miércoles, 29 de abril de 2020

¡Cómo recuperar el tiempo perdido!












29  de ABRIL


¡Cómo recuperar el tiempo perdido!


¡Encarando el presente con ánimo y alegría!
Por Riqui Ricón*
No hay mejor día que el día de hoy. No hay mejor Vida que la que estoy viviendo hoy.
Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría (Ecl 7:10 RV1960).
Es un engaño del enemigo añorar el pasado, pensando que aquellos días fueron mejores.
¡Quién me volviese como en los meses pasados!, Como en los días en que Dios me guardaba, Cuando hacía resplandecer sobre mi cabeza su lámpara, A cuya luz yo caminaba en la oscuridad; Como fui en los días de mi juventud, Cuando el favor de Dios velaba sobre mi tienda (Job 29:2-4 RV1960).
Es el día de HOY que Dios me guarda. Es el día de HOY que Dios me cuida.
Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada Desde ahora y para siempre (Sal 121:1-8 RV1960).
Jesús es mi guardador, mi cuidador, y el maligno NO me toca.
Sabemos que el que ha nacido de Dios no está en pecado[no practica el pecado RV60]:Jesucristo, que nació de Dios, lo protege, y el maligno no llega a tocarlo (1Jn 5:18 NVI).
Respecto a los tiempos mejores, C. S. Lewis, un teólogo y escritor del siglo XX, autor de las Crónicas de Narnia, escribió acerca del consejo que un experimentado demonio le daba a su sobrino, un diablo novato:
Mi querido Orugario [el diablo novato]:
Por supuesto, había observado que los humanos estaban atravesando un respiro en su guerra europea —¡lo que ingenuamente llaman "La Guerra"!—, y no me sorprende que haya una tregua correlativa en las inquietudes del paciente [el cristiano al cual está asignado el diablo novato]. ¿Nos conviene estimular esto, o mantenerle preocupado? Tanto el temor torturado como la estúpida confianza son estados de ánimo deseables. Nuestra elección entre 'ellos suscita cuestiones importantes.
Los humanos viven en el tiempo, pero nuestro Enemigo [Dios] les destina a la Eternidad. Él [Dios] quiere, por tanto, creo yo, que atiendan principalmente a dos cosas: a la eternidad misma y a ese punto del tiempo que llaman el presente. Porque el presente es el punto en el que el tiempo coincide con la eternidad. Del momento presente, y sólo de él, los humanos tienen una experiencia análoga a la que nuestro Enemigo [Dios] tiene de la realidad como un todo; sólo en el presente la libertad y la realidad les son ofrecidas. En consecuencia, Él [Dios] les tendría continuamente preocupados por la eternidad (lo que equivale a preocupados por Él [Dios]) o por el presente; o meditando acerca de su perpetua unión con, o separación de, Él, o si no obedeciendo la presente voz de la conciencia, soportando la cruz presente, recibiendo la gracia presente, dando gracias por el placer presente.
Nuestra tarea [de los demonios] consiste en alejarles [a los seres humanos] de lo eterno y del presente. Con esto en mente, a veces tentamos a un humano (pongamos una viuda o un erudito) a vivir en el pasado. Pero esto tiene un valor limitado, porque poseen algunos conocimientos reales sobre el pasado, y porque el pasado tiene una naturaleza determinada, y, en eso, se parece a la eternidad. Es mucho mejor hacerles vivir en el futuro. La necesidad biológica hace que todas sus pasiones apunten ya en esa dirección, así que pensar en el futuro enciende la esperanza y el temor. Además, les es desconocido, de forma que al hacerles pensar en el futuro les hacemos pensar en cosas irreales. En