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domingo, 15 de noviembre de 2015

¡Cómo Vivir en Paz!



15 de Noviembre
¡Paz que sobrepasa todo entendimiento!
Por Riqui Ricón*
Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz (Sgo 3.18).
En los primeros tres capítulos de la epístola de Santiago la Escritura nos habla de ser hacedores de la Palabra de tal forma que nuestra fe tenga obras y dé fruto. Tú eres un(a) Hijo(a) de Dios NACIDO(A) DE NUEVO y, por lo tanto, eres un(a) creyente hacedor(a) de la Palabra quien, por las obras de la fe, darás siempre frutos de justicia.
¿Qué significa esto? Bueno, pues ser justo significa ser aprobado delante de Dios y esto, siempre traerá paz a tu vida. Creer que Jesucristo es tu Señor y Salvador significa creerle a Dios, creerle a la Biblia y, precisamente por esta fe, sabes que Él ya pagó el precio de todos tus delitos y pecados, que has sido justificado(a) y que, justamente por esto, ahora eres un(a) Hijo(a) de Dios NACIDO(A) DE NUEVO. Ya no eres, ni puedes ser, la misma persona que antes eras.
Pues si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo…  a fin de que, así como reinó el pecado en la muerte, reine también la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor  (Ro 5.17, 21 NVI).
Lo más fabuloso del mensaje del Evangelio (las Buenas Nuevas), es que todo se te ha dado por medio de Jesucristo para que puedas reinar en esta vida mediante la Gracia de Dios para Vida Eterna. Ya no eres, ni puedes ser la misma persona que antes eras, esto es así no por lo que tú puedas hacer o dejar de hacer sino por lo que Cristo Jesús YA HIZO por ti.
Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente (Luc 8.50a).
Es aquí donde tu fe [creerle a Dios, creyendo Su Palabra] puede comenzar a producir frutos apacibles de justicia. ¿Cómo? Un buen inicio es mediante tus palabras.
Antes, tus palabras contaminaban tu cuerpo e inflamaban todo tu alrededor, pero ahora, siendo renacido(a) no de una simiente corruptible sino de la incorruptible simiente que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre, tus palabras tienen el poder de Dios para sanar, perdonar, liberar y traer amor, paz y gozo a todos los que te rodean.
Si me puedo explicar correctamente, entenderás que todo esto no se trata de algo que debas lograr o desarrollar sino de algo que tú ya tienes pues fluye de tu identidad, fluye de la persona que ahora eres en Cristo Jesús: ¡Un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!
Dios así lo ha establecido en Su Palabra y sólo tienes que creerlo pues esta es la Verdad. Veamos cómo lograrlo:
Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible (Mar 9.23).
En Efesios 4, la Biblia nos enseña que debemos despojarnos del viejo hombre (mujer) que está viciado conforme a los deseos engañosos renovándonos (haciéndonos nuevos) en el espíritu de nuestra mente. Esto significa que, para poder despojarte de esa vieja naturaleza necesitas creer que eres la persona que Dios dice que eres. ¡Cambia tu forma de pensar!
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre,  que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre,  creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efe 4.22-24).
Para conseguir esto lo que tienes que hacer es poner la Palabra de Dios en tu mente, boca y corazón (leerle y meditarla de día y de noche), de tal manera que el primer fruto de las obras de tu fe sea cambiar tu forma de pensar y de hablar.
Tus palabras proceden de tu forma de pensar y si no haces de la Palabra de Dios la prioridad de tu vida, vendrán las presiones que enfrentas cada día y reaccionarás de la misma forma que lo has hecho siempre. Pero, conforme empiezas a llenar tu vida de la Palabra de Dios irás notando que ya no reaccionas igual y que tu forma de hablar comienza a cambiar y a manifestar los frutos de justicia.
hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque. Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo (Isa 32.15-18).
Este hasta que de la Escritura ya se ha cumplido; de hecho tiene un doble cumplimiento: primero, cuando Jesús pagó en la cruz todos tus pecados y abrió el camino para que el Espíritu Santo pudiera venir a tu vida; segundo, cuando aceptaste ese sacrificio de Amor haciendo a Jesús el Señor y Salvador de tu vida.
