viernes, 1 de agosto de 2014

¡Cómo puedes evitar el implacable juicio de Dios!

 
29 de Julio

¡Con Su Gracia y con Su Amor!

Por Riqui Ricón*

Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal (Jon 4.2)

Entonces Dios dijo a Jonás: —¿Te parece bien enojarte porque la planta murió? —¡Sí —replicó Jonás—, estoy tan enojado que quisiera morirme! Entonces el SEÑOR le respondió: —Sientes lástima por una planta, aunque tú no hiciste nada para que creciera. Creció rápido y murió rápido. Pero Nínive tiene más de ciento veinte mil habitantes que viven en oscuridad espiritual,* sin mencionar todos los animales. ¿No debería yo sentir lástima por esta gran ciudad? (Jon 4.9-11 NTV).

Una vez más, podemos constatar en las lecturas del día de hoy como Dios es bueno, Él es un Dios misericordioso y compasivo, lento para enojarte y lleno de amor inagotable. Estás dispuesto a perdonar y no destruir a la gente (Jon 4.2 NTV).

Es interesante notar como en toda la Biblia (que es la Palabra de Dios y no miente), Dios se manifiesta como un Dios de Gracia abundante y de infinita Misericordia, y a pesar de esto todavía hay creyentes que prefieren mirarlo como un Dios implacablemente celoso de la justicia; un Dios quien dará a todos su merecido.

Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti. Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad. Destruirás a los que hablan mentira; Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová. Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; Adoraré hacia tu santo templo en tu temor. Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos; Endereza delante de mí tu camino (Sal 5.4-8).

Ciertamente Dios no se complace en la maldad, ni el malo podrá estar delante de Él, pues le molestan todos aquellos que se deleitan en la maldad. Sin embargo, lo importante aquí es que tú puedes estar delante de Dios, que tú puedes estar en Su Presencia sólo y solamente por la abundancia de Su misericordia. Es Él el que te guía por causa de Su justicia y no la tuya; es Él el que endereza tu camino y no tú.

La Nueva Traducción Viviente de la Biblia (NTV), lo expresa así:

Oh Dios, la maldad no te agrada; no puedes tolerar los pecados de los malvados. Por lo tanto, los orgullosos no pueden estar en tu presencia, porque aborreces a todo el que hace lo malo. Destruirás a los que dicen mentiras; el SEÑOR detesta a los asesinos y a los engañadores. Gracias a tu amor inagotable, puedo entrar en tu casa; adoraré en tu templo con la más profunda reverencia. Guíame por el camino correcto, oh SEÑOR, o mis enemigos me conquistarán; allana tu camino para que yo lo siga.

¡Es por Su Gracia para que nadie se gloríe, pues NO se justificará delante de Dios hombre alguno!

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe (Efe 2.8-9).

¡Es sólo, y exclusivamente, por el Amor que Dios siente por ti que has sido hecho(a) heredero(a) de la Salvación Eterna!

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna (Ti 3.4-7).

¡Dios te salvó, NO por obras de justicia que tú hayas hecho, sino por Su bondad y Amor, para que justificado(a) por Su Gracia ahora tú seas Su Heredero(a) de acuerdo a la certeza de la Vida Eterna que Cristo Jesús ganó para ti!

Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor (1 Co 1.30-31).

¡Es por Dios, y solamente por Él, que ahora tú estás en Cristo Jesús! Así que, si de algo te puedes gloriar es de que Jesús te ama.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

¡Dios te Ama tanto que prefirió entregara Su propio Hijo antes que perderte a ti!

Si esto en Verdad es así, ¡y lo es! Si esto en Verdad lo crees, ¿lo crees? Entonces, en Verdad que no tienes nada que temer en la Vida.

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8.32).

Ahora, sabes que sabes, y lo crees con todo tu corazón, que Dios es tu Padre y está en ti y contigo.

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Ro 8.31).