una palabra, el futuro es, de todas las cosas, la menos parecida a la eternidad. Es la parte más completamente temporal del tiempo, porque el pasado está petrificado y ya no fluye, y el presente está totalmente iluminado por los rayos eternos. De ahí el impulso que hemos dado a esquemas mentales como la Evolución Creativa, el Humanismo Científico, o el comunismo, que fijan los efectos del hombre en el futuro, en el corazón mismo de la temporalidad. De ahí que casi todos los vicios tengan sus raíces en el futuro. La gratitud mira al pasado y el amor al presente; el miedo, la avaricia, la lujuria y la ambición miran hacia delante. No creas que la lujuria es una excepción. Cuando llega el placer presente, el pecado (que es lo único que nos interesa) ya ha pasado. El placer es sólo la parte del proceso que lamentamos y que excluiríamos si pudiésemos hacerlo sin perder el pecado; es la parte que aporta el Enemigo [Dios], y por tanto experimentada en el presente. El pecado, que es nuestra contribución, miraba hacia delante.
Desde luego, el Enemigo [Dios] quiere que los hombres piensen también en el futuro: pero sólo en la medida en que sea necesario para planear ahora los actos de justicia o caridad que serán probablemente su deber mañana. El deber de planear el trabajo del día siguiente es el deber de hoy; aunque su material está tomado prestado del futuro, el deber, como todos los deberes, está en el presente [aquí y ahora]. Esto es ahora como partir una paja. Él [Dios] no quiere que los hombres le den al futuro sus corazones, ni que pongan en él su tesoro. Nosotros, sí. Su ideal [el de Dios] es un hombre que, después de haber trabajado todo el día por el bien de la posteridad (si ésa es su vocación), lava su mente de todo el tema, encomienda el resultado al Cielo, y vuelve al instante a la paciencia o gratitud que exige el momento que está atravesando [aquí y ahora].
Pero nosotros queremos un hombre atormentado por el futuro: hechizado por visiones de un Cielo o un infierno inminente en la tierra —dispuesto a violar los mandamientos del Enemigo [Dios] en el presente si le hacemos creer que, haciéndolo, puede alcanzar el Cielo o evitar el Infierno—, que dependen para su fe del éxito o fracaso de planes cuyo fin no vivirá para ver.
Queremos toda una raza perpetuamente en busca del fin del arco iris, nunca honesta, ni gentil, ni dichosa ahora, sino siempre sirviéndose de todo don verdadero que se les ofrezca en el presente como de un mero combustible con el que encender el altar del futuro.
De lo que se deduce, pues, en general —si las demás condiciones permanecen constantes—, que es mejor que tu paciente [el cristiano al cual está asignado el diablo novato] esté lleno de inquietud o de esperanza (no importa mucho cuál de ellas) acerca de esta guerra que el que viva en el presente. Pero la frase "vivir en el presente" es ambigua: puede describir un proceder que, en realidad, está tan pendiente del futuro como la ansiedad misma; tu hombre [el cristiano al cual está asignado el diablo novato] puede no preocuparse por el futuro, no porque le importe el presente, sino porque se ha autoconvencido de que el futuro va a ser agradable, y mientras sea ésta la verdadera causa de su tranquilidad, tal tranquilidad nos será propicia, pues no hará otra cosa que amontonar más decepciones, y por tanto más impaciencia, cuando sus infundadas esperanzas se desvanezcan. Si, por el contrario, es consciente de que le pueden esperar cosas horribles, y reza [ora] para pedir las virtudes necesarias para enfrentarse con tales horrores, y entretanto se ocupa del presente porque en éste, y sólo en éste, residen todos los deberes, toda la gracia, toda la sabiduría y todo el placer, su estado es enormemente indeseable y debe ser atacado al instante.