Ni la paz, ni el reposo, ni la seguridad para siempre son cosas que tú puedas manifestar o desarrollar de alguna forma, sino que son los efectos que la Sangre de Jesús tiene sobre tu vida. Al derramar Su Sangre en la cruz, Jesús satisfizo la Justicia de Dios. Muriendo el Único Justo por los injustos te justificó a ti, haciéndote justo(a) de una vez y para siempre.
¡El efecto de esta justicia es paz y su labor es reposo y seguridad para siempre!
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Co 5.21).
Me dirás, suena bien, pero, ¿cómo puedo hacer de esto una realidad en mi vida? Pues, ¡cambia tu forma de pensar! Haz de la Palabra de Dios la prioridad de tu existencia. Medita en ella de día y de noche, ponla en tu mente, boca y corazón porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).
Aprende de la experiencia del pueblo de Israel, pues cuando éste iba a entrar a la tierra prometida, 10 de los 12 espías que Moisés había enviado hablaron mal de sus posibilidades de éxito.
Fueron LAS PALABRAS de estas 10 personas las que sembraron la duda y el temor en un pueblo que ya había experimentado grandes victorias a través de los milagros y maravillas que Dios obraba. Esas palabras de duda, incredulidad y temor, impidieron a toda una nación tomar posesión de lo que Dios ya les había prometido.
Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y se enojó, y juró diciendo: No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres, excepto Caleb hijo de Jefone; él la verá, y a él le daré la tierra que pisó, y a sus hijos; porque ha seguido fielmente a Jehová (Deu 1.34-36).
Sin embargo, hubo dos, Josué y Caleb, que pensaban totalmente diferente (tenían otro espíritu) y hablaron palabras de fe y de verdad tratando de animar al pueblo a creerle a Dios. Estos dos fueron los únicos de aquella generación que, por sus palabras, entraron a poseer la tierra prometida.
Así que, es tu fe [creerle a Dios, creyendo Su Palabra], manifestada en tus palabras, la que te da acceso a la victoria y a la paz que sobrepasa todo entendimiento, pues en honor a la Verdad,
Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre [y la mujer] que en ti confía (Sal 84.12).
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, hoy declaro, con toda Tu autoridad, que soy Hijo(a) del único Dios Vivo y Verdadero. Soy NACIDO(A) DE NUEVO y mis palabras están cargadas de poder y autoridad para hacer que las cosas sucedan. Me dispongo con la ayuda del Espíritu Santo a poner la Palabra de Dios en mi mente, BOCA y corazón de tal manera que, sin importar las circunstancias que hoy esté enfrentando, mi pensar, hablar y actuar darán fruto de paz y de justicia. Señor Jesús, yo en Ti confío, Tú eres toda mi confianza, sin Ti no vivo. ¡Soy bienaventurada(o)! ¡Mil veces feliz! Pues la roca de mi salvación es Cristo Jesús. El cielo y la tierra pasarán mas Tu Palabra no pasará. Así que, no pongo mis ojos, ni mi confianza, en la situación, problema o aflicción que hoy esté atravesando, porque yo, ______________ (tu nombre aquí) seré prosperado, por la Palabra de Dios, como el árbol plantado junto a las aguas,  que junto a la corriente echaré mis raíces, y no veré cuando viene el calor, sino que mi hoja estará verde; y en el año de sequía no me fatigaré, ni dejaré de dar fruto. Por lo tanto, resisto las mentiras del diablo y me declaro a mí mismo(a), de acuerdo a Tu Palabra, la Biblia, que ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, no de simiente corruptible sino de la incorruptible semilla que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre! Ni el pecado ni la muerte tienen nada en mí. No hay forma que pueda perder en la vida pues en TODAS las cosas yo, ______________ (tu nombre aquí) soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ama, Cristo Jesús. ¡Amén!
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Noviembre 15                               Sgo 3   /  Jer 25-26  /  Sal 131

martes, 27 de octubre de 2015

¡Cómo vivir en Paz!




