viernes, 8 de febrero de 2019

¡Cómo alcanzar la realización!



8 de Febrero
¡Realización es Identidad!
Por Riqui Ricón*
Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos. Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo: Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban. Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron: Henos aquí por siervos tuyos. Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón (Gen 50. 15-21).
Hemos declarado, en el Nombre de Jesús, que este año es el mejor año de tu vida. Ahora bien, la verdadera Realización en Dios no es tener o poseer cosas ni riquezas si no que el mandato de Nuestro Señor Jesucristo, a la letra, dice así:

Porque los gentiles (los que no creen) buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mat 6.32-33).
Como dicen por ahí, primero lo primero, así que, busca primeramente el reino de Dios. ¿Será que el reino de Dios está lleno de tristeza, pobreza, amargura, temor, desesperación, enfermedad, depresión, etc., y tú, como Hijo(a) del Reino, tienes que sobrellevar todo esto en humildad, ofreciéndolo como un sacrificio santo y agradable a Dios? No lo creo.
Realización es igual a identidad. Significa creer y saber perfecta y cabalmente quien eres tú: un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, y esto no de una simiente corruptible sino de la incorruptible semilla que es la Palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Significa creer y saber que tu Padre te ama, y que te ama de tal manera que prefirió entregar a Su propio Hijo, Su unigénito, para pagar el costo de TODOS tus pecados (muerte, enfermedad, pobreza, temor angustia, etc.), antes que perderte a ti.
MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo más maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos  (1 Jua 3.1 BAD).
Significa CREER y RECIBIR ese Amor para COMENZAR A SER ese(a) Hijo(a) que Él DICE EN SU PALABRA que tú ya eres. Significa que, con esta identidad, ahora puedes realmente ESTABLECER el reino de Dios sobre esta Tierra, un reino de JUSTICIA y de Amor, pues, al fin y al cabo, ahora tú eres Su Hijo(a), ¿quién más, si no, lo puede hacer?
Mira la historia de José con la que comenzamos la meditación de hoy. Dios cumplió Su Palabra y llegó el tiempo en que José dejó de añorar sus sueños y, ahora, se encontraba viviendo el cumplimiento de todas las cosas. Sabía perfectamente quién era Dios y quién era él. No tenía más temor sino que estaba lleno de fe. Sus hermanos, por el contrario, carecían de identidad y, a pesar de haber disfrutado del amor y la protección de José durante varios años, dudaban y temían, esperando un severo castigo. ¿Merecían castigo? ¡Claro que lo merecían! ¿José necesitaba la satisfacción de la venganza? ¡Claro que no! Él sabía perfectamente quién era y dónde y para qué estaba ahí.
Porque esto me será como en los días de Noé, cuando juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra;  así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré. Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti (Isa 54.9-10).
Así es la naturaleza de tu Padre, Él ya no se enojará nunca más contra ti. ¡Lo ha jurado!

Puesto que en Cristo Jesús fue satisfecha la justicia de Dios, Él no anda buscando venganza, ni tampoco hacer justicia. Dios te ama tal como eres, pues Él te ha creado de Nuevo tal como soñó que tú serías. ¡Eres Nueva Creación!

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Co 5.17).

¿Recuerdas al hermano del hijo prodigo? NO PODÍA CREER que su padre estuviera alegre e hiciera fiesta por su hermano perdido. Él necesitaba ver justicia y no misericordia. ¿Por qué? Envidia o celos dirán algunos, pero, más bien, fue a causa de su falta de identidad. No saberse NI CREERSE, hijo de su padre, fue lo que lo orilló a actuar así. Su padre termino por salir y rogarle que entrara y disfrutara DE LO QUE ERA SUYO, DE LO QUE YA LE PERTENECIA, diciéndole:

Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado (Luc 15.31).
El evangelio de Jesucristo (las nuevas noticias), no se sustenta en una relación entre el todopoderoso Dios y Sus criaturas, por más espirituales que éstas sean, sino en la relación de Amor que Él, el Todopoderoso Dios, tiene ahora como Padre hacia Sus Hijos, o sea, tú y yo.
Escucho constantemente decir cosas como:
- sí, es cierto, Dios lo dice en Su Palabra, PERO en esta vida tenemos que pagar las consecuencias; - ese es el camino angosto y la puerta estrecha;
- Dios sana al que quiere y al que no, pues no, así es Él;
- tenemos que aceptar Su Voluntad con humildad y con la esperanza de la vida eterna;
- Sus promesas se cumplirán allá, cuando estemos con Él, si es que demostramos ser dignos de llegar a Su Presencia.
La cuestión es que, TODO AQUEL que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace (Stgo 1.25).

Y la perfecta ley de justicia y libertad, la Biblia, te enseña que Jesucristo ya pagó el precio; que Su sacrificio fue completo, perfecto y acabado; que cuando le recibiste como Señor y Salvador de tu vida, NACISTE DE NUEVO, fuiste hecho(a) espíritu nuevo,
creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efe 4.24).