También aquí ha hecho un buen trabajo nuestra Arma Filológica: prueba a utilizar con él la palabra "complacencia". De todas formas, lo más probable es, claro está, que no esté "viviendo en él presente" por ninguna de estas razones, sino simplemente porque está bien de salud y disfruta con su trabajo. El fenómeno sería entonces puramente natural. En cualquier caso, yo en tu lugar lo destruiría: ningún fenómeno natural está realmente de nuestra parte, y, de todas maneras, ¿por qué habría de ser feliz la criatura [el cristiano al cual está asignado el diablo novato]?
Tu cariñoso tío [?],
ESCRUTOPO [el demonio veterano]
(C. S. Lewis, Cartas del diablo a su sobrino, carta no. XV).
Como puedo ver, el único interesado en que yo viva añorando el pasado (o temeroso del futuro), es el mismísimo diablo, porque así puede evitar que yo disfrute de las Bendiciones de Dios, mi Padre, las cuales sólo se pueden disfrutar en el presente, aquí y ahora, el día de hoy.
Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto (Pro 4:18 RV1960).
Mi Vida Nueva, la que se me obsequió gracias a la muerte y resurrección de Jesucristo, mi Señor y Salvador, es un continuo presente lleno de La Bendición de mi Padre celestial y es, por sí misma, un conocimiento creciente de Su Persona, un aumento constante de Su Gloria sobre mi vida.
Oremos en voz audible:
Amado padre celestial, muchas gracias por amarme tanto que, estando yo muerto en delitos y pecados, me diste Vida juntamente con Cristo Jesús. Gracias Señor, porque la Vida que me has dado es una Vida plena y abundante para vivirla el día de hoy. Si por alguna razón yo he añorado mi vida pasada, me arrepiento y te pido perdón, pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en mi vida ha de manifestarse. Gracias por haberme adoptado como Hijo Tuyo, por medio de Jesucristo, según el puro afecto de Tu Voluntad. Ahora, por la Sangre del Nuevo Pacto, yo soy Quien Tú, Dios Todopoderoso, dices en Tu Palabra que soy: santo(a), justo(a), perfecto(a), eterno(a) y glorificado(a). Así que, a pesar de los ataques del enemigo, no hay forma en que pueda perder, pues ¿qué puedo añadir a todo esto? Si Tú, mi Dios y Padre, estás en mí y conmigo, ¿quién podrá contra mí? ¡Nadie! Pues mayor eres Tú, Señor, que estás en mí, que el que está en el mundo y, por eso, ya he vencido. Resisto y echo fuera de mi vida y corazón al espíritu de duda y de temor. Nada ni nadie me pueden hacer frente en todos los días de mi vida pues en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Ti, Jesús, mi Rey, Señor y Salvador que me amas. ¡No dudo de lo que dice la Palabra de Dios! ¡Yo soy quién dice la Biblia que soy! Un(a) legítimo(a) y amado(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Estoy bendecido(a) por Tu Palabra, Señor Jesús y voy a vivir a plenitud el día de hoy. Así que, nunca confesaré palabras de fracaso, ni de derrota, ni de enfermedad, ni de desánimo pues todo lo puedo en Cristo Jesús. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy feliz! ¡El día de hoy! En el nombre de Jesús. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2020


