Sábado 10 de
Noviembre de 2012.
¡Con Alegría!
Por Riqui Ricón*
Tú,
en cambio, predica lo que va de acuerdo con la sana doctrina… Con tus buenas
obras, dales tú mismo ejemplo en todo. Cuando enseñes, hazlo con integridad y
seriedad, y con un mensaje sano e intachable. Así se avergonzará cualquiera que
se oponga, pues no podrá decir nada malo de nosotros (Ti 2.1, 7-8 NVI).
Cuando
yo recibía tus palabras, las devoraba; eran mi felicidad y la alegría de mi
corazón porque tú me elegiste, Señor Dios Todopoderoso (Jer 15.16 PDT).
Cuando
Jehová trajo a sus exiliados de regreso a Jerusalén, ¡fue como un sueño! ¡Cómo reímos
y cantamos de júbilo! Y las demás naciones decían: ¡Qué maravillas ha hecho
para ellos el Señor! Sí, ¡hechos gloriosos! ¡Qué maravilla! ¡Qué júbilo! (Sal 126.1-3 BAD).
La Biblia, que es la Palabra de
Dios, y no miente, declara, enfáticamente, que en todas las cosas tú eres más
que vencedor(a), por medio de Aquél que te amó, Cristo Jesús (Ro 8.37); además
asegura que has vencido por medio de la Sangre del Cordero y de LA PALABRA DE TU
TESTIMONIO (Apo 12.11).
Estas declaraciones que Dios ha
hecho acerca de ti te están invitando a que ames y atesores la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios es sana e irreprochable y al ponerla en tu mente, corazón y
boca puedes presentarte, en todo, como ejemplo de buenas obras y de integridad,
pues ella es Viva y eficaz para guiarte a tu destino.
Porque la palabra de Dios es viva y poderosa, es más
cortante que una espada de dos filos y penetra hasta nuestros más íntimos
pensamientos poniendo de manifiesto lo que en verdad somos (He 4.12 BAD).
Tenemos también la palabra
profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una
antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero
de la mañana salga en vuestros corazones (2 P 1.19).
De esta forma, cuando el
adversario viene a recordarte tus pecados y fracasos, la Palabra de Dios fluye
de tu boca de tal manera que declaras y estableces lo que Dios ha dicho acerca
de ti y que, además, es la única verdad; así harás que el diablo se avergüence
y no tenga nada malo que decir de ti.
Hijitos, vosotros sois de
Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que
está en el mundo (1 Jn 4.4).
Sean cual sean los problemas,
enfermedades, aflicciones o retos que estés enfrentando el día de hoy, el dilema
a resolver no es nada complicado: ¿A quién le vas a creer, a Satanás que te
dice que eres un(a) miserable pecador(a) fracasado(a), bueno(a) para nada, o a
Dios, tu Padre, quien afirma en Su Palabra que tú TODO lo puedes, que ya has
vencido y que nada ni nadie te puede hacer frente pues Él está contigo?
Porque de
tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque
no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo
sea salvo por él (Jn 3.16-17).
No es sólo que Dios está contigo
sino que está contigo porque te ama tanto que prefirió entregar a Su propio
Hijo antes que perderte a ti y no para condenarte sino para darte una vida
plena y abundante -ser salvo(a)-.
¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos
llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque
no lo conoció a él (1 Jn 3.1 NVI).
No solamente Dios está contigo, y
te ama tanto, y pagó todos tus pecados para darte la Vida Eterna, la Vida Plena
y Abundante, sino que también has sido llamado, por el mismísimo Dios, Su
propio(a) Hijo(a).
Es por todo esto que, en honor a
la Verdad, puedes hoy llenar de gozo y alegría tu corazón con la Biblia, pues
jamás serás avergonzado(a) de haber confiado en la Palabra de Honor del único
Dios Verdadero. Este día puedes declarar confiadamente: grandes cosas ha hecho
el Señor conmigo, voy a estar alegre.
Oremos en
voz audible:
Amado Padre
celestial, hoy llamo a la alegría a mi vida y corazón pues dichoso, mil veces
feliz, es el hombre o la mujer que en Ti confía. Hoy sé que aunque ande en
valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno porque Tú, Señor, estás
conmigo. Todo lo que he sembrado con lágrimas con regocijo lo voy a cosechar.
No hay problema, enfermedad, angustia o tribulación que me puedan hacer perder
lo que Tú, Jesucristo, ganaste para mí al vencer en esa cruz. Soy sana(o), soy
libre, soy prospera(o) en todas las cosas, tengo en mí el gozo y la paz del Señor, que sobrepasan
todo entendimiento. Rechazo de mi vida el temor, la ansiedad, el resentimiento
y la amargura. Soy un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo, no de simiente
corruptible sino de la incorruptible simiente que es la Palabra de Dios que
vive y permanece para siempre. ¡Está es mi herencia! ¡Estaré alegre! En el
nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C.
Peredo Jaime © 2011
Lectura
y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al
final de un año habrás leído toda la Biblia.
Noviembre
10 Tit
2 /
Jer 15-16 / Sal 126
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