27 de Octubre
¡Vida Eterna! ¡Completa Paz!
Por Riqui Ricón*
Alabad a Jehová, naciones todas; Pueblos todos, alabadle. Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia, Y la fidelidad de Jehová es para siempre. Aleluya (Sal 117).
¿Qué motivos tengo para alabar al Señor? ¡Me gusta que me hagan esta pregunta pues yo les podría citar más de un millón de motivos para alabar al Señor! Y para muestra, basta el que a continuación te doy y que te va a impresionar tanto que darás gritos de júbilo al Señor.
¡Prepárate para ser impactado(a) por la Palabra de Dios, que es La Biblia, la cual no miente!
Una de las promesas más hermosas que Dios te hace dice:
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado (Isa 26.3).
Así que, si pones toda tu confianza en la Palabra de Dios haciendo de ella la norma máxima de tu Vida y la pones en tu mente, boca y corazón siendo perseverante en creerle, entonces, Dios se compromete a guardarte en completa paz.
¡Completa paz!
Es algo realmente asombroso saberse destinado a disfrutar de COMPLETA PAZ, sin ningún tipo de temor ni aflicción. ¿Te gustaría? ¡Claro! Pues, entérate, ¡Dios te lo ha prometido!
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Jn 16.33)
En el mundo tendrás aflicciones pero de todas ellas saldrás más que vencedor(a) por medio del Amor de Jesucristo y, por lo tanto, puedes tener paz: ¡nada ni nadie te podrán hacer frente todo los días de tu vida!
»Nadie podrá derrotarte jamás, porque yo te ayudaré, así como ayudé a Moisés. Nunca te fallaré ni te abandonaré (Jos 1:5 TLA).
Sea lo que sea que estés enfrentando el día de hoy, ahí en medio de eso, puedes tener paz, pues sabes que sabes, que Dios, tu Padre, jamás faltará a Su Palabra  y por lo tanto, la victoria es tuya.
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Rom 8:37).
Entonces, toma la decisión de poner todos tus pensamientos y corazón en la Palabra de Dios y Él te guardará en completa paz. Él jamás ha mentido, ni lo hará jamás, pues no puede hacerlo.
Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento (Sal 23:4).
Así que,  si Dios dice que aunque andes en valle de sombra y de muerte no temas mal alguno porque Él está contigo, entonces, esa es la Verdad: ¡Dios está contigo! Y si Dios está contigo, ¿quién contra ti?
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rom 8:31).
Pon mucha atención, porque el asunto que más atormenta a la humanidad entera y lamentablemente también a la mayoría de los creyentes, es el temor a la muerte. Es algo en lo que prefieren ni pensar, pero lo tienen latente cada instante de su vida. Si supieran lo que Jesús hizo al respecto y lo que Dios ha declarado en Su Palabra y lo creyeran, no volverían a temer nunca más.
Dios dice en Su Palabra:
Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros;  y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho. Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación (Isa 25.8-9).
¿Cuándo será esto? ¡Buenas noticias, ya sucedió! Hace más de 2000 años en aquel monte Gólgota o de la calavera, a las afueras de Jerusalén.
Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?  ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.  Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo (1 Co 15.54-57).
Esta VICTORIA sucedió cuando el entregó Su Vida por amor a ti, y la recibiste en el momento que le reconociste como Señor y Salvador de tu vida. En ese momento NACISTE DE NUEVO y todo lo corruptible en ti fue vestido de incorrupción:
siendo renacidos (NACIDO DE NUEVO), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
Ahora eres un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo y por la Victoria de Cristo Jesús sobre el pecado y la muerte, eres totalmente libre de la esclavitud que produce el temor a la muerte.
Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (He 2.14.15).
Si todo esto es Verdad, y claro que lo es, lo razonable sería dejar de sufrir y angustiarnos por el miedo a la muerte para creer y recibir esa paz y dicha, que sobrepasa todo entendimiento, las cuales Jesús compró para ti al morir en esa cruz.
¿O acaso Dios miente al prometer que TODO AQUEL que en él crea no se pierda más tenga VIDA ETERNA (Jn 3.16)? Y qué es Vida Eterna sino vivir para siempre. Aunque te cueste un poco comprenderlo, no lo dudes y créelo, dentro de 5000 años aquí vamos a estar tú y yo, pensando, riendo y gozando de la vida. ¡Esa vida plena y abundante que Cristo Jesús adquirió para ti!
A muchos les cuesta trabajo CREER esto, pero ¿habrá algo imposible para Dios? ¿Cumplirá Él lo que está escrito en Su Palabra? La respuesta es: Si puedes creerle a Él, al que cree le cree a Dios, creyendo Su Palabra, TODO le es posible.
¡Tienes Vida Eterna! ¡Tienes Completa Paz!
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, hoy te doy gracias, una vez más, por tanto y tan grande Amor. Me has hecho Hijo(a) Tuyo(a). No te han importado ni mis pecados, ni mis fracasos y entregaste a Tu Hijo, Jesucristo, para pagar por mí y que yo recibiera Vida Eterna. Por Y todo por Tu gran Amor con que me has amado, que aun estando yo muerto(a) en delitos y pecados me diste Vida juntamente con Cristo. ¡Vida Eterna! Gracias, Jesús, por Ti hoy yo estoy Vivo(a) y viviré por siempre pues Tú venciste a la muerte por mí. ¡Tengo Tu Palabra! ¡Palabra de Dios! ¡Palabra de Honor! ¡Todo lo puedo! ¡En todas las cosas soy más que vencedor(a)! Tú, Señor, me guardarás en completa paz pues mis pensamientos en Ti perseveran. Jehová de los ejércitos, dichoso(a), mil veces feliz y pleno(a), el hombre y la mujer que en Ti confían. Y ese(a), SOY YO, Riqui Ricón (pon tu nombre aquí). Por todo esto, creo y declaro que, ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) legítimo(a) y auténtico(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! En el nombre de Jesús. Amén.
 Nota Importante:
¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?
Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:
Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Octubre 27                           2 Tes 1  /  Isa 25-26/ Sal 117