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Abril 29                                 Hch 13.1-25  /  Jos 18-19  /  Job 29













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martes, 28 de abril de 2020

¡Cómo orar de tal forma que obtengas la Victoria!











28  de ABRIL


¡Cómo orar de tal forma que obtengas la Victoria!



¡Atendiendo primero mis pecados ocultos!
Por Riqui Ricón*
Todo mundo, hasta los médicos incrédulos, reconoce que hay un poder muy especial en la oración. Sin embargo, también tenemos la experiencia que, al parecer, no todas las oraciones funcionan. ¿Cómo puedo saber si yo estoy orando correctamente? Veamos.
Mas a los jebuseos que habitaban en Jerusalén,  los hijos de Judá no pudieron arrojarlos;  y ha quedado el jebuseo en Jerusalén con los hijos de Judá hasta hoy (Jos 15.63).
El pueblo de Israel recibió la orden expresa, por parte de Dios, de destruir por completo a los moradores de la tierra prometida y, sin embargo, no pudieron (o no quisieron) hacer lo que se les ordenaba.
Pero no arrojaron al cananeo que habitaba en Gezer;  antes quedó el cananeo en medio de Efraín,  hasta hoy,  y fue tributario (Jos 16:10 RV60).
El no obedecer (creer), esta orden de Dios tuvo consecuencias tan graves que, al final, terminaron derrotados y dispersados.
Mas los hijos de Manasés no pudieron arrojar a los de aquellas ciudades;  y el cananeo persistió en habitar en aquella tierra (Jos 17:12 RV60).
Lo interesante es que Dios no solamente les ordenó destruirlos en su totalidad sino que, además, les advirtió lo que sucedería si no lo hacían.
Guardad,  pues,  con diligencia vuestras almas,  para que améis a Jehová vuestro Dios. Porque si os apartareis,  y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros,  y si concertareis con ellas matrimonios,  mezclándoos con ellas,  y ellas con vosotros, sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros,  sino que os serán por lazo,  por tropiezo,  por azote para vuestros costados y por espinas para vuestros ojos,  hasta que perezcáis de esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado (Jos 23:11-13 RV60).
Todo esto es un tipo o imagen de lo que ahora acontece en la vida de un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, pues yo también tengo la orden de desechar de mi Nueva Vida todo aquello que pertenezca a la vieja naturaleza.
En cuanto a la pasada manera de vivir,  despojaos del viejo hombre,  que está viciado conforme a los deseos engañosos (Efe 4:22 RV60).
El problema de estar mezclado(a) con el mundo es que de alguna forma Satanás me engaña para que le siga dando autoridad en mi vida y así pueda anularme en mi propósito.
Así que,  hermanos,  deudores somos,  no a la carne,  para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne,  moriréis;  mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne,  viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios,  éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor,  sino que habéis recibido el espíritu de adopción,  por el cual clamamos: ¡Abba,  Padre! (Rom 8:12-15 RV60).
 Así como el pueblo de Israel perdió el rumbo y su identidad de pueblo escogido por tolerar las formas y maneras de sus enemigos, viviendo entre ellos; de la misma forma, el tolerar el pecado en mi vida sin combatirlo activamente, permitiéndome a mí mismo hacer ciertas cosas o tener ciertas actitudes que sé que son contrarias a la Palabra de Dios, me roba mi identidad, me anula en mi propósito y entonces, mis oraciones pierden eficacia.
