jueves, 24 de febrero de 2022

¡Cómo obtener sanidad, salud y una Vida buena y abundante!

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                <ENGLISH>




 24 Febrero
 
¡Cómo obtener sanidad, salud y una Vida buena y abundante!


¡Confiando en Dios! ¡Creyéndole a Él y NO a mis circunstancias!

Por Riqui Ricón*

“El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos” (Pro 14:30 NVI).

“La paz en el corazón da salud al cuerpo; los celos son como cáncer en los huesos” (Pro 14:30 NTV).

Dios, en Su Palabra, me instruye muy claramente que, aunque la enfermedad es resultado o consecuencia de mis pecados (como el de la envidia o los celos),Porque la paga del pecado es muerte” (Rom 6:23a RV60), las enfermedades y las dolencias nunca han sido, ni serán, Su voluntad para mi vida:mas la dádiva [el regalo] de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom 6:23b RV60).

Así que, es un tremendo error, y la raíz de todo fracaso por establecer la salud, el pensar o creer que, por algún designio oculto, la enfermedad y las dolencias que padezco son voluntad de Dios. Pensar así, sólo demuestra mi ignorancia de La Palabra de Dios y la poca seguridad que tengo respecto de Su Amor para conmigo.

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia(Jua 10:10 RV60).

La Verdad (La Palabra de Dios ES La Verdad), es que las enfermedades y padecimientos están más relacionados con Satanás y sus propósitos para desestabilizarme y alejarme de la comunión con mi Padre celestial.

Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hch 10:37-38 RV60).

Dado que Jesús fue ungido por Dios con el Espíritu Santo y con poder PARA hacer el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, es claro que esto significa que es Satanás, y no Dios, el que está atrás de las enfermedades y que las usa para mantenerme en un estado de opresión: Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor…” (Mar 5:25-26 RV60).

Entonces, lo primero que tengo que hacer para recuperar mi salud es establecer en mi Vida los siguientes principios de La Palabra de Dios:

1.     Soy amado(a) de Dios:Porque de tal manera amó Dios al mundo,  que ha dado a su Hijo unigénito,  para que todo aquel que en él cree,  no se pierda,  mas tenga vida eterna(Jua 3:16 RV60).¡Dios me ama tanto, tanto, que prefirió entregar a Su único Hijo antes que perderme a mí!

2.     No solamente Dios me ama sino que, ahora, por la muerte y resurrección de Jesucristo, yo soy un(a) legítimo(a) y auténtico(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo:MIREN CUÁNTO NOS ama el Padre celestial que permite que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo mas maravilloso es que de veras lo somos! Naturalmente, como la mayoría de la gente no conoce a Dios, no comprende por qué lo somos(1Jn 3:1 NT BAD).

3.     Al pagar TODOS mis pecados (pasados, presentes y futuros), con Su muerte y Su resurrección, Jesucristo venció al pecado y me redimió de todas sus consecuencias como lo son la enfermedad y la muerte: Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte(Rom 8:1-2 RV60).

4.     He sido redimido(a), esto es, comprado(a) a precio de sangre y liberado(a), de la maldición de la enfermedad y de la muerte: Cristo nos redimió de la maldición de la ley,  hecho por nosotros maldición  (porque está escrito:  Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles,  a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu(Gál 3:13-14 RV60). Ahora, en Cristo Jesús, ¡yo tengo pleno derecho a vivir bajo La Bendición de Dios, mi Padre!

5.     Toda enfermedad o dolencia que se pretenda manifestar en mi cuerpo físico, lo intenta haciendo valer derechos legales que ya NO TIENE; y yo tengo todo el derecho de pedirle al Espíritu Santo, Su intervención poderosa a mi favor:Pero si Cristo vive en ustedes, el espíritu vive porque Dios los ha hecho justos, aun cuando el cuerpo esté destinado a la muerte por causa del pecado. y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús vive en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo dará nueva vida a sus cuerpos mortales por medio del Espíritu de Dios que vive en ustedes(Rom 8:10-11 DHH).

6.     La salud y la sanidad son resultado de confiar en Dios, de creerle a Él, creyendo Su Palabra:

El temor [confiar en] de Jehová es manantial de vida  Para apartarse de los lazos de la muerte(Pro 14:27 RV1960).

El temor [confiar en] del SEÑOR es fuente que da vida, ofrece un escape de las trampas de la muerte(Pro 14:27 NTV).