Te enseña que la Vida Eterna, vida plena y abundante, comenzó en ese instante y no tienes un “allá” y un “acá” sino un aquí y ahora para buscar y establecer el reino de Dios, tu Padre. NO POR LO QUE PUEDAS TENER, ADQUIRIR DE ÉL O POR ÉL, sino porque ERES SU HIJO(A) y eso te basta, pues, lógicamente, incluye todo lo demás que te será añadido.

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8.31-32).

Así que, como Hijo(a) Suyo(a) tienes toda la facultad para dejar de ver tus problemas y aflicciones y mirar a Tu Padre y a Su Palabra, pues, sin lugar a duda, saldrás más que vencedor(a) de toda circunstancia.

¡Tienes identidad! ¡Conoces la Verdad y sabes quién eres tú!

Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, vengo delante de Ti agradecido(a) porque en verdad, yo no era digno(a), pero Tu Hijo, Jesús, al pagar todos mis pecados en esa cruz, me hizo digno(a); yo no era justo(a), pero Él me hizo justo(a); yo no era santo(a), pero Él me hizo santo(a); yo era un(a) pecador(a) y Él me hizo salvo(a) y no sólo me salvó sino que me predestinó para que fuese hecho(a) conforme a la imagen de Tu Hijo, Jesús, para que Él fuese el primogénito, el primero, entre muchos hermanos. ¡Gracias, Señor Jesús! Por tu Sangre he sido adoptado(a) como Hijo(a) de Dios, Tú Padre (y el mío también). Por esto, ahora sé, que sé, que en todas las cosas he de salir más que vencedor(a), pues todo lo puedo en Cristo que me fortalece. ¡Ya he vencido al mundo! Pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que estás en mí, y conmigo, que el que está en el mundo. Hoy tomo mi Identidad y con toda certeza y autoridad, resisto y hecho fuera de mi vida toda enfermedad, pobreza, tristeza, depresión, soledad, temor y angustia. Cubro todo mi ser, espíritu, alma y cuerpo, con la Sangre de Jesús y llamo y recibo toda la salud, amor, paz y gozo que Tú, Jesucristo, compraste para mí al morir en la cruz y resucitar venciendo a la muerte. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! Gracias a Ti, Señor Jesús. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Febrero 8                       Heb 4.14-6.12 /  Gen 49-50 /  Sal 39

Hebreos 4.14-6.12
Jesús el gran sumo sacerdote
14Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
5
1Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; 2para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; 3y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo. 4Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.
5Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo:
Tú eres mi Hijo,
Yo te he engendrado hoy.
 6Como también dice en otro lugar:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.

7Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 10y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.

Advertencia contra la apostasía
11Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. 12Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. 13Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; 14pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.
6
1Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, 2de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. 3Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite. 4Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. 7Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; 8pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.
9Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. 10Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. 11Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, 12a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

Génesis 49-50
Profecía de Jacob acerca de sus hijos
49
1Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros.
     2     Juntaos y oíd, hijos de Jacob,
Y escuchad a vuestro padre Israel.
     3     Rubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor;
Principal en dignidad, principal en poder.
     4     Impetuoso como las aguas, no serás el principal,
Por cuanto subiste al lecho de tu padre;
Entonces te envileciste, subiendo a mi estrado.
     5     Simeón y Leví son hermanos;
Armas de iniquidad sus armas.
     6     En su consejo no entre mi alma,
Ni mi espíritu se junte en su compañía.
Porque en su furor mataron hombres,
Y en su temeridad desjarretaron toros.
     7     Maldito su furor, que fue fiero;
Y su ira, que fue dura.
Yo los apartaré en Jacob,
Y los esparciré en Israel.
     8     Judá, te alabarán tus hermanos;
Tu mano en la cerviz de tus enemigos;
Los hijos de tu padre se inclinarán a ti.
     9     Cachorro de león, Judá;
De la presa subiste, hijo mío.
Se encorvó, se echó como león,
Así como león viejo: ¿quién lo despertará?
     10     No será quitado el cetro de Judá,
Ni el legislador de entre sus pies,
Hasta que venga Siloh;
Y a él se congregarán los pueblos.
     11     Atando a la vid su pollino,
Y a la cepa el hijo de su asna,
Lavó en el vino su vestido,
Y en la sangre de uvas su manto.
     12     Sus ojos, rojos del vino,
Y sus dientes blancos de la leche.
     13     Zabulón en puertos de mar habitará;
Será para puerto de naves,
Y su límite hasta Sidón.
     14     Isacar, asno fuerte
Que se recuesta entre los apriscos;
     15     Y vio que el descanso era bueno, y que la tierra era deleitosa;
Y bajó su hombro para llevar,
Y sirvió en tributo.
     16     Dan juzgará a su pueblo,
Como una de las tribus de Israel.
     17     Será Dan serpiente junto al camino,
Víbora junto a la senda,
Que muerde los talones del caballo,
Y hace caer hacia atrás al jinete.
     18     Tu salvación esperé, oh Jehová.
     19     Gad, ejército lo acometerá;
Mas él acometerá al fin.
     20     El pan de Aser será substancioso,
Y él dará deleites al rey.
     21     Neftalí, cierva suelta,
Que pronunciará dichos hermosos.
     22     Rama fructífera es José,
Rama fructífera junto a una fuente,
Cuyos vástagos se extienden sobre el muro.
     23     Le causaron amargura,
Le asaetearon,
Y le aborrecieron los arqueros;
     24     Mas su arco se mantuvo poderoso,
Y los brazos de sus manos se fortalecieron
Por las manos del Fuerte de Jacob
(Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel),
     25     Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará,
Por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá
Con bendiciones de los cielos de arriba,
Con bendiciones del abismo que está abajo,
Con bendiciones de los pechos y del vientre.
     26     Las bendiciones de tu padre
Fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores;
Hasta el término de los collados eternos
Serán sobre la cabeza de José,
Y sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos.
     27     Benjamín es lobo arrebatador;
A la mañana comerá la presa,
Y a la tarde repartirá los despojos.

