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sábado, 11 de mayo de 2013

¿Se puede encarar a Dios?

 
Viernes 10  de Mayo de 2013.
¡Preciosa Sangre!
Por Riqui Ricón*
Además respondió Jehová a Job, y dijo: ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto… Cíñete ahora como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me responderás. ¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú? ¿Tienes tú un brazo como el de Dios? ¿Y truenas con voz como la suya? (Job 40. 1-2, 7-9).
Es interesante notar cómo aquellos que pretenden presentarse delante de Dios abogando por sí mismos y declarando su propia justicia, no podrán siquiera pronunciar una palabra delante de Su Presencia. Claro que, para los que aseguran que Dios no existe, el choque de la impresión será tal, que es seguro que no podrán articular palabra alguna delante de Él. Pero, ¿qué será de los que se creen lo suficientemente buenos como para pretender señalarle a Dios unas cuantas de sus muchas opiniones que tienen?
Para responder a esto sólo tenemos que acudir a la Escritura donde encontramos que David, el amado y escogido por Dios, clamaba:
Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos; Respóndeme por tu verdad, por tu justicia. Y no entres en juicio con tu siervo; Porque no se justificará delante de ti ningún ser humano (Sal 142. 1-2).
Ahora bien, lo importante aquí no es señalar lo indigno o poca cosa que el hombre es delante de Dios, sino, por al contrario, se trata de resaltar el maravilloso Amor con que Dios te ha amado.
¿Cómo podría cualquier hombre o mujer permanecer delante de Su Majestad si todos somos injustos, si todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios?
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3. 16-17).
¡Él, el único y todopoderoso Dios, decidió amarte tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo, como el precio para pagar tus culpas y pecados, antes que perderte a ti!
MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos (1 Jn 3.1 Biblia Al Día BAD).
Es por Su Amor hacia ti, que Dios desea trasladarte de tu condición de muerte eterna a Su condición de Vida Eterna; a una Vida plena y abundante donde, en lugar de condenación, encuentres la plenitud como un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn 10. 10).
¡Sólo los Hijos de Dios Nacidos de Nuevo tienen derecho a vivir la Vida Plena y Abundante que es la Vida Eterna!
El propósito de la muerte de Jesucristo en esa cruz, siempre ha sido llevarte de ese estilo de vida de fracaso, desesperación, enfermedad, pobreza, temor y muerte, hacia una Vida plena y abundante que solamente Él te puede ofrecer.
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos;  herederos de Dios y coherederos con Cristo (Ro 8.15-17a).
Una Vida llena de luz y de amor; donde tengas la plena certeza de quién tú ahora eres en Cristo: un(a) Hijo(a) amado(a) del único Dios vivo y verdadero. ¡Heredero(a) de Dios y coheredero(a) con Cristo Jesús!
Pues han nacido de nuevo pero no a una vida que pronto se acabará. Su nueva vida durará para siempre porque proviene de la eterna y viviente palabra de Dios (1 P 1.23 Nueva Traducción Viviente NTV).
Gracias a que tu Nuevo Nacimiento no proviene de una simiente corruptible sino de la semilla incorruptible que es la Palabra de Dios, ahora tú tienes una Vida totalmente Nueva donde el pecado NADA tiene en ti.
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Jn 1.9).
Si caes, puedes correr hacia tu Padre celestial, en lugar de huir y esconderte de Él sintiéndote todo(a) condenado(a) por tus fracasos; puedes con toda confianza ir a Su Presencia y arrepentirte y pedirle perdón, sabiendo de antemano que, por Su gran Amor con que te ama, Él te perdona y no te condena.
Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (He 2.14-15).
Por lo que Jesucristo hizo en la cruz por Amor a ti, tienes una Naturaleza totalmente Nueva y todo el derecho a vivir una Vida Plena donde la muerte ya ha sido vencida en ti y no tienes absolutamente nada que temer, pues tú moriste con Jesús y juntamente con Él fuiste resucitado(a): la muerte ya no te puede tocar.