El que está en ti y contigo es nada más y nada menos que el Todopoderoso Dios y ningún problema, angustia o enfermedad que estés enfrentando es mayor que Él.

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Jn 4.4).

Curiosamente, este día se presentaron a la puerta de mi casa unas personas que, aunque profesan creer la Biblia, después de conversar con ellas un buen rato, el Espíritu Santo me hizo notar como cada vez que yo les quería mostrar que la Biblia enseña que Dios es bueno, que Él es Amor, misericordioso y lleno de Gracia para con nosotros, ellos me contestaban que el hombre era malo, vendido al pecado, que a pesar de que Dios los amara tanto si no cuidaban esa salvación, que les fue dada por Gracia, entonces la perderían y se condenarían por toda la eternidad. ¡Era como si habláramos dos idiomas totalmente diferentes!

Fue como si me estuvieran diciendo, si ya sé que Dios es misericordioso, sé que me salvó por Su Gracia y también sé que Dios me ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderme a mí, PERO... ¡Algo tengo que hacer yo para merecer semejante Amor y no perder semejante salvación!

Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.  Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado (Ro 4.3-8).

Amado(a), no te confundas, ni dudes, si Dios sintió lástima y tuvo compasión de Nínive, de aquella ciudad pecadora, entonces, cuánto más no hará por ti, que eres un(a) Hijo(a) amado(a) de Dios.

MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos (1 Jn 3.1).

Sin importar cuál sea el problema, aflicción o enfermedad que estás enfrentando el día de hoy, sabe muy bien, y créelo, que Dios no te ha dejado, ni te dejará; que Él te ha amado, te ama y te amará; que Él ha declarado en Su Palabra, la Biblia, que es Su Palabra de Honor, que tú saldrás más que vencedor(a), pues TODO lo puedes en Cristo que te fortalece.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).

Así que, no te enojes como Jonás. No dudes, como los incrédulos. Mantente firme, constante y persistentemente leyendo, meditando y creyendo a Dios. Sí, creyendo Su Palabra y entonces harás, sí, harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.

¡Es Palabra de Dios! ¡Es Palabra de Honor!

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, hoy quiero darte gracias por el Gran Amor con que me has amado, que estando yo muerto(a) en delitos y pecados, por  Amor me diste Vida juntamente con Cristo Jesús. ¡Es por Tu Gracia que he recibido Eterna Salvación! Ahora comprendo más que es a través de Tu Palabra, y no de mis acciones, que renuevo mi entendimiento. La meditación de Tu Palabra produce en mi vida la fe que necesito para actuar conforme y coherentemente a quien Tú, Señor, dices que ahora yo soy: un(a) Hija(o) Tuya(o). Alabo y bendigo Tu Nombre por esto. Señor Jesús, fue mediante Tu muerte y resurrección que yo Nací de Nuevo para recibir la Vida Eterna que con Tu Sangre compraste para mí. Es mediante Tu Palabra, la Biblia, que renuevo el espíritu de mi entendimiento y así, sólo así, puedo despojarme del(la) hombre(mujer) viejo(a) que está viciado(a) conforme a los deseos engañosos para vestirme del(la) hombre(mujer) nuevo(a) creado(a) por Ti, oh Dios, conforme a la justicia y santidad de la verdad. Así que, en Tu nombre, Jesús, declaro que no son los problemas ni las circunstancias los que determinan quien soy ni cómo voy a vivir. Soy un(a) Hija(o) del Rey, por lo tanto, puedo y debo vivir una vida plena y abundante. Tú me diste Tu Palabra, Jesús, y en ella tengo paz y plenitud, pues aunque en el mundo tendré aflicciones, puedo confiar en Ti. Tú has vencido al mundo y yo en Ti y Contigo, pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que vives en mí, que el que está en el mundo. En el nombre de Jesús. Amén.

Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Julio          28                        1 Co 14.26-40  /  2 R 9  /  Jon 4

 

 
 

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