Muerte y sepelio de Jacob
28Todos éstos fueron las doce tribus de Israel, y esto fue lo que su padre les dijo, al bendecirlos; a cada uno por su bendición los bendijo. 29Les mandó luego, y les dijo: Yo voy a ser reunido con mi pueblo. Sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo, 30en la cueva que está en el campo de Macpela, al oriente de Mamre en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Efrón el heteo, para heredad de sepultura. 31Allí sepultaron a Abraham y a Sara su mujer; allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer; allí también sepulté yo a Lea. 32La compra del campo y de la cueva que está en él, fue de los hijos de Het. 33Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la cama, y expiró, y fue reunido con sus padres.
50
1Entonces se echó José sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y lo besó. 2Y mandó José a sus siervos los médicos que embalsamasen a su padre; y los médicos embalsamaron a Israel. 3Y le cumplieron cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamados, y lo lloraron los egipcios setenta días.
4Y pasados los días de su luto, habló José a los de la casa de Faraón, diciendo: Si he hallado ahora gracia en vuestros ojos, os ruego que habléis en oídos de Faraón, diciendo: 5Mi padre me hizo jurar, diciendo: He aquí que voy a morir; en el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás; ruego, pues, que vaya yo ahora y sepulte a mi padre, y volveré. 6Y Faraón dijo: Ve, y sepulta a tu padre, como él te hizo jurar. 7Entonces José subió para sepultar a su padre; y subieron con él todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de la tierra de Egipto, 8y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre; solamente dejaron en la tierra de Gosén sus niños, y sus ovejas y sus vacas. 9Subieron también con él carros y gente de a caballo, y se hizo un escuadrón muy grande. 10Y llegaron hasta la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, y endecharon allí con grande y muy triste lamentación; y José hizo a su padre duelo por siete días. 11Y viendo los moradores de la tierra, los cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: Llanto grande es este de los egipcios; por eso fue llamado su nombre Abel-mizraim, que está al otro lado del Jordán. 12Hicieron, pues, sus hijos con él según les había mandado; 13pues lo llevaron sus hijos a la tierra de Canaán, y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpela, la que había comprado Abraham con el mismo campo, para heredad de sepultura, de Efrón el heteo, al oriente de Mamre. 14Y volvió José a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que subieron con él a sepultar a su padre, después que lo hubo sepultado.

Muerte de José
15Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos. 16Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo: 17Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban. 18Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron: Henos aquí por siervos tuyos. 19Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? 20Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. 21Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.
22Y habitó José en Egipto, él y la casa de su padre; y vivió José ciento diez años. 23Y vio José los hijos de Efraín hasta la tercera generación; también los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron criados sobre las rodillas de José. 24Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob. 25E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos. 26Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto.
       
Salmo 39

El carácter transitorio de la vida
Al músico principal; a Jedutún. Salmo de David.
     1     Yo dije: Atenderé a mis caminos,
Para no pecar con mi lengua;
Guardaré mi boca con freno,
En tanto que el impío esté delante de mí.
     2     Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno;
Y se agravó mi dolor.
     3     Se enardeció mi corazón dentro de mí;
En mi meditación se encendió fuego,
Y así proferí con mi lengua:
     4     Hazme saber, Jehová, mi fin,
Y cuánta sea la medida de mis días;
Sepa yo cuán frágil soy.
     5     He aquí, diste a mis días término corto,
Y mi edad es como nada delante de ti;
Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive.
Selah
     6     Ciertamente como una sombra es el hombre;
Ciertamente en vano se afana;
Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.
     7     Y ahora, Señor, ¿qué esperaré?
Mi esperanza está en ti.
     8     Líbrame de todas mis transgresiones;
No me pongas por escarnio del insensato.
     9     Enmudecí, no abrí mi boca,
Porque tú lo hiciste.
     10     Quita de sobre mí tu plaga;
Estoy consumido bajo los golpes de tu mano.
     11     Con castigos por el pecado corriges al hombre,
Y deshaces como polilla lo más estimado de él;
Ciertamente vanidad es todo hombre.
Selah
     12     Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor.
No calles ante mis lágrimas;
Porque forastero soy para ti,
Y advenedizo, como todos mis padres.
     13     Déjame, y tomaré fuerzas,
Antes que vaya y perezca.

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