martes, 31 de marzo de 2015

¡Cómo Vivir en Paz!

 

31  de Marzo

¡Vive en paz!

Por Riqui Ricón*

 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mat 24.35).

Dice la Biblia, la Palabra de Dios que no miente, que tú eres a Sus ojos como aquel (aquella) que encuentra la paz.

Por eso a los ojos de mi amado soy como quien ha hallado la paz (Can 8.10b NVI).

La paz no es la imagen vaga de un mundo sin guerras como el ideal utópico de la humanidad. Paz es un nivel, un estado de vida, donde no existe el temor, ni la angustia, ni preocupación alguna, sino todo lo contrario, la Paz es un tipo de vida donde el amor, la felicidad, la alegría, el gozo y la expectación por la vida prevalecen continuamente en la mente y corazón de las personas que la POSEEN.

Por eso, a los ojos de él, ya he encontrado la felicidad (Can 8.10b DHH).

Paz es la voluntad perfecta, buena y agradable de Dios para tu vida.

Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el SEÑOR—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza (Jer 29.11 NVI).

Te preguntarás ¿cómo puedo obtener esa Paz? ¿Será posible vivir con esa Paz aquí en la tierra o estará reservada exclusivamente para los que van al cielo?

Cuando Jesús platicaba con una mujer samaritana, ésta termino por pedirle el agua de Vida ya que Jesús le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y el te daría agua viva (Jn 4. 10). Lo importante a destacar aquí, para comenzar a responder las preguntas anteriores, es que al final, fue a esta mujer y no a Caifás, ni a Herodes, ni a Pilatos, ni a ningún otro hombre o mujer de esa época, a quien Jesucristo le reveló de viva voz,  ser el Mesías, el Cristo, el Salvador de TODOS los hombres. Y fue esta mujer, extranjera y pecadora, la que comprendió que Jesús es el Hijo de Dios, Dios mismo hecho hombre, y que, por consiguiente, TODAS LAS PALABRAS que salen de Su boca se van a cumplir sin faltar alguna de ellas.

