miércoles, 17 de octubre de 2018

19 de octubre A la diestra de Dios

18 de octubre Llevando fruto para honra y gloria

17 de octubre Tu estas con Dios y en el harás proezas

¡Cómo resolver el asunto del pecado!


17 de Octubre

¡El Cordero de Dios!

Por Riqui Ricón*

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.  Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra (Isa 1. 18-19).

En la meditación de este día puedo escuchar al Señor que te dice: Ven, pongamos las cosas en claro, resolvamos de una vez por todas, este asunto. ¿Son tus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son tan rojos como el carmesí? ¡Quedarán limpios como la lana! ¿Estás tú dispuesto(a) a obedecer? ¡Comerás lo mejor de la tierra!

Esto es asombroso y muy confortante, pero ¿cómo se consigue?

Pon mucha atención, pues cuando Juan el bautista vio, por primera vez, a Jesús hizo una de las declaraciones más asombrosas que se hayan escuchado jamás:

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Jn 1. 29).

Esto significa que SÍ existe una forma, que efectivamente hay una manera de quitar el pecado; no solamente limpiarlo o perdonarlo sino quitarlo, esto es, erradicarlo. Y la Biblia, que es la Palabra de Honor de Dios, es muy clara al enseñarte que esto sólo es posible por medio de Jesucristo, ¡el Cordero de Dios!

porque, como sabéis, la paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es la vida eterna que nos ofrece en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 6.23 CST).

Aunque tú fuiste un(a) pecador y estabas destinado(a) a la muerte, Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo, Jesucristo, para pagar TODOS tus pecados, antes que perderte a ti.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.17-17).

De acuerdo a la Palabra de Dios, al creer que Jesús es el Hijo de Dios que murió por Amor a ti pagando el justo castigo de tus pecados y al recibirle como Señor y Salvador de tu vida, tú Naciste de Nuevo, pero no más como un ser humano común y corriente sino que ahora eres, legal y legítimamente, un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Lo cual te da derecho al regalo y herencia de tu Padre celestial: ¡La Vida Eterna!

Ahora pues, a quienes pertenecemos a Cristo Jesús no nos espera ya ninguna condenación, porque la ley del poderoso Espíritu de vida que recibimos por medio de la fe en Cristo Jesús, nos libera de la ley del pecado y de la muerte (Ro 8.1-2 CST).

Así que, Jesucristo, el cordero de Dios, resolvió de una vez y para siempre el problema del pecado. Tú tienes Vida Eterna y esto significa que eres libre de la ley del pecado y de la muerte. ¡El pecado ya no puede enseñorearse más de ti! ¡Está vencido y debajo de tus pies!

Sabiendo esto, puedes comprender por qué la Biblia afirma que la paga del pecado es muerte pero el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús. No solamente vida, sino VIDA ETERNA.

Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles (Apo 17.14).

Así es, mi amigo(a), Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y, al final de los tiempos, Satanás y sus demonio pelearán contra Él y Él saldrá vencedor porque es Rey de reyes y Señor de señores. Y tú, que estás con Él y en Él, eres llamado(a) y elegido(a) y fiel.

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Jn 14.6).

Como puedes ver, tú has aceptado y reconocido a Jesús como el Señor y Salvador de tu vida, por lo tanto, efectivamente, eres llamado(a) y elegido(a) y fiel.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos ha dado toda clase de bendiciones espirituales en los cielos a través de Cristo. También en Cristo, él nos escogió por amor antes de la creación del mundo para que fuéramos su pueblo santo, es decir, libres de pecado ante él. Antes de la creación del mundo, Dios decidió adoptarnos como hijos suyos a través de Jesucristo. Eso era lo que él tenía planeado y le dio gusto hacerlo. Dios nos eligió para que así se le honre por su grandioso amor, que nos dio gratuitamente por medio de su Hijo amado. La sangre que Cristo derramó en su muerte pagó el rescate para librarnos del pecado. Es decir, que Dios es tan generoso que perdona nuestras faltas (Efe 1.3-7 PDT).

¡Eres un(a) Hijo(a) amado(a) por Dios según el puro afecto de Su voluntad para contigo!

Ahora te toca CREER y recibir ese gran amor con que te ha amado pues tú, estando muerto(a) en pecados y en la incircuncisión de tu carne, te dio vida juntamente con Cristo Jesús,  perdonándote todos tus pecados, anulando el acta de los decretos que había en contra tuya, que te era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,  y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Ro 8.1-2).