No os engañéis;  Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare,  eso también segará. Porque el que siembra para su carne,  de la carne segará corrupción;  mas el que siembra para el Espíritu,  del Espíritu segará vida eterna (Gál 6:7-8 RV60).
Así que, puedo ver que si no arreglo el asunto de mis pecados ocultos (los que sólo Dios y yo conocemos), le estoy dando lugar a la vieja naturaleza en vez de manifestarme como el(la) legítimo(a) y auténtico(a) Hijo(a) de Dios que ahora, gracias a Cristo Jesús, yo soy.
Pero, mientras Pedro estaba en la cárcel, la iglesia oraba fervientemente por él… Finalmente Pedro volvió en sí. «¡De veras es cierto! —dijo —. ¡El Señor envió a su ángel y me salvó de Herodes y de lo que los líderes judíos* tenían pensado hacerme!». Cuando se dio cuenta de esto, fue a la casa de María, la madre de Juan Marcos, donde muchos se habían reunido para orar. Tocó a la puerta de entrada, y una sirvienta llamada Rode fue a abrir. Cuando ella reconoció la voz de Pedro, se alegró tanto que, en lugar de abrir la puerta, corrió hacia adentro y les dijo a todos: —¡Pedro está a la puerta! —¡Estás loca! —le dijeron. Como ella insistía, llegaron a la conclusión: «Debe ser su ángel» (Hch 12:5, 11-15 NTV).
¿Qué pasa? ¿Qué sucede? ¿Por qué si estaban orando, entonces no creyeron la respuesta de Dios? Porque estaban orando en angustia y por necesidad, y no con la certeza absoluta de que Dios estaba en control y al cuidado de Su Iglesia.
»Pero ¿sabe la gente dónde encontrar sabiduría? ¿Dónde puede hallar entendimiento? Nadie sabe dónde encontrar sabiduría porque no se halla entre los vivos. “Aquí no está”, dice el océano; “Aquí tampoco”, dice el mar. No se puede comprar con oro; no se puede adquirir con plata. Vale más que todo el oro de Ofir, mucho más que el precioso ónice o el lapislázuli. La sabiduría es más valiosa que el oro y el cristal; no se puede comprar con joyas engastadas en oro fino. El coral y el jaspe no sirven para adquirirla. La sabiduría vale mucho más que los rubíes. No se puede canjear por el precioso peridoto de Etiopía.* Es más valiosa que el oro más puro. »Pero ¿sabe la gente dónde encontrar sabiduría? ¿Dónde puede hallar entendimiento? (Job 28:12-20 NTV).
La sabiduría que necesito para resolver esto y llegar a ser muy efectivo en la oración, solamente la puedo encontrar en La Biblia, pues esta es La Palabra de Dios. La certeza absoluta y la convicción que necesito para salir más que vencedor de todo problema, aflicción o enfermedad, sólo las puedo adquirir mediante la lectura y meditación de La Biblia, que es, sin lugar a dudas, La Palabra de Dios.
Y esta es la confianza que tenemos en él,  que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad,  él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos,  sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho (1Jn 5:14-15 RV60).
La manera más efectiva de orar es hacerlo conforme a la voluntad de Dios y para lograr esto, sólo es posible poniendo la Palabra de Dios en mi mente, boca y corazón. No existe forma más exitosa para orar que hacerlo con las Palabras que salieron de la Boca de Dios, esto es, La Biblia.
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley,  sino que de día y de noche meditarás en él,  para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito;  porque entonces harás prosperar tu camino,  y todo te saldrá bien (Jos 1:8 RV60).
