miércoles, 27 de marzo de 2024

¡Cómo dejar de mezclarme con el mundo!

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 27 Marzo 

¡Cómo dejar de mezclarme con el mundo!

 

¡Creyendo que soy quien Dios dice que soy!

Por Riqui Ricón*

los moabitas sintieron mucho miedo de los israelitas. Estaban verdaderamente aterrorizados de ellos, porque eran un ejército muy numeroso” (Núm 22:3 NVI).

En este día, es interesante notar que aunque los israelitas no iba a pelear contra los moabitas, éstos últimos se encontraban aterrados, vencidos por el miedo, porque sabían que Dios estaba con Israel. Esta es la verdadera condición de los enemigos del pueblo de Dios.

Repite en voz audible: “Amado Padre celestial, si esa era la condición de los enemigos de Tu Pueblo, cuánto más aterrados deben estar mis enemigos, pues yo soy Tu Hijo(a) Amado(a) y Tú, mi Dios y Padre, siempre estás conmigo”.

Sin embargo, ¿por qué a veces pensamos que el enemigo, Satanás y sus mentiras de pobreza, escasez, enfermedad, violencia y aflicción, esta vez si nos pueden derrotar, y entonces nos llenamos de miedo y ansiedad? La respuesta a esta pregunta es simple: Por la mezcla. Esto es, por estar tolerando en nuestras vidas actitudes y pecados mundanos que no corresponden a nuestra Nueva Naturaleza como Hijos de Dios Nacidos de Nuevo.

Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito” (Núm 22:6 RV60).

Balac era el rey de Moab y sabía muy bien que Balam era un profeta del Dios altísimo, así que, como era obvio que en lo natural, con sus fuerzas, no podría vencer a Israel, en su desesperación, acudió a Balam con la esperanza de usar fuerzas espirituales para obtener la victoria.

Entonces dijo Dios a Balaam:  No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es. Así Balaam se levantó por la mañana y dijo a los príncipes de Balac:  Volveos a vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar ir con vosotros. Y los príncipes de Moab se levantaron, y vinieron a Balac y dijeron:  Balaam no quiso venir con nosotros. Volvió Balac a enviar otra vez más príncipes, y más honorables que los otros” (Núm 22:12-15 RV60).

Al tolerar el pecado en nuestras vidas o pactar alianzas con el sistema del mundo, me nubla la razón y hace que mi mente se confunda (espíritu de confusión). Pon atención a como es curioso que, entre Balaam, los príncipes y Balac se entabla un tipo de comunicación donde nadie parece tomar en serio La Palabra de Dios, y prevalece la mentira:

1. Balaam no fue honesto ni para con Dios ni para con Balac. Él debió haber dicho la Verdad: "No se metan con Israel, pues es un pueblo bendito por Dios".

Ahora, pues, Tatnai gobernador del otro lado del río, Setar- boznai, y vuestros compañeros los gobernadores que estáis al otro lado del río, alejaos de allí. (7) Dejad que se haga la obra de esa casa de Dios; que el gobernador de los judíos y sus ancianos reedifiquen esa casa de Dios en su lugar. (8) Y por mí es dada orden de lo que habéis de hacer con esos ancianos de los judíos, para reedificar esa casa de Dios; que de la hacienda del rey, que tiene del tributo del otro lado del río, sean dados puntualmente a esos varones los gastos, para que no cese la obra. (9) Y lo que fuere necesario, becerros, carneros y corderos para holocaustos al Dios del cielo, trigo, sal, vino y aceite, conforme a lo que dijeren los sacerdotes que están en Jerusalén, les sea dado día por día sin obstáculo alguno, (10) para que ofrezcan sacrificios agradables al Dios del cielo, y oren por la vida del rey y por sus hijos. (11) También por mí es dada orden, que cualquiera que altere este decreto, se le arranque un madero de su casa, y alzado, sea colgado en él, y su casa sea hecha muladar por esto. (12) Y el Dios que hizo habitar allí su nombre, destruya a todo rey y pueblo que pusiere su mano para cambiar o destruir esa casa de Dios, la cual está en Jerusalén.  Yo Darío he dado el decreto; sea cumplido prontamente. (13) Entonces Tatnai gobernador del otro lado del río, y Setar-boznai y sus compañeros, hicieron puntualmente según el rey Darío había ordenado” (Esd_6:6-13 RV60).