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gal 2.20).
Recuerda que la paga del pecado es muerte (eso lo pagó Jesús por ti), pero el regalo de Dios es VIDA ETERNA en Cristo Jesús (esto lo recibes tú al creer, al creerle a Dios, al creerle a Su Palabra).
Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Jn 4. 4).
Tu situación actual es totalmente distinta a la del pasado. Tú no eres más como todos los que están en el mundo. Hoy, tú eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y el Espíritu Santo vive en ti y contigo. La victoria es tuya y no tienes nada que temer. Ya no te justificas delante de Dios, ni pretendes discutir con Él. Ahora le conoces, conoces Su Amor y le amas como Hijo(a) que eres de Él.
Lo que te hace diferente a los que están en el mundo no son tus acciones ni tu conducta, sino tu fe. Esto es, lo que te da la victoria sobre tu vieja naturaleza, sobre el hombre de pecado. Lo que te hace diferente a los que están en el mundo es  que tú le crees a Dios, tú le crees a Su Palabra, la Biblia. Lo que te hace diferente a los que están en el mundo es creer que por la obra redentora de Jesucristo, ahora tú eres la persona que Dios dice en la Biblia que eres:
Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Jn 5.4-5).
Efectivamente, la Biblia te enseña quién ahora tú eres en Cristo Jesús, pero es hasta que lo has creído que comienzas a pensar, hablar y actuar como tal.
Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo  (Gal 4.6-7).
Antes de Nacer de Nuevo, en mi ignorancia yo creía que tenía todo el derecho, como creatura, para confrontar a Dios. Ahora entiendo que hay una forma, un camino, para hablar con Él cara a cara. Hoy mi orgullo y falta de conocimiento han sido diluidos por la hermosa luz de la Verdad:
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo(por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (Efe 2.4-10).
¡Dios me justificó en la Sangre de Jesús! ¡Preciosa Sangre!
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, ahora entiendo que Job pretendía ejercer un derecho que no tenía, pero anhelaba tener: hablar Contigo cara a cara. Ahora, yo, Señor, tengo ese derecho y privilegio por la Sangre de Tu Hijo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Cómo no decirte que te amo y te adoro. Gracias por tan grande Amor. Hoy estoy delante de Tu Presencia sabiéndome Tu Hijo(a) amado(a). Señor Jesús, creo lo que hiciste por mí en la Cruz, y recibo todos los beneficios que Tu Sangre compró para mí: Vida Eterna, Vida Abundante, Vida Plena. Mi Dios, yo tengo fe y sé que puedo confiar plenamente en Tu Palabra y, por lo tanto, comprendo y creo que Tu voluntad para conmigo es buena, agradable y perfecta. Creo y recibo este tu gran Amor que sientes por mí. Gracias por Tu Palabra, que es la Verdad, y con la cual puedo dirigir mi vida. Gracias, Señor Jesús, por lo que adquiriste para mí al morir en esa cruz y al resucitar de la muerte. Por todo esto, creo y declaro que caerán a mi lado mil y diez mil a mi diestra más a mí no llegará, porque aunque ande en valle de sombra y de muerte NO TEMERÉ mal alguno porque Tú, Señor, estás conmigo. Tú eres el que me guarda y el maligno no me toca. Someto todo problema, angustia o enfermedad a la autoridad de la Palabra de Dios, mi Padre, y los pongo bajo mis pies. ¡Soy sano(a)! ¡Soy Libre! ¡Soy próspero(a)! Creo y recibo el Amor, el gozo y la paz que sólo yo, un(a) Hijo(a) del Rey, puedo experimentar para vivir una vida en la Plenitud de Dios, mi Padre. ¡No voy a temer! Solamente creeré lo que la Biblia, la Palabra de Dios, que no miente, dice acerca de mí. Abba, Padre, me parece que la Eternidad será corta para amarte y agradecerte lo que hiciste por mí. En el nombre de Jesús. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Mayo         10                        Hch 19. 23-41  /  Jue -11.34-12.15  /  Job 40
 


jueves, 2 de mayo de 2013

¿Qué tiempos estamos viviendo?

