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jueves, 26 de julio de 2012

¿Cómo puedes estar seguro(a) de que ciertamente vencerás?


Miércoles 25 de Julio de 2012.
¡Por el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús!
Por Riqui Ricón*
De la misma manera, tomó la copa después de haber cenado y dijo: "Esta copa es el nuevo pacto de Dios con vosotros, sellado con mi sangre. Siempre que bebáis esta copa, hacedlo en memoria de mí" (1 Co 11.25).
¿A qué se refiere Jesús al establecer un Nuevo Pacto en Su Sangre?
Si tú puedes hoy dar cabal respuesta a esta pregunta, te aseguro que tu vida nunca más será la misma. Comenzarás a ser esa persona capaz, sana, poderosa y feliz que Dios ha determinado que tú seas.
La Promesa del Nuevo Pacto fue dada por Dios a través del ministerio del profeta Jeremías. Esto nos ubica en el momento preciso en que, por haber abandonado a Dios, invalidando así el Pacto con Él, el Señor comienza a dar cumplimiento a todas Sus Palabras respecto a los transgresores. Palabras que durante tanto tiempo les fueron habladas por los profetas: el Templo y la Santa ciudad de Jerusalén fueron destruidos; el pueblo fue muerto por hambre, espada y enfermedad; los sobrevivientes fueron hechos esclavos y dispersados a otras naciones. A tal grado fueron avergonzados y confundidos que parecían más un pueblo maldito que aquel que alguna vez fueron: el Pueblo Elegido de Dios.
Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra. Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos.  (Dan 9.4-8).
Así, Dios no pudo más sufrir la naturaleza caída y corrompida de Su propio pueblo, del pueblo que había adquirido para Sí, mediante el  Antiguo Pacto.
La introducción para el Nuevo Pacto  fue profetizada por David cuando éste comprendió, por revelación del Espíritu de Dios, que por más que se arrepintiera y pidiera perdón, la expiación de pecados ofrecida en el Antiguo Pacto, sólo cubría sus pecados momentáneamente, pero él seguiría siendo el mismo hombre atado a la ley del pecado y de la muerte.
Fue entonces que clamó a Dios para que Éste interviniera directamente en su persona para hacer de él un hombre totalmente diferente al que hasta ese momento era:
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti (Sal 51.10-13).
Un hombre o mujer justificado(a) bajo la sangre del Antiguo Pacto, irremisiblemente volverá a pecar.
La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios,  pues no se somete a la ley de Dios,  ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios (Ro 8.7-8 NVI).
La antigua ley fue apenas una sombra de los bienes prometidos, no la propia imagen de su realidad. Por eso, aun estando en vigor y aunque los sacrificios se repetían año tras año, sin cesar, no podía alcanzarse la meta de la salvación. De haberse "podido, con un solo sacrificio hubiera sido suficiente: los fieles habrían quedado definitivamente purificados y habrían dejado de sentirse culpables de pecado. Pero, al contrario, los sacrificios anuales les recordaban sus pecados, los cuales no podía quitar la sangre de los toros y de los machos cabríos (He 10.1-4 CST).
Un hombre o mujer justificado(a) bajo la sangre del Antiguo Pacto, irremisiblemente volverá a pecar y a colocarse así bajo la maldición del pecado que es la muerte.
Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 6.22-23).
Es por esto que está declarado en la Escritura que el Nuevo Pacto es un mejor Pacto, establecido sobre mejores promesas.
1.    A diferencia del Antiguo Pacto, el Nuevo Pacto tiene una garantía. Lo más hermoso de esto, es el hecho maravilloso que Jesucristo mismo, el primogénito de entre los muertos, es quién garantiza el Nuevo Pacto.
Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto (He 7.22).
2.    El Nuevo Pacto es un Pacto perfecto.
Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo (He 8.6-7).
3.    El Nuevo Pacto es eterno y, por lo tanto, no se puede invalidar.
Porque yo Jehová soy amante del derecho, aborrecedor del latrocinio para holocausto; por tanto, afirmaré en verdad su obra, y haré con ellos pacto perpetuo. Y la descendencia de ellos será conocida entre las naciones, y sus renuevos en medio de los pueblos; todos los que los vieren, reconocerán que son linaje bendito de Jehová (Isa 61.8-9).
Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre. Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo (Eze 37.26-27).
4.    Jesús es también el sumo sacerdote del Nuevo Pacto.
Por lo tanto,  ya que en Jesús,  el Hijo de Dios,  tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos,  aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades,  sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros,  aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos (He 4.14-16 NVI).