El temor [confiar en] del Señor es una fuente de vida, y un medio seguro para evitar la ruina que causa la muerte(Pro 14:27  BdV).

7.     La salud y la sanidad son resultado de confiar en Dios, de creerle a Él, creyendo Su Palabra que dice claramente que el precio de mi salud ya fue pagado:Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados(Isa 53:4-5 RV60). Dios lo dice: ¡CIERTAMENTE! Esto significa que en esto tengo más certeza que la que tengo acerca de que los dedos de mis manos son míos.

8.     Así que, es la confianza plena en Dios y Su Palabra, la que me da pleno acceso a la sanidad y a la salud divina. Proveyéndome, además, de una vida apacible, esto es, llena de paz: “Un corazón apacible infunde vida al cuerpo, pero la envidia corroe hasta los huesos” (Pro 14:30 RVC). “La mente tranquila es salud para el cuerpo, pero la envidia causa enfermedades” (Pro 14:30 PDT).

Sin importar las aflicciones, problemas o enfermedades que hoy yo esté enfrentando, lo puedo hacer en paz, pues tengo la certeza en Dios y en Su Palabra, que de todas ellas, yo, Riqui Ricón (________ pon tu nombre aquí), saldré más que vencedor por medio de Aquel que me ama tanto, Cristo Jesús.

Pero quizá aún te preguntes: ¿Cómo se obtiene un corazón apacible? Creyéndole a Dios, creyendo Su Palabra.

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isa 26:3 RV1960).

Como has podido constatar en La Palabra de Dios, si en verdad le creo a Dios, entonces voy a confiar en Él y eso, necesariamente, me da la paz y la salud que Él compró para mí. Se recibe al activar la FE verdadera.

Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía(Sal_84:12 RV60).

Confiar en Dios me permite vivir una vida dichosa, una vida feliz.

Confiar en Dios me permite vivir una vida dichosa, una vida feliz y apacible, a pesar de los problemas, las aflicciones y las enfermedades.

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.  En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo(Jua 16:33 RV60).

¡La salud es parte de mi herencia y puedo dormir en paz!

En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado(Sal_4:8 RV60).

Oremos en voz audible:

Amado Padre celestial, hoy estoy aquí para creer y declarar el Gran Amor que Tú tienes por mí. Es Tu Amor el que le da paz a mi corazón y salud a mi cuerpo. Pues aunque yo haya pecado, y por eso Satanás quiera hacer valer la enfermedad y la muerte en mi cuerpo, La Verdad es que Tú, Jesucristo, mi Señor y Salvador, me has dado el regalo de la Vida plena y abundante, que es La Vida Eterna. Por esto, te estoy eternamente agradecido y no deshonraré Tu Palabra ni Tu sacrificio, permitiéndole al diablo engañarme para hacerme creer que alguna de las aflicciones, problemas o enfermedades que estoy enfrentando en este mundo, son Tu Voluntad. ¡No Señor! ¡Nada de eso! Yo sí conozco Tu Voluntad para mi Vida, que es buena, agradable y perfecta. Te doy muchas gracias porque Tu Palabra me enseña que las enfermedades, aflicciones y problemas vienen a atacarme por causa de la guerra que me dejaste a pelear para establecer Tu Reino en este mundo. No vienen porque yo las merezca porque Tú, Jesucristo recibiste en Ti mismo todo el castigo que, por mis pecados, yo merecía. Así que, el precio fue pagado y yo ya no tengo porque pagar más. Así que yo le hablo a mis enfermedades y dolencias, a mis órganos y sistemas para decirles: ¡Escuchen bien! Cristo Jesús, Rey de reyes y Señor de señores, CIERTAMENTE llevó él mis enfermedades, y sufrió mis dolores; y yo le tuve por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por mis rebeliones, molido por mis pecados; el castigo de mi paz, el precio de mi salud, ya fue sobre él, y por su llaga yo, Riqui Ricón (________ pon tu nombre aquí), ya fui curado; pues es totalmente verdadero que el Espíritu de Aquel que resucitó a Cristo Jesús vive en mí, y por lo tanto, el mismo Espíritu Santo que resucitó a Cristo dará nueva vida a mi cuerpo mortal por medio del Espíritu de Dios que vive en mi. Así que, todo lo puedo en Cristo que me fortalece, pues mayor es el que está en mí que el que está en el mundo y ese eres Tú, Precioso Espíritu de Dios. No le daré lugar al diablo y a sus mentiras en mi vida. ¡No voy a temer más! Echo fuera de mi vida toda ansiedad e inquietud.  ¡En todas las cosas soy más que vencedor(a) por medio de Aquel que me amó, Cristo Jesús! ¡Ya he sido sanado(a) por las heridas de Jesús! ¡He sido establecido(a) para reinar en esta vida por la sangre de Jesús! Tú, mi Dios y Padre, me has dado propósito en este mundo. ¡Soy la luz del mundo y he de brillar con la luz del Evangelio de la Salvación! Estoy dispuesto(a) a permitir que Tu Amor fluya en mí y ser Tu instrumento de bendición. En esta misión, no hay forma que pueda perder, pues Tú, mi Dios y Padre, estás en mí y conmigo, y si Dios es conmigo, ¿quién contra mí? ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspera(a)! ¡Soy feliz! Soy un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo. En el nombre de Jesús. Amén.