¡Qué diferencia con el rey Darío! ¿Por qué Balam no actuó valientemente para decir la Verdad? ¡Todo por codicia! Que es miedo e incredulidad de que Dios sea mi sustentador.

¡Ay de ellos!  porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré” (Jud 1:11 RV60).

A la Palabra de Dios no se le debe añadir ni quitar para que traiga luz. Balaam no actuó así. El verdadero profeta está para guiar y dar visión utilizando La Palabra de Dios como Antorcha. Al rey Balac y a sus príncipes les faltaba visión y Balaam NO se las dio.

Ahora bien, si pones atención notarás que los mensajeros ¡también mintieron! No le dijeron al rey que el Dios de Balam no lo dejaba venir, sino que le dijeron que Balam no quería venir. Este es el proceder del sistema del mundo y ese es el dios de los seres humanos, un dios que se pueda utilizar y mangonear a nuestro favor, si no, no sirve como dios.

Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?  Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él.  Y el pueblo no respondió palabra” (1Re 18:21 RV60).

El problema de estar mezclados con el mundo, aunque sea un poquito, porque que tanto es tantito, es que anula tu efectividad como creyente: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?  Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. La palabra claudicar se usa en la guerra para nombrar a aquellos que se rinden y que ya no pueden, ni quieren, pelear más. ¡Están vencidos!

No perdáis, pues, vuestra confianza [seguridad], que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia [la constancia, la persistencia], para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa [la redención como un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo]. Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo [yo] vivirá por fe [por creerle a Dios creyendo Su Palabra]; Y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe [los que le creen a Dios creyendo Su Palabra] para preservación del alma” (Heb 10:35-39 RV60).

¡Tú y yo somos diferentes! ¡Somos Hijos de Dios Nacidos de Nuevo! Y aunque seguimos pecando, no somos pecadores. ¡No somos de los que retroceden para perdición! ¡Somos los que le creemos a Dios, creyendo Su Palabra!

pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Heb 10:12-14 RV60).

La obra redentora de Cristo Jesús por ti y por mí fue completa, perfecta y acabada. Al aceptar su muerte y resurrección como el justo pago por TODOS tus pecados (pasados, presentes y futuros), tú naciste de nuevo como un(a) legítimo y auténtico(a) Hijo(a) de Dios: eterno(a), santo(a), justo(a), perfecto(a) y glorificado(a).

Eterno(a):

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jua 3:16 RV60).

Santo(a):

Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo” (Jud 1:1 RV60).

Justo(a):

Justificados, pues, por la fe [por creerle a Dios, creyendo Su Palabra], tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom 5:1 RV60).

Perfecto(a):

porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Heb 10:14 RV60).

Glorificado(a):

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Rom 8:29-30 RV60).

Esta es la Palabra de Dios y ES La Verdad. Entonces, como puedes ver, ni tú ni yo somos pecadores. No practicamos el pecado. Y aunque a veces caemos, no somos como Balac ni como Balam quienes estaban sujetos a la naturaleza corrompida y pecadora del ser humano. Si pecamos es por causa de Satanás y su sistema, el mundo, quienes constante y continuamente nos hacen la guerra para condenarnos y anularnos en nuestro propósito como Hijos de Dios Nacidos de Nuevo, que es brillar intensamente con la luz de Jesucristo en este mundo sumido en obscuridad, para dar a conocer las virtudes de Aquel que nos sacó de las tinieblas a Su Luz admirable.

Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Jua 17:14-16 RV60).