¡El asunto del pecado fue totalmente resuelto por Jesús con una contundente victoria sobre la muerte! ¡Él murió y resucitó! Esta es la Vida Nueva, Esta es la Vida Eterna que ahora se te ha dado al recibirle como Señor y Salvador de tu vida. Este es el Evangelio: ¡Buenas Noticias! ¡Has Nacido de Nuevo!

Oremos en voz audible:

Gracias Señor Jesús, Tú eres el Cordero de Dios y has quitado, borrado, todos mis pecados, cargando con ellos en la cruz para triunfar ahí. Me has librado de la ley del pecado y de la muerte y ahora yo vivo bajo la ley del espíritu de Vida en Ti, mi Señor. Porque Tú vives, yo vivo. Porque Tú has vencido, yo soy más que vencedor. Ahora puedo creer y recibir este gran Amor con que me has amado haciéndome digno de recibir la Vida Eterna y abundante que, dices en Tu Palabra, yo merezco. Lo creo y lo recibo en Tu nombre Jesús.

Amado Padre celestial, ¿Qué, pues, puedo decir a todo esto? Si Tú estás conmigo, ¿quién contra mí? Si no escatimaste ni a Tu propio Hijo, sino que lo entregaste por Amor a mí, ¿cómo no me darás también con Él todas las cosas? ¿Quién me acusará? Soy escogido(a) de Dios y eres Tú, Padre, quien ya me has justificado. ¿Quién es el que me condenará? Cristo es el que murió y pagó por mí; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por mí a cada instante. ¿Quién me separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas yo, __________ (tu nombre aquí) soy más que vencedor(a) por medio de aquel que me ama. Por lo cual estoy seguro(a) de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me puede separar de Tu Amor, oh Dios, que es en Cristo Jesús mi Señor.  Por lo tanto, acepto y recibo mi victoria sobre el pecado y sus consecuencias como la enfermedad, pobreza, depresión, temor y angustia. ¡Soy libre de todos ellos! ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Octubre 17                           Apo 17 /  Isa 1-2 / Sal 108




martes, 16 de octubre de 2018

¡Cómo presentarte ante el justo juicio de Dios!


16 de Octubre

¡El Juez Justo!

Por Riqui Ricón*

También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos… El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está. (Apo 16. 7, 17).

La Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, te enseña claramente que uno de los principales atributos de Dios es, ¡La Justicia!

Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; Cetro de justicia es el cetro de tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la maldad; Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros (Sal 45. 6-7).

Sobre todas las cosas, nuestro Dios es justo y dará a cada quien lo que es suyo. Por esto, no es de extrañar que, al final de los tiempos, en el Apocalipsis, el tercer ángel declare al Señor Dios Todopoderoso como justo mientras que el séptimo ángel derrama su copa diciendo: Hecho está. No olvides que el mayor acto de Justicia, por parte de Dios, la redención y justificación de TODOS los hombres, se realizó mientras Jesús entregaba Su propia vida al exclamar: ¡Consumado ES!

Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe [por creerle a Dios, creyendo Su Palabra] y para fe [para creerle a Dios, creyendo Su Palabra], como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá [por creerle a Dios, creyendo Su Palabra]… Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo [por medio de creerle a Dios, creyendo Su Palabra acerca de Jesucristo],  para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre [por medio de creerle a Dios, creyendo Su Palabra], para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús [al que le cree a Dios, creyendo Su Palabra] (Ro 1. 17; 3. 21-26).

¡El Evangelio de Jesucristo son Buenas Noticias! El Hijo Único de Dios se hizo hombre y (precisamente por esto),  viviendo una vida justa, pagó el precio de TODAS tus injusticias y pecados para que tú fueses declarado(a) justo(a) por el Rey y Juez de toda la tierra.

Se consciente que cuando el diablo y todos sus secuaces comienzan a chillar que no es justo que tú puedas vivir una Vida Plena y abundante, entonces, Jesucristo tu Señor, Salvador y Redentor, siempre se adelanta y declara: ¡Claro que es justo! ¡Yo pagué el precio! ¡Yo cargué su culpa! ¡Yo pagué todos y cada uno de sus pecados!

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10.10).

Amado(a), puedes estar seguro(a) que el justo juicio de Dios por TODOS tus pecados cayó sobre Jesús para que ahora tú puedas gozar de esa vida plena y abundante que Él siempre planeó para ti.

