del mundo,  como tampoco lo soy yo (Jn 17.14-16).
De hecho, en Cristo Jesús, tú has vencido al mundo,
Hijitos, ustedes son de Dios y han vencido a esos mentirosos, porque el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo (1 Jn 4.4 DHH).
La mejor noticia es que el sacrificio de Jesús fue completo, perfecto y acabado.
Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu (Jn 19.30).
Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;  porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (He 10.11-14).
¡Ya no hay que añadirle nada! No hay nada más que puedas o debas hacer, tan sólo creer, creerle a Él, creerle a Su Palabra, y recibir con gratitud y gozo lo que compró con Su Sangre al morir en esa cruz y resucitar venciendo a la muerte por ti.
Hoy sabes, por el gran Amor que Dios siente por ti, que has Nacido de Nuevo no de una simiente corruptibles, sino de la semilla incorruptible que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
Todo el que cree que Jesús es el Cristo,  ha nacido de Dios (1 Jn 1.5).
¡Eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!
porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe (1 Jn 5.4).
Como Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo tienes la fe de Jesucristo. Es esta fe (que no es otra cosa que creerle a Dios creyendo Su Palabra), lo que te permite vencer sobre la contundente evidencia que te presenta la realidad de tus problemas, aflicciones o enfermedades como definitivas.
Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad (Mar 9.21-24).
¡Al que cree todo le es posible! Y, cuando tu realidad parezca tan abrumadora que te cueste trabajo creer, aún puedes acudir a Él para que te ayude a creer. ¡Qué Amor más asombroso!
Jesús le preguntó al padre: -¿Cuánto tiempo ha estado así? El hombre le respondió. -Ha estado así desde que era niño. Varias veces lo ha tirado al fuego o al agua para matarlo. Por favor, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos. Jesús le dijo: -No digas: 'Si puedes hacer algo', todo es posible para el que cree. Entonces, el padre del muchacho gritó muy fuerte: -¡Creo, ayúdame a creer aún más! (Mar 9.21-24 PDT).
Así que, puedes confiar en Dios, tu Padre, y en medio de cualquier problema, angustia o enfermedad, recibir la dicha de confiar en Él, pues sabes que sabes, que si Dios lo dijo, entonces Él lo va a cumplir; si Dios lo habló, entonces Él lo va a ejecutar.
Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía (Sal 84.12).
Esta es la dicha, y la paz que sobrepasa todo entendimiento, que te proporcionan el saber y creer que Dios tiene Palabra de Honor y, por lo tanto, primero el cielo y la tierra dejan de existir antes que Él deje de cumplir lo que ha dicho.
Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? (Jn 11.40).
Esta es la única forma de vivir mirando la gloria de Dios.
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, gracias por tanto y tan grande Amor con que me has amado que siendo yo un(a) pecador(a) entregaste a Tu Hijo, Jesucristo, para pagar todas mis deudas y así hacerme a mí un(a) Hijo(a) Tuyo(a) igual a Jesús. Oh Dios, es algo tan asombroso saberme amado(a) de tal manera. Jesús, por Tu sacrificio en la cruz, por Tu Sangre preciosa, Tu muerte y resurrección, he sido justificado(a), perdonado(a), santificado(a) y ¡glorificado(a)! ¡Sí! ¡Glorificado(a)! Porque a los que antes conociste, también los predestinaste para que fuesen hechos conformes a la imagen de Tu Hijo, para que así Jesús sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinaste, a éstos también llamaste; y a los que llamaste, a éstos también justificaste; y a los que justificaste, a éstos también glorificaste. Gracias por haber procurado para mí un camino de salvación, un camino vivo y perfecto mediante la muerte y resurrección de Tu Hijo, Jesús. Jesucristo, Tú eres mi Rey, Señor y Salvador. Tú me has trasladado de las tinieblas a Tu luz admirable otorgándome Tu propia Vida. Gracias Señor Jesús, por Ti soy Eterno(a). Juntamente contigo, ¡viviré para siempre! ¡Nunca moriré! Padre celestial, yo creo y recibo esta identidad Eterna de Hijo(a) Tuyo(a). ¡Acepto el precio que se pagó por ella! Así que, Si Tú estás por mí, ¿quién contra mí? Si no escatimaste ni a Tu propio Hijo, sino que lo entregaste por Amor a mí, ¿cómo no me darás también con Él todas las cosas? ¿Quién me acusará si soy escogido(a) de Dios? Dios, Tú mismo eres el que me justifica. ¿Quién es el que me condenará? Cristo Jesús, Tú moriste por mí; más aún, Tú, Señor, eres el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercedes por mí. ¿Quién me separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? A todos esos males se refieren las Escrituras diciendo: "Por ser fieles a tu causa nos persiguen a muerte sin descanso; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero".Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Antes, en todas estas cosas yo, ___________ (tu nombre aquí), soy más que vencedor(a) por medio de aquel que me amó. Por lo cual estoy seguro(a) de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor mío. Así que, ¡Abba! ¡Padre! Yo soy Tuyo(a), y en Cristo Jesús ya he vencido, pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que vives en mí y conmigo, que el que está en el mundo. Padre, ¡Todas y cada una de Tus Promesas son en mí, sí y amén! Me someto a Ti, mi Dios y Padre, me someto a Tu Palabra, resisto a Satanás y éste tiene que huir de mi vida. No recibo ni la duda, ni el temor, ni la enfermedad, ni la pobreza, ni la angustia, ni la depresión. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Septiembre 6                          Jn 11.28-57  /  2 Cr 12-13  /  Sal 76
 


miércoles, 5 de septiembre de 2012

¡Qué significa Vida Eterna!