Así que, sabiendo que estás en guerra, levántate y resplandece, no te desanimes por nada, porque ya ha venido tu luz, y la gloria del Señor ya ha nacido sobre ti (Isa 60:1). Comienza a desmezclarte del mundo, despójate de todo peso y del pecado que te asedia como un enemigo feroz, y corre con paciencia, con constancia y persistencia, la carrera que tienes por delante, la cual es bella y excitante (Heb 12:1).

Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos” (1Ti 6:12 RV60).

Gracias a Cristo Jesús, tú no eres como el resto de los mortales que están sujetos al pecado y a la muerte, de hecho, ahora eres eterno(a), por lo tanto, pelea la buena batalla de la FE, creyéndole a Dios creyendo Su Palabra; echa mano de tu identidad, de quien ahora tú eres en Cristo Jesús, pues haciéndolo así, no habrá forma en la que puedas perder.

¿Qué, pues, diremos a esto?  Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios?  Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará?  Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo?  ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom 8:31-39 RV60).

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, que hermoso es saber y creer lo que hiciste por Amor a mí. Gracias por no haber escatimado a Tu propio Hijo Jesús, sino que lo entregaste por mí. Señor Jesús, muchas gracias porque Tú, siendo en forma de Dios, no estimaste el ser igual a Dios como cosa a que aferrarte, sino que Te despojaste a Ti mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, Te humillaste a Ti mismo, haciéndote obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Gracias porque con Tu muerte y resurrección, destruiste por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y así, me has hecho libre, pues yo, por el temor de la muerte estaba durante toda mi vida sujeto(a) a servidumbre. ¡Porque Tú moriste, mi vieja naturaleza, mi viejo(a) yo, murió contigo! ¡Porque Tú vives, yo también vivo! ¡La Vida Eterna que Tú tienes, es la misma que adquiriste para mí! ¡Puedo dejar de temerle a la muerte! ¡La muerte ya no se enseñorea más de mí! ¡Gracias! ¡Muchas gracias, Señor Jesús! Ahora puedo, con toda certeza declarar que, ¡Soy eterno(a)! ¡Soy santo(a)! ¡Soy justo(a)! ¡Soy perfecto(a)! ¡Soy glorificado(a)! Gracias Padre, porque aunque estoy en guerra y a veces caigo, no soy un pecador y en Ti tengo la victoria en todas las áreas de mi vida. Gracias porque me creaste de nuevo pero ahora como Tu Hijo(a). ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy más que vencedor(a)! ¡Todo lo puedo en Cristo! Y, por la Sangre de Jesús, soy dichoso(a) para vivir una vida plena, abundante y de servicio a los demás. Muchas gracias, Señor Jesús. Gracias por esta Nueva Vida en Plenitud que ahora tengo. Gracias por mi sanidad. Gracias por mi salud. Gracias por mi prosperidad. Gracias por el Amor, la paz y el gozo que ahora disfruto. ¡Gracias por mi Victoria sobre la muerte! ¡Ya no tengo temor! ¡Estoy asegurado(a)! ¡Tú eres mi escudo! En el nombre de Jesús. Amén.

Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2020

 

 

Tres Recomendaciones:

Lo que acabas de suceder al reconocer a Jesucristo como el Señor y Salvador de tu vida, de acuerdo con La Palabra de Dios, es que has Nacido de Nuevo, ya no más como un ser humano común y corriente, sujeto a la ley del pecado y de la muerte, sino que ahora eres un(a) legítimo(a) y auténtico(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, exactamente igual a Jesucristo, quien ahora es tu Hermano Mayor. Por lo tanto, te hago estas tres importantísimas recomendaciones:

1.     Orar. Orar es platicar con Dios. Así que, búscate un lugar tranquilo donde puedas comenzar a platicar todas tus cosas con Él. Hazlo de forma audible y notarás como Dios siempre responderá a tu corazón.