5.    ¡La Garantía del Nuevo Pacto es el Espíritu Santo!
En él también ustedes,  cuando oyeron el mensaje de la verdad,  el evangelio que les trajo la salvación,  y lo creyeron,  fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Éste garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios,* para alabanza de su gloria (Efe 1.13-14 NVI).
Así como Jesucristo es la pieza clave para nuestra redención, el Espíritu Santo lo es para nuestra resurrección (Vida Nueva), como Hijos de Dios Nacidos de Nuevo.
Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados (1 Co 15.22).
¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús,  en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto,  mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte,  a fin de que,  así como Cristo resucitó por el poder* del Padre,  también nosotros llevemos una vida nueva. En efecto,  si hemos estado unidos con él en su muerte,  sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Sabemos que lo que antes éramos* fue crucificado con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder,  de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado. Ahora bien,  si hemos muerto con Cristo,  confiamos que también viviremos con él. Pues sabemos que Cristo,  por haber sido levantado de entre los muertos,  ya no puede volver a morir;  la muerte ya no tiene dominio sobre él. En cuanto a su muerte,  murió al pecado una vez y para siempre;  en cuanto a su vida,  vive para Dios. De la misma manera,  también ustedes considérense muertos al pecado,  pero vivos para Dios en Cristo Jesús (Ro 6.3-11 NVI).
La Palabra de Dios es bastante clara en cuanto que el propósito del sacrificio de Jesús va más allá de la mera justificación y del perdón de pecados. Éstos, sólo son un requisito para alcanzar el objetivo del Plan de Salvación: darte una Vida Nueva tal, que puedas ser hecho(a) Hijo(a) de Dios y disfrutar de la Vida Eterna.
Esta Vida Nueva sólo puede provenir del aliento de Dios, del espíritu de Vida en Cristo Jesús: el Espíritu Santo.
Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes,  el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu,  que vive en ustedes (Ro 8-11 NVI).
Así que, Jesús se responsabilizó de todos tus pecados pagando cada uno de ellos con Su propia Vida. Él descendió al infierno y ahí recibió todo el castigo por tus pecados. Por lo tanto, tú moriste ahí con Él y fuiste justificado(a).
Luego, el Espíritu Santo levantó a Jesús de entre los muertos para hacer de Él el primer Hijo de Dios Nacido de Nuevo. ¡Ya no es más el unigénito Hijo de Dios, sino el primogénito entre muchos hermanos! (Ro 8.29).
Ahora, de la misma forma, el Espíritu Santo, prometido con el Nuevo Pacto, ha hecho de ti un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.
Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes,  luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos,  lleguen a tener parte en la naturaleza divina (2 P 1.4 NVI).
Todas y cada una de las promesas hechas en la Biblia tienen su cumplimiento en la Sangre del Nuevo Pacto. Fueron prometidas por Dios para que tú llegases a ser participante de Su naturaleza divina.
Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios (Luc 1.34-35).
Como en el caso de Jesucristo, esta naturaleza divina (la de un(a) Hijo(a) de Dios, con Vida Eterna), sólo puede ser impartida por el Espíritu Santo.
Es por todo esto que el Espíritu Santo es la garantía del Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús.
Es por todo esto que el Nuevo Pacto es un mejor Pacto, establecido sobre mejores promesas.
Es por todo esto que, sin importar el problema, enfermedad o situación que hoy estés enfrentando, tú has sido creado(a) de Nuevo como un(a) Hijo(a) de Dios y, por lo tanto, en todas las cosas saldrás más que vencedor(a) por medio de Su Amor, pues tú todo lo puedes en Cristo Jesús, quien te fortalece.
¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce, es porque no lo ha reconocido a él (1 Jn 3.1 LPD).
