viernes, 1 de febrero de 2019

¡Cómo vivir en tiempos difíciles!




2 de Febrero
¡Alégrate!
Por Riqui Ricón*

Alegraos, oh justos, en Jehová; En los íntegros es hermosa la alabanza (Sal 33.1).
¡Alabar a Dios es un deleite! Es muy difícil encontrar un creyente que no se goce al derramar su corazón en alabanza y adoración al que es digno de recibir toda la gloria, por los siglos de los siglos, Cristo Jesús.
Sin embargo, existe un deleite mayor, un gozo más excelente, que te permite disfrutar de toda la Plenitud de Dios, y es el saber y creer que tú eres justo(a), pues ser justo(a) es lo que te permite alegrarte en el Señor.
Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,  para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Ro 3.21-26).
Cuando anteriormente se hablaba de justicia, integridad y santidad, tú probablemente sentías mucha lástima por ti mismo(a), pues creías que ya habías perdido y desechado esas virtudes al tomar malas decisiones y llevar una vida de pecado. Mas ahora, de acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, ¡has sido justificado(a) gratuitamente por la Gracia de Dios, mediante la redención que Cristo Jesús efectuó para ti pagando el JUSTO precio de TODOS tus pecados!
Esto quiere decir que, sin importar lo que hayas hecho en y con tu vida, ahora, por Cristo Jesús, eres justo(a). ¡Esto lo propició Dios a tu favor para manifestar Su justicia, la cual es más sublime que la tuya, pasando por alto tus pecados a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús!
¿Por qué hizo Dios semejante cosa por ti?
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Así que, de tal manera te amó Dios que entregó a Su Hijo PARA QUE TÚ CREAS EN ÉL y tengas vida eterna al ser justificado, HECHO JUSTO, por Su justicia.
¡Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti!
Me dirás, sé que la Biblia lo dice, pero ¿cómo puede ser posible eso? Esto sólo es posible mediante la intervención divina; es a través de un milagro asombroso que, satisfaciendo plenamente toda justicia, Dios ha utilizado Su Palabra y Su Poder para hacer de ti una persona TOTALMENTE NUEVA.
Es por medio  del milagro del Nuevo Nacimiento que Dios te traslado de las tinieblas a Su luz admirable. Es por medio del Nuevo Nacimiento que Dios te transformo de un(a) miserable pecador(a) condenado(a) a la muerte eterna, a ser justicia de Dios; es por medio del Nuevo Nacimiento que fuiste transformado en un(a) Hijo(a) amado(a) del Padre celestial, comprado(a) por Amor al precio de la Vida y de la Sangre de Su Hijo Jesucristo.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación (2 Co 5.17-19).
¡Ahora eres Nueva Creación! ¡Ahora estás reconciliado(a) con Dios!
Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (1 Jn 5.1a).
Cuando tú reconociste a Jesús como Señor y Salvador de tu vida, el espíritu que tú eras y que estaba muerto en delitos y pecados fue aniquilado en esa cruz. Ahora bien, tu Nuevo Nacimiento no significa que reviviste para seguir siendo el mismo que antes eras (o alguien muy parecido), sino que fuiste creado de nuevo, esto es, hecho totalmente nuevo por el Espíritu Santo y por la Palabra de Dios, para gozar de la Vida Eterna, Plena y Abundante.
siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
Entonces, has sido declarado por Dios, justo(a), íntegro(a) y santo(a), y por lo tanto tienes derecho a una vida llena de gozo, paz, salud, prosperidad y victoria.
No me malentiendas, esto no quiere decir que no tendrás problemas o grandes contra tiempos. ¡No! ¡Todo lo contrario! Jesucristo dijo, Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16.33).
Sí, tendrás pruebas y aflicciones, pero de todas ellas te librará el Señor y saldrás más que vencedor(a) por medio de Aquel que te ha amado, Cristo Jesús. Pues tú eres justo(a) a los ojos de Dios, y no solamente eres justo(a) sino que eres justicia de Dios y, además, eres de Él, le perteneces, eres Su Hijo(a) amado(a) y ya has vencido al mundo pues mayor es el que está en ti que el que está en el mundo.
Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Jua 4.4).
Así que, sin importar la situación que hoy estés enfrentando, ¡Alégrate! Dios, tu Padre, está contigo, y si Dios es contigo, ¿quién (en verdad pregunto), quién podrá contra ti?
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, es muy hermoso saberme tan amado(a) por Ti. Gracias, Señor Jesús, porque no sólo proveíste para mí el perdón de mis pecados sino que me hiciste justicia de Dios en Ti y me reconciliaste con Dios haciéndome hermano(a) Tuyo(a) e Hijo(a) del Padre. Por Ti, mi amado Jesús, he Nacido de Nuevo y ahora Dios, el Todopoderoso, es Abba, Padre, mi Papá. Leer de esto en Tu Palabra, la Biblia, me hace conocer la Verdad y la Verdad me hace libre. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Ti, Jesucristo, esta Nueva Vida. Soy libre para recibir, por medio de la fe en Tu Palabra, esta identidad de Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, siendo renacido(a), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Por lo tanto, amado Padre celestial, todas y cada una de las Promesas que están en Tu Palabra son mías y para mí. Hoy puedo orar a Ti con la certeza de que me escuchas y me respondes. Tengo gozo y paz en mi corazón pues puedo pedir y recibir. Por lo tanto, en el nombre poderoso de Cristo Jesús, declaró que soy sano(a) y libre de toda enfermedad o dolencia; creo y recibo la voluntad expresa de mi Padre, Dios Todopoderoso, para ser y vivir prospero(a) en todas las cosas. Echo fuera de mi vida todo pensamiento de temor y duda resistiendo todo engaño y mentira acerca de mí. Yo soy lo que la Biblia dice que soy. Un(a) Hijo(a) amado(a) de Dios; especial tesoro de mi Padre; todo lo puedo en Cristo que me fortalece y en todas las cosas, absolutamente todas las cosas, soy más que vencedor por medio del Amor de Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Señor Jesús, hoy me alegro en el gozo y la paz que brindan el ser la persona que Tú dices que soy. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Febrero 2                        Luc 23.26-56  /  Gen 42  /  Sal 33