 Nota Importante:

¿Cómo me hago Hijo de Dios? ¿Cómo establezco una relación con el Todopoderoso?

Sólo haz la siguiente oración en voz audible poniendo toda tu atención y corazón a lo que le estás diciendo a Dios:

Señor Jesús, yo creo que eres el Hijo de Dios. Que viniste a este mundo de la virgen María para pagar todos mis pecados, y yo he sido un(a) pecador(a). Por eso, te digo el día de hoy que sí acepto. ¡Sí acepto tu sacrificio en la cruz! ¡Sí acepto Tu Sangre preciosa derramada hasta la última gota por Amor a mí! Te abro mi corazón y te invito a entrar porque quiero, Señor Jesús, que desde hoy y para siempre Tú seas mi único y suficiente Salvador, mi Dios, mi Rey y mi Señor. Gracias, Dios Poderoso, pues con esta simple oración y profesión de fe he pasado de muerte a Vida, he sido trasladado(a) de las tinieblas a Tu Luz admirable. ¡Hoy he Nacido de Nuevo! ¡Dios, ahora yo Soy Tu Hijo(a)! ¡Ahora Tú eres mi Padre! ¡Nunca más estaré solo(a)! Nunca más viviré derrotado(a). En el nombre de Jesús. Amén.

Tres Recomendaciones:

Lo que acabas de suceder al reconocer a Jesucristo como el Señor y Salvador de tu vida, de acuerdo con La Palabra de Dios, es que has Nacido de Nuevo, ya no más como un ser humano común y corriente, sujeto a la ley del pecado y de la muerte, sino que ahora eres un(a) legítimo(a) y auténtico(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo, exactamente igual a Jesucristo, quien ahora es tu Hermano Mayor. Por lo tanto, te hago estas tres importantísimas recomendaciones:

1.     Orar. Orar es platicar con Dios. Así que, búscate un lugar tranquilo donde puedas comenzar a platicar todas tus cosas con Él. Hazlo de forma audible y notarás como Dios siempre responderá a tu corazón.

2.     Leer y meditar la Palabra de Dios. La Biblia es La Palabra de Dios, así que, consigue una Biblia y comienza a leerla y meditarla. ¿Cómo empezar? Es muy sencillo. Dependiendo del día que sea hoy, busca en el programa de lectura “La Biblia en un año” y realiza las lecturas correspondientes. Este programa lo puedes obtener en: A Través de La Biblia En Un Ano (palabradehonor.org) Notarás que el programa está arreglado para imprimirlo como un cuadernillo.

3.     En oración con Dios, tu Padre, busca y únete a una iglesia o congregación cristiana donde enseñen la Palabra de Dios en base a las Buenas Noticias que son el Evangelio de Jesucristo.

*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2020

 

 


*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011

 


Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Febrero 24                                 Mat 5.21-48 /  Ex 30-32 /  Pro 14

 

  

Cápsula del día.





Puedes escuchar o descargar la lectura de la  Biblia en audio del día de hoy, la tenemos para ti en dos versiones: 


RV60 


NVI 



Lectura y Meditación de la Palabra de Dios

Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.

Febrero 24                                 Mat 5.21-48 /  Ex 30-32 /  Pro 14

 

Jesús y la ira

(Lc. 12.57–59)

21Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 23Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

Jesús y el adulterio

27Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 29Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

Jesús y el divorcio

31También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.