Ahora bien, tengo que poner mucha atención a esto, no se trata  de rezar o leer en voz alta algunos versículos de la Biblia para luego volver a adoptar una posición de víctima ante el problema, aflicción o circunstancia que esté enfrentando, pues la oración afligida o temerosa no da ningún fruto ya que no tiene el ingrediente principal de la oración efectiva: La FE.
Pero pida con fe,  no dudando nada;  porque el que duda es semejante a la onda del mar,  que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense,  pues,  quien tal haga,  que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos (Stg 1:6-8 RV60).
Dado que tener la certeza de lo que espero y estar convencido de lo que aún no veo significa, creerle a Dios creyendo Su Palabra, entonces, aquí tengo que, de nuevo, el secreto de la oración efectiva se encuentra en el mantener una comunión constante con Dios, mi Padre, por medio de Su Palabra.
¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra (Sal 119:9 RV60).
Además, por si fuera poco, la principal virtud de hacer de La Palabra de Dios la norma máxima de mi vida, es que me ayuda a vencer esas zorras pequeñas que echan a perder mi viña y que por tanto tiempo he tolerado, permitiéndoles afectar mi vida de oración: mis pecados ocultos.
En cuanto a la pasada manera de vivir,  despojaos del viejo hombre,  que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre,  creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efe 4:22-24 RV60)
Sólo La Palabra de Dios tiene el poder, la virtud, de renovar el espíritu de mi mente PARA QUE ASÍ, con la mente renovada, pueda yo vestirme del hombre(mujer) nuevo(a) que ahora soy: creado(a) de nuevo en justicia y santidad de la Verdad.
Oremos en voz audible:
Amado padre celestial, antes que nada, quiero comenzar confesando que tengo pecados ocultos y que efectivamente he pecado de pensamiento, palabra, obra y omisión. Tú y yo sabemos de qué trata el asunto. A Ti no te voy a engañar, ni quiero hacerlo, por eso, conforme a Tu Palabra, hoy confieso delante de Ti mis pecados, pues Fiel y Justo eres Tú, mi Dios y Padre, para perdonarme y limpiarme de toda iniquidad. Así que, recibo mi perdón y me levanto como Tu Hijo(a) Amado(a) para cumplir mi propósito en este mundo y pelear la buena batalla de la FE contra Satanás y sus mentiras. En esta hora yo declaro que yo, Riqui Ricón _________ (tu nombre aquí) soy Tuyo y Contigo, mi Señor Jesús, he vencido al pecado, el(la) viejo(a) hombre(mujer) no existe más, pues quedó clavado(a) en la cruz, y mayor eres Tú, Señor, que estás en mí, que el que está en el mundo y, por eso, ya he vencido. Resisto y echo fuera de mi vida y corazón al espíritu de duda y de temor. Me determino, con Tu ayuda, Espíritu Santo, a hacer de Tu Palabra, La Biblia, la norma máxima de mi existencia, pues así, nada ni nadie me pueden hacer frente en todos los días de mi vida pues en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Ti, Jesús, mi Rey, Señor y Salvador que me amas. ¡No dudo de lo que dice la Palabra de Dios! ¡Yo soy quién dice la Biblia que soy! Un(a) legítimo(a) y amado(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Estoy  bendecido(a) por Tu Palabra, Señor Jesús. Así que, nunca confesaré palabras de fracaso, ni de derrota, ni de enfermedad, ni de desánimo pues todo lo puedo en Cristo Jesús. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy feliz! En el nombre de Jesús. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2020