Fe vino a su vida, olvidó su cántaro sobre la arena y con él todos sus pesares y vergüenzas para correr hacia la gente de la aldea que tanto la menospreciaba por la vida que había llevado. ¿Qué importaba el pasado ahora que conocía el futuro y éste se presentaba tan hermoso pues, ella misma, la pecadora, había escuchado las PALABRAS que salen de la boca de Dios? ¡Jesús, el Mesías en persona, no la había censurado ni recriminado por sus fracasos y pecados sino que la había amado y aceptado! ¿Quién podría acusarla o condenarla ahora que ella era escogida de Dios? ¡Nadie! ¿Qué podría derrotarla ahora que Dios estaba con ella? ¡Nada!

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.  ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros (Ro 8.33-34).

La Paz que sobrepasa todo entendimiento fluye de la Fe, fluye de esa certeza de lo que se espera, de esa convicción de lo que no se ve (He 11.1), cuando en Verdad (sin apariencias, ni falsas pretensiones), tú tienes la Palabra de Dios, la infalible y eterna Palabra de Honor del único Dios vivo y verdadero que te establece como Su Hijo(a) amado(a) por medio de Jesucristo.

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él (1 Jn 3.1).

Dios te ama tanto que prefirió entregar a Su propio Hijo antes que perderte a ti.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Jn 3.16-17).

Ahora, por el Gran Amor que Dios siente por ti y por Su Eterna e infalible Palabra, legal y legítimamente tú eres un(a) Hijo(a) del Todopoderoso. Y recuerda que, ¡Primero el cielo y la tierra dejan de existir antes que Dios deje de cumplirte Su Palabra!

Entonces, sí es posible tener Paz mientras transitas por este mundo. De hecho, la Paz es un derecho que te pertenece, pues Jesús lo pagó para ti con Su Sangre al morir en esa cruz y resucitar venciendo al pecado y a la muerte.

Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado.  Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados (Isa 53.4-5 NVI).

Ahora bien, ¿cómo se obtiene la Paz? Creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra. Deja de poner tus ojos y corazón en las circunstancias que te rodean y ponlos en la Palabra de Dios. No des crédito a lo que estás mirando, sintiendo o pensando y pon toda tu confianza en Jesús.

No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta (Ro 12.2 NTV).

¡Cambia tu forma de pensar haciendo de la Biblia la Norma máxima de tu existencia!

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado (Isa 26.3).

Cuando en Verdad comiences a CREER que la Biblia ES la Palabra de Dios, entonces tu mente será renovada con la certeza de quién tú ahora ERES en Cristo Jesús y, sin lugar a dudas, la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús (Fil 4.7).

¡Es la Palabra de Dios! Él no miente ni se arrepiente, así que, ¡si Dios lo dijo, entonces, Él lo va a cumplir, si Dios la habló, entonces, Él lo va a ejecutar!

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro 8.31-39).

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, ¿cómo no adorarte si cada día descubro más y más de este tu excelente y gran plan de amor para conmigo? Gracias, muchas gracias. Te digo que sí, que sí acepto esta Paz que sólo Tú me puedes dar. La recibo por el precio tan grande que se pagó por ella, la Sangre y Vida de Tu Hijo Jesús, mi Rey, Señor y Salvador. Creo a Tu Palabra y sé que soy más que vencedor por medio de Tu Amor. No voy a permitir al temor, ni a la duda, ni al desánimo que me roben lo que legítimamente me pertenece: una vida plena y abundante. ¡Tomo de Tu Plenitud Señor Jesús! Conformo mi mente, vida y corazón a Tu preciosa Palabra y recibo TODO lo que Tú adquiriste para mí. ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy Feliz! ¡Soy un(a) Hijo(a) del Rey! En el nombre de Jesús. Amén.

Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Marzo 31       Mat 24.29-51 /  Núm 28-29 /  Can 8.5-14


 
 
 

sábado, 15 de noviembre de 2014

¡Cómo Vivir en Paz!