Jesús y los juramentos

33Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. 34Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

El amor hacia los enemigos

(Lc. 6.27–36)

38Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

43Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. [1]

 

Exodo 30-32

El altar del incienso

(Ex. 37.25–28)

30

1Harás asimismo un altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo harás. 2Su longitud será de un codo, y su anchura de un codo; será cuadrado, y su altura de dos codos; y sus cuernos serán parte del mismo. 3Y lo cubrirás de oro puro, su cubierta, sus paredes en derredor y sus cuernos; y le harás en derredor una cornisa de oro. 4Le harás también dos anillos de oro debajo de su cornisa, a sus dos esquinas a ambos lados suyos, para meter las varas con que será llevado. 5Harás las varas de madera de acacia, y las cubrirás de oro. 6Y lo pondrás delante del velo que está junto al arca del testimonio, delante del propiciatorio que está sobre el testimonio, donde me encontraré contigo. 7Y Aarón quemará incienso aromático sobre él; cada mañana cuando aliste las lámparas lo quemará. 8Y cuando Aarón encienda las lámparas al anochecer, quemará el incienso; rito perpetuo delante de Jehová por vuestras generaciones. 9No ofreceréis sobre él incienso extraño, ni holocausto, ni ofrenda; ni tampoco derramaréis sobre él libación. 10Y sobre sus cuernos hará Aarón expiación una vez en el año con la sangre del sacrificio por el pecado para expiación; una vez en el año hará expiación sobre él por vuestras generaciones; será muy santo a Jehová.

El dinero del rescate

11Habló también Jehová a Moisés, diciendo: 12Cuando tomes el número de los hijos de Israel conforme a la cuenta de ellos, cada uno dará a Jehová el rescate de su persona, cuando los cuentes, para que no haya en ellos mortandad cuando los hayas contado. 13Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová. 14Todo el que sea contado, de veinte años arriba, dará la ofrenda a Jehová. 15Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá del medio siclo, cuando dieren la ofrenda a Jehová para hacer expiación por vuestras personas. 16Y tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones, y lo darás para el servicio del tabernáculo de reunión; y será por memorial a los hijos de Israel delante de Jehová, para hacer expiación por vuestras personas.

La fuente de bronce

17Habló más Jehová a Moisés, diciendo: 18Harás también una fuente de bronce, con su base de bronce, para lavar; y la colocarás entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás en ella agua. 19Y de ella se lavarán Aarón y sus hijos las manos y los pies. 20Cuando entren en el tabernáculo de reunión, se lavarán con agua, para que no mueran; y cuando se acerquen al altar para ministrar, para quemar la ofrenda encendida para Jehová, 21se lavarán las manos y los pies, para que no mueran. Y lo tendrán por estatuto perpetuo él y su descendencia por sus generaciones.

El aceite de la unción, y el incienso

22Habló más Jehová a Moisés, diciendo: 23Tomarás especias finas: de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos cincuenta, de cálamo aromático doscientos cincuenta, 24de casia quinientos, según el siclo del santuario, y de aceite de olivas un hin. 25Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa. 26Con él ungirás el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, 27la mesa con todos sus utensilios, el candelero con todos sus utensilios, el altar del incienso, 28el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la fuente y su base. 29Así los consagrarás, y serán cosas santísimas; todo lo que tocare en ellos, será santificado. 30Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes. 31Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones. 32Sobre carne de hombre no será derramado, ni haréis otro semejante, conforme a su composición; santo es, y por santo lo tendréis vosotros. 33Cualquiera que compusiere ungüento semejante, y que pusiere de él sobre extraño, será cortado de entre su pueblo.

34Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso, 35y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo. 36Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima. 37Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová. 38Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado de entre su pueblo.

Llamamiento de Bezaleel y de Aholiab

(Ex. 35.30—36.1)

31

1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; 3y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, 4para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, 5y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor. 6Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado; 7el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, el propiciatorio que está sobre ella, y todos los utensilios del tabernáculo, 8la mesa y sus utensilios, el candelero limpio y todos sus utensilios, el altar del incienso, 9el altar del holocausto y todos sus utensilios, la fuente y su base, 10los vestidos del servicio, las vestiduras santas para Aarón el sacerdote, las vestiduras de sus hijos para que ejerzan el sacerdocio, 11el aceite de la unción, y el incienso aromático para el santuario; harán conforme a todo lo que te he mandado.