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Abril 28                                 Hch 12.  /  Jos 15-17  /  Job 28












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lunes, 27 de abril de 2020

¡Cómo encontrar tu milagro!










27  de ABRIL




¡Cómo encontrar tu milagro!



¡Hay un milagro en tu boca!
Por Riqui Ricón*
Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho (Jos 14. 10-12).
¡85 años tenía Caleb cuando se dispuso a conquistar la ciudad de Hebrón, que Dios le había dicho sería suya, por no haber dudado sino permanecido en su Palabra!
¡Y aún tenía la misma fuerza y entusiasmo que cuando tenía 40 años de edad!
Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión (Núm 14. 24).
Para materializar las Promesas de Dios en tu Vida es necesario que tengas otro espíritu; o mejor dicho, que seas otro espíritu. Nunca podrás lograrlo siendo la misma persona que antes eras. Esto sólo es posible mediante el sacrificio de Cristo Jesús. Con Su muerte pagó todo lo que debías y con el poder de Su resurrección te dio una Vida totalmente Nueva.
Pues hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo. Y, tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva (Ro 6.4 NTV).
En los últimos años hemos visto grandes y hermosos milagros ser hechos en los Hijos de Dios. Asombrosas sanidades físicas y del corazón; restauraciones familiares y liberaciones económicas han fluido de la Palabra de Dios, en el nombre de Jesús.
Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán. Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes,  hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos (N’um 13. 27-33).
Aunque los espías enviados por Moisés reconocieron que era la Verdad aquello que Dios había dicho acerca de la tierra prometida, ellos dieron más crédito a lo que vieron sus ojos y a lo que dictaron sus emociones que a la Palabra de Dios.
Dejaron que la duda hiciera un nido en sus corazones para incubar miedo y rebelión y comenzaron hablar mal de Dios y de la tierra.
El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca (Luc 6. 45).
¡Qué diferentes las palabras y declaraciones de Caleb! ¡Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos! Él también notó las altas murallas de las ciudades y miró a los gigantes, sin embargo, Caleb no tiene la más mínima duda, ni temor.
Él vio lo mismo que sus compañeros y percibió la fortaleza de esos pueblos y lo inexpugnable de sus ciudades, pero él, Caleb, sabe, tiene la certeza que la Palabra de Dios es la Verdad; que si Él lo dijo, entonces, Él lo va a cumplir; que si Él lo habló, entonces, Él lo va a ejecutar.
Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca (1 R 17. 24).
Hoy, ante cualquier situación que estés enfrentando, te aconsejo que sujetes tus emociones y pensamientos a la Palabra de Dios. No permitas que palabras de fracaso, desánimo y derrota fluyan de tu corazón a través de tu boca. Busca en la Palabra de Dios las promesas tocantes a tu necesidad y comienza a declararlas en voz audible y con fe, esto es, con toda certeza de que es Palabra de Dios, es Palabra de Honor.
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús (Fil 4.6-7).
No te angusties por nada y recibe la paz que sobrepasa todo entendimiento al saber que Dios te ha dado Su Palabra de Honor. Tú no estás solo(a), ni lo estarás jamás.
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8. 31-32).
¡Dios está contigo! ¡Él lo prometió!
Pon la Palabra de Dios en tu boca y declara con fe:
Y daré por respuesta a mi avergonzador, Que en tu palabra he confiado (Sal 119. 42).
¡Hay un milagro en tu boca!
Oremos en voz audible:
Amado padre celestial, en esta hora yo declaro que mayor eres Tú, Señor, que estás en mí, que el que está en el mundo y, por eso, ya he vencido. Resisto y echo fuera de mi vida y corazón al espíritu de duda y de temor. Nada ni nadie me pueden hacer frente en todos los días de mi vida pues en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Ti, Jesús, mi Rey, Señor y Salvador que me amas. ¡No dudo de lo que dice la Palabra de Dios! ¡Yo soy quién dice la Biblia que soy! Un(a) legítimo(a) y amado(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Estoy  bendecido(a) por Tu Palabra, Señor Jesús. Así que, nunca confesaré palabras de fracaso, ni de derrota, ni de enfermedad, ni de desánimo pues todo lo puedo en Cristo Jesús. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Abril 27                                 Hch 11. 19-30 /  Jos 13-14 /  Job 27