Vuelve el desierto en estanques de aguas, Y la tierra seca en manantiales. Allí establece a los hambrientos, Y fundan ciudad en donde vivir. Siembran campos, y plantan viñas, Y rinden abundante fruto. Los bendice, y se multiplican en gran manera; Y no disminuye su ganado (Sal 107.35-38).

Así que, tú eres justo(a) y Dios te bendice guardándote y protegiéndote NO por algo que tú hayas hecho o dejes de hacer sino por lo que Jesús hizo por Amor a ti al morir en esa cruz pagando TODOS tus pecados y al Vencer a la muerte resucitando de entre los muertos.

¡Es Dios quien lo hizo!

Antes de la creación del mundo, Dios decidió adoptarnos como hijos suyos a través de Jesucristo. Eso era lo que él tenía planeado y le dio gusto hacerlo (Efe 1.5 PDT).

¿Por qué es esto así? Porque Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Lo más grande y asombroso de este gran Amor con que Dios te ama es que SE MANIFIESTA EN JUSTICIA; pues no sólo te perdonó todos tus pecados nada más por amarte, sino que en cumplimiento de toda justicia primero pagó con Su propia Vida el justo castigo por cada uno de ellos.

¡Jesucristo ya pagó! Así que, tú no tienes por qué volver a pagar.

Ahora, con toda justicia, tú has sido revestido(a) con el Amor de Dios, quién te destinó de antemano para adoptarte como Hijo(a) por medio de Jesucristo, y así lo hizo de acuerdo con su voluntad y buen parecer. Dios te ha aceptado como Su amado(a) Hijo(a) porque en Cristo Jesús tú tienes redención por Su muerte, es decir, el perdón de los pecados conforme a las riquezas de su gracia, derramada en abundancia sobre ti con perfecta sabiduría e inteligencia.

Dios, con Su Palabra, te ha revelado el secreto de su voluntad, según el plan que previamente se había trazado para tu beneficio. De acuerdo con ese plan, en el momento oportuno te recogerá dondequiera que te encuentres, sea en el cielo o en la tierra, para que estés con él, unido(a) a Cristo Jesús para siempre.

Por todo esto, tú tienes parte en la herencia de Jesús, porque Dios, en su propósito soberano, te predestinó desde el principio para ser suyo(a), para que tú seas la alabanza de su gloria.

También en Cristo Jesús, tú, que escuchaste la Palabra de Verdad, la buena nueva de la salvación, y que has creído en Él, ya fuiste sellado(a) con el Espíritu Santo prometido. Este sello es la garantía de la herencia que has de recibir de acuerdo a la justicia de Dios (Efe 1.3-14).

En el mes duodécimo,  que es el mes de Adar,  a los trece días del mismo mes,  cuando debía ser ejecutado el mandamiento del rey y su decreto,  el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban enseñorearse de ellos,  sucedió lo contrario;  porque los judíos se enseñorearon de los que los aborrecían (Est 9.1).

Es por todo esto que ahora tú tienes derechos divinos (ganados con toda justicia), sobre todo problema, angustia o aflicción. Sobre cualquier tribulación que como un enemigo te quiera destruir.

Les dijo que debían celebrar esos días con alegría y festejos, obsequiándose porciones de comida unos a otros y haciendo regalos a los pobres. Ese festival conmemoraría el tiempo en que los judíos quedaron aliviados de sus enemigos, cuando su dolor se convirtió en alegría y su duelo en gozo (Est 9.22 NTV).

Así que, no temas, cree solamente. Sin importar las circunstancias que estés enfrentando el día de hoy y no por tus méritos sino por la Palabra de Dios, ¡Tú eres la Justicia de Dios!

Y qué pues diremos a todo esto, si Dios está contigo, ¿quién contra ti?