El día de reposo como señal

12Habló además Jehová a Moisés, diciendo: 13Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo;* porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. 14Así que guardaréis el día de reposo,* porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo. 15Seis días se trabajará, mas el día séptimo es día de reposo* consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo,* ciertamente morirá. 16Guardarán, pues, el día de reposo* los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. 17Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó.

El becerro de oro

(Dt. 9.6–29)

18Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.

32

1Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 2Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. 3Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; 4y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. 5Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. 6Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.

7Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. 8Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. 9Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. 10Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.

11Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? 12¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. 13Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. 14Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.

15Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas. 16Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. 17Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento. 18Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo. 19Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte. 20Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel.

21Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? 22Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal. 23Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 24Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro.

25Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos, 26se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví. 27Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. 28Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. 29Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él dé bendición hoy sobre vosotros.

30Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado. 31Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, 32que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. 33Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro. 34Ve, pues, ahora, lleva a este pueblo a donde te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de ti; pero en el día del castigo, yo castigaré en ellos su pecado.

35Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón. [2]

 

Proverbios 14

14                      

1 La mujer sabia edifica su casa;

Mas la necia con sus manos la derriba.

2 El que camina en su rectitud teme a Jehová;

Mas el de caminos pervertidos lo menosprecia.

3 En la boca del necio está la vara de la soberbia;

Mas los labios de los sabios los guardarán.

4 Sin bueyes el granero está vacío;

Mas por la fuerza del buey hay abundancia de pan.

5 El testigo verdadero no mentirá;

Mas el testigo falso hablará mentiras.

6 Busca el escarnecedor la sabiduría y no la halla;

Mas al hombre entendido la sabiduría le es fácil.

7 Vete de delante del hombre necio,

Porque en él no hallarás labios de ciencia.

8 La ciencia del prudente está en entender su camino;

Mas la indiscreción de los necios es engaño.

9 Los necios se mofan del pecado;

Mas entre los rectos hay buena voluntad.

10 El corazón conoce la amargura de su alma;

Y extraño no se entremeterá en su alegría.

11 La casa de los impíos será asolada;

Pero florecerá la tienda de los rectos.

12 Hay camino que al hombre le parece derecho;

Pero su fin es camino de muerte.

13 Aun en la risa tendrá dolor el corazón;

Y el término de la alegría es congoja.

14 De sus caminos será hastiado el necio de corazón;

Pero el hombre de bien estará contento del suyo.

15 El simple todo lo cree;

Mas el avisado mira bien sus pasos.

16 El sabio teme y se aparta del mal;

Mas el insensato se muestra insolente y confiado.

17 El que fácilmente se enoja hará locuras;

Y el hombre perverso será aborrecido.

18 Los simples heredarán necedad;

Mas los prudentes se coronarán de sabiduría.

19 Los malos se inclinarán delante de los buenos,

Y los impíos a las puertas del justo.

20 El pobre es odioso aun a su amigo;

Pero muchos son los que aman al rico.

21 Peca el que menosprecia a su prójimo;

Mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado.

22 ¿No yerran los que piensan el mal?

Misericordia y verdad alcanzarán los que piensan el bien.

23 En toda labor hay fruto;

Mas las vanas palabras de los labios empobrecen.

24 Las riquezas de los sabios son su corona;

Pero la insensatez de los necios es infatuación.

25 El testigo verdadero libra las almas;

Mas el engañoso hablará mentiras.

26 En el temor de Jehová está la fuerte confianza;

Y esperanza tendrán sus hijos.

27 El temor de Jehová es manantial de vida

Para apartarse de los lazos de la muerte.

28 En la multitud del pueblo está la gloria del rey;

Y en la falta de pueblo la debilidad del príncipe.

29 El que tarda en airarse es grande de entendimiento;

Mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.

30 El corazón apacible es vida de la carne;

Mas la envidia es carcoma de los huesos.

31 El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor;

Mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra.

32 Por su maldad será lanzado el impío;

Mas el justo en su muerte tiene esperanza.

33 En el corazón del prudente reposa la sabiduría;

Pero no es conocida en medio de los necios.

34 La justicia engrandece a la nación;

Mas el pecado es afrenta de las naciones.

35 La benevolencia del rey es para con el servidor entendido;

Mas su enojo contra el que lo avergüenza. [3]

 



[1] Reina Valera Revisada (1960). (1998). (Mt 5.21–48). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.

[2] Reina Valera Revisada (1960). (1998). (Éx 30.1–32.35). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.

[3] Reina Valera Revisada (1960). (1998). (Pr 14.1–35). Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.

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