 
Miércoles 5 de Septiembre de 2012.
¡No morirás jamás!
Por Riqui Ricón*
--Yo soy la resurrección y la vida.  El que cree en mí vivirá,  aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás.  ¿Crees esto?  --Sí,  Señor;  yo creo que tú eres el Cristo,  el Hijo de Dios,  el que había de venir al mundo (Jn 11. 25-27 NVI).
Que hermoso es saber que Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo, para pagar todos tus pecados, antes que perderte a ti.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
La clave del Evangelio, las Buenas Nuevas, estriba en tener la certeza que la Voluntad de Dios para contigo siempre ha sido buena, agradable y perfecta. Desde antes que el tiempo existiera Él ya te amaba y siempre ha sido su deseo tenerte a Su lado. Él diseñó y creó el universo para compartirlo contigo, por lo que, Su propósito al llamarte a la existencia es obviamente, ¡comunión!
Tú fuiste creado para disfrutar de la compañía de Dios y también para que Él disfrute de ti. Así que, por ese propósito y ese Amor que Dios siente por ti, Él resolvió el asunto del pecado, y de la muerte que éste produce, regalándote la Vida Eterna de Su propio Hijo mediante la justicia que es en Cristo Jesús.
Mas ahora, libres del dominio del pecado y hechos esclavos al servicio de Dios, obtenéis el beneficio de la santidad y la vida eterna; porque, como sabéis, la paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es la vida eterna que nos ofrece en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 6.22-23 CST).
¿Te das cuenta? ¡Se trata de la Vida Eterna del Hijo de Dios! Y sólo el Señor Jesús te la puede dar.
Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre (Jn 10.17-18).
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano (Jn 10.27-28).
El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir; pero yo he venido para darles vida, una vida rica y permanente (Jn 10.10 CST).
Ahora bien, lo realmente sombroso del Evangelio es que todo esto se compró para ti y está a tu disposición por medio de la fe. Y esto no es otra cosa más que  creer la Palabra de Dios. Creer que Dios no miente y que es Verdad todo lo que Él dice.
Ahora pues, a quienes pertenecemos a Cristo Jesús no nos espera ya ninguna condenación, porque la ley del poderoso Espíritu de vida que recibimos por medio de la fe en Cristo Jesús, nos libera de la ley del pecado y de la muerte (Ro 8.1-2).
Esto es tan cierto que Jesús, el Hijo de Dios, el Señor y Salvador de toda la humanidad, afirmó categóricamente, Yo soy la resurrección y la vida.  El que cree en mí vivirá,  aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás.
¡La Vida Eterna te ha sido concedida!
Todo el que cree que Jesús es el Cristo,  ha nacido de Dios (1 Jn 5.1a NVI).
¡Por tu fe has nacido de Dios!
Pues ustedes han nacido de nuevo,  no de simiente perecedera,  sino de simiente imperecedera,  mediante la palabra de Dios que vive y permanece (1 P 1.23 NVI).
¡Por tu fe, ahora eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, hecho(a) Eterno por la Palabra de Dios!
También, en otro lugar, dice la Escritura: "Yo pondré en Dios mi confianza". Y una vez más: "Aquí estoy, con los hijos que Dios me ha dado". Puesto que nosotros, hijos de Dios, somos seres de carne y hueso, también de carne y hueso nació Cristo Jesús; porque solamente siendo de naturaleza igual a la nuestra podía morir, para destruir con su propia muerte al que tenía el imperio de la muerte, es decir, al diablo. Y solo así podía liberar a quienes, por temor a la muerte, estaban sometidos a esclavitud a lo largo de toda su vida (He 2.13-15 CST).
¡El pecado y la muerte han sido vencidos por Cristo Jesús!
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 8.37-39).
Sin importar a que problema, circunstancia o enfermedad te estés enfrentando el día de hoy, ¡Ahora tú eres más que vencedor(a) por medio de Aquel que te amó, Cristo Jesús!