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, que hermosa es la Vida Nueva que me has dado por medio de Tu Hijo. ¡La Vida Eterna! ¡Una Vida totalmente Nueva, plena y abundante! Gracias mi Dios, por el Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús. Jesucristo, Tú eres mi Rey, Señor y Salvador y gracias a Ti, hoy, yo ________________ (pon tu nombre aquí), al igual que Tú, también soy un(a) Hija(o) amada(o) de Nuestro Dios y Padre. Tengo Vida Eterna y la puedo (y debo), vivir en plenitud y abundancia, pues además (como si fuera poco), te tengo a Ti, Espíritu Santo como mi amigo y ayudador. Y aunque sé que en el mundo tendré aflicciones, también me has dado Tu Palabra, la Biblia, para que en Ti yo tenga paz, pues Tú has vencido al mundo y yo contigo. Gracias Señor, pues esta identidad de Hija(o) me permite amar a mis semejantes como a mí mismo(a). Por tanto, como un(a) Hijo(a) del Nuevo Pacto en la Sangre de Jesús, desecho el temor y la duda, me someto a Ti, Padre, a Tu Verdad y a Tu Palabra, resisto al diablo, a sus engaños y mentiras y éste tiene que huir de mi vida. Ahora sé, que sé, que en todas las cosas he de salir más que vencedor(a), pues todo lo puedo en Cristo que me fortalece. ¡Ya he vencido al mundo! Pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que estás en mí, y conmigo, que el que está en el mundo. Hoy tomo mi identidad y con toda certeza y autoridad, resisto y hecho fuera de mi vida toda enfermedad, pobreza, tristeza, depresión, soledad, temor y angustia. Cubro todo mi ser, espíritu, alma y cuerpo, con la Sangre de Jesús y llamo y recibo toda la salud, amor, paz y gozo que Tú, Jesucristo, compraste para mí al morir en la cruz. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy feliz! ¡Soy un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo! Gracias a Ti, Señor Jesús. Gracias a la Sangre del Nuevo Pacto. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Julio           25                        1 Co 11.17-34  /  2 R 5  /  Abd



martes, 24 de julio de 2012

¡Cómo obtener la Victoria el día de hoy!


Sábado 21 de Julio de 2012.
¡Sólo con Amor!
Por Riqui Ricón*
En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica (1 Co 8.1).
Es por Amor que Dios prefirió entregar a Su propio Hijo, Jesús, para así pagar todos tus pecados y no perderte, sino ganarte por toda la eternidad haciendo de ti un Hijo(a) Suyo(a),al igual que Jesucristo.
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él (1 Jn 3.1).
Es el Amor de Dios el que cubre TODAS las faltas (Pro 10.12). Es el Amor de Dios el que te edifica como nueva creatura para que conozcas, mediante el Espíritu Santo, que ahora eres un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo y no de simiente corruptible, sino incorruptible por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados (Ro 8.14-17).
¿Y en qué hemos de padecer si somos Hijos del Rey del Universo? ¿Quién o qué nos puede hacer daño si Dios es nuestro propio Padre? ¿Qué problema, enfermedad o tribulación nos podría robar el gozo de ser Hijos de Dios Nacidos de Nuevo, comprados a precio de la Sangre de Jesús para ser eternos y reinar juntamente con Él?
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero.  Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 8.31-39).
¡Estas son las buenas nuevas del Evangelio de Jesucristo! No existe nada ni nadie que te pueda vencer pues eres literal y efectivamente un(a) Hijo(a) de Dios, creado de Nuevo justo, santo y perfecto. ¡La Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, lo dice así!
Solamente que aceptes el miedo, la incredulidad y los engaños del diablo, estos te podrían separar de la libertad gloriosa de los Hijos de Dios, y esto, insisto, siempre y cuando, tú le prestes oído y des crédito a sus mentiras (que no vales, que no sirves, que no puedes, que te vas a morir, que no eres digno(a), que eres falso(a), etc., etc., etc.). En lugar de eso, mantente, firme, constante y persistente en creer a la Verdad, que es la Biblia, la Palabra de Dios.
Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió. De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano (1 Co 8.8-13).
Es precisamente la certeza de saberte un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, amado(a) del Padre, lo que te permite, por Amor y con Amor, padecer juntamente con Cristo a favor de los más débiles en la fe. No necesitas demostrar a nadie quien eres pues sabes perfectamente quien tú ahora eres y así, puedes amar a los demás con el mismo Amor que tu Padre te da. Puedes ir donde los drogadictos, las prostitutas o los idólatras sin juzgarles ni criticarles sino edificarles con Amor.
Y la esperanza no defrauda, sino que ayuda a superar cualquier circunstancia adversa, sabiendo que Dios nos ha llenado con el don del Espíritu Santo y que, por medio de él, ha derramado su amor en nuestro corazón (Ro 5.5).
Sin importar el problema, enfermedad o circunstancia que estés enfrentando el día de hoy, la Verdad es que tú eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y el glorioso Espíritu de Dios te ha llenado con Su Amor para vivir en ti, y contigo, y así, sepas de una vez por todas, que en todas las cosas eres más que vencedor(a), pues todo lo puedes en Cristo que te fortalece.