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domingo, 26 de abril de 2020

¡Fortalecido(a) con todo Poder!









26  de ABRIL




¡Fortalecido(a) con todo Poder!


Por Riqui Ricón*
Estos salieron, y con ellos todos sus ejércitos, mucha gente, como la arena que está a la orilla del mar en multitud, con muchísimos caballos y carros de guerra...  Mas Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos, porque mañana a esta hora yo entregaré a todos ellos muertos delante de Israel; desjarretarás sus caballos, y sus carros quemarás a fuego...  De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés (Jos 11. 4, 6, 15).
Es evidente que lo que dice la Biblia es Palabra de Dios, y es la Verdad. Efectivamente, Josué venció a más de treinta ejércitos diferentes que representan una cantidad como la arena que está a la orilla del mar en multitud, con muchísimos caballos y carros de guerra. Lo asombroso es que lo pudo hacer sólo por confiar en Dios y creerle a Su Palabra.
Hoy en día, Jesucristo te dice que en el mundo tendrás aflicciones pero que confíes en Él, que confíes en Su Palabra pues Él ha vencido al mundo y por lo tanto tú has vencido con Él.
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo  (Jn 16.33).
Sin importar cuál sea el problema o la situación adversa que hoy estés enfrentando, les puedo garantizar a todas y todos las Hijas e Hijos de Dios Nacidos de Nuevo, que Él no va a faltar a Su Palabra. Todo, absolutamente todo, lo que Dios te ha dicho lo va hacer; todo lo que Él te ha hablado lo va a ejecutar.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Luc 21.33).
Él prometió que primero el sol y la tierra dejarían de existir antes que Él te deje de cumplir Su Palabra. Es la Palabra de Dios, es Palabra de Honor. Así que hoy puedes comenzar este devocional conmigo, diciéndole: Señor Jesús, yo daré por respuesta a mi avergonzador que en Tu Palabra he confiado pues jamás seré avergonzado(a) de haber creído a Tu Palabra.
Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente (Mar 5. 35-36).
Nota que cuando Josué enfrentó a muchísimos enemigos, Dios le dijo, no tengas temor de ellos y cuando Jairo enfrentó la más terrible realidad al enterarse de la muerte de su hija, Jesús le dijo, no temas, cree solamente.
El temor es todo lo contrario a la fe. Ambas son fuerzas espirituales que combaten entre sí. El temor es duda y la fe es certeza; el temor es angustia y la fe es paz; el temor es tristeza ante la vida y la fe es alegría por la vida. El temor enferma y mata mientras que la fe te sana y te da vida.
Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza (Efe 6. 10).
¿Cómo puede alguien fortalecerse en el poder de la fuerza de Dios?
¿Cuál es ese poder o esa fuerza con la que puedes estar fortalecido ante cualquier circunstancia? ¿Será Su gran musculatura y fuerza? ¿Serán los millones de ángeles a Su servicio? ¡No, amado(a)! ¡Piénsalo bien! El poder de la fuerza de Dios es Su Palabra. Él no necesita hacer otra cosa más que hablar. Dado que Él es Dios, Su Palabra tiene dentro de sí misma el poder para hacerse cumplir.
Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido (Ro 4. 19-21).
Cuando escuchas otras voces o a tus sentidos y emociones para llenarte de duda y angustia, entonces te debilitas en la fe y aceptas el espíritu de temor. Sin embargo, Dios dice que tú no has recibido el espíritu de temor para que vivas esclavo(a) del miedo, la duda y la angustia, sino que, por el sacrificio de Jesús, por Su muerte y resurrección, ahora tu eres un(a) Hijo(a) legítimo de Dios: Un Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre! (Ro 8.15).
Así que, en la Palabra de Dios, la Biblia, que no miente, tú eres fortalecido(a) de tal manera que consigues la victoria sobre toda circunstancia pues la FE ES por oír, recitar y meditar y la Palabra de Dios.
Así pues, la fe nace al oír el mensaje, y el mensaje viene de la palabra de Cristo (Ro 10.17 DHH).
Al leer, meditar y recitar La Palabra de Dios, te llenas de FE y quedas plenamente convencido(a) que Dios, Tu Padre, es poderoso y fiel para cumplir todo lo que te ha prometido.
Un(a) Hijo(a) de Dios como tú, sólo con la FE, alcanzará la victoria sobre el mundo y sus circunstancias.
Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Jn 5.4).
Así que, cuando estudias y meditas la Palabra de Dios, ésta produce FE en tu vida; produce esa FE que destruye el miedo y la angustia habilitándote para que recibas la promesa de la salvación, que es la Vida Eterna.
él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa (Hch 11. 14).
Por lo tanto, no albergues temor alguno. Haz de la Biblia la norma máxima de tu existencia. Sábete y cree que eres un(a) Hijo(a) Amado(a) de Dios. Y prepárate para vencer sobre toda circunstancia, problema o enfermedad.
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).
Oremos en voz audible:
Amado padre celestial, hoy puedo declarar, con toda seguridad y autoridad, que nada, ni nadie en este mundo me puede vencer. Por Tu Amor, por el sacrificio de Jesús, por Su muerte y resurrección, yo soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y no de una simiente corruptible sino de la incorruptible semilla que es Tu Palabra, Señor. Me declaro sano(a), libre y capaz de salir adelante en todo problema o situación que estoy enfrentando. Tú me creaste de nuevo para reinar sobre esta tierra y no para sufrir, así que, aunque ande en valle de sombra y de muerte no voy a temer mal alguno porque Tú, Jesucristo, estás conmigo. Todo esto lo oro y declaro conforme a Tu Palabra que es la Verdad. Me someto a Ti, Dios, y resisto al diablo; así que, éste tiene que huir de mí con todas sus enfermedades, mentiras, miedos, enojos, rencores, pobreza, escasez, depresión, desánimo y dudas. Nada de esto tiene algo en mí. Yo soy Tu Hijo(a) Amado(a) y soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ama, Cristo Jesús, mi Dios, Rey y Señor. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012


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Abril 26                                 Hch 11. 1-18 /  Jos 11-12 /  Job 26















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