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, te doy gracias por amarme desde antes de la fundación del mundo. Gracias por haber procurado para mí un camino de salvación, un camino vivo y perfecto mediante la muerte y resurrección de Tu Hijo, Jesús. Jesucristo, Tú eres mi Rey, Señor y Salvador. Tú me has trasladado de las tinieblas a Tu luz admirable otorgándome Tu propia Vida. Gracias Señor Jesús, por Ti soy Eterno(a). Juntamente contigo, ¡viviré para siempre! ¡Nunca moriré! Padre celestial, yo creo y recibo esta identidad Eterna de Hijo(a) Tuyo(a). ¡Acepto el precio que se pagó por ella! Así que, Si Tú estás por mí, ¿quién contra mí? Si no escatimaste ni a Tu propio Hijo, sino que lo entregaste por Amor a mí, ¿cómo no me darás también con Él todas las cosas? ¿Quién me acusará si soy escogido(a) de Dios? Dios, Tú mismo eres el que me justifica. ¿Quién es el que me condenará? Cristo Jesús, Tú moriste por mí; más aún, Tú, Señor, eres el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercedes por mí. ¿Quién me separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? A todos esos males se refieren las Escrituras diciendo: "Por ser fieles a tu causa nos persiguen a muerte sin descanso; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero".Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Antes, en todas estas cosas yo, ___________ (tu nombre aquí), soy más que vencedor(a) por medio de aquel que me amó. Por lo cual estoy seguro(a) de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor mío. Así que, ¡Abba! ¡Padre! Yo soy Tuyo(a), y en Cristo Jesús ya he vencido, pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que vives en mí y conmigo, que el que está en el mundo. Padre, ¡Todas y cada una de Tus Promesas son en mí, sí y amén! Me someto a Ti, mi Dios y Padre, me someto a Tu Palabra, resisto a Satanás y éste tiene que huir de mi vida. No recibo ni la duda, ni el temor, ni la enfermedad, ni la pobreza, ni la angustia, ni la depresión. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Septiembre 5                          Jn 11.1-27  /  2 Cr 10-11  /  Sal 75
 


lunes, 3 de septiembre de 2012

Y ahora… ¿quién podrá defenderte?

 
Lunes 3 de Septiembre de 2012.
¡La roca de mi corazón y mi porción eres Tú, Señor Jesús, para siempre!
Por Riqui Ricón*
Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre (Sal 73.23-26).
La Biblia, que es la Palabra de Dios, y no miente, es muy insistente acerca que Dios siempre ha estado contigo. Él nunca te ha dejado y nunca te dejará. Pues, aunque tu padre y tu madre  te abandonen, Él, el Señor, se harás cargo de ti (Sal 27.10), y aunque andes en valle de sombra y de muerte, no temerás mal alguno, pues Dios está contigo (Sal 23.4). Es Él quien te toma de la mano derecha para guardarte y sostenerte.
Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada Desde ahora y para siempre (Sal 121.5-8).
Por este conocimiento y certeza es que el rey David afirmaba, ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.
Jesucristo, el único Hijo de Dios, sabiendo que por amor a ti daría Su Vida para pagar todos tus pecados afirmó:
Yo soy la puerta;  el que entre por esta puerta,  que soy yo,  será salvo. Se moverá con entera libertad, y hallará pastos (Jn 10.9 NVI).
La salvación, que no es otra cosa que la Vida Eterna, esa Vida plena y abundante que sólo pueden gozar los Hijos de Dios, está disponible para ti a través de la Sangre, muerte y resurrección de Jesús. ¡Él es la puerta de tu salvación!
Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo, para pagar tus pecados, antes que perderte a ti.
--Yo soy el camino,  la verdad y la vida --le contestó Jesús--.  Nadie llega al Padre sino por mí (Jn 14.6 NVI).
Ahora, el camino al Padre (no a un Dios celoso y vengador, sino al Padre), ha sido abierto para que tú puedas gozar de la Vida Eterna, que es la misma Vida que tiene Jesús.
¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre,  que se nos llame hijos de Dios!  ¡Y lo somos!  El mundo no nos conoce,  precisamente porque no lo conoció a él (1 Jn 3.1).
Por la Sangre de Jesús, derramada hasta la última gota en la cruz del calvario, por Amor a ti; por Su muerte y resurrección; ahora tú eres, como dice la Escritura, un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, no de simiente corruptible sino de la incorruptible semilla que es la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
Puedes estar seguro(a) de que Dios mismo es el que te sostiene de la mano derecha, el que te guarda y te guía. Él no se desentiende de ti pues la relación que ahora los une es la que hay entre un Padre y un(a) Hijo(a).
Porque Dios los conoció desde el principio, y de antemano los destinó a ser semejantes a su Hijo Jesucristo, a fin de que él sea el mayor entre todos los hermanos (Ro 8.29 CST).