 


15 de Noviembre

¡Paz que sobrepasa todo entendimiento!

Por Riqui Ricón*

Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz (Sgo 3.18).

En los primeros tres capítulos de la epístola de Santiago la Escritura nos habla de ser hacedores de la Palabra de tal forma que nuestra fe tenga obras y dé fruto. Tú eres un(a) Hijo(a) de Dios NACIDO(A) DE NUEVO y, por lo tanto, eres un(a) creyente hacedor(a) de la Palabra quien, por las obras de la fe, darás siempre frutos de justicia.

¿Qué significa esto? Bueno, pues ser justo significa ser aprobado delante de Dios y esto, siempre traerá paz a tu vida. Creer que Jesucristo es tu Señor y Salvador significa creerle a Dios, creerle a la Biblia y, precisamente por esta fe, sabes que Él ya pagó el precio de todos tus delitos y pecados, que has sido justificado(a) y que, justamente por esto, ahora eres un(a) Hijo(a) de Dios NACIDO(A) DE NUEVO. Ya no eres, ni puedes ser, la misma persona que antes eras.

Pues si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo…  a fin de que, así como reinó el pecado en la muerte, reine también la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor  (Ro 5.17, 21 NVI).

Lo más fabuloso del mensaje del Evangelio (las Buenas Nuevas), es que todo se te ha dado por medio de Jesucristo para que puedas reinar en esta vida mediante la Gracia de Dios para Vida Eterna. Ya no eres, ni puedes ser la misma persona que antes eras, esto es así no por lo que tú puedas hacer o dejar de hacer sino por lo que Cristo Jesús YA HIZO por ti.

Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente (Luc 8.50a).

Es aquí donde tu fe [creerle a Dios, creyendo Su Palabra] puede comenzar a producir frutos apacibles de justicia. ¿Cómo? Un buen inicio es mediante tus palabras.

Antes, tus palabras contaminaban tu cuerpo e inflamaban todo tu alrededor, pero ahora, siendo renacido(a) no de una simiente corruptible sino de la incorruptible simiente que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre, tus palabras tienen el poder de Dios para sanar, perdonar, liberar y traer amor, paz y gozo a todos los que te rodean.

Si me puedo explicar correctamente, entenderás que todo esto no se trata de algo que debas lograr o desarrollar sino de algo que tú ya tienes pues fluye de tu identidad, fluye de la persona que ahora eres en Cristo Jesús: ¡Un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo!

Dios así lo ha establecido en Su Palabra y sólo tienes que creerlo pues esta es la Verdad. Veamos cómo lograrlo:

Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible (Mar 9.23).

En Efesios 4, la Biblia nos enseña que debemos despojarnos del viejo hombre (mujer) que está viciado conforme a los deseos engañosos renovándonos (haciéndonos nuevos) en el espíritu de nuestra mente. Esto significa que, para poder despojarte de esa vieja naturaleza necesitas creer que eres la persona que Dios dice que eres. ¡Cambia tu forma de pensar!

En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre,  que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre,  creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efe 4.22-24).

Para conseguir esto lo que tienes que hacer es poner la Palabra de Dios en tu mente, boca y corazón (leerle y meditarla de día y de noche), de tal manera que el primer fruto de las obras de tu fe sea cambiar tu forma de pensar y de hablar.

Tus palabras proceden de tu forma de pensar y si no haces de la Palabra de Dios la prioridad de tu vida, vendrán las presiones que enfrentas cada día y reaccionarás de la misma forma que lo has hecho siempre. Pero, conforme empiezas a llenar tu vida de la Palabra de Dios irás notando que ya no reaccionas igual y que tu forma de hablar comienza a cambiar y a manifestar los frutos de justicia.

hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque. Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo (Isa 32.15-18).

Este hasta que de la Escritura ya se ha cumplido; de hecho tiene un doble cumplimiento: primero, cuando Jesús pagó en la cruz todos tus pecados y abrió el camino para que el Espíritu Santo pudiera venir a tu vida; segundo, cuando aceptaste ese sacrificio de Amor haciendo a Jesús el Señor y Salvador de tu vida.