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, en verdad estoy muy agradecido(a) por este Amor tan grande con que me has amado pues estando yo muerto(a) en delitos y pecados me diste Vida juntamente con Cristo Jesús. Cada día conozco más y entiendo mejor que, al que no conoció pecado, tu Hijo Jesús, por mí lo hiciste pecado, para que yo fuese hecho justicia Tuya en Cristo Jesús y de esta forma cambiaste mi vida radicalmente, me hiciste Nacer de Nuevo pero ahora como un(a) Hija(o) Tuya(o). Soy justa(o) y puedo vivir una vida plena y abundantes pues la Ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. ¡Gracias Jesús! Gracias, precioso Dios, sólo Tú eres el Juez Justo. Por esta justicia, me determino a vivir la Vida plena y abundante que Tú, Jesucristo, pagaste para mí al precio de Tu propia Vida. Creo y declaro, con toda justicia, qu e en todo problema, angustia o enfermedad voy a salir más que vencedor(a), pues TODO lo puedo en Cristo. Mayor eres Tú, Espíritu Santo, que estás en mí como la garantía de mi herencia, que cualquiera que está en el mundo. Resisto toda enfermedad, pobreza, tristeza y depresión. Recibo mi salud, prosperidad, gozo, paz y Vida Eterna como mi derecho legítimo, obtenido con toda justicia. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Octubre 16                                         Apo 16 /  Est 9-10 / Sal 107.23-43




lunes, 15 de octubre de 2018

¿Te sientes atrapado(a)?




15 de Octubre

¡Él rompió tus prisiones!

Por Riqui Ricón*

Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia. Díganlo los redimidos de Jehová, Los que ha redimido del poder del enemigo… Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, Y rompió sus prisiones… Envió su palabra, y los sanó, Y los libró de su ruina (Sal 107.1-2, 14, 20).

Ser un creyente significa más que sólo creer en Dios, significa creerle a Él, creer que lo que Él dice lo va a cumplir, que primero el cielo y la tierra dejarán de existir antes de que Su Palabra deje de cumplirse.

Escribid, pues, vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado (Est 8,8).

Si esto es cierto para las leyes que dictan los seres humanos (pues las leyes se tienen que cumplir), cuánto más lo será para las Palabras que han salido de la boca de Dios.

Te animo a que hoy te detengas un poquito a meditar conmigo: ¿Qué quiero decir cuando declaro que la Biblia es la Palabra de Dios? ¿En verdad creo que la Biblia son las Palabras que han salido de la boca de Dios?

El profeta Isaías declaró,

¿Quién ha creído a nuestra palabra y sobre quién se ha manifestado el poder del Señor? Éste [el que cree] subirá cual renuevo delante de Dios (Isa 53.1).

De acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Dios, y no miente, ¡todos los que creemos que la Biblia efectivamente es la Palabra de Dios somos renovados, hechos de Nuevo, dotados de una Nueva Naturaleza, y subiremos delante de Él!

Así que, si Dios dice que envió Su Palabra para sanarte y librarte de la ruina, entonces, ¿qué vas hacer? ¿Vas a creer al conocimiento natural que por medio de tus sentidos te dice que estás enfermo(a) y que probablemente no llegarás a viejo(a)? ¿Vas a creer lo terrible de tu situación que te habla dejándote sin esperanzas para tu familia, vida o matrimonio? ¿Vas a creerle a la tristeza y a la depresión que te acusan constantemente de tus fracasos y pecados para convencerte que no vale la pena vivir?

Yo que tú, le creería a Dios, pues Él no puede mentir y toda Palabra que sale de la boca de Dios es Verdad.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Lc 21.33).

Así que determínate a ser sano y a ser libre.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo, Jesucristo, para pagar todos tus pecados, antes que perderte a ti.

Miren lo grande que es el amor que el Padre nos ha mostrado, ¡hasta llega a hacer posible que seamos llamados hijos de Dios! Y eso es lo que de verdad somos. Por eso la gente del mundo no nos conoce, pues el mundo no conoce a Dios (1 Jn 3.1 PDT).

Jesús no sólo pagó con Su Vida todos tus pecados para justificarte y que fueras perdonado(a), sino que resucitó venciendo a la muerte para darte la Vida Eterna que solamente pueden tener los Hijos de Dios Nacidos de Nuevo.

¡Ahora Dios te llama Su propio(a) Hijo(a)!

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10.10).

La vida que Jesús y Dios, tú Padre, han preparado para ti no es cualquier tipo de vida. No es un “borrón y cuenta nueva”. Es una Vida Nueva, totalmente diferente a lo que te puedas imaginar. ¡Es la Vida Eterna! La única Vida, realmente, Plena y abundante.

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma (3 Jn 2).

¡Esta es la Voluntad de Tu Padre celestial sobre tu Vida!

Todos estos son los decretos del Rey que NO PUEDEN ser revocados.

En cada provincia y ciudad, en cada lugar donde llegaba el decreto del rey, los judíos se alegraban mucho, festejaban a lo grande, y declararon día feriado y de celebración. También muchas personas del territorio se hicieron judíos por temor a lo que pudieran hacerles los judíos (Est 8.17 NTV).