Por esto, ten por seguro que ¡sí puedes amar a tu prójimo como a ti mismo(a)!
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, que hermosa es la Vida Nueva que me has dado por medio de Tu Hijo. Jesús, Tú eres mi Rey, Señor y Salvador y gracias a Ti, hoy, yo ________________ (pon tu nombre aquí), soy también un(a) Hija(o) amada(o) de Nuestro Dios y Padre. Tengo Vida Eterna y la puedo (y debo), vivir en plenitud y abundancia. Aunque sé que en el mundo tendré aflicciones, me has dado Tu Palabra, la Biblia, para que en Ti yo tenga paz, pues Tú has vencido al mundo y yo contigo. Gracias Señor, pues esta identidad de Hija(o) me permite amar a mis semejantes como a mí mismo(a). Por tanto, desecho el temor y la duda, me someto a Ti, Padre, a Tu Verdad y a Tu Palabra, resisto al diablo, a sus engaños y mentiras y éste tiene que huir de mi vida. Ahora sé, que sé, que en todas las cosas he de salir más que vencedor(a), pues todo lo puedo en Cristo que me fortalece. ¡Ya he vencido al mundo! Pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que estás en mí, y conmigo, que el que está en el mundo. Hoy tomo mi identidad y con toda certeza y autoridad, resisto y hecho fuera de mi vida toda enfermedad, pobreza, tristeza, depresión, soledad, temor y angustia. Cubro todo mi ser, espíritu, alma y cuerpo, con la Sangre de Jesús y llamo y recibo toda la salud, amor, paz y gozo que Tú, Jesucristo, compraste para mí al morir en la cruz. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy feliz! ¡Soy un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo! Gracias a Ti, Señor Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Julio           21                        1 Co 8  /  1 R 22  /  Am 6



lunes, 23 de julio de 2012

¿Por qué es tan importante Tu Identidad?


Miércoles 18 de Julio de 2012.
¡Soy Hijo(a) del Rey!
Por Riqui Ricón*
Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres (1 R 19.4).
No obstante las grandes victorias que hemos experimentado en nuestra vida con el Señor Jesús, es realmente curioso como muchas veces, al igual que Elías, nos dejamos atrapar por el desánimo y la depresión. ¿A qué se debe esto? Primero, no debes olvidar que la Biblia, la Palabra de Dios, te enseña claramente que tú te encuentras en plena guerra.
Sed sobrios y velad para que no os sorprendan los ataques de ese gran enemigo vuestro que es el diablo, el cual, como un león rugiente, anda dando vueltas en busca de alguien a quien devorar (1 P 5.8 CST).
Pelea la buena batalla de la fe;  haz tuya la vida eterna,  a la que fuiste llamado y por la cual hiciste aquella admirable declaración de fe delante de muchos testigos (1 Ti 6.12 NVI).
"Cuando el ladrón llega, se dedica a robar, matar y destruir. Yo he venido para que todos ustedes tengan vida, y para que la vivan plenamente (Jn 10.10 BLS).
Así que, el problema radica sencillamente en que, si tienes poca fe o una fe débil, cuando vienen nuevos o mayores problemas te olvidas de mantener tu mirada, y tu fe, fijas en Jesús y en Su Palabra. Esto le dará oportunidad a tu adversario, el diablo, para amedrentarte con las apariencias de las dificultades que estés enfrentando.
Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios (Mat 14.28-33).
Nota que Pedro ya caminaba sobre las aguas para ir a Jesús. Él había confiado, creído, en la Palabra de Jesús cuando éste le dijo “ven” y por eso comenzó a experimentar la misma Verdad que su Señor y Maestro. PERO, cuando puso su atención en las circunstancias, entonces permitió que el espíritu de temor le robara la fe que manifestó al decir: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Jesús sólo dijo, ven y Pedro creyó. Sin embargo, al parecer esto, su declaración, no fue suficiente, pues al quitar sus ojos de Jesús comenzó a hundirse.
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (He 11.6).
Al igual que antaño, hoy en día muchos creyentes están demasiado acostumbrados a conducir sus vidas por medio de lo que ven o sienten en lugar de hacerlo por fe. De este modo, cuando se presentan los problemas y vicisitudes de la vida se ven abrumados por la preocupación y el temor a tal grado que, efectivamente, pueden darle lugar al desánimo y a la depresión.
Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables (2 Co 5.6-9).