Ni la paz, ni el reposo, ni la seguridad para siempre son cosas que tú puedas manifestar o desarrollar de alguna forma, sino que son los efectos que la Sangre de Jesús tiene sobre tu vida. Al derramar Su Sangre en la cruz, Jesús satisfizo la Justicia de Dios. Muriendo el Único Justo por los injustos te justificó a ti, haciéndote justo(a) de una vez y para siempre.

¡El efecto de esta justicia es paz y su labor es reposo y seguridad para siempre!

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Co 5.21).

Me dirás, suena bien, pero, ¿cómo puedo hacer de esto una realidad en mi vida? Pues, ¡cambia tu forma de pensar! Haz de la Palabra de Dios la prioridad de tu existencia. Medita en ella de día y de noche, ponla en tu mente, boca y corazón porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos 1.8).

Aprende de la experiencia del pueblo de Israel, pues cuando éste iba a entrar a la tierra prometida, 10 de los 12 espías que Moisés había enviado hablaron mal de sus posibilidades de éxito.

Fueron LAS PALABRAS de estas 10 personas las que sembraron la duda y el temor en un pueblo que ya había experimentado grandes victorias a través de los milagros y maravillas que Dios obraba. Esas palabras de duda, incredulidad y temor, impidieron a toda una nación tomar posesión de lo que Dios ya les había prometido.

Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y se enojó, y juró diciendo: No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres, excepto Caleb hijo de Jefone; él la verá, y a él le daré la tierra que pisó, y a sus hijos; porque ha seguido fielmente a Jehová (Deu 1.34-36).

Sin embargo, hubo dos, Josué y Caleb, que pensaban totalmente diferente (tenían otro espíritu) y hablaron palabras de fe y de verdad tratando de animar al pueblo a creerle a Dios. Estos dos fueron los únicos de aquella generación que, por sus palabras, entraron a poseer la tierra prometida.

Así que, es tu fe [creerle a Dios, creyendo Su Palabra], manifestada en tus palabras, la que te da acceso a la victoria y a la paz que sobrepasa todo entendimiento, pues en honor a la Verdad,

Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre [y la mujer] que en ti confía (Sal 84.12).

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, hoy declaro, con toda Tu autoridad, que soy Hijo(a) del único Dios Vivo y Verdadero. Soy NACIDO(A) DE NUEVO y mis palabras están cargadas de poder y autoridad para hacer que las cosas sucedan. Me dispongo con la ayuda del Espíritu Santo a poner la Palabra de Dios en mi mente, BOCA y corazón de tal manera que, sin importar las circunstancias que hoy esté enfrentando, mi pensar, hablar y actuar darán fruto de paz y de justicia. Señor Jesús, yo en Ti confío, Tú eres toda mi confianza, sin Ti no vivo. ¡Soy bienaventurada(o)! ¡Mil veces feliz! Pues la roca de mi salvación es Cristo Jesús. El cielo y la tierra pasarán mas Tu Palabra no pasará. Así que, no pongo mis ojos, ni mi confianza, en la situación, problema o aflicción que hoy esté atravesando, porque yo, ______________ (tu nombre aquí) seré prosperado, por la Palabra de Dios, como el árbol plantado junto a las aguas,  que junto a la corriente echaré mis raíces, y no veré cuando viene el calor, sino que mi hoja estará verde; y en el año de sequía no me fatigaré, ni dejaré de dar fruto. Por lo tanto, resisto las mentiras del diablo y me declaro a mí mismo(a), de acuerdo a Tu Palabra, la Biblia, que ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero(a)! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, no de simiente corruptible sino de la incorruptible semilla que es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre! Ni el pecado ni la muerte tienen nada en mí. No hay forma que pueda perder en la vida pues en TODAS las cosas yo, ______________ (tu nombre aquí) soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me ama, Cristo Jesús. ¡Amén!

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2012

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Noviembre 15                               Sgo 3   /  Jer 25-26  /  Sal 131