¡El decreto del Rey ES la Palabra del Rey!

Luego Nehemías añadió: «Ya pueden irse. Coman bien, tomen bebidas dulces y compartan su comida con quienes no tengan nada, porque este día ha sido consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, pues el gozo del Señor es nuestra fortaleza.»  (Neh 8.10 NVI).

Los decretos que el Rey ha emitido a tu favor son la razón del gozo, la alegría y la celebración. ¡La Palabra de Dios es tu fortaleza!

Mediante su divino poder, Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para llevar una vida de rectitud. Todo esto lo recibimos al llegar a conocer a aquel que nos llamó por medio de su maravillosa gloria y excelencia. Y, debido a su gloria y excelencia, nos ha dado grandes y preciosas promesas. Estas promesas hacen posible que ustedes participen de la naturaleza divina y escapen de la corrupción del mundo, causada por los deseos humanos (2 P 1.3-4 NTV).

Cómo no sería el gozo del Señor tu fortaleza si las Promesas de la Biblia te hacen participar de la Naturaleza de Dios, pues tú ERES genuina y legítimamente un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Además, al CREER las Promesas de Dios, te permiten escapar de la corrupción del mundo, causada por los deseos humanos.

Este es uno de los decretos del Rey que más gozo y alegría te deben producir, pues te asegura y garantiza la Victoria por medio de tu Identidad como Hijo(a) de Dios por medio de TODO lo que el Señor Jesús hizo por ti.

Todo esto es La Verdad. Está escrito en la Biblia que es la Palabra de Dios y lo recibes por medio de la FE, que es creerle a Dios, creyendo Su Palabra.

En una ocasión, un padre de familia, que había acudido a Jesús por la sanidad de su hijo, le dijo: “si puedes hacer algo ten misericordia de nosotros y ayúdanos” a lo que Jesús le respondió, “si puedes creer, al que cree TODO le es posible” (Mar 9.22-23).

En este día, determínate a dejar a un lado, de una vez y para siempre, todas las dudas que produce el  espíritu de temor. Resístele, pues la escritura dice,

Así que sométanse a Dios.  Resistan al diablo,  y él huirá de ustedes (Stg 4.7).

 ¡No temas, cree solamente! ¡Dios es bueno y para siempre es Su misericordia!

Pero ustedes son un pueblo escogido por Dios, sacerdotes al servicio del Rey, una nación santa, y un pueblo que pertenece a Dios, quien los escogió para que anuncien las poderosas obras que ha hecho y los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa. Antes, ustedes no eran ni siquiera un pueblo, pero ahora son el pueblo de Dios. Ustedes no habían recibido compasión, pero ahora han recibido la compasión de Dios (1 P 2.9-10).

Jesús ya te sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte. ¡Él ya rompió tus prisiones! Ahora eres real sacerdocio, una nación santa, pueblo adquirido por Dios. ¡Eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!

siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).

Así que, vive este día con gozo y plena certeza de fe, pues la Biblia es, efectivamente, la Palabra de Honor de Dios y si Él lo dijo, entonces, Él lo va a cumplir, si Dios lo habló, entonces, Él lo va a ejecutar.

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, te doy muchas gracias porque lámpara es a mis pies Tu Palabra y la luz que ilumina mi camino. Señor, sé que no mientes y que no puedes mentir, también sé que tu Palabra es la Verdad y se va a cumplir TODA. Tú has dicho que me amas tanto que me librarás del lazo del cazador y de la peste destructora. Cúbreme con tus plumas, pues debajo de Tus alas yo estoy seguro(a). Tu Palabra es mi escudo y mi espada, así que no voy a temer al terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en obscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya, ya que caerán a mi lado mil y diez mil a mi diestra mas a mí no llegará, porque Tú, Jesús, estás conmigo. Hoy declaro, confiado en la Palabra de Dios, que de todo problema, angustia o enfermedad, yo, ____________ (tu nombre aquí), voy a salir más que vencedor(a) por medio de Aquel que me amó, Cristo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Voy a vivir este día en plenitud de certeza de vida pues yo en Ti, Señor, confío. Jehová de los ejércitos, Dios y Padre Eterno, dichoso, dichosa, el hombre y la mujer que en ti confían. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. ¡Amén!

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Octubre 15                                         Apo 15 /  Est 7-8 / Sal 107.1-22