Me llama la atención que en ese episodio de la vida de Elías, Dios no lo consintió ni apapachó por sentirse como se sentía, sino que lo fortaleció en su espíritu (fue un ángel quien le tocó y le alimentó), y le dijo: anda, levántate y vuélvete por tu camino para hacer esto, esto y esto otro.
Satanás siempre tratará, por todos los medios que tenga a su alcance, de anular tu fe. Se valdrá de tus sentidos y emociones para inspirarte temor por medio de las circunstancias que te rodeen y luego utilizará la condenación por causa de tus faltas y pecados con el propósito exclusivo de que caigas en el error de olvidarte quien ahora tú eres en Cristo Jesús: ¡un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!
¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Co 6.9-11).
Si te das cuenta, tu confianza, tu certeza, tu fe debes ponerla en lo que Dios ha dicho en Su Palabra acerca de ti y no en la forma cómo te ves a ti mismo(a), ni en la forma cómo te sientes contigo mismo(a).
porque en vosotros se ha operado un nuevo nacimiento, que ya no es debido a una simiente corruptible, sino a la incorruptible y permanente palabra de Dios (1 P 1.23 CST).
Entonces, de acuerdo a la Biblia, que es la Palabra de Dios y no miente, tú eres ya un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, y no de una simiente corruptible sino de la incorruptible simiente que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.
Esto no quiere decir que, como Hijo de Dios, puedes pecar y olvidarte de la santidad (sin la cual NADIE vera a Dios). ¡No! ¡Nada de eso! Es todo lo contrario, pues ahora sabes quién tú eres y lo que Dios dice acerca de ti. ¡Tienes identidad! Ahora crees, hablas y actuas para manifestar esa justicia, santidad y perfección que Él ya puso en ti al decretarlo con Su Palabra.
Por esto, como Hijo(a) del Rey, ya no tratas de alcanzar algo que no tienes (como el diablo pretende que creas), sino que ahora crees que tienes lo que Dios dice en Su Palabra que eres: justo(a), santo(a) y perfecto(a). Si Dios lo dice, entonces, es la verdad y por lo tanto puedes vivir como justo(a), santo(a) y perfecto(a).
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efe 4.22-24).
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, en Tu Palabra puedo notar el gran Amor con que me has amado, pues aún estando yo muerto(a) en delitos y pecados me diste vida juntamente con Cristo. Gracias Señor por esta Vida Nueva que me has dado. Me creaste de Nuevo en justicia y santidad de la verdad. Creo y recibo este gran Amor. Creo y recibo a Jesús como mi Señor y Salvador. En Ti, Jesús, tengo vida eterna, vida abundante. Me determino, con Tu ayuda, Espíritu Santo, a no dejar que las aflicciones del mundo me infundan temor pues yo no he recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor sino que he recibido el espíritu de adopción y te puedo decir a Ti, Dios, Abba, Padre. ¡Soy Hija(o) del Rey! Nada ni nadie me pueden derrotar pues en todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me amó, Cristo Jesús. Padre, cómo no agradecerte Tu Amor tan grande y sublime, pues me has escogido, redimido y renovado como Hija(o) Tuya(o). Tengo Tu Palabra de Honor y sé que he llegado a mi destino. Ahora estoy más que dispuesta(o) a utilizar la fe perfecta que ya tengo por Tu Palabra, para cumplir mi propósito en esta tierra: ser luz en medio de las tinieblas como embajador de Jesucristo dondequiera que esté y como quiera que esté, pues no tengo la más mínima duda que, ante todo problema, enfermedad o adversidad, yo, ______________ (tu nombre aquí), soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ha amado, Cristo Jesús. No recibo el espíritu de temor, ni la duda que genera, sino que recibo el espíritu de adopción por el cual te puedo decir Abba, Padre, Papá, Papito. Por Tu Palabra, la Biblia, estoy segura(o) de quién ahora yo soy gracias a Jesús: un(a) Hija(o) de Dios Nacida(o) de Nuevo. Y soy Nacida(o) de Nuevo, no de una simiente corruptible, sino de la incorruptible semilla que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Recibo Tu paz que sobrepasa todo entendimiento y me lleno con Tu Amor para vivir esa vida, llena de gozo, que has destinado para mí. Por lo tanto, voy a manifestar, con mi vida, la libertad gloriosa que sólo YO Tu Hija(o) puedo tener. ¡Soy sana(o)! ¡Soy libre! ¡Soy próspera(o)! ¡Soy un(a) Hija del Rey! En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Julio           18                        1 Co 6  /  1 R 19  /  Am 3.1-4.3