 
Miércoles 1 de Mayo de 2013.
¡Tiempos emocionantes!
Por Riqui Ricón*
Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios (Hch 14.3).
En la lectura del día de hoy, la Biblia nos muestra como Pablo y Bernabé estuvieron en la ciudad de Iconio predicando el evangelio durante bastante tiempo; mientras que el Señor les concedía el poder de hacer grandes milagros que demostraban el origen divino del mensaje que predicaban.
Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén (Mar 16.20).
Hoy en día, en pleno siglo XXI, somos testigos de las mismas señales que acompañan la predicación de la Palabra de Dios: cáncer, diabetes, VIH y muchísimas otras enfermedades son sanadas mediante la oración y la imposición de manos. Los matrimonios y las vidas destruidas de cientos de miles de personas son restaurados en este preciso momento por el Poder y el Amor contenidos en el mensaje del Evangelio.
Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán (Mar 16.17-18).
Es evidente que Jesús lo dijo así en Su Palabra y esto es una realidad el día de hoy.
En verdad que estamos viviendo los tiempos más emocionantes en la historia de la humanidad. El mensaje de la Biblia, el Evangelio de Jesucristo, sigue siendo tan real y eficaz como lo fue en la época de Pablo y Bernabé.
Quizá tú no te sientas hoy con la fe suficiente (menos con el Poder) para realizar milagros a nombre de Jesucristo. Quizá hoy estás enfrentando problemas particulares que te impiden pensar en otra cosa que no sea cómo solucionarlos. Quizá pienses que hoy no es el día indicado para hablarte de la fe, los milagros y el Poder de Dios. Pero, quizá sí.
¡Quién me diera quien me oyese! He aquí mi confianza es que el Omnipotente testificará por mí, Aunque mi adversario me forme proceso (Job 31.35).
Ante la adversidad, ante las dudas, problemas y aflicciones, que le embargaron más allá de sus fuerzas y recursos, Job terminó por declarar que su confianza estaba en el Todopoderoso Dios.
A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente (Sal 16.8-9).
Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, Cuya esperanza está en Jehová su Dios (Sal 146.5).
Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová. Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, Y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira. Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, No pueden ser enumerados (Sal 40.1-5).
Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía (Sal 84.12).
El poder y la fe del Evangelio emanan no de cómo tú te sientas el día de hoy, ni de qué tan grandes o difíciles son los problemas que estás enfrentando. El poder y la fe del Evangelio emanan de tu confianza en la Palabra de Dios.
Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice? (Num 23.19).
La Biblia es la Palabra de Dios y ésta es la Palabra de Honor del único Dios Todopoderoso, y es Él quien afirma en Su Palabra amarte tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).
Dios no te ha dejado a merced de tus circunstancias, ni te dejará. Dios te ama y tú eres muy valioso(a) para Él.
Como con Pablo y Bernabé, hoy en día, Dios respalda a aquellos que creen; Dios respalda a aquellos que creen en Él y lo demuestran creyendo Su Palabra, pues, al fin y al cabo, Dios respalda Su Palabra de Honor.
Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá (Mar 11.24).
- Mira Riqui Ricón, yo ya leí eso y lo puse en práctica; me puse a orar y no sucedió nada.
Pues tienes que saber que el secreto no está en que ores sino en que creas que lo recibirás por la simple y sencilla razón de que Dios lo dijo así, y si Dios lo dijo, entonces, Él lo va hacer, si Dios lo hablo, entonces, Él lo va a ejecutar.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Luc 21.33).
¡Primero el cielo y la tierra dejan de existir antes que Dios deje de cumplir Su Palabra de Honor!
Mira cómo Job buscaba un abogado en Dios.
Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo (1 Jn 2.1).
Ahora, tú tienes un abogado en Cristo Jesús.
Job buscaba ser justificado delante de Dios.
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Co 5.21).
Tú has sido justificado(a) por Dios.
Job quería hablar con Dios.
Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (He 4-14-16).
Tú tienes libre acceso a la Presencia de Dios, pues ahora eres legal y legítimamente un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo.
¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él (1 Jn 3.1 BAD).
¡Tú eres, ni más ni menos que un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!
¿Por qué esto es tan importante para creer?
De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre (Jn 14.12).
Si no crees, no podrás hacer las cosas que Él hizo y, entonces, no podrás cumplir el propósito por el cual estás en este mundo.
Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible (Mar 9.23).
Recuerda, ¡sin fe es imposible agradar a Dios!
Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan (Sgo 2.19).
Los demonios, como la mayoría de los seres humanos, creen en Dios y tiemblan. Pero, no es suficiente con creer en Dios, es necesario creerle, creerle a Él creyendo Su Palabra.
Tú has sido destinado(a) a realizar grandes cosas para el Reino, así que, confía en la Palabra de Dios y Él dará testimonio de la Palabra de Su Gracia concediendo que por tu mano se hagan señales y prodigios tal y como la ha prometido.
¡Son tiempos emocionantes!
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, gracias por tanto y tan grande Amor con que me has amado que siendo yo un(a) pecador(a) entregaste a Tu Hijo, Jesucristo, para pagar todas mis deudas y así hacerme a mí un(a) Hijo(a) Tuyo(a) igual a Jesús. Oh Dios, es algo tan asombroso saberme amado(a) de tal manera. Jesús, por Tu sacrificio en la cruz, por Tu Sangre preciosa, Tu muerte y resurrección, he sido justificado(a), perdonado(a) y santificado(a). Abba, Padre, gracias por haber procurado para mí un camino de salvación, un camino vivo y perfecto mediante la muerte y resurrección de Tu Hijo, Jesús. Jesucristo, Tú eres mi Rey, Señor y Salvador. Tú me has trasladado de las tinieblas a Tu luz admirable otorgándome Tu propia Vida. Gracias Señor Jesús, por Ti soy Eterno(a). Juntamente contigo, ¡viviré para siempre! ¡Nunca moriré! Padre celestial, yo creo y recibo esta identidad Eterna de Hijo(a) Tuyo(a). ¡Acepto el precio que se pagó por ella! Así que, Si Tú estás por mí, ¿quién contra mí? Si no escatimaste ni a Tu propio Hijo, sino que lo entregaste por Amor a mí, ¿cómo no me darás también con Él todas las cosas? ¿Quién me acusará si soy escogido(a) de Dios? Dios, Tú mismo eres el que me justifica. ¿Quién es el que me condenará? Cristo Jesús, Tú moriste por mí; más aún, Tú, Señor, eres el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercedes por mí. ¿Quién me separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? A todos esos males se refieren las Escrituras diciendo: "Por ser fieles a tu causa nos persiguen a muerte sin descanso; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero".Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Antes, en todas estas cosas yo, ___________ (tu nombre aquí), soy más que vencedor(a) por medio de aquel que me amó. Por lo cual estoy seguro(a) de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor mío. Así que, ¡Abba! ¡Padre! Yo soy Tuyo(a), y en Cristo Jesús ya he vencido, pues mayor eres Tú, Espíritu Santo, que vives en mí y conmigo, que el que está en el mundo. Padre, ¡Todas y cada una de Tus Promesas son en mí, sí y amén! Me someto a Ti, mi Dios y Padre, me someto a Tu Palabra, resisto a Satanás y éste tiene que huir de mi vida. No recibo ni la duda, ni el temor, ni la enfermedad, ni la pobreza, ni la angustia, ni la depresión. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! En el nombre de Jesús. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Mayo 1                                  Hch 14 /  Jos 22 /  Job 31