De acuerdo a la Palabra de Dios, por el Amor que siente por ti, Jesús, voluntariamente, dejó de ser el unigénito Hijo de Dios (el único), para ser el primogénito, el primero, entre muchos hermanos, de los cuales tú eres un(a) de ellos.
Sin importar cómo te sientas o cómo te veas a ti mismo(a) el día de hoy, esto es lo que dice la Palabra de Dios y es la Verdad.
El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir; pero yo he venido para darles vida, una vida rica y permanente (Jn 10.10 CST).
Satanás es ese ladrón que sólo quiere robarte, matarte y destruirte. La única arma que él tiene para conseguir su propósito es la mentira y esta sólo puede funcionar si tú la crees. Así es, cuando comienzas a atender las palabras y pensamientos de mentira, la duda nace y la incredulidad comienza, y esto es todo lo que el diablo necesita para sembrar desánimo en tu corazón e incitarte a la desobediencia de la Palabra de Dios.
Lo asombroso del Amor de Dios en todo esto es que Satanás ya está vencido, ¡Cristo Jesús lo venció y lo ha puesto debajo de tus pies! Cuando Naciste de Nuevo naciste como un(a) Hijo(a) de Dios y no como eras antes, sujeto(a) a las acechanzas del diablo y esclavo(a) del pecado. ¡No! De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Co 5.17).
Ahora, por la Sangre de Jesús, por Su muerte y resurrección, has nacido a la semejanza del Hijo de Dios pues, Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (1 Jn 5.1a).
Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Jn 4.4).
Lo único que puede hacer el diablo es tratar de convencerte que nada de esto es verdad, que Dios miente y que, por lo tanto, tu realidad, tus problemas, enfermedades y pecados, van a prevalecer por más que intentes confiar en Dios.
PERO, Satanás pretende olvidar que tú ahora eres de Dios y, por eso, ya le has vencido, porque mayor es el que está en ti, que el que está en el mundo.
Así que, no prestes atención al mundo y sus problemas; no permitas que tus circunstancias, aflicciones o enfermedades te digan en que creer y en que no. ¡Pelea la buena batalla de la fe! ¡Echa mano de la Vida Eterna! ¡Sométete a la Palabra de Dios! ¡Resiste al diablo! Éste tendrá que forzosamente huir de ti.
Por lo tanto, repítele en su mismísima cara, Satanás, yo sé bien que tú has venido a hurtar, matar y destruir, PERO yo soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y YA TENGO  la Vida Eterna, la Vida Plena y Abundante que mi Señor Jesucristo compró para mí con Su propia Sangre. ¡Tú nada tienes en mí! ¡Estás vencido y debajo de mis pies! ¡Dios es mi Padre y yo soy Su Hijo(a)! Yo soy la persona que Dios dice en Su Palabra que soy y no la que tú pretendes que crea. Yo le creo a Dios y no a tus mentiras. Así que te tú no me tocas, te resisto y te ordeno: ¡sal fuera de mi vida en el nombre de Jesús!
Una vez puesto de acuerdo con tu enemigo, vayamos confiadamente al trono de la gracia para hallar gracia y misericordia para el oportuno socorro.
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, en esta hora quiero agradecerte por tanto y tan gran Amor que tienes para conmigo, pues estando yo muerto(a) en delitos y pecados me diste una Vida totalmente Nueva juntamente con Cristo. Gracias porque hoy puedo encarar un propósito y destino nuevo sabiendo que las cosas viejas ya pasaron y que Tú, mi Dios, has hecho Nuevas todas las cosas. Señor Jesús, gracias por lo que has hecho por mí. Por Tu muerte y resurrección ahora soy un(a) Hijo(a) de Dios al igual que Tú, mi Rey. Te amo con todo mi corazón. Por lo que dices en Tu Palabra, sé perfectamente que de todo problema, angustia o enfermedad saldré más que vencedor(a), pues todo lo puedo en Ti, en Tu unción y en Tu Palabra. Así que, no voy a prestar atención a las palabras de mentira, de fracaso y de derrota que me quieran amedrentar, ya que no he recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que yo, ______________ (tu nombre aquí), he recibido el Espíritu de adopción y hoy clamo, ¡Abba! ¡Padre! Yo soy Tuyo(a), Dios, y he vencido, pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que vives en mí y conmigo, que el que está en el mundo. Señor, ¡Todas y cada una de Tus Promesas son en mí, sí y amén! Me someto a Ti, mi Dios, me someto a Tu Palabra, resisto a Satanás y éste tiene que huir de mi vida. No recibo ni la duda, ni el temor, ni la enfermedad, ni la pobreza, ni la angustia, ni la depresión. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Septiembre 3                          Jn 10.1-21  /  2 Cr 8  /  Sal 73