2.     Leer y meditar la Palabra de Dios. La Biblia es La Palabra de Dios, así que, consigue una Biblia y comienza a leerla y meditarla. ¿Cómo empezar? Es muy sencillo. Dependiendo del día que sea hoy, busca en el programa de lectura “La Biblia en un año” y realiza las lecturas correspondientes. Este programa lo puedes obtener en: A Través de La Biblia En Un Ano (palabradehonor.org) Notarás que el programa está arreglado para imprimirlo como un cuadernillo.

3.     En oración con Dios, tu Padre, busca y únete a una iglesia o congregación cristiana donde enseñen la Palabra de Dios en base a las Buenas Noticias que son el Evangelio de Jesucristo.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2020

 

 

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Marzo 27                                    Mat 22.23-46 /  Núm 22.1-40 /  Can 2.8-3.5

 

 

  

Cápsula del día.





Puedes escuchar o descargar la lectura de la  Biblia en audio del día de hoy, la tenemos para ti en dos versiones: 


RV60 

NVI 



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Marzo 27                                    Mat 22.23-46 /  Núm 22.1-40  Can 2.8-3.5

 

San Mateo 22.23-46

La pregunta sobre la resurrección

(Mr. 12.18–27; Lc. 20.27–40)

23Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección,b y le preguntaron, 24diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano.c 25Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. 26De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. 27Y después de todos murió también la mujer. 28En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?

29Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios. 30Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. 31Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: 32Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?d Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. 33Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina.

El gran mandamiento

(Mr. 12.28–34)

34Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. 35Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle,e diciendo: 36Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.f 38Este es el primero y grande mandamiento. 39Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.g 40De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

¿De quién es hijo el Cristo?

(Mr. 12.35–37; Lc. 20.41–44)

41Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, 42diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 43El les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:

     44     Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi derecha,

Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?h

 45Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? 46Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.[1]

 

Números 22.1-40

Balac manda llamar a Balaam

22

1Partieron los hijos de Israel, y acamparon en los campos de Moab junto al Jordán, frente a Jericó. 2Y vio Balac hijo de Zipor todo lo que Israel había hecho al amorreo. 3Y Moab tuvo gran temor a causa del pueblo, porque era mucho; y se angustió Moab a causa de los hijos de Israel. 4Y dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo. Y Balac hijo de Zipor era entonces rey de Moab. 5Por tanto, envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, en Petor, que está junto al río en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí. 6Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito.

7Fueron los ancianos de Moab y los ancianos de Madián con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron a Balaam y le dijeron las palabras de Balac. 8El les dijo: Reposad aquí esta noche, y yo os daré respuesta según Jehová me hablare. Así los príncipes de Moab se quedaron con Balaam. 9Y vino Dios a Balaam, y le dijo: ¿Qué varones son estos que están contigo? 10Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha enviado a decirme: 11He aquí, este pueblo que ha salido de Egipto cubre la faz de la tierra; ven pues, ahora, y maldícemelo; quizá podré pelear contra él y echarlo. 12Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es. 13Así Balaam se levantó por la mañana y dijo a los príncipes de Balac: Volveos a vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar ir con vosotros. 14Y los príncipes de Moab se levantaron, y vinieron a Balac y dijeron: Balaam no quiso venir con nosotros.

15Volvió Balac a enviar otra vez más príncipes, y más honorables que los otros; 16los cuales vinieron a Balaam, y le dijeron: Así dice Balac, hijo de Zipor: Te ruego que no dejes de venir a mí; 17porque sin duda te honraré mucho, y haré todo lo que me digas; ven, pues, ahora, maldíceme a este pueblo. 18Y Balaam respondió y dijo a los siervos de Balac: Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi Dios para hacer cosa chica ni grande. 19Os ruego, por tanto, ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve a decir Jehová. 20Y vino Dios a Balaam de noche, y le dijo: Si vinieron para llamarte estos hombres, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te diga.

