sábado, 3 de noviembre de 2012

¿Por qué te salvo Dios a ti?

 
Domingo 21 de Octubre de 2012.
¡Salvado para reinar!
Por Riqui Ricón*
Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristalY oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor;  porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente  de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo... Y no habrá más maldición;  y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará;  y reinarán por los siglos de los siglos. (Apo 21.10-11, 3-7; 22.3-5).
Necesitas poner mucha atención a las lecturas Bíblicas del día hoy pues estás leyendo el final del Libro. Y, ¿sabes una cosa? Efectivamente, la Palabra de Dios dice claramente que, al final, ¡Tú ganas!
No es solamente el hecho de que en Cristo Jesús tú eres más que vencedor(a) en todas las cosas, sino que, además, se revela claramente aquí, cómo el Plan de Dios, Su deseo, siempre ha sido que el cielo venga aquí, a la tierra. No es que tú te vayas al cielo sino que, ¡Dios viene a la tierra a vivir y reinar juntamente contigo!
La mayoría de los creyentes piensan que lo mejor que les puede suceder es irse a vivir al cielo, mientras que el Plan Divino, revelado en las Escrituras, es que Dios viene a hacer morada contigo y lo más maravilloso es que desea que tú reines con Él.
Tu cuerpo mortal será glorificado y revestido de inmortalidad para que, con todo tu ser, espíritu, alma y cuerpo, comiences a disfrutar de la victoria que Él, el Alfa y la Omega, el principio y el fin, adquirió para ti al PAGAR con Su Vida todos tus pecados en esa cruz.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti.
El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián… Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.  El celo de Jehová de los ejércitos hará esto (Isa 9.2-4, 6-7).
Jesús es el Mesías Salvador, la Promesa de Dios, tu Padre, para traer salvación a todos los hombres. Él es ese niño nacido, que nos fue dado, que tiene el principado sobre Su hombro y cuyo nombre es, ¡Admirable! ¡Consejero! ¡Dios Fuerte! ¡Padre Eterno! ¡Príncipe de Paz!
Date cuenta que el precio que se pagó por ti no fue la vida de cualquier persona. Es por esto que Jesús tiene todo el poder y la autoridad no solamente para justificarte y darte el perdón de tus pecados, sino también para trasladarte de las tinieblas a la luz venciendo a la muerte para hacer de ti una Nueva Criatura dándote la Vida Eterna de los Hijos de Dios.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Co 5.17).
siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
Tú, ahora eres una nueva especie de ser que no existía antes, ¡eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!
y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes,  y reinaremos sobre la tierra (Apo 5.9-10).
¡Por Su Sangre tú ya fuiste redimido(a) –comprado(a) y hecho(a) libre- para Dios de todo linaje, pueblo, lengua y nación y YA FUISTE HECHO(A) para Dios rey (reina) y sacerdote (sacerdotisa) Y REINARAS SOBRE LA TIERRA!
Ni las guerras, ni la violencia, ni la enfermedad, ni la pobreza, ni el rencor, ni el dolor, ni la soledad, ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada te podrá separar del amor de Dios, ni de Su propósito para tu vida, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Amado(a), tú y has sido apartado(a) por Dios para reinar sobre todo problema, enfermedad o aflicción. No necesitas esperar a que Jesucristo venga por segunda vez para comenzar a ejercer autoridad y dominio sobre toda circunstancia adversa que estés enfrentando el día de hoy. ¡Eres un(a) Rey (Reina)!
Para siempre se acordará de su pacto. El poder de sus obras manifestó a su pueblo, Dándole la heredad de las naciones. Las obras de sus manos son verdad y juicio; Fieles son todos sus mandamientos, Afirmados eternamente y para siempre, Hechos en verdad y en rectitud. Redención ha enviado a su pueblo; Para siempre ha ordenado su pacto; Santo y temible es su nombre (Sal 111.5b-9).
Dios no puede mentir y Su Palabra, la Biblia, es sí y amén para los que le creen.
Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado (Sal 27.1-3).
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, es hermoso saber que me has predestinado para reinar juntamente con Cristo Jesús. ¡Gracias! Sé que he vencido y que venceré. Me resisto a aceptar o creer cualquier palabra o pensamiento de fracaso y de derrota. Yo soy lo que Tú dices en Tu Palabra que soy: un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo para reinar y gobernar sobre la tierra; gobernar sobre mi vida, mi salud, mis finanzas y sobre toda circunstancia adversa. Gracias Jesús por amarme tanto que diste Tu propia Vida para que yo, ahora, pudiera vivir una vida plena y abundante. Estoy decidido(a), con Tu ayuda, Espíritu Santo, a cambiar mi forma de pensar transformándome en el espíritu de mi mente. Sin importar las circunstancias del momento o la forma en que hoy me siento, creo y declaro que soy ese(a) Hijo(a) que Tú, mi Dios y Padre, siempre has deseado, justo(a), santo(a) y perfecto(a). Lo sé porque así está escrito en Tu Palabra y esa es la Verdad. Estoy dispuesto(a) a dejar atrás todas esas emociones y pensamientos negativos de fracaso y de derrota. Esa vieja naturaleza nada tiene en mí, pues yo he sido regenerada(o) en Cristo Jesús para vivir una vida plena y victoriosa. Lo sé porque lo dice la Biblia, lo creo porque es Tu Palabra de Honor y me dispongo, con Tu ayuda, Espíritu Santo, a vivirlo. Viviré esa vida prospera, en salud, amor, paz y gozo que Tú, oh Dios, deseas para mí. Yo, _____________ (tu nombre aquí), soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, pues mayor es el que está en mí que el que está en el mundo y ese eres Tú, Precioso Espíritu de Dios. No le daré lugar al diablo y a sus mentiras en mi vida. ¡No voy a temer más! Echo fuera de mi vida toda ansiedad e inquietud. ¡En todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me amó, Cristo Jesús! ¡Ya he sido sanada(o) por las heridas de Jesús! ¡He sido establecida(o) para reinar en esta vida por la sangre de Jesús! No hay forma que pueda perder, pues Tú, mi Dios y Padre, estás en mí y conmigo, y si Dios es conmigo, ¿quién contra mí? ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspera(a)! ¡Soy feliz! ¡Está escrito! Lo creo y lo recibo en el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Octubre 21                   Apo 21-22 /  Isa 9-10/ Sal 111
 


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