San Lucas 23.26-56
Crucifixión y muerte de Jesús
(Mt. 27.32–56; Mr. 15.21–41; Jn. 19.17–30)
26Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. 27Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. 28Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. 29Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. 30Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. 31Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?
32Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos. 33Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. 35Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. 36Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, 37y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.
39Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. 40Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? 41Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. 42Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
44Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 45Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. 46Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. 47Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. 48Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. 49Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.

Jesús es sepultado
(Mt. 27.57–61; Mr. 15.42–47; Jn. 19.38–42)
50Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. 51Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, 52fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 53Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. 54Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo. 55Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. 56Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento.

Génesis 42
Los hermanos de José vienen por alimentos
42
1Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? 2Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no muramos. 3Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo en Egipto. 4Mas Jacob no envió a Benjamín, hermano de José, con sus hermanos; porque dijo: No sea que le acontezca algún desastre. 5Vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán.
6Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostro a tierra. 7Y José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; mas hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán, para comprar alimentos. 8José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron. 9Entonces se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: Espías sois; por ver lo descubierto del país habéis venido. 10Ellos le respondieron: No, señor nuestro, sino que tus siervos han venido a comprar alimentos. 11Todos nosotros somos hijos de un varón; somos hombres honrados; tus siervos nunca fueron espías. 12Pero José les dijo: No; para ver lo descubierto del país habéis venido. 13Y ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece. 14Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías. 15En esto seréis probados: Vive Faraón, que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí. 16Enviad a uno de vosotros y traiga a vuestro hermano, y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad en vosotros; y si no, vive Faraón, que sois espías. 17Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días. 18Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid: Yo temo a Dios. 19Si sois hombres honrados, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos, y vosotros id y llevad el alimento para el hambre de vuestra casa. 20Pero traeréis a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así.
21Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. 22Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el joven, y no escuchasteis? He aquí también se nos demanda su sangre. 23Pero ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos. 24Y se apartó José de ellos, y lloró; después volvió a ellos, y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón, y lo aprisionó a vista de ellos. 25Después mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino; y así se hizo con ellos.
26Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y se fueron de allí. 27Pero abriendo uno de ellos su saco para dar de comer a su asno en el mesón, vio su dinero que estaba en la boca de su costal. 28Y dijo a sus hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y helo aquí en mi saco. Entonces se les sobresaltó el corazón, y espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?
29Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había acontecido, diciendo: 30Aquel varón, el señor de la tierra, nos habló ásperamente, y nos trató como a espías de la tierra. 31Y nosotros le dijimos: Somos hombres honrados, nunca fuimos espías. 32Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno no parece, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán. 33Entonces aquel varón, el señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres honrados: dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad, 34y traedme a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espías, sino hombres honrados; así os daré a vuestro hermano, y negociaréis en la tierra.
35Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno estaba el atado de su dinero; y viendo ellos y su padre los atados de su dinero, tuvieron temor. 36Entonces su padre Jacob les dijo: Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le llevaréis; contra mí son todas estas cosas. 37Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo devuelvo; entrégalo en mi mano, que yo lo devolveré a ti. 38Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros, pues su hermano ha muerto, y él solo ha quedado; y si le aconteciere algún desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con dolor al Seol.
       
Salmo 33

Alabanzas al Creador y Preservador
     1     Alegraos, oh justos, en Jehová;
En los íntegros es hermosa la alabanza.
     2     Aclamad a Jehová con arpa;
Cantadle con salterio y decacordio.
     3     Cantadle cántico nuevo;
Hacedlo bien, tañendo con júbilo.
     4     Porque recta es la palabra de Jehová,
Y toda su obra es hecha con fidelidad.
     5     El ama justicia y juicio;
De la misericordia de Jehová está llena la tierra.
     6     Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos,
Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.
     7     El junta como montón las aguas del mar;
El pone en depósitos los abismos.
     8     Tema a Jehová toda la tierra;
Teman delante de él todos los habitantes del mundo.
     9     Porque él dijo, y fue hecho;
El mandó, y existió.
     10     Jehová hace nulo el consejo de las naciones,
Y frustra las maquinaciones de los pueblos.
     11     El consejo de Jehová permanecerá para siempre;
Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones.
     12     Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová,
El pueblo que él escogió como heredad para sí.
     13     Desde los cielos miró Jehová;
Vio a todos los hijos de los hombres;
     14     Desde el lugar de su morada miró
Sobre todos los moradores de la tierra.
     15     El formó el corazón de todos ellos;
Atento está a todas sus obras.
     16     El rey no se salva por la multitud del ejército,
Ni escapa el valiente por la mucha fuerza.
     17     Vano para salvarse es el caballo;
La grandeza de su fuerza a nadie podrá librar.
     18     He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen,
Sobre los que esperan en su misericordia,
     19     Para librar sus almas de la muerte,
Y para darles vida en tiempo de hambre.
     20     Nuestra alma espera a Jehová;
Nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
     21     Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón,
Porque en su santo nombre hemos confiado.
     22     Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros,
Según esperamos en ti.

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