El ángel y el asna de Balaam

21Así Balaam se levantó por la mañana, y enalbardó su asna y fue con los príncipes de Moab. 22Y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos criados suyos. 23Y el asna vio al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y se apartó el asna del camino, e iba por el campo. Entonces azotó Balaam al asna para hacerla volver al camino. 24Pero el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas que tenía pared a un lado y pared al otro. 25Y viendo el asna al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam; y él volvió a azotarla. 26Y el ángel de Jehová pasó más allá, y se puso en una angostura donde no había camino para apartarse ni a derecha ni a izquierda. 27Y viendo el asna al ángel de Jehová, se echó debajo de Balaam; y Balaam se enojó y azotó al asna con un palo. 28Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has azotado estas tres veces? 29Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí. ¡Ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría! 30Y el asna dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asna? Sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿he acostumbrado hacerlo así contigo? Y él respondió: No.

31Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro. 32Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí. 33El asna me ha visto, y se ha apartado luego de delante de mí estas tres veces; y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría a ti, y a ella dejaría viva. 34Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, porque no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino; mas ahora, si te parece mal, yo me volveré. 35Y el ángel de Jehová dijo a Balaam: Ve con esos hombres; pero la palabra que yo te diga, esa hablarás. Así Balaam fue con los príncipes de Balac.

36Oyendo Balac que Balaam venía, salió a recibirlo a la ciudad de Moab, que está junto al límite de Arnón, que está al extremo de su territorio. 37Y Balac dijo a Balaam: ¿No envié yo a llamarte? ¿Por qué no has venido a mí? ¿No puedo yo honrarte? 38Balaam respondió a Balac: He aquí yo he venido a ti; mas ¿podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere en mi boca, esa hablaré. 39Y fue Balaam con Balac, y vinieron a Quiriat-huzot. 40Y Balac hizo matar bueyes y ovejas, y envió a Balaam, y a los príncipes que estaban con él.[2]

       

Cantares 2.8-3.5

 

8     ¡La voz de mi amado! He aquí él viene

Saltando sobre los montes,

Brincando sobre los collados.

     9     Mi amado es semejante al corzo,

O al cervatillo.

Helo aquí, está tras nuestra pared,

Mirando por las ventanas,

Atisbando por las celosías.

     10     Mi amado habló, y me dijo:

Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.

     11     Porque he aquí ha pasado el invierno,

Se ha mudado, la lluvia se fue;

     12     Se han mostrado las flores en la tierra,

El tiempo de la canción ha venido,

Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.

     13     La higuera ha echado sus higos,

Y las vides en cierne dieron olor;

Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.

     14     Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes,

Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz;

Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.

     15     Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas;

Porque nuestras viñas están en cierne.

     16     Mi amado es mío, y yo suya;

El apacienta entre lirios.

     17     Hasta que apunte el día, y huyan las sombras,

Vuélvete, amado mío; sé semejante al corzo, o como el cervatillo

Sobre los montes de Beter.

El ensueño de la esposa

3

     1     Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma;

Lo busqué, y no lo hallé.

     2     Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad;

Por las calles y por las plazas

Buscaré al que ama mi alma;

Lo busqué, y no lo hallé.

     3     Me hallaron los guardas que rondan la ciudad,

Y les dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma?

     4     Apenas hube pasado de ellos un poco,

Hallé luego al que ama mi alma;

Lo así, y no lo dejé,

Hasta que lo metí en casa de mi madre,

Y en la cámara de la que me dio a luz.

     5     Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén,

Por los corzos y por las ciervas del campo,

Que no despertéis ni hagáis velar al amor,

Hasta que quiera.[3]

 



b 22.23: Hch. 23.8.

c 22.24: Dt. 25.5.

d 22.32: Ex. 3.6.

e 22.35–40: Lc. 10.25–28.

f 22.37: Dt. 6.5.

g 22.39: Lv. 19.18.

h 22.44: Sal. 110.1.

[1]Reina Valera Revisada (1960). 1998 (Mt 22.22-46). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.

[2]Reina Valera Revisada (1960). 1998 (Nm 21.35-22.40). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.

[3]Reina Valera Revisada (1960). 1998 (Cnt 